{"id":6255,"date":"2011-10-07T13:32:45","date_gmt":"2011-10-07T16:32:45","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=6255"},"modified":"2011-10-07T13:32:45","modified_gmt":"2011-10-07T16:32:45","slug":"hemingway-el-arte-del-silencio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=6255","title":{"rendered":"Hemingway, el arte del silencio"},"content":{"rendered":"<p><!--[if gte mso 9]><xml> <o:OfficeDocumentSettings> <o:TargetScreenSize>1024x768<\/o:TargetScreenSize> <\/o:OfficeDocumentSettings> <\/xml><![endif]--><!--[if gte mso 9]><xml> <w:WordDocument> <w:View>Normal<\/w:View> <w:Zoom>0<\/w:Zoom> <w:HyphenationZone>21<\/w:HyphenationZone> <w:PunctuationKerning \/> <w:ValidateAgainstSchemas \/> <w:SaveIfXMLInvalid>false<\/w:SaveIfXMLInvalid> <w:IgnoreMixedContent>false<\/w:IgnoreMixedContent> <w:AlwaysShowPlaceholderText>false<\/w:AlwaysShowPlaceholderText> <w:Compatibility> <w:BreakWrappedTables \/> <w:SnapToGridInCell \/> <w:WrapTextWithPunct \/> <w:UseAsianBreakRules \/> <w:DontGrowAutofit \/> <\/w:Compatibility> <\/w:WordDocument> <\/xml><![endif]--><!--[if gte mso 9]><xml> <w:LatentStyles DefLockedState=\"false\" LatentStyleCount=\"156\"> <\/w:LatentStyles> <\/xml><![endif]--><!--[if !mso]><span class=\"mceItemObject\"   classid=\"clsid:38481807-CA0E-42D2-BF39-B33AF135CC4D\" id=ieooui><\/span>\n<mce:style><!  st1:*{behavior:url(#ieooui) } --><\/p>\n<p><!--[endif]--> <!--[if gte mso 10]>\n<mce:style><!   \/* Style Definitions *\/  table.MsoNormalTable \t{mso-style-name:\"Tabla normal\"; \tmso-tstyle-rowband-size:0; \tmso-tstyle-colband-size:0; \tmso-style-noshow:yes; \tmso-style-parent:\"\"; \tmso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; \tmso-para-margin:0cm; \tmso-para-margin-bottom:.0001pt; \tmso-pagination:widow-orphan; \tfont-size:10.0pt; \tfont-family:\"Times New Roman\"; \tmso-ansi-language:#0400; \tmso-fareast-language:#0400; \tmso-bidi-language:#0400;} --><\/p>\n<p><!--[endif]--><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin-bottom: 0.0001pt; line-height: normal;\"><span style=\"font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;\" lang=\"ES-AR\"><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2011\/10\/barros-hemingway_1953_kenia1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-thumbnail wp-image-6257\" title=\"barros-hemingway_1953_kenia1\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2011\/10\/barros-hemingway_1953_kenia1-120x120.jpg\" alt=\"barros-hemingway_1953_kenia1\" width=\"95\" height=\"95\" \/><\/a>La escritura del autor norteamericano parte de una contradicci\u00f3n clave: una prosa aparentemente l\u00edmpida pero que esconde m\u00faltiples ausencias y dice mucho m\u00e1s de lo que puede intuirse simple vista.<!--more--><\/span><\/p>\n<div id=\"attachment_6258\" style=\"width: 310px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2011\/10\/barros-finca-vigia-en-cuba.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-6258\" class=\"size-medium wp-image-6258\" title=\"barros-finca-vigia-en-cuba\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2011\/10\/barros-finca-vigia-en-cuba-300x198.jpg\" alt=\"Finca Vig\u00eda en San Francisco de Paula, Cuba.\" width=\"300\" height=\"198\" \/><\/a><\/p>\n<p id=\"caption-attachment-6258\" class=\"wp-caption-text\">Finca Vig\u00eda en San Francisco de Paula, Cuba.<\/p>\n<\/div>\n<p>En 1961, despu\u00e9s de un d\u00eda entero de trabajo sin resultados, en el que escribi\u00f3 una \u00fanica frase: \u201cYa no me sale, nunca m\u00e1s\u201d, Ernest Hemingway tom\u00f3 la decisi\u00f3n de suicidarse: el pasado mes de julio se cumplieron cincuenta a\u00f1os de su muerte.