{"id":5465,"date":"2010-12-06T18:03:37","date_gmt":"2010-12-06T21:03:37","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=5465"},"modified":"2010-12-06T18:03:37","modified_gmt":"2010-12-06T21:03:37","slug":"la-mirada-de-camus","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=5465","title":{"rendered":"La mirada de Camus"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\"><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2010\/12\/barros-camus.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-thumbnail wp-image-5466\" title=\"barros-camus\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2010\/12\/barros-camus-120x120.jpg\" alt=\"barros-camus\" width=\"105\" height=\"92\" \/><\/a>Hace 50 a\u00f1os mor\u00eda Albert Camus en un absurdo accidente automovil\u00edstico. Nuestra recordaci\u00f3n con uno de sus textos* se une con la Navidad, que se ofrece como un momento oportuno.<!--more--><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\"><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2010\/12\/barros-camus-diario.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-thumbnail wp-image-5467\" title=\"barros-camus-diario\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2010\/12\/barros-camus-diario-120x120.jpg\" alt=\"barros-camus-diario\" width=\"120\" height=\"120\" \/><\/a>El d\u00eda de su muerte, Camus llevaba con \u00e9l el manuscrito de <em>El primer hombre<\/em>, de fuerte anclaje autobiogr\u00e1fico, que no lleg\u00f3 a concluir. No es el \u00fanico texto memorable en una extensa lista de obras de ficci\u00f3n, integrada casi totalmente por novelas y obras teatrales: s\u00f3lo escribi\u00f3 un libro de cuentos. Este art\u00edculo busca recuperar a Camus cuentista; no por abordar su aspecto menos recordado, sino para invitar a la lectura de una obra que nos conmueve. Si en Camus siempre est\u00e1 presente una profunda reflexi\u00f3n sobre lo humano, en este libro roza el umbral de lo sagrado.<\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">En 1957 \u2013el mismo a\u00f1o en que fue distinguido con el Premio Nobel\u2013 Camus public\u00f3 su \u00fanico volumen de cuentos, <em>El exilio y el reino<\/em>, integrado por seis relatos. Entre todos ellos, el primero \u2013<em>La mujer ad\u00faltera<\/em>\u2013 y el \u00faltimo \u2013<em>La piedra que crece<\/em>\u2013, destacados por su ubicaci\u00f3n textual, dan inicio y cierre a una mirada de profunda comuni\u00f3n con el mundo.<\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><strong><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">\u201cSus ojos se abrieron al fin sobre los espacios de la noche\u201d<\/span><\/span><\/strong><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\"><em>La mujer ad\u00faltera <\/em>se inicia con un viaje por la \u201czona\u201d camusiana. Janine, la protagonista, y su marido, la atraviesan en autocar por un asunto de negocios. Desde el comienzo, la mujer mira: encerrada en el veh\u00edculo lleno de \u00e1rabes, casi no distingue el exterior; el viento que \u201cpoco a poco hab\u00eda tapado la inmensa llanura\u201d no se lo permite. Como el resto de los pasajeros, s\u00f3lo puede \u201cnavegar en silencio por una especie de noche blanca\u201d; este aislamiento la lleva a volver la mirada hacia s\u00ed misma, hacia los veinticinco a\u00f1os de su matrimonio \u201cque hab\u00edan pasado en aquella penumbra que manten\u00edan con los postigos cerrados\u201d. Con su marido no son m\u00e1s que dos soledades juntas, sin hijos, sin el abrigo de la esperanza. A Janine la rodean, afuera, el fr\u00edo y el desierto, ese paisaje \u00e1rido que la hace sentirse tan extranjera como \u201caquella lengua que ella hab\u00eda o\u00eddo toda su vida sin entenderla nunca\u201d. Al final de ese viaje fantasmal, llegan a la primera ciudad de su recorrido. Una honda sensaci\u00f3n de esperar, sin saber qu\u00e9, la conmueve.