{"id":5136,"date":"2010-10-01T18:14:04","date_gmt":"2010-10-01T21:14:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=5136"},"modified":"2010-10-01T18:14:04","modified_gmt":"2010-10-01T21:14:04","slug":"rodolfo-e-fogwill-la-larga-risa-de-todos-estos-anos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=5136","title":{"rendered":"Rodolfo E. Fogwill. La larga risa de todos estos a\u00f1os"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">Homenaje al escritor y soci\u00f3logo Rodolfo Fogwill, pionero de una nueva vertiente en <\/span><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">la literatura argentina.<!--more--><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"color: black;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\"><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2010\/09\/fogwill2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-thumbnail wp-image-5137\" title=\"fogwill2\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2010\/09\/fogwill2-120x120.jpg\" alt=\"fogwill2\" width=\"120\" height=\"120\" \/><\/a>El 21 de agosto pasado falleci\u00f3, a los 69 a\u00f1os, Rodolfo Enrique Fogwill. En distintos medios han <span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0<\/span>aparecido evocaciones de sus amigos y lectores. La conclusi\u00f3n de todos parece ser la misma: se lo va a extra\u00f1ar. Quedan, por supuesto, sus libros. Un pu\u00f1ado de cuentos perfectos, algunas novelas claves para la literatura argentina contempor\u00e1nea y una poes\u00eda diversa y singular, desparramada en peque\u00f1as ediciones. Pero vamos a extra\u00f1ar su personaje: su figura de <em>vieillard terrible<\/em>, pol\u00edticamente incorrecto, provocador, l\u00facido, divertido. <\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"color: black;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">Temido por algunos, por sus cr\u00edticas implacables y a veces arbitrarias. Aunque tambi\u00e9n un hombre generoso, en un medio donde no abundan. Desde la fundaci\u00f3n de su editorial <em>Tierra bald\u00eda<\/em>, a fines de los setenta, donde le dio la posibilidad de publicar a autores entonces desconocidos, como N\u00e9stor Perlongher y Osvaldo Lamborghini, Fogwill fue un verdadero promotor de las obras que consideraba valiosas, especialmente las de escritores j\u00f3venes. Sol\u00eda criticar a los estudiantes del \u201ccotolengo de Pu\u00e1n\u201d (la Facultad de Filosof\u00eda y Letras de la UBA) por hacer trabajos sobre \u00e9l o Saer e ignorar a los nuevos poetas y narradores, cuya lectura recomendaba constantemente.<\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"color: black;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">La biograf\u00eda de Fogwill dista mucho de la de un hombre consagrado enteramente a las letras. <span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0<\/span>Soci\u00f3logo de profesi\u00f3n, fue docente universitario hasta que lo desplaz\u00f3 la dictadura de Ongan\u00eda. Durante un tiempo, fue un exitoso hombre de negocios: consultor de empresas, analista de mercado y creativo publicitario. Escribi\u00f3 hor\u00f3scopos para los chicles <em>Bazooka <\/em>y eslogans para diversos productos. Lleg\u00f3 a ser propietario de barcos y de un considerable capital, que perdi\u00f3, seg\u00fan dec\u00eda, al dedicarse a la literatura. Tuvo cinco hijos aunque se confesaba \u201cinhabilitado para el matrimonio\u201d. Afirmaba haber sido cocain\u00f3mano por m\u00e1s de quince a\u00f1os, \u201clo que alter\u00f3 mis relaciones sociales y me hizo perder much\u00edsimo tiempo\u201d. Adepto al psicoan\u00e1lisis, registraba meticulosamente sus sue\u00f1os en un diario que lleg\u00f3 a tener m\u00e1s de quinientas p\u00e1ginas. Public\u00f3 su primer libro de poemas, <em>El efecto de realidad<\/em>, en 1979, cuando ten\u00eda casi cuarenta a\u00f1os. Con <em>Mis muertos punk <\/em>(1980) obtuvo un r\u00e1pido reconocimiento y en 1982 escribi\u00f3 <em>Los pichiciegos, <\/em>su obra maestra1.<\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"color: black;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">\u00a0<\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><strong style=\"mso-bidi-font-weight: normal;\"><span style=\"color: black;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">El hombre que m\u00e1s sab\u00eda de autom\u00f3viles y cigarrillos<\/span><\/span><\/span><\/strong><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"color: black;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">Quiz\u00e1s a ra\u00edz de su particular itinerario personal y profesional, Fogwill incorpor\u00f3 a su obra un bagaje de saberes, experiencias y temas que, combinados, configuraron