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin-bottom: 0.0001pt; line-height: normal;\"><span style=\"font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;; color: black;\" lang=\"ES-AR\">Igual que Borges, hab\u00eda nacido en 1899, pero as\u00ed como el recuerdo de nuestro autor se vincula siempre con los libros, el de Hemingway nos trae a la memoria im\u00e1genes que lo evocan en distintas actividades que desarroll\u00f3 a lo largo de su vida: con un arma en la mano, en una escena de caza, en un encuentro de boxeo, exhibiendo un trofeo de pesca.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin-bottom: 0.0001pt; line-height: normal;\"><span style=\"font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;; color: black;\" lang=\"ES-AR\">Tambi\u00e9n fue periodista, corresponsal de guerra, combatiente por la Rep\u00fablica Espa\u00f1ola. Experiencias variadas que considera indispensables como material para su verdadera y profunda pasi\u00f3n, que es la literatura.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin-bottom: 0.0001pt; line-height: normal;\"><span style=\"font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;; color: black;\" lang=\"ES-AR\">Porque adem\u00e1s, y sobre todo, Hemingway escribe. Escribe sujeto a leyes r\u00edgidas: no beber hasta haber terminado de escribir, no tolerar interrupciones, no dejar el texto hasta tener previsto de qu\u00e9 manera lo seguir\u00e1 al d\u00eda siguiente. Escribe guiado por su obsesi\u00f3n por encontrar la prosa perfecta. Mucho le debe en esta exigencia a su trabajo como reportero, que le brind\u00f3 un excelente aprendizaje en la econom\u00eda del t\u00e9rmino justo. Y tambi\u00e9n a su docilidad para seguir las rigurosas ense\u00f1anzas de Gertrude Stein, su maestra en Par\u00eds, que lo someti\u00f3 a la disciplina de la concisi\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin-bottom: 0.0001pt; line-height: normal;\"><span style=\"font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;; color: black;\" lang=\"ES-AR\">Su primera obra importante, <em>Adi\u00f3s a las armas <\/em>(1929), se inscribe en la serie de novelas acerca de los efectos de la guerra que publicaron en la d\u00e9cada del \u00b420 algunos de los integrantes de la \u201cgeneraci\u00f3n perdida\u201d. Quiz\u00e1s esa novela m\u00e1s <em>Por qui\u00e9n doblan las campanas <\/em>(1940) y <em>El viejo y el mar <\/em>(1952) sean los textos m\u00e1s recordados de Hemingway. Sin embargo, el cuento es el g\u00e9nero en el que encuentra m\u00e1s acabadamente el veh\u00edculo para concretar su forma absolutamente particular de construir la narraci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin-bottom: 0.0001pt; line-height: normal;\"><strong><span style=\"font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;; color: black;\" lang=\"ES-AR\">El relato secreto<\/span><\/strong><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin-bottom: 0.0001pt; line-height: normal;\"><span style=\"font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;; color: black;\" lang=\"ES-AR\">En su ineludible \u201cTesis sobre el cuento\u201d, en su libro <em>Formas breves<\/em>, Ricardo Piglia sostiene que todo cuento relata dos historias. Si en la versi\u00f3n cl\u00e1sica \u2013la forma cuyas bases sent\u00f3 Poe\u2013 la segunda historia se oculta hasta que aparece bruscamente en el final sorpresivo, el cuento moderno \u201ctrabaja la tensi\u00f3n entre las dos historias sin resolverla nunca\u201d. Al respecto, se\u00f1ala que es Hemingway, con su teor\u00eda del iceberg, el que marca la s\u00edntesis de ese paso de una forma a otra: en el cuento moderno, lo m\u00e1s importante nunca se cuenta. Esta teor\u00eda funda la narrativa de Hemingway: de la misma manera que lo sumergido en el agua es lo que da estabilidad al iceberg, lo que sostiene el relato es lo escondido. \u201cUno puede eliminar cualquier cosa que sepa, y eso solo fortalecer\u00e1 el iceberg. Si un escritor omite algo porque no lo sabe, habr\u00e1 un agujero en el relato\u201d, dijo el autor en un reportaje publicado por <em>The Paris Review <\/em>y compilado en el libro <em>Narradores I <\/em>(Ediciones El Ateneo)<em>.