{"id":7601,"date":"2012-10-01T19:00:02","date_gmt":"2012-10-01T22:00:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=7601"},"modified":"2012-10-01T19:00:02","modified_gmt":"2012-10-01T22:00:02","slug":"pablo-y-juan-junto-a-pedro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=7601","title":{"rendered":"Pablo y Juan junto a Pedro"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2012\/10\/florio-3.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-thumbnail wp-image-7602\" title=\"florio-3\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2012\/10\/florio-3-120x120.jpg\" alt=\"florio-3\" width=\"120\" height=\"120\" \/><\/a>El 31 de agosto, a los 85 a\u00f1os y enfermo de Parkinson, muri\u00f3 el cardenal arzobispo de Mil\u00e1n Carlo Mar\u00eda Martini. Adem\u00e1s de admirado y respetado como biblista, supo abrir el di\u00e1logo en todas direcciones. <!--more--><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2012\/10\/florio-21.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-7604\" title=\"florio-21\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2012\/10\/florio-21-190x300.jpg\" alt=\"florio-21\" width=\"190\" height=\"300\" \/><\/a>La muerte del cardenal Martini ha impactado en la conciencia eclesial y en la opini\u00f3n p\u00fablica. Su seriedad intelectual, su espiritualidad centrada en la Palabra de Dios, su fama como biblista y antiguo decano del Pontificio Instituto B\u00edblico de Roma compet\u00edan con la de obispo de la di\u00f3cesis de Mil\u00e1n durante m\u00e1s de dos d\u00e9cadas, la de promotor del di\u00e1logo con los no-creyentes y la de columnista del <em>Corriere della Sera<\/em>. Pero hac\u00eda ya bastante tiempo que, retirado y enfermo con el mal de Parkinson, su silueta se hac\u00eda medi\u00e1ticamente perceptible en algunas pocas oportunidades: entrevistas, alg\u00fan libro, la elecci\u00f3n del Papa. Pero, fuera de esas oportunidades, al menos para la gran mayor\u00eda, Martini era alguien del pasado. Y, sin embargo, su partida ha producido un misterioso sacud\u00f3n. \u00bfPor qu\u00e9 raz\u00f3n?<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2012\/10\/florio-2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-7603\" title=\"florio-2\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2012\/10\/florio-2-190x300.jpg\" alt=\"florio-2\" width=\"190\" height=\"300\" \/><\/a>Buena parte de la prensa lo ha atribuido a su car\u00e1cter de \u201cprogresista\u201d (<em>El Pa\u00eds<\/em>) o \u201cliberal\u201d (<em>New York Times<\/em>). Era \u201cel Papa que no fue\u201d, un cardenal inc\u00f3modo que cada tanto aparec\u00eda proponiendo cambios estructurales y morales para la Iglesia, un pastor m\u00e1s atento a las opiniones de moda que al contenido de la verdad revelada, m\u00e1s cerca de Jes\u00fas de Nazareth que del Vaticano. Algo de esto es cierto, aunque tal vez s\u00f3lo perif\u00e9ricamente. A la espera de buenas biograf\u00edas, me atrever\u00eda a se\u00f1alar algunos puntos de su misi\u00f3n personal.<\/p>\n<p><strong>En el principio estaba la Palabra<\/strong><\/p>\n<p>No afirmo nada de nuevo si se\u00f1alo que la prioridad absoluta de Martini fue la Palabra de Dios. De entre sus numerosos estudios exeg\u00e9ticos, homil\u00edas, ejercicios espirituales, escribi\u00f3 una carta pastoral para su di\u00f3cesis publicada en castellano con el t\u00edtulo: <em>En el principio la Palabra<\/em> (Paulinas, Santa Fe de Bogot\u00e1, 1991). El profesor, cr\u00edtica textual del Nuevo Testamento, cuyo tarea es cotejar c\u00f3dices y fuentes antiguas de los textos b\u00edblicos, no duda en escribir: \u201cQuisiera que todos los que leen participaran del sentido de temor, que me invade en este momento, y se pusieran espiritualmente de rodillas conmigo para adorar con conmoci\u00f3n y alegr\u00eda el misterio de un Dios que se revela y se comunica, que se hace \u2018buena