{"id":5324,"date":"2010-11-04T16:28:36","date_gmt":"2010-11-04T19:28:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=5324"},"modified":"2010-11-04T16:28:36","modified_gmt":"2010-11-04T19:28:36","slug":"vivir-como-ciudadano-de-dos-reinos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=5324","title":{"rendered":"Vivir como ciudadano de dos reinos"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: 12pt; color: black; font-family: &quot;Times New Roman&quot;; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA;\">El sentido de pertenencia de un ciudadano adquiere, cuando es creyente, una riqueza inusitada, porque la pertenencia por la fe a un \u00e1mbito sobrenatural, no excluye ni debilita su compromiso terreno y su integraci\u00f3n social. <!--more--><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">\u00abHomo autem non solum est civis terrenae civitatis, sed est particeps civitatis caelestis Ierusalem, cuius rector est dominus, et cives Angeli et sancti omnes, sive regnent in gloria et quiescant in patria, sive adhuc peregrinentur in terris\u00bb (Santo Tom\u00e1s de Aquino, De virtutibus in communi, q. un., a. 5)<br \/>\n1. Se puede afirmar, desde el comienzo, que el punto de partida y de inflexi\u00f3n sobre el cual giran la doctrina social de la Iglesia y la nueva enc\u00edclica de Benedicto XVI sobre La caridad en la verdad es la dignidad primaria del ser humano como persona, que lo eleva sobre todos los otros seres y le concede una posici\u00f3n de absoluto privilegio como es la de ser capaz de la trascendencia, de vivir en justicia con los otros seres humanos y con el resto de la creaci\u00f3n, y de ser rec\u00edprocos instrumentos de la gracia divina.<br \/>\nLa vida del ser humano, hombre y mujer, tiene origen inmediatamente en Dios. Esto no vale para los otros seres vivientes como las plantas y todas las especies de animales que ocupan la Tierra: los peces, las aves, los reptiles y todas las bestias salvajes (G\u00e9n. 1, 20ss. 26). Lo repetimos porque en un cierto clima pseudocient\u00edfico de hoy, que nada tiene que ver con la verdadera ciencia, este tema tan importante del origen de la antropolog\u00eda fundamental no se puede dar por descontado: el punto central, tanto de la doctrina social como de la filosof\u00eda y la teolog\u00eda del Papa Benedicto XVI, es esta afirmaci\u00f3n neta del origen divino del hombre, sobre todo por su alma, que explica el especial mandato que Dios da al ser humano de colaborar con \u00c9l en la organizaci\u00f3n de la vida social y en el gobierno del entero mundo de los vivientes sobre la Tierra. Este dominio natural sobre las dem\u00e1s criaturas, que compete al hombre por su alma racional, en la que reside principalmente la imagen de Dios, se manifiesta en la misma creaci\u00f3n del hombre, relatada en G\u00e9n. 1, 26, donde se dice: \u00abHagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, y tenga dominio sobre los peces del mar, etc.\u00bb.<br \/>\n2. El atributo por el cual el hombre est\u00e1 llamado a organizar la vida social y a gobernar la Tierra es el ejercicio del trabajo (laborem exercens), al cual el ser humano dedicar\u00e1 las fuerzas de su cuerpo guiadas por la luz de su esp\u00edritu. De este modo, el hombre viene a ser el \u00abvicario de Dios\u00bb en la organizaci\u00f3n de la vida social y en el desarrollo de la creaci\u00f3n para los entes naturales de los que obtiene los medios de subsistencia. S\u00f3lo la inmensa extensi\u00f3n de los astros que pueblan el firmamento \u2014el Sol, la Luna, las estrellas, la \u00abCruz del Sur\u00bb del otro hemisferio del mundo, las galaxias, los cometas\u2026\u2014 y las fuerzas c\u00f3smicas universales sobre la Tierra tienen leyes propias que el hombre no puede dominar sino que busca indagar con su mente y utilizar en su trabajo.