una voz \u00fanica, que inaugur\u00f3 una nueva vertiente en nuestra literatura. Al respecto, hay una an\u00e9cdota que resulta muy ilustrativa. En los ochenta, Fogwill present\u00f3 un texto suyo, \u201cSobre el arte de la novela\u201d, a un concurso de cuentos que ten\u00eda a Borges entre sus jurados. Tras leerlo, el autor de <em>Ficciones <\/em>declar\u00f3 que Fogwill era el hombre \u201cque m\u00e1s sab\u00eda de autom\u00f3viles y cigarrillos\u201d. En esa iron\u00eda borgeana puede leerse el contraste entre dos po\u00e9ticas. Si Borges aprovech\u00f3 en su obra las posibilidades literarias de la metaf\u00edsica y la teolog\u00eda, Fogwill apelar\u00e1 constantemente a otro tipo de saberes: t\u00e9cnicos, pr\u00e1cticos, <span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0<\/span>materiales (y en este sentido, es uno de los pocos herederos aut\u00e9nticos de la narrativa arltiana). El funcionamiento del mercado y de la sociedad capitalista parece haber sido uno de los objetos privilegiados de reflexi\u00f3n en sus textos, que abundan en menciones de marcas de bebidas, cigarrillos, modelos de autos y productos de la cultura pop. <\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"color: black;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">Frente a la \u201cliteratura de imaginaci\u00f3n razonada\u201d que defend\u00eda Borges, Fogwill parece haber apostado por \u201cla experiencia sensible\u201d (como titul\u00f3 una de sus novelas). El sexo y las drogas son elementos recurrentes en su narrativa. Las relaciones sexuales son descritas con una precisi\u00f3n y una violencia notables. Las drogas, por su parte, funcionan casi como un dispositivo narrativo que le permiten introducir escenas on\u00edricas o describir el mundo desde una percepci\u00f3n extra\u00f1ada. As\u00ed, Fogwill reescribe \u201cEl Aleph\u201d borgeano en \u201cHelp a \u00e9l\u201d (1983). Beatriz Viterbo se transforma anagram\u00e1ticamente en Vera Ortiz Beti, la contemplaci\u00f3n m\u00edstica de la esfera que contiene el universo, en un <em>trip <\/em>producido por drogas y las \u201ccartas obscenas, incre\u00edbles, precisas\u201d de Beatriz, que en el relato borgeano permanec\u00edan guardadas en un caj\u00f3n, son puestas en escena por Fogwill con un nivel de detalle que puede resultar (que busca resultar) chocante para muchos lectores.<\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"color: black;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">\u00a0<\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><strong style=\"mso-bidi-font-weight: normal;\"><span style=\"color: black;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">El efecto de realidad<\/span><\/span><\/span><\/strong><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\"><em><span style=\"color: black;\">Los pichiciegos, <\/span><\/em><span style=\"color: black;\">escrita en seis d\u00edas, es una de las grandes novelas de nuestra literatura reciente. Se trata de un experimento ficcional sobre la guerra de Malvinas, donde un grupo de soldados <span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0<\/span>argentinos busca salvar sus vidas escondi\u00e9ndose en un refugio subterr\u00e1neo y negociando provisiones con los ingleses. No hay <span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0<\/span>hero\u00edsmo ni patriotismo en una guerra que se sabe perdida de antemano y en la que s\u00f3lo se puede intentar sobrevivir.<\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"color: black;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">Fogwill se encarg\u00f3 de declarar una y otra vez que termin\u00f3 su relato antes de la rendici\u00f3n argentina de junio de 1982, cuando a\u00fan no se conoc\u00eda ning\u00fan testimonio de los combatientes. La que ha sido llamada por Beatriz Sarlo la \u201cgran novela realista de los ochenta\u201d se escribi\u00f3 sin ning\u00fan tipo de documentaci\u00f3n: apelando a la imaginaci\u00f3n y los \u201csaberes\u201d del autor2. Con su obra, Fogwill no <span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0<\/span>buscaba entonces reflejar la confusa inmediatez de los hechos sino volverlos inteligibles. Le\u00edda ahora, a la luz de lo que sabemos sobre la guerra, sus causas y el posterior decurso pol\u00edtico de nuestro pa\u00eds, queda claro qu\u00e9 l\u00facido observador de la realidad fue su autor. Me permito, en este sentido, finalizar con un recuerdo personal. Hace algunos a\u00f1os, trabajando en una librer\u00eda en Palermo, lo conoc\u00ed y charl\u00e9 con \u00e9l un par de veces. Era como muchos de sus narradores: procaz, ir\u00f3nico, muy divertido. Y un poco intimidante. Le\u00eda constantemente autores nuevos. Parec\u00eda