{"id":4956,"date":"2010-08-05T18:17:17","date_gmt":"2010-08-05T21:17:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=4956"},"modified":"2010-08-05T18:17:17","modified_gmt":"2010-08-05T21:17:17","slug":"libros-sueltos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=4956","title":{"rendered":"Libros: Sueltos"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\"><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2010\/08\/rio.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-thumbnail wp-image-4957\" title=\"rio\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2010\/08\/rio-105x120.jpg\" alt=\"rio\" width=\"105\" height=\"120\" \/><\/a>Tres libros, de N\u00e9stor Torres, Remo Bianchedi y Javier Fern\u00e1ndez, inauguran la <\/span><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">colecci\u00f3n Sueltos de la editorial Letra N\u00f3mada.<!--more--><\/span><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\"><strong><em><span style=\"color: black;\">Al lao del r\u00edo<\/span><\/em><\/strong><span style=\"color: black;\">, <strong>de N\u00e9stor Torres<\/strong><\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><strong><span style=\"color: black;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">\u00a0<\/span><\/span><\/strong><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"color: black;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">N\u00e9stor Torres es entrerriano, y <em>Al lao del r\u00edo <\/em>se queda en la infancia. Empieza: \u201cEl artista es alguien que se queda\/ para siempre jugando con su infancia,\/ porque es lo \u00fanico\/ que le pertenece para siempre.\/ Al lao del r\u00edo\u201d. Lo que uno no aprende en la infancia no lo aprende jam\u00e1s, dice Marina Tsviet\u00e1ieva.<\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"color: black;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">La poes\u00eda es el recuerdo m\u00e1s perfecto, es la perfecci\u00f3n del recuerdo, dice Lou Andrea Salom\u00e8 de Rilke. <em>Al lao del r\u00edo <\/em>es lo que queda para siempre, la literatura. Literatura que es familia, es gesto, es historia. Sabores, im\u00e1genes propias. <em>Al lao del r\u00edo <\/em>es lo que queda: la casa, la abuela, las primas, las fiestas, la soledad, el cementerio. Como en todo libro de amor hay una imagen del cementerio, lo dec\u00eda Babel, lo record\u00f3 Dovlatov. Perd\u00f3n por tantos rusos pero entre rusos y entrerrianos vivo la literatura: \u00bfpor qu\u00e9<\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"color: black;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">no pensar que <em>Al lao del r\u00edo <\/em>es tiempo- Mastronardi, espacio-C\u00e9sar Tiempo, pasado-Gerchunoff?<\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"color: black;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">La noche y el d\u00eda en el r\u00edo, al lado del r\u00edo. La tristeza que ya estaba ah\u00ed, el aburrimiento que hab\u00eda que saber habitar\u2026 y uno aprendi\u00f3 tanto que se qued\u00f3 ah\u00ed, en esa belleza vac\u00eda, ausente, que parece, tal vez, nostalgia para los que no son provincianos. Y as\u00ed, toda la vida, uno se lo pasa \u2013dice Torres\u2013 \u201cdesentristeciendo\u201d, antesala de la lectura, de la belleza que encontramos en los libros.<\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"color: black;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">\u201cA veces, a la siesta, nos \u00edbamos al r\u00edo.\/ Cuando no me encuentres&#8230; b\u00fascame en el r\u00edo.