<br \/>\nPor ello, Santo Tom\u00e1s, siguiendo a Arist\u00f3teles , llega a la conclusi\u00f3n de que el uso de los bienes exteriores fue confiado al hombre en su calidad de ser que est\u00e1 dotado de raz\u00f3n y es capaz de usar las cosas mediante su trabajo: \u00abEl hombre tiene el dominio natural de las cosas exteriores, ya que, como hechas para \u00e9l, puede usar de ellas mediante su raz\u00f3n y voluntad en propia utilidad\u00bb . Sin embargo, a diferencia de la filosof\u00eda griega, el punto de partida de la interpretaci\u00f3n cristiana y cat\u00f3lica es la afirmaci\u00f3n del origen directo divino del ser humano respecto del alma.<br \/>\n4. Dos son, por lo tanto, los puntos claves de la realidad que constituyen el fundamento de la doctrina social de la Iglesia y del magisterio teol\u00f3gico del Papa Benedicto: la creaci\u00f3n del mundo coronada del esp\u00edritu humano. Mediante las fuerzas de su cuerpo y la luz de su esp\u00edritu, el ser humano es capaz de \u00abdominar\u00bb la Tierra a su favor y de crear un mundo conforme a su cuerpo y a su esp\u00edritu. Para confirmar esta superioridad del hombre, Dios dio un nuevo paso: condujo a todas las criaturas hacia el hombre para ver c\u00f3mo las llamar\u00eda. Y asistimos a una nueva investidura directa de poder (G\u00e9n. 2, 19).<br \/>\nY he aqu\u00ed la base de la doctrina cristiana, recibida de la revelaci\u00f3n b\u00edblica de Mois\u00e9s, que se diferencia netamente de los relatos fantasiosos provenientes no s\u00f3lo de la mitolog\u00eda grecorromana sino tambi\u00e9n de las otras religiones sem\u00edticas y orientales.<br \/>\nCristo es para el hombre el \u00fanico maestro de la verdad que salva mediante su gracia<br \/>\n5. Inteligente y libre, el ser humano con el ejercicio de su trabajo se libera ante todo en la realizaci\u00f3n de un orden simb\u00f3lico y moral, es decir, emerge de las fuerzas de la naturaleza y de los instintos de los animales, y as\u00ed en tanto que sujeto espiritual \u00abtiene la aptitud para recibir la gracia\u00bb y es la sublime dignidad del hombre en esta vida, de acuerdo con San Pedro y el Papa Le\u00f3n Magno . As\u00ed \u00abcuando ha recibido [la gracia], se hace fuerte para realizar los actos requeridos\u00bb . Es saludable entonces que la divina clemencia venga en socorro del andar en el camino de liberaci\u00f3n del hombre y que, en un determinado momento de la historia individual y de los pueblos, intervengan la gracia y la revelaci\u00f3n para facilitar la realizaci\u00f3n del ser humano de manera que \u00abtodos puedan participar con facilidad del conocimiento divino\u00bb\u00a0 sin tropezar con las dudas y los errores en que incurri\u00f3 el paganismo y en que est\u00e1 incurriendo el neopaganismo que descuida las ra\u00edces cristianas de la sociedad. Por ende, recurrir a la fe y a la gracia de Cristo no es perjudicial ni il\u00edcito sino, en cambio, indispensable y liberador en un asunto tan importante para la vida del hombre . Esta doctrina de la necesidad de la gracia para la vida eterna, y por a\u00f1adidura para la vida \u00e9tica y social en la Tierra, viene renovada de un modo claro por el Papa te\u00f3logo Benedicto XVI en todo su magisterio, pero muy especialmente para el orden social en la Caritas in Veritate.