<\/em><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin-bottom: 0.0001pt; line-height: normal;\"><span style=\"font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;; color: black;\" lang=\"ES-AR\">\u201cEl gran r\u00edo de los dos corazones\u201d es citado habitualmente \u2013el mismo Piglia lo utiliza como ejemplo\u2013 para mostrar la manera en que Hemingway construye el relato secreto. El texto va desplegando la manera en que Nick Adams lleva a cabo una salida de pesca. En el inicio, desde su mirada, vemos una tierra arrasada por el fuego. Sin embargo, en medio de la desolaci\u00f3n, \u201cel r\u00edo estaba all\u00ed\u201d. Es el viejo r\u00edo con sus truchas, al que Nick hace tiempo que no ve, y frente al cual su coraz\u00f3n se ensancha con la \u201cvieja sensaci\u00f3n de anta\u00f1o\u201d. Una peque\u00f1a observaci\u00f3n, apenas deslizada, nos da un indicio; todo ha quedado atr\u00e1s: \u201cla necesidad de pensar, la necesidad de escribir, otras necesidades\u201d. Y el narrador subraya: \u201cTodo quedaba atr\u00e1s\u201d. Lenta, morosamente, acompa\u00f1amos la caminata de Nick entre los pinos, agobiado por el peso de su mochila, deteni\u00e9ndose a observar los saltamontes, a fumar un cigarrillo, hasta que al atardecer llega al r\u00edo. Morosamente, tambi\u00e9n, el narrador despliega las distintas acciones: armar el campamento, el momento de la comida, la ceremonia de hacer el caf\u00e9. El d\u00eda termina cuando Nick se duerme tan cansado que puede impedir que su mente se ponga a trabajar.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin-bottom: 0.0001pt; line-height: normal;\"><span style=\"font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;; color: black;\" lang=\"ES-AR\">La segunda parte del extenso relato desarrolla, con la misma demora, las m\u00ednimas alternativas del d\u00eda de pesca: elegir un saltamontes para encarnar, lanzar la l\u00ednea, sentir c\u00f3mo se tensa, pelear para conseguir la trucha, engancharla. Seg\u00fan afirma Piglia, el relato \u201ccifra hasta tal punto la historia 2 (los efectos de la guerra en Nick Adams) que el cuento parece la descripci\u00f3n trivial de una excursi\u00f3n de pesca\u201d. Frente a la tersura de la prosa lenta, enga\u00f1osa, la afirmaci\u00f3n parece excesiva, y el lector puede pensar que no existe nada debajo, y distenderse en el ritmo demorado. Sin embargo, las m\u00ednimas alusiones, el v\u00ednculo con otros textos en los que aparece el mismo protagonista, confirman la presencia del relato secreto. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin-bottom: 0.0001pt; line-height: normal;\"><strong><span style=\"font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;; color: black;\" lang=\"ES-AR\">El silencio de los di\u00e1logos<\/span><\/strong><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin-bottom: 0.0001pt; line-height: normal;\"><span style=\"font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;; color: black;\" lang=\"ES-AR\">A diferencia de \u201cEl gran r\u00edo de los dos corazones\u201d, construido fundamentalmente a trav\u00e9s de la descripci\u00f3n, otros cuentos de Hemingway trabajan sobre el di\u00e1logo de manera casi excluyente. El cl\u00e1sico ejemplo es \u201cLos asesinos\u201d que comienza con la entrada de dos hombres en una cafeter\u00eda. La mitad del relato es el di\u00e1logo entre los reci\u00e9n llegados, extra\u00f1os en el lugar, sobre los que apenas tenemos alg\u00fan dato \u2013a pesar de ser distintos, van \u201cvestidos como gemelos\u201d, con \u201cabrigos demasiado ajustados\u201d y \u201ccomen con los guantes puestos\u201d \u2013 y los empleados de la cafeter\u00eda. Un di\u00e1logo casi vac\u00edo en el que bruscamente se explica el motivo de la presencia de los extra\u00f1os