\u201d A la siesta, en invierno, en el color marr\u00f3n, en \u201cla prematura angustia del que siente sin entender\u201d, en el horizonte enorme, total, entero. <em>Al lao del r\u00edo <\/em>es volver a decir que lo que se persigue siempre es la forma, es decir, la belleza, la l\u00edrica, la elegancia, lo que hace diferencia. Siempre se persigue la forma\u2026 eso dec\u00eda Daney de Tarkovski, de esas pel\u00edculas grises, lentas, dif\u00edciles, de ese autor que se muri\u00f3 fuera de Rusia, de tristeza. Y <em>Al lao del r\u00edo <\/em>apura un \u201codiaban la belleza\u201d y recuerda una infancia gris, de muerte no dicha, de ser solo. Muchas cosas comparto con la mirada hecha imagen de N\u00e9stor Torres, incluso esa tarde de invierno, en julio de 1974, en que yo tambi\u00e9n vi, con mis abuelos, por televisi\u00f3n entrecortada en Concepci\u00f3n del Uruguay, c\u00f3mo se arm\u00f3 el cortejo de la muerte de Per\u00f3n\u2026 Yo era <em>del Uruguay<\/em>, Torres <em>del Paran\u00e1<\/em>: \u201cEl Paran\u00e1 murmura en sue\u00f1os\u201d. Vieja disputa que ten\u00eda con Zelaray\u00e1n cuando los amigos porte\u00f1os nos confund\u00edan las costas. Zelaray\u00e1n y Torres tienen un r\u00edo barrancoso; yo uno de playas largas y anchas, pero su abuela usaba una melenita o la quer\u00eda igual que la m\u00eda. Torres sabe y escribe: \u201cAprend\u00ed que lo que pasa, pasa.\/ Y a dejar pasar\u201d. Torres sabe. Sabe que est\u00e1 mal hablar, se mira mal al que habla: \u00e9l aprendi\u00f3 a callar, \u00e9l, que no pod\u00eda callar. Se calla de o\u00edr, se calla de ver, arriesga y sabe, acierta.<\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"color: black;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">\u00a0<\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><strong><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\"><em><span style=\"color: black;\">Vidas c\u00e9libes<\/span><\/em><span style=\"color: black;\">, de Remo Bianchedi<\/span><\/span><\/span><\/strong><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"color: black;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">Un libro de poes\u00eda de retratos. Remo Bianchedi escribe \u201cestado de ilusi\u00f3n dominado por im\u00e1genes\u201d. Juega en una lengua informativa, pura denotaci\u00f3n. La poes\u00eda siempre deber\u00eda hacerlo. Me gusta la poes\u00eda que muestra, que ense\u00f1a. Y dije \u201cjuega\u201d\u2026 pocos juegan, pocos saben hacerlo cuando se trata de literatura, jugar ese juego que gana y pierde la vida simult\u00e1neamente. En estas p\u00e1ginas hay otra verdadera vanguardia, la que se juega la vida. La literatura es una verdadera vigilia, una condena de vigilia. Y ah\u00ed le robo ensue\u00f1o a Bianchedi que juega a la literalidad pura: \u201cesto es\u201d, dice siempre su libro haciendo instant\u00e1neas de im\u00e1genes. Este es un libro de retratos-poemas o al rev\u00e9s, personajes que hasta con humor desesperan, la literatura m\u00e1s grande es, para m\u00ed, una incorregible rom\u00e1ntica, la que desespera sin grandilocuencias. Y \u00e9l va destilando esas vidas, esas fotos, esas escrituras, agitando los aires sin afectaci\u00f3n ni impostura.<\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"color: black;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">Va hasta el fondo de las cosas y lo hace sin aspavientos. Y nos toma, nos pone en amoroso yugo con esas peque\u00f1as historias de artistas, artistas del hambre, dir\u00eda Kafka. Bianchedi trata con la vida de un artista en otros artistas, con Alexander Rotowsky, con Ivonne Savy, con Armando Leed, con Pedro Carlos Bustos, para citar los primeros retratos de <em>Vidas c\u00e9libes<\/em>. Tambi\u00e9n hace afirmaciones fuertes: los artistas son mujeres. Se parece a la atenta comprensible- incomprendida frase de Tsviet\u00e1ieva, \u201clos poetas son jud\u00edos\u201d. <em>Vidas C\u00e9libes<\/em>, vidas breves, vidas paralelas, vivas vidas imaginarias que van del \u201cincipiente naturalismo a la abstracci\u00f3n m\u00e1s radical\u201d o del \u201cexpresionismo tard\u00edo al naturalismo temprano\u201d. \u201cFumando\u201d dice el retrato y se filtra un fin\u00edsimo humor, ese que piensa las frases, el que las carcome de adentro, las orada, las vuelve piedras de la literatura, dioses. Y construye paisajes con nombres propios, se confirma que son efectivamente retratos en lenguas inventadas pero que no son otra que la com\u00fan, la \u00fanica