<br \/>\n6. Entonces debemos reconocer que ahora Cristo es para el ser humano el \u00fanico maestro de la verdad para la vida eterna que se hizo accesible para todos , no siendo ya el privilegio de pocos afortunados porque estaban dotados de poderes econ\u00f3micos o fuerzas intelectuales superiores. Aqu\u00ed se encuentra la paradoja existencial de la cual parte la fe: ella es accesible para todos los hombres, pero en su conjunto trasciende todas las dotes naturales tanto del hombre como del \u00e1ngel mismo . La gracia es un \u00abnuevo ser\u00bb, un nuevo don, concedido al alma directamente por Dios para brindarle la capacidad y la participaci\u00f3n de la vida eterna y, por lo tanto, para poder conocer las verdades eternas y, por a\u00f1adidura, para poder vivir feliz en esta vida. Es c\u00e9lebre la afirmaci\u00f3n de Santo Tom\u00e1s: \u00abLos dones de la gracia de tal modo se suman a la naturaleza que no le quitan nada, sino que perfeccionan \u00e9sta como lo perfecto a lo perfectible\u00bb . Luego, la luz de la fe, la fuerza de la esperanza, el motor de la caridad cristiana, que nos vienen infundidas graciosamente, no destruyen la luz del conocimiento natural, ni la esperanza y el amor que tenemos cong\u00e9nito, sino que por el contrario le ponen las alas necesarias para obtener la vida eterna y la a\u00f1adidura aqu\u00ed en la Tierra. Y \u00e9sta es la segunda clave del pensamiento social de Benedicto XVI, que con el Concilio Vaticano II afirma que Cristo \u00abrevela el hombre al hombre\u00bb.<br \/>\nCristo produce en la historia hechos que transforman el orden social<br \/>\n8. Ahora bien, desde que Nuestro Se\u00f1or se encarna en la historia, el Salvador produce no s\u00f3lo frutos para la conciencia y la eternidad en la capacidad meritoria y liberadora de cada persona singular, sino tambi\u00e9n \u2014tr\u00e1mite este nuevo principio de la libertad en gracia\u2014 obras dentro las coordinadas del tiempo y del espacio, especialmente respecto al orden social.<br \/>\nAs\u00ed esta energ\u00eda nueva de la gracia de Cristo pasa a producir frutos en el mundo que trasforman profundamente no s\u00f3lo a las personas singularmente consideradas sino tambi\u00e9n a la sociedad y al orden social entero. No quiero hablar aqu\u00ed del aspecto social de la educaci\u00f3n, con la creaci\u00f3n cristiana de las escuelas catedralicias, los colegios, las universidades, las universidades cat\u00f3licas, etc.<br \/>\nBien se puede decir que el primero de estos frutos sociales, aparte de la educaci\u00f3n, es el del matrimonio cristiano, es decir, el sacramento por el cual se unen un hombre y una mujer a imagen de la uni\u00f3n de Cristo con la Iglesia para realizar los fines sociales de amarse mutuamente y procrear hijos en el orden humano y espiritual. No intento considerar aqu\u00ed este tema sino s\u00f3lo notar la originaria naturaleza social profana de la gracia de este sacramento. Ninguna otra religi\u00f3n o cultura ha dado este valor simult\u00e1neamente religioso y profano a la uni\u00f3n de amor del hombre y la mujer como lo ha hecho el mensaje de Cristo: \u00ablo que Dios ha unido no lo separe el hombre\u00bb (Mt 19,6).<br \/>\nEl segundo de estos frutos sociales es la abolici\u00f3n de la esclavitud. Es sabido que ya desde la carta de San Pablo a Filem\u00f3n respecto de On\u00e9simo es clara la exigencia intr\u00ednseca del mensaje de Cristo de superaci\u00f3n de esta injusta y antihumana estructura social, que sin embargo estaba justificada en todas las civilizaciones paganas, incluso en aquella de los grandes griegos. Arist\u00f3teles mismo, el pensador m\u00e1s potente de la antig\u00fcedad, en su Pol\u00edtica sostiene que hay hombres esclavos \u00abpor naturaleza\u00bb. Ahora, a pesar del esc\u00e1ndalo hist\u00f3rico de que algunos estados imperiales llamados cristianos hayan comerciado con seres humanos, aceptar la esclavitud es imposible para un disc\u00edpulo de Cristo que haya asimilado profundamente su mensaje, porque