en el lugar: vienen a matar a un hombre, al que nunca han visto, \u201cs\u00f3lo para hacerle un favor a un amigo\u201d. La segunda mitad del cuento no aporta datos sobre la situaci\u00f3n; sin embargo, se siente latir algo terrible. Nick Adams \u2013que nuevamente aparece como personaje\u2013 va a avisarle a la v\u00edctima, de la que se hace una descripci\u00f3n acabada en dos rasgos: \u201chab\u00eda sido boxeador profesional y la cama le quedaba peque\u00f1a\u201d. Pero no tiene forma de convencerlo: para Ole Andreson \u201cse ha acabado el ir de un lado a otro. Ahora ya no se puede hacer nada\u201d.<sup>1<\/sup><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin-bottom: 0.0001pt; line-height: normal;\"><span style=\"font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;; color: black;\" lang=\"ES-AR\">Dos cuentos inolvidables desarrollan la misma t\u00e9cnica. En \u201cColinas como elefantes blancos\u201d, la conversaci\u00f3n entre dos amantes reitera el deseo del hombre de que la mujer se haga un aborto, \u201cuna operaci\u00f3n de lo m\u00e1s simple. \u2026Ni siquiera puede decirse que sea una operaci\u00f3n\u201d, intervenci\u00f3n a la que nunca se hace menci\u00f3n expl\u00edcita en el texto, y la sumisi\u00f3n de ella, que no lo desea. Y \u201cHoy es viernes\u201d en el que la conversaci\u00f3n entre tres soldados \u2013en forma de un texto dram\u00e1tico, con omisi\u00f3n del narrador\u2013 ostenta distintas valoraciones en torno de la pasi\u00f3n de Jesucristo.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin-bottom: 0.0001pt; line-height: normal;\"><span style=\"font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;; color: black;\" lang=\"ES-AR\">Hemingway ense\u00f1a en sus cuentos el valor de un silencio que, como en m\u00fasica, est\u00e1 cargado de significaci\u00f3n. Junto con William Faulkner, el otro gran maestro de la ficci\u00f3n norteamericana del siglo XX, instalaron la posibilidad de construir una narraci\u00f3n alrededor de un vac\u00edo. De esta manera, no solamente abren el camino a una nueva forma de escritura, sino tambi\u00e9n de lectura, m\u00e1s atenta, m\u00e1s exigente, m\u00e1s abierta al encuentro de una multiplicidad de significados.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin-bottom: 0.0001pt; line-height: normal;\"><span style=\"font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;; color: black;\" lang=\"ES-AR\"> <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin-bottom: 0.0001pt; line-height: normal;\"><span style=\"font-size: 10pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;; color: black;\" lang=\"ES-AR\">1. Una excelente versi\u00f3n de este cuento \u2013con una notable foto en blanco y negro y di\u00e1logos que respetan casi literalmente el texto\u2013 es la pel\u00edcula de Robert Siodmak (1946), con Burt Lancaster en el papel de Ole Andreson.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La escritura del autor norteamericano parte de una contradicci\u00f3n clave: una prosa aparentemente l\u00edmpida pero que esconde m\u00faltiples ausencias y dice mucho m\u00e1s de lo&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":7,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[182,31],"class_list":["post-6255","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","tag-hemingway","tag-libros"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-1CT","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/6255","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/7"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=6255"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/6255\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=6255"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=6255"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=6255"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}