que hay, como dice Hugo Savino. Una \u00fanica lengua para atravesar el curso del arte sin mediadores, dice el libro, sin curadores, porque el arte es una salud y es cosa de sentir, como dice el personaje Jean Claude. Bianchedi insiste con las letras y su belleza, con los papeles y los colores que pueden no ser m\u00e1s que el blanco y el negro en tiritas \u2013como hac\u00eda Libertella sus originales- con el dibujo de una escritura. Un libro que sirva para leer, que se haga cuerpo al lado del nuestro. \u00c9l o sus personajes escriben: \u201cNo importa qu\u00e9 diga el texto, la letra debe ser siempre un balc\u00f3n\/ y los acentos, comas y puntos\/ sus flores olorosas\u201d.<\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><strong><em><span style=\"color: black;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">\u00a0<\/span><\/span><\/em><\/strong><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><strong><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\"><em><span style=\"color: black;\">Cosas por el estilo <\/span><\/em><span style=\"color: black;\">de Javier Fen\u00e1ndez<\/span><\/span><\/span><\/strong><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"color: black;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">Javier Fern\u00e1ndez pone un mundo, enumera, describe, dice <em>Cosas por el estilo<\/em>. Pero lo que arrastra tambi\u00e9n es un saber certero que a veces se escapa y flota <em>as\u00ed nom\u00e1s <\/em>\u2013que podr\u00eda ser tambi\u00e9n una frase de Zelaray\u00e1n. Dice Fern\u00e1ndez: \u201cEl amanecer es un negocio inevitable\/ entre la oscuridad y la luz\u201d. Y ah\u00ed aparece en el cuidadoso descuido de la literatura un saber de vencido luminoso, de mir\u00f3n abandonado porque nunca hay mucho m\u00e1s que hacer que describir. El reino m\u00e1s dif\u00edcil para la literatura, porque ah\u00ed, as\u00ed, no duplica el mundo sino que lo muestra, lo deja pasar. Ninguna representaci\u00f3n, pura presentaci\u00f3n.<\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"color: black;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">El autor cuenta sus historias o sus preguntas, que tal vez sean lo mismo: los televisores funcionando todo el d\u00eda en una seccional o la chica que vende coca\u00edna y arma bolsitas de a pesos. Y lo mejor est\u00e1 en que sabe lo que hace porque lo dice: \u201cDuermen\/ pero no por mucho tiempo\/ mientras yira el teatro de las percepciones\/ sus cuerpos descansan\u201d. Su peque\u00f1o libro es una respiraci\u00f3n, o una salud, y vuelvo a citar a mi rusa Tsviet\u00e1ieva. Nombra efectivamente \u201cla salud enferma\u201d pero m\u00e1s claramente nombra, traduce y repite, as\u00ed lo dice exacto el poema de la p\u00e1gina 19. Javier, dir\u00eda dulcemente, nos lleva por un mundo de dolor pero sin alharaca, sin grandilocuencia, haciendo un poemario tan justo, tan preciso, que al terminar de leerlo se puede volver a empezar infinitas veces. <\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"color: black;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">\u00a0<\/span><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tres libros, de N\u00e9stor Torres, Remo Bianchedi y Javier Fern\u00e1ndez, inauguran la colecci\u00f3n Sueltos de la editorial Letra N\u00f3mada.<\/p>\n","protected":false},"author":7,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[31],"class_list":["post-4956","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","tag-libros"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-1hW","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4956","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/7"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=4956"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4956\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=4956"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=4956"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=4956"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}