desde el Hijo de Dios se ve que todos los hombres y mujeres son iguales en \u00c9l en cuanto seres humanos. Todos los seres humanos, hombres y mujeres, son iguales porque son personas, como dice Juan Pablo II. A esta verdad no se puede objetar que todav\u00eda existe la esclavitud en alguna parte del mundo, especialmente respecto de las mujeres, ni tampoco se puede apelar al modo con el cual \u00e9sta ha cesado, porque en realidad la esclavitud no fue abolida ni por los emperadores, ni por las democracias ni por disposiciones extr\u00ednsecas pol\u00edticas, sino primero que en lo externo por la obra interior del Esp\u00edritu de Cristo.<br \/>\nEl emerger de dos reinos<br \/>\n9. Ahora, la gran novedad de Cristo respecto del orden social, central para nuestro tema, es el emerger de dos mundos o reinos. Por un lado, el reino suprasensible, pero que perteneciendo al ser de la persona en gracia sobrenatural, est\u00e1 al mismo tiempo en la Tierra y se liga a la existencia, al ser y el obrar concretos de cada individuo, que es en definitiva el Reino de Dios y de Cristo, la Iglesia. Por otro, la Tierra mundana, el reino temporal, el estado, o mejor los estados, que sobretodo est\u00e1n llamados al ordenamiento de la realidad temporal y finita. Ni el helenismo ni tampoco el Oriente, incluso jud\u00edo, eran conscientes de esta diferencia entre el reino de los Cielos, la Iglesia, y los reinos temporales, los estados y los pueblos. Efectivamente, en un sentido para el mundo grecorromano toda la realidad humana se subsum\u00eda y realizaba dentro de la ciudad-estado o del Estado, y para el hebreo no hab\u00eda otra dimensi\u00f3n para la realidad temporal que aquella inmediatamente religiosa. El emperador era el sumo sacerdote y Mois\u00e9s era legislador pero tambi\u00e9n mediador entre Dios y el pueblo. El ideal despu\u00e9s de Cristo van a ser dos reinos no separados sino interdependientes. Tanto el Estado como la Iglesia, los dos reinos diferentes, deber\u00edan colaborar a esta finalidad de misi\u00f3n: es decir que el derecho \u00e9tico del Estado fuese \u00fanicamente el desarrollo y la protecci\u00f3n del principio de la libertad en gracia para la verdad (y la verdad de Dios), para el bien y la justicia, para la paz o sea la tranquillitas ordinis de agustiniana memoria, que constituye el principio fundamental de la religi\u00f3n.<br \/>\nSolamente el Cristianismo con el mensaje de Cristo del \u00abReino de Dios\u00bb ha sabido crear las bases de la historia universal, porque la unidad de la historia presupone la unidad de la humanidad, indicada por primera vez por Cristo con su magisterio de la paternidad universal de Dios que llama a todos los seres humanos a participar de su propia vida eterna. Como se indic\u00f3, es el tema predilecto tambi\u00e9n de nuestro Papa Benedicto XVI, especialmente en su enc\u00edclica Deus est caritas. El amor que une a los cristianos y por ende a toda la familia humana debe situarse siempre en el horizonte de la vida misteriosa de Dios uno y trino (cf. Jn 5, 26; 6, 57), en quien percibimos un amor inefable compartido por personas iguales, aunque distintas . Se trata de aquello que, con el Apocalipsis, San Agust\u00edn (354-430) llama la \u00abCiudad de Dios\u00bb que nos trajo la resurrecci\u00f3n de Jesucristo. Con esta doctrina tenemos por primera vez la idea de una comunidad global, porque Agust\u00edn presenta la primera teolog\u00eda de la historia a la luz del Reino de Dios, de la Trinidad, la ciudad eterna que vive de la gloria de Dios. Esta doctrina es repensada luego de San Agust\u00edn en la tradici\u00f3n agustiniana como una comunidad de pueblos salvados en Cristo y organizados bajo la gu\u00eda del Papa y del emperador (la teor\u00eda de las dos espadas). A lo que Arquilli\u00e8re ha denominado el agustinismo pol\u00edtico .