estar al tanto de todo lo que se publicaba y de tener sobre todo un juicio ingenioso y definitivo: \u201cEl poeta X desconoce evidentemente la gram\u00e1tica del espa\u00f1ol\u201d, \u201cZ a\u00fan tiene la superstici\u00f3n de que hay que contar una historia\u201d. <\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"color: black;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">No habl\u00e1bamos de sus textos. Una vez le pregunt\u00e9 por \u201cLos pasajeros del tren de la noche\u201d, uno de mis cuentos favoritos. Narra el regreso de unos soldados a su pueblo natal. Vuelven en trenes, cuando los daban por muertos, sin que nadie avise a las familias. Parec\u00eda una evidente alusi\u00f3n a Malvinas. Pero el relato estaba fechado en 1980. Le pregunt\u00e9 c\u00f3mo hab\u00eda escrito eso antes de la guerra, si hab\u00eda un error en la fecha. \u201cFue un c\u00e1lculo\u201d, me respondi\u00f3 y no pude preguntarle nada m\u00e1s. En <em>Los siete locos<\/em>, Arlt anticip\u00f3 el golpe de Uriburu. En <em>Los pichiciegos, <\/em>en \u201cLos pasajeros\u2026\u201d, en otros tantos textos, Fogwill calcul\u00f3 c\u00f3mo iban a ser la guerra de Malvinas, la rendici\u00f3n, el regreso, la democracia posterior\u2026 Quiz\u00e1s su literatura no busc\u00f3 reflejar la realidad sino competir con ella, adelant\u00e1rsele. Como declar\u00f3 en una entrevista de 2005: \u201cS\u00ed, qu\u00e9 joder, yo anticipo el futuro\u201d. <\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: 10.5pt; color: black; font-family: Baskerville; mso-bidi-font-family: Baskerville;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">\u00a0<\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\"><span style=\"font-size: 9pt; color: black; font-family: GaramondPremrPro; mso-bidi-font-family: GaramondPremrPro;\">1. La mayor\u00eda de los datos pertenecen al texto autobiogr\u00e1fico y la entrevista incluidos en Graciela Speranza, <\/span><em><span style=\"font-size: 9pt; color: black; font-family: GaramondPremrPro-It; mso-bidi-font-family: GaramondPremrPro-It;\">Primera Persona. Conversaciones con quince narradores argentinos<\/span><\/em><span style=\"font-size: 9pt; color: black; font-family: GaramondPremrPro; mso-bidi-font-family: GaramondPremrPro;\">. Buenos Aires, Norma, 1995.<\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: 9pt; color: black; font-family: GaramondPremrPro; mso-bidi-font-family: GaramondPremrPro;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">2.\u201cYo sab\u00eda mucho del Mar del Sur y del fr\u00edo, porque yo sufr\u00ed mucho del fr\u00edo navegando. Sab\u00eda de pibes, porque ve\u00eda <span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0<\/span><span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0<\/span>los pibes. Sab\u00eda del Ej\u00e9rcito Argentino, porque eso lo sabe todo tipo que vivi\u00f3 la colimba. Cruzando esa informaci\u00f3n, <span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0<\/span>constru\u00ed un experimento ficcional que est\u00e1 mucho m\u00e1s cerca de la realidad que si me hubiera mandado a las islas con un grabador y una c\u00e1mara de fotos en medio de la guerra. Con la inmediatez de los hechos te perd\u00e9s\u201d (Entrevista de Mart\u00edn Kohan, marzo de 2006). <\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: 9pt; color: black; font-family: GaramondPremrPro; mso-bidi-font-family: GaramondPremrPro;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">\u00a0<\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><em style=\"mso-bidi-font-style: normal;\"><span style=\"font-size: 9pt; color: black; font-family: GaramondPremrPro; mso-bidi-font-family: GaramondPremrPro;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">El autor es profesor en Letras por la UBA.<\/span><\/span><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Homenaje al escritor y soci\u00f3logo Rodolfo Fogwill, pionero de una nueva vertiente en la literatura argentina.<\/p>\n","protected":false},"author":7,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4,6],"tags":[99,31],"class_list":["post-5136","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","category-nota-tapa","tag-fogwill","tag-libros"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-1kQ","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/5136","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/7"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=5136"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/5136\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=5136"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=5136"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=5136"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}