{"id":5908,"date":"2011-07-01T19:26:31","date_gmt":"2011-07-01T22:26:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=5908"},"modified":"2011-07-01T19:26:31","modified_gmt":"2011-07-01T22:26:31","slug":"semblante-de-un-cierto-progresismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=5908","title":{"rendered":"Semblante de un cierto progresismo"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: small; font-family: Times New Roman;\"><\/p>\n<div id=\"attachment_5953\" style=\"width: 130px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2011\/07\/floria-simone-de-beauvoir-sourire-interieur.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-5953\" class=\"size-thumbnail wp-image-5953\" title=\"floria-simone-de-beauvoir-sourire-interieur\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2011\/07\/floria-simone-de-beauvoir-sourire-interieur-120x120.jpg\" alt=\"Simone de Beauvoir\" width=\"120\" height=\"120\" \/><\/a><\/p>\n<p id=\"caption-attachment-5953\" class=\"wp-caption-text\">Simone de Beauvoir<\/p>\n<\/div>\n<p><\/span><span style=\"color: black;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">En la Francia de mediados del siglo pasado ten\u00eda lugar un arduo debate entre el llamado \u201cintegrismo\u201d y el \u201cmodernismo\u201d, enemigos irreconciliables y fraternos. Los hermanaba la necesidad que sent\u00edan para definirse por la mutua negaci\u00f3n, para plantearse por una rec\u00edproca oposici\u00f3n, por una tendencia a la amalgama que los empujaba a rechazar a sus adversarios cristianos. <!--more-->El debate se desarrollaba entre los afiliados cristianos a dos movimientos que se exhib\u00edan como hermanos\/enemigos, y del cual daban cuenta intelectuales impecables como Joseph Folliet, uno de los dirigentes de las entonces afamadas Semanas Sociales de Francia y director de la <em>Chronique Sociale<\/em>.<\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt;\">\u00a0<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"color: black;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">Con frecuencia los extremos de estos dos movimientos contrarios y similares se tocaban. A veces de tal manera que algunos exaltados pasaban casi sin transici\u00f3n de un punto a otro, como testimoniaron en ese tiempo Pierre Debray, Jean Cocteau y otros nombres relevantes con or\u00edgenes intelectuales y destinos diferentes. Emmanuel Mounier denominaba \u201caerolitos\u201d a los protagonistas de veloces e impresionantes evoluciones.<\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"color: black;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">Testigo de estos pases, a menudo arriesgados, Joseph Folliet emprendi\u00f3 la tarea de enjuiciar tales movimientos, inconveniente inevitable en la medida en que ni el progresismo ni el integrismo eran sistemas doctrinales, sino inclinaciones, tendencias. Al observarlas \u2013comprobaba Folliet\u2013 no pod\u00eda evitar un juicio. Deb\u00eda precaverse contra el alegato, mientras trataba de sortear la requisitoria.<\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"color: black;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">Para Folliet el t\u00e9rmino \u201cprogresismo\u201d estaba revestido de un aura proclive a la pol\u00e9mica injusta, lo empleaban en un sentido preciso; el mismo en que lo utilizaban los comunistas, que sab\u00edan qu\u00e9 significaba entonces. Era progresista todo aquel que, impedido por razones personales de dar una adhesi\u00f3n oficial y total al Partido Comunista, no estaba por eso menos persuadido de la excelencia intr\u00ednseca y de la victoria inevitable del comunismo, de la URSS y del l\u00edder Stalin, a quien Simone de Beauvoir visitaba con alguna frecuencia y consideraba \u201cun abuelito patriota\u201d (seg\u00fan testimonio ante un periodista perplejo). El progresista se distingu\u00eda del simple \u201ccompa\u00f1ero de ruta\u201d, cuya acci\u00f3n pod\u00eda estar identificada con la del comunismo de manera pasajera. Era el compa\u00f1ero de ruta ideal, definitivo. Se diferenciaba del \u201ccripto-comunista\u201d en que sus afirmaciones de no-comunismo eran objetivamente sinceras. Debe agregarse que \u2013por desgracia o felizmente\u2013 los hombres no son siempre l\u00f3gicos. El progresista cristiano, el que interesaba especialmente a Folliet, con su dram\u00e1tico desgarramiento, oculto a veces bajo la seguridad doctrinal y tajante, no ser\u00eda objeto injuriado por ser confundido con algunas de sus caricaturas. Folliet no consideraba verdadero progresista al jovencito del medio burgu\u00e9s para quien un procomunismo verbal no traduc\u00eda m\u00e1s que la acritud de una adolescencia prolongada, la temporaria manifestaci\u00f3n de la rebeld\u00eda contra una familia conservadora. Tampoco a la jovencita del mismo \u00e1mbito para quien el progresismo no era sino el \u201cdelicioso estado\u201d de un alma c\u00e1ndida. Ni al arribista que, creyendo en el ineluctable triunfo universal del comunismo, procuraba hacer m\u00e9ritos para ese momento. Ni a los <em>snobs <\/em>que ve\u00edan en el progresismo una patente de amplitud y de penetraci\u00f3n intelectuales\u2026<\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"color: black;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">\u201cConfesamos, igualmente, \u2013segu\u00eda Folliet\u2013 que no tomamos en serio el progresismo de ciertos burgueses, que es \u00fanicamente conceptual y sin relaci\u00f3n con su vida. Seg\u00fan las mejores tradiciones de su clase, \u00e9stos viven por partida doble o triple, bajo el r\u00e9gimen de compartimentos cerrados: una zona religiosa, una zona pol\u00edtica de color progresista y una zona de actividad pr\u00e1ctica en la que el dinero es dinero y los negocios son negocios<em>\u201d. <\/em>Su progresismo no es m\u00e1s que un juego intelectual donde encuentran \u201cuna emoci\u00f3n de alta escuela\u201d. Personajes no ya de comedia sino de novela burguesa. Fen\u00f3meno pasional, el progresismo es visceral y estuvo arraigado en una \u00e9poca. Est\u00e1 emparentado con el \u201cintegrista\u201d<em>, <\/em>hermano\/ enemigo apasionado, pero de ninguna manera un sentimental.<\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; mso-layout-grid-align: none;\"><span style=\"color: black;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: Times New Roman;\">Ambos tienen curiosas semejanzas: rostros cerrados y contra\u00eddos, palabras secas y tajantes, empleo frecuente del sarcasmo y de la iron\u00eda. La cr\u00edtica de Folliet culmina en que todo es, en este tipo humano, unilateral: \u201cFalta el sentido del pecado, el sentido de la historia, el sentido de los l\u00edmites, un conocimiento del bolchevismo ateo, la claridad del esp\u00edritu, la lucidez, la percepci\u00f3n de la originalidad cristiana, una exacta comprensi\u00f3n de la Iglesia, de las relaciones de lo espiritual y lo temporal, y esa cualidad especial de intransigencia que sabe decir no, con amor\u201d.<\/span><\/span><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la Francia de mediados del siglo pasado ten\u00eda lugar un arduo debate entre el llamado \u201cintegrismo\u201d y el \u201cmodernismo\u201d, enemigos irreconciliables y fraternos. 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