<br \/>\nEl cristiano como ciudadano de la ciudad celeste 10. Santo Tom\u00e1s de Aquino tiene un puesto singular en la progresiva asimilaci\u00f3n de este mensaje del \u00abReino de Dios\u00bb anunciado por Cristo, como tambi\u00e9n lo tiene el pensador espa\u00f1ol que en Tom\u00e1s se inspira, Francisco de Vitoria, reconocido como el creador del derecho internacional. Para Santo Tom\u00e1s, el cristiano es ciudadano de dos reinos. No s\u00f3lo pertenece a la ciudad terrena, sino que es part\u00edcipe de la ciudad celeste cuya cabeza es Cristo Resucitado y sus conciudadanos son los \u00e1ngeles y los santos todos \u2014tanto los que ya reinan en la luz de la gloria y reposan en la patria celeste como los que a\u00fan peregrinan en la Tierra\u2014, seg\u00fan la ense\u00f1anza de San Pablo a los Efesios: \u00absois conciudadanos con los santos y amigos de Dios\u00bb (2, 19). Para que el ser humano sea part\u00edcipe de esta ciudad celeste, no le es suficiente la naturaleza humana, sino que \u00e9l debe ser recreado por la participaci\u00f3n a la gracia o vida nueva que Cristo introdujo en la historia . Los dones de la gracia, o recreaci\u00f3n de Cristo, se suman as\u00ed a los de la naturaleza social del hombre, o primera creaci\u00f3n, tambi\u00e9n en el orden de las virtudes sociales de modo que nada quitan a \u00e9stas, sino que por el contrario las perfeccionan y potencian, como lo perfecto a lo que es perfectible , seg\u00fan dijimos respecto de las virtudes individuales. Cristo revela el hombre al hombre no s\u00f3lo desde el punto de vista personal sino tambi\u00e9n desde el punto de vista social.<br \/>\n11. Como es sabido, de Vitoria sigue una v\u00eda diversa de la tradici\u00f3n agustiniana, o sea del llamado agustinismo pol\u00edtico; tradici\u00f3n agustiniana que, por otra parte, no necesariamente responde a todos los textos de San Agust\u00edn. De Vitoria desarrolla la idea tomista de la consistencia, valor y autonom\u00eda de la primera creaci\u00f3n del ser humano a imagen de Dios y de la recreaci\u00f3n en Cristo por la gracia. La fuente tomista lleva a de Vitoria a sostener, como punto de partida y principio supremo de la filosof\u00eda del derecho, la feliz distinci\u00f3n aquiniana de un doble orden en el mundo, natural o creatural y sobrenatural o redentivo. A tal distinci\u00f3n corresponde la neta divisi\u00f3n de dos poderes, espiritual y temporal, con dos estructuras sociales y dos \u00f3rdenes de derecho independientes: el orden del derecho natural, base de la sociedad civil y de la autoridad pol\u00edtica, y el orden del derecho divino, propio de la Iglesia y limitado al orden espiritual.\u00a0 Por ello, de Vitoria llegar\u00e1 hasta a negar, creo por primera vez en la historia cristiana, la jurisdicci\u00f3n universal pol\u00edtica del Papa y del emperador, e incorporar\u00e1 en la comunidad universal las naciones no cristianas, reconociendo en estos pueblos una persona jur\u00eddica completa, en la medida en que presenten un m\u00ednimo de organizaci\u00f3n pol\u00edtica. Tema que hoy es retomado a su modo por John Rawls en su importante ensayo The Law of Peoples, Harvard 1999.<br \/>\n12. Por otra parte, figuras como Santo Tom\u00e1s Moro y el beato Cardenal Newman, como lo ha reconocido recientemente en Westminster Hall el Papa Benedicto, que han sabido seguir su conciencia m\u00e1s all\u00e1 de las indicaciones externas de sus superiores temporales, han tenido una rol primordial en el desarrollo de la democracia moderna justamente en la progresiva toma de conciencia de la diferenciaci\u00f3n de los dos reinos y en la necesidad de seguir la voz de la conciencia m\u00e1s que la externa de los superiores cuando \u00e9sta va contra la conciencia y la verdad.