noticia\u2019 para nosotros, Evangelio. Solamente con esta actitud de adoraci\u00f3n y de obediencia profunda a la Palabra siento poder decir algo, con la conciencia de balbucir poco y mal sobre un misterio tremendo y maravilloso\u201d (6-7). Pero este tono espiritual no excluye una tarea hermen\u00e9utica seria por parte de los creyentes: \u201cPara ponerse en sinton\u00eda con este <em>primado de la Palabra<\/em> hay que acercarse a ella con una cierta, humilde y desarmada sencillez, unida a una mayor atenci\u00f3n al tenor del texto b\u00edblico, a su estructura, a su organicidad interior, tal como ense\u00f1an las adquisiciones de los recientes estudios b\u00edblicos\u201d (24). Sin embargo,\u00a0 no basta la presentaci\u00f3n de la Palabra en su \u201ccruda objetividad\u201d, es decir, mediante una fr\u00eda \u2013aunque imprescindible\u2013 exposici\u00f3n de la misma de acuerdo a los estudios hist\u00f3ricos, filol\u00f3gicos y literarios de la Escritura, caracterizada por \u201cuna cierta actitud didasc\u00e1lica, casi como para dictar una buena lecci\u00f3n, atenta a las finuras de las p\u00e1ginas escritur\u00edsticas\u201d (24). Se necesita tambi\u00e9n de la dimensi\u00f3n humana de la Palabra y de sus receptores: \u201cLa Palabra, en realidad, aun llevando en s\u00ed la realidad misma de Dios, no deja de ser una realidad hist\u00f3rica, un signo humano de Dios. Su eficacia se manifiesta en el suscitar, interpretar, purificar, salvar el acontecimiento hist\u00f3rico de la libertad humana que hay que tener siempre presente con sus aspiraciones, sus problemas, sus pecados, sus nostalgias de salvaci\u00f3n, sus realizaciones en el campo personal y social. (\u2026) Hay que iluminar las profundas uniones con una situaci\u00f3n m\u00e1s general sea de la comunidad cristiana, sea de la cultura actual\u201d (24-25). En s\u00edntesis: el primado de la Palabra se expresa en su plena integralidad de palabra divina y humana: requiere estudio, oraci\u00f3n y atenci\u00f3n al mundo a la que va dirigida.<\/p>\n<p><strong><\/strong><\/p>\n<p><strong>Un maestro de la esperanza en el Dios fiel<\/strong><\/p>\n<p>Martini sab\u00eda que la Biblia no es un equipaje de verdades abstractas, sino el testimonio escrito de un di\u00e1logo de Dios con una humanidad que es lo que es: capaz de las m\u00e1s grandes empresas, de heroicas actitudes, de una sensibilidad est\u00e9tica maravillosa, pero tambi\u00e9n de las m\u00e1s penosas ca\u00eddas, traiciones y cr\u00edmenes. No necesit\u00f3 de los \u201cmaestros de la sospecha\u201d de la filosof\u00eda de los \u00faltimos siglos para corroborar algo que la Biblia reitera a cada paso. <em>David pecador y creyente<\/em> es un fino an\u00e1lisis de la contradicci\u00f3n humana en su v\u00ednculo con el Dios fiel. Tambi\u00e9n lo es un libro producto de unos ejercicios espirituales que llevan el significativo t\u00edtulo: <em>Ustedes son los que han perseverado conmigo en las pruebas<\/em>. Es tambi\u00e9n la fidelidad en persecuci\u00f3n y el cuestionamiento parte la posible respuesta humana a su Se\u00f1or.<\/p>\n<p><strong>La Iglesia originada en la Palabra<\/strong><\/p>\n<p>En la misma carta pastoral citada, Martini situaba la lectura de la Palabra en la Iglesia: as\u00ed fue en la comunidad primitiva. Se le\u00eda la Palabra en la fracci\u00f3n del pan (14ss). Es la Palabra la que crea la comuni\u00f3n eclesial: \u201cLa acogida de la Palabra de Dios es la que nos hace convertirnos en comunidad aut\u00e9nticamente cristiana seg\u00fan las leyes de la comuni\u00f3n\u201d. Ella \u201cnos garantiza el contacto inmediato con Cristo mismo, Palabra viva del Padre, fuente de la comuni\u00f3n: pero, puesto que testimonia a Cristo partiendo de una riqu\u00edsima variedad de situaciones humanas hist\u00f3ricas, que fueron le\u00eddas y vividas a la luz de Cristo, llega a nosotros rica de incitaciones concretas