<\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">Ya en el lugar, el viento se calma. La luz \u2013un elemento de honda significaci\u00f3n en Camus\u2013 es ahora \u201cfr\u00eda y brillante\u201d; el cielo se va despejando. Despu\u00e9s de una breve salida, Janine no desea volver al hotel; recuerda que el due\u00f1o le ha aconsejado una visita a la terraza del fort\u00edn para contemplar el desierto. Al llegar al lugar, el cielo es \u201cde un azul malva\u201d y van ascendiendo \u201cen medio de una luz <span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0<\/span>cada vez m\u00e1s vasta, fr\u00eda y seca\u2026 El aire iluminado parec\u00eda vibrar a su alrededor\u2026\u201d La mujer, desde la altura, puede observar el horizonte sin l\u00edmites: \u201cde este a oeste, su mirada pod\u00eda desplazarse sin encontrar un solo obst\u00e1culo\u2026\u201d El marido, ajeno a la experiencia que comienza a transitar Janine, se inquieta, no entiende qu\u00e9 es lo que hay que ver, pero ella no puede arrancarse de all\u00ed, y mientras la luz declina, siente que en su coraz\u00f3n \u201cse iban desatando todos los nudos de los a\u00f1os, de la costumbre y del hast\u00edo, que hasta entonces la hab\u00edan mantenido apresada\u201d. Ha sentido, por primera vez, la presencia de \u201caquel reino que le hab\u00eda sido prometido\u201d.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">De regreso en el hotel, la mujer se duerme, pero despierta poco despu\u00e9s. Sola, en silencio, sin avisarle a su marido, un impulso la lleva al fort\u00edn \u201cmedio a ciegas, en la oscuridad\u201d. Y de nuevo en la terraza, \u201csus ojos se abrieron al fin sobre los espacios de la noche\u201d. Ve las estrellas que \u201cse formaban sin tregua en el espesor de la noche\u201d, que despiden \u201cbrillantes car\u00e1mbanos\u201d; su mirada no puede desprenderse de esas luces. Por fin, en la noche iluminada, siente que recupera sus ra\u00edces, lo m\u00e1s \u00edntimo y profundo: \u201cJanine empez\u00f3 a llenarse con el agua de la noche\u2026 Un instante despu\u00e9s el cielo entero se desplegaba sobre ella, tendida sobre la tierra fr\u00eda\u201d. En intensa comuni\u00f3n con el universo, la mujer se reconoce. Despu\u00e9s de esa experiencia, ya no es m\u00e1s la misma. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><strong><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">\u201cSinti\u00f3 subir en \u00e9l una marea jubilosa\u2026\u201d<\/span><\/span><\/strong><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\"><em>La piedra que crece <\/em>comienza tambi\u00e9n con un viaje: D\u00b4Arrast, un ingeniero europeo, atraviesa la selva brasile\u00f1a, en medio de la oscuridad de la noche, hacia la peque\u00f1a ciudad en la que va a construir un dique para evitar inundaciones. A pesar de la pobreza, all\u00ed se respira alegr\u00eda; es la v\u00edspera de la fiesta del Buen Jes\u00fas: se recuerda el encuentro de su estatua y el milagro de la piedra que crece. <\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">Como le sucede a la protagonista de <em>La mujer ad\u00faltera<\/em>, D\u00b4Arrast se siente ante la inminencia de una revelaci\u00f3n: \u201c\u2026 sin saber qu\u00e9\u2026 no hab\u00eda dejado de esperar\u2026 desde que hab\u00eda llegado a aquel pa\u00eds\u2026 como si el trabajo por el que hab\u00eda acudido all\u00ed no fuera m\u00e1s que un pretexto, el motivo de una sorpresa, o de un encuentro que no pod\u00eda imaginar, pero que le estaba esperando pacientemente en aquel fin del mundo\u201d. Conoce a un hombre que va a cumplir la promesa que le hizo al Buen Jes\u00fas, si lo salvaba en un naufragio: llevar en procesi\u00f3n una piedra de cincuenta kilos en la cabeza. Sin entender muy bien por qu\u00e9, D\u00b4Arrast lo acompa\u00f1a, deja de lado una comida con los \u201cnotables\u201d de la ciudad y en cambio acepta la invitaci\u00f3n del promesante para ir a la ceremonia de los bailes en el barrio de los pobres. All\u00ed \u00e9l, \u201cun se\u00f1or sin iglesia, sin nada\u201d, se va involucrando cada vez m\u00e1s en el rito, hasta que percibe que tambi\u00e9n \u201chac\u00eda un rato que bailaba con todo su peso sin desplazar los pies\u201d. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">Al d\u00eda siguiente, en la procesi\u00f3n de penitentes de la fiesta del Buen Jes\u00fas, ve al hombre que lleva la piedra en la cabeza. Un sentimiento confuso lo inquieta: el deseo de huir de aquella tierra, y un inexplicable compromiso con el promesante. En un momento deja de verlo: \u201cObedeciendo a un \u00fanico impulso\u2026\u201d, sale a buscarlo; lo encuentra \u201cvisiblemente extenuado\u201d. Le llega la escueta <span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0<\/span>informaci\u00f3n: \u201cYa se ha ca\u00eddo\u201d. \u201cSin saber c\u00f3mo, D\u00b4Arrast se encontr\u00f3 a su derecha. Puso sobre la espalda del cocinero una mano ligera, y camin\u00f3 junto a \u00e9l\u2026\u201d. En ese V\u00eda Crucis, no se limita a darle \u00e1nimo: le limpia \u201cel hombro manchado de polvo y sangre\u201d, lo toma en brazos y lo carga como \u201csi se hubiera tratado de un ni\u00f1o\u201d, para luego ocupar su lugar y cumplir la promesa1. Cargado con la piedra, no sigue el camino esperado hacia la iglesia, sino que se dirige \u201ccon pasos prudentes, pero todav\u00eda firmes\u201d, hasta el barrio de los m\u00e1s pobres. Y all\u00ed, en el mismo lugar en el que la noche anterior particip\u00f3 en otro rito, arroja la piedra, \u201cirguiendo toda su estatura, repentinamente enorme, (y) aspirando\u2026 el olor de miseria y de cenizas que ahora reconoc\u00eda, sinti\u00f3 subir en \u00e9l una marea jubilosa y jadeante que no sab\u00eda nombrar\u201d.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\">En un momento del cuento, D\u00b4Arrast confiesa \u201cno encontr\u00e9 mi sitio, por eso me fui\u201d. La invitaci\u00f3n fraterna que cierra el texto: \u201cSi\u00e9ntate con nosotros\u201d, que le hacen se\u00f1alando un lugar libre en la rueda, confirma que por fin lo ha descubierto. A trav\u00e9s de este breve recorrido por los dos cuentos, se hacen evidentes tanto las reiteradas alusiones evang\u00e9licas que contienen como las simetr\u00edas que presentan. Quisiera se\u00f1alar, sin embargo, la diferencia que plantean ambos finales. En el primero, la mujer vive una experiencia inexpresable: cuando su marido le pregunta el motivo de su llanto, solamente puede responder \u201cNada\u201d. El \u00faltimo cuento se cierra con una mirada esperanzada, patente en la invitaci\u00f3n de honda resonancia evang\u00e9lica a compartir la mesa. La misma que late en el <span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0<\/span>discurso del Nobel, en el que Camus exhorta a \u201crestaurar entre las naciones una paz que no sea la de la servidumbre, reconciliar de nuevo el trabajo y la cultura y reconstruir con todos los hombres una nueva Arca de la alianza\u201d. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-size: 10.5pt; font-family: Baskerville; mso-bidi-font-family: Baskerville;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">\u00a0<\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\"><span style=\"font-size: 9pt; font-family: ArialMT; mso-bidi-font-family: ArialMT;\">* <\/span><span style=\"font-size: 9pt; font-family: Baskerville; mso-bidi-font-family: Baskerville;\">No es esta la primera vez en que un texto de Camus se convierte en motivo de reflexi\u00f3n en el n\u00famero de Navidad de la revista. En el n\u00ba 2257 (diciembre 2000), en su art\u00edculo <\/span><em><span style=\"font-size: 9pt; font-family: Baskerville-Italic; mso-bidi-font-family: Baskerville-Italic;\">Los disc\u00edpulos los re\u00f1\u00edan<\/span><\/em><span style=\"font-size: 9pt; font-family: Baskerville; mso-bidi-font-family: Baskerville;\">, Ignacio J. Navarro hace un l\u00facido desarrollo del tema de la santidad en <\/span><em><span style=\"font-size: 9pt; font-family: Baskerville-Italic; mso-bidi-font-family: Baskerville-Italic;\">La peste. <\/span><\/em><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\"><em><span style=\"font-size: 8pt; font-family: CenturySchoolbook-Italic; mso-bidi-font-family: CenturySchoolbook-Italic;\">1. Camus aborda en varias ocasiones el tema de la \u201csustituci\u00f3n vicaria\u201d; el texto que lo despliega m\u00e1s acabadamente es la novela <\/span><\/em><span style=\"font-size: 8pt; font-family: CenturySchoolbook; mso-bidi-font-family: CenturySchoolbook;\">La ca\u00edda<\/span><em><span style=\"font-size: 8pt; font-family: CenturySchoolbook-Italic; mso-bidi-font-family: CenturySchoolbook-Italic;\">.<\/span><\/em><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace 50 a\u00f1os mor\u00eda Albert Camus en un absurdo accidente automovil\u00edstico. 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