<br \/>\n13. Esta pertenencia a la ciudad celeste por parte de los seres humanos, sea de los que aqu\u00ed peregrinamos, sea de los que ya est\u00e1n en el Cielo (comprensores), genera una \u201crefusi\u00f3n\u201d (refusio) de las energ\u00edas de la gracia, del amor y del perd\u00f3n desde la Ciudad de Dios en la ciudad terrena, que no puede sino subsidiar y colaborar para la realizaci\u00f3n de la justicia y de la paz en nuestro mundo global. Dig\u00e1moslo as\u00ed: los bienes del reino definitivo que ya poseemos en la Tierra como primicias producen desde ahora sus frutos gozosos en nuestros reinos terrenos. Si nos privamos de ellos no s\u00f3lo descristianizamos al ser humano, sino que adem\u00e1s lo deshumanizamos. Aqu\u00ed es necesario recordar la dial\u00e9ctica del amor caracterizada por la sobreabundancia y la de la justicia regida por la regla de la equivalencia. La caridad o \u00e1gape pone el acento en el regalo o don que no espera el recambio o contracambio, o sea el romano \u00abte doy para que me des\u00bb, do ut des. M\u00e1s sutilmente todav\u00eda el \u00e1gape de la ciudad cristiana se distingue del eros de la rep\u00fablica plat\u00f3nica por la ausencia del sentimiento de privaci\u00f3n. Por ello, los cristianos, cuando lo son de verdad y no fingidos, tienen un importante papel que jugar en la construcci\u00f3n de la ciudad terrena, en la medida en que ellos son los directos depositarios de la ardua herencia del Evangelio que exige la actuaci\u00f3n de la gracia de Cristo, de su amor, del \u00e1gape fraterno, del amor hasta por los enemigos y del perd\u00f3n de los mismos.<br \/>\n14. En el mundo globalizado de hoy hay una gran exigencia de que los pueblos y las naciones del globo sean caritativos y compasivos los unos con los otros, y se imaginen el sufrimiento de los otros en el momento de gritar venganza por las heridas que les han sido infligidas en el pasado. Lo que aqu\u00ed se exige es algo que es formalmente semejante al perd\u00f3n. Naturalmente es con gran prudencia y guiados de una sobria perspicacia que se debe emprender este delicado camino. Lo importante es saber que la idea del amor y del perd\u00f3n del Reino de Dios no nos aleja de la esfera de la ciudad terrena donde rigen la pol\u00edtica y las ciencias sociales, como alguno podr\u00eda pensar. La historia del siglo pasado y reciente nos ofrece algunos ejemplos admirables de una especie de fusi\u00f3n entre compasi\u00f3n y pol\u00edtica. Siempre pienso en el fulgurante viaje del presidente egipcio, Anwar el-Sadat (1918-1981), a Jerusal\u00e9n; o m\u00e1s recientemente, en la extraordinaria mediaci\u00f3n de Juan Pablo II que obtuvo la paz entre Chile y Argentina respecto del noto conflicto lim\u00edtrofe gracias al renovado y perseverante esfuerzo de di\u00e1logo y de comprensi\u00f3n de ambos pa\u00edses. Hay tantos otros signos de lo que bien puede llamarse una especie de \u00abcaridad pol\u00edtica\u00bb, de la que Pablo VI dec\u00eda ser una de las formas m\u00e1s altas de la caridad. Naturalmente, si por una parte la caridad va m\u00e1s all\u00e1 de la justicia, por la otra, hay que evitar que \u00e9sta substituya a la justicia. La caridad es un surplus, una energ\u00eda agregada que viene de la ciudad celeste, y esta plusval\u00eda de la caridad, de compasi\u00f3n y de afecto respetuoso, tiene la potencia de transformar la ciudad temporal, de darle un alma m\u00e1s profundamente fraterna y solidaria, colma de motivaciones profundas, de audacia, de nuevo impulso y de otros bienes que surgen del amor sin precio, que no se pueden ni vender ni comprar en el mercado nacional ni global. En este sentido, como lo hemos visto recientemente en la Misa de San Pedro y San Pablo participada por un representante de Bartolom\u00e9 I, el esfuerzo ecum\u00e9nico de Benedicto XVI, que sigue el de Juan Pablo II, por ejercer el amor (y hasta el perd\u00f3n cuando las circunstancias lo exigen) a fin de reencontrar la plena unidad de las Iglesias cristianas y de caminar en tantos puntos junto a los no cristianos y a los no creyentes, parece un modelo necesario para dar un denso contenido de caridad al proyecto de una nueva evangelizaci\u00f3n de la Iglesia cat\u00f3lica en el mundo globalizado de nuestros d\u00edas.<br \/>\nEl cristiano como ciudadano de la ciudad terrena<br \/>\n15. El cristiano es adem\u00e1s ciudadano de la ciudad terrena, que aunque no es la sempiterna posee su propio bien: \u00abterrena porro civitas, quae sempiterna non erit, hic habet bonum suum\u00bb . Ahora, la responsabilidad de los cristianos como ciudadanos de los dos reinos, de trabajar por la paz y la justicia, su compromiso irrevocable de construir el bien com\u00fan, es inseparable de su misi\u00f3n de proclamar el don de la gracia de Cristo y de su amor primario a Dios y al pr\u00f3jimo, que empieza ya en la Tierra y se realiza plenamente en la vida eterna, a la que Dios ha llamado a todo hombre y a toda mujer. A este respecto, la tranquillitas ordinis, como el m\u00e1ximo bien de cada pueblo y del Orbe entero, de la que habla san Agust\u00edn, se refiere a \u00abtodas las cosas\u00bb, es decir, tanto a la justicia y a la \u00abpaz civil\u00bb, que es una \u00abconcordia entre ciudadanos\u00bb, como a la \u00abpaz de la ciudad celestial\u00bb, que es la \u00abordenad\u00edsima y conform\u00edsima sociedad establecida para gozar de Dios, y unos de otros en Dios\u00bb .<br \/>\n16. Los ojos de la fe nos permiten ver que estas dos ciudades, la terrena y la celestial, se compenetran entre s\u00ed, especialmente en el amor a Dios y al pr\u00f3jimo, y en ciertas instituciones sociales fundamentales tales como la familia, que Cristo ha elevado al rango de sacramento de su gracia, y la educaci\u00f3n, que es un mandato apost\u00f3lico: \u00abVayan y ense\u00f1en a todas las gentes\u00bb (Mat., 28, 19). Las dos ciudades sin embargo est\u00e1n ordenadas intr\u00ednsecamente una a la otra, ya que ambas pertenecen a Dios Padre, que \u00abest\u00e1 sobre todos, por todos y en todos\u00bb (Ef., 4, 6). Al mismo tiempo, la fe evidencia con mayor \u00e9nfasis lo que ya la raz\u00f3n descubre, es decir, la leg\u00edtima autonom\u00eda de las realidades terrenas, en la medida en que \u00abest\u00e1n dotadas de firmeza, verdad y bondad propias y de un orden y leyes propias\u00bb . Lo prueba el hecho incontestable del iluminado y anticipador reconocimiento de Santo Tom\u00e1s de las dos ciudadan\u00edas que se funda en la participaci\u00f3n del ser y operar de las causas segundas, como tambi\u00e9n la doctrina del de Vitoria del ius gentium.<br \/>\nDebemos estar seguros, por ejemplo, de que el orar privado y p\u00fablico, que es un deber fundamental de los ciudadanos del Reino de los Cielos, ser\u00e1 beneficioso para todas las personas de buena voluntad de cada pueblo y naci\u00f3n del orbe en el misterio de la comuni\u00f3n de los santos, es decir de la ciudad celeste. Los famosos Te Deum que los pueblos cristianos celebran anualmente son importantes. Nuestra alabanza, agradecimiento y petici\u00f3n, en virtud de los m\u00e9ritos de Cristo, cabeza de la Iglesia, impulsar\u00e1n a los cristianos a aceptar con mayor prontitud su deber de mejorar cada vez m\u00e1s la equidad, la libertad y la justicia con sus conciudadanos y entre ellos. Nuestras oraciones ayudar\u00e1n a promover la vida familiar, la educaci\u00f3n, la salud, el m\u00e9rito y el salario justo en el trabajo, las asociaciones de voluntariado, la iniciativa privada justa y un orden p\u00fablico que facilite el buen funcionamiento de las comunidades m\u00e1s fundamentales de la sociedad .<br \/>\nDe dolores, luces y gozos est\u00e1 hecha la historia de los pueblos del mundo. Nuestra tarea es, junto con reconocer lo ya realizado, tambi\u00e9n entonces proponernos construir la ciudad terrena mirando a la ciudad celeste y subir al Cielo construyendo la Tierra en justicia y paz. Mucho debemos amar, y as\u00ed participaremos, como nuestra com\u00fan Madre celestial, la Virgen Mar\u00eda, de la luz del d\u00eda que no tiene oscuridad ni noche, porque est\u00e1 iluminado del resplandor de lo que es plenamente sin el intervalo de la nada o la oscuridad del pecado.<br \/>\n17. Podemos concluir con la afirmaci\u00f3n que el mensaje de Cristo ha realizado una fundamental transformaci\u00f3n de las realidades sociales a comenzar con el hecho de que la persona que lo acepta es una persona creada por Dios y recreada en la gracia de Cristo, al menos en potencia, que puede comunicar esta gracia a los otros. A este respecto, el Papa Juan Pablo II, al final de su enc\u00edclica, dice: \u00abEl cristiano que est\u00e1 en actitud de escucha de la palabra del Dios vivo, uniendo el trabajo a la oraci\u00f3n, sepa qu\u00e9 puesto ocupa su trabajo no s\u00f3lo en el progreso terreno, sino tambi\u00e9n en el desarrollo del Reino de Dios, al que todos somos llamados con la fuerza del Esp\u00edritu Santo y con la palabra del Evangelio\u00bb . Podemos afirmar que la visi\u00f3n cat\u00f3lica gira en torno a esto, o sea que la actividad del hombre y de la mujer que se hace con caridad y oraci\u00f3n no s\u00f3lo alcanza un progreso humano sino tambi\u00e9n es capaz de ser meritoria de una gracia sobrenatural para quien la realiza, y adem\u00e1s puede ser comunicada a los que no ponen \u00f3bice en recibirla. En consecuencia, la actividad humana realizada en caridad y oraci\u00f3n hace crecer la humanidad del hombre, o sea el reino terreno, y simult\u00e1neamente desarrolla el Reino de Dios. Por ello, Benedicto XVI, aceptando el desaf\u00edo de Juan Pablo II, es capaz de sostener como punto central y nuevo de su enc\u00edclica Caritas in Veritate que \u00abLos hombres, destinatarios del amor de Dios, se convierten en sujetos de caridad, llamados a hacerse ellos mismos instrumentos de la gracia para difundir la caridad de Dios y para tejer redes de caridad. La doctrina social de la Iglesia responde a esta din\u00e1mica de caridad recibida y ofrecida\u00bb .<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El sentido de pertenencia de un ciudadano adquiere, cuando es creyente, una riqueza inusitada, porque la pertenencia por la fe a un \u00e1mbito sobrenatural, no&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":7,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[109],"class_list":["post-5324","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sociedad","tag-sanchez-sorondo"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-1nS","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/5324","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/7"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=5324"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/5324\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=5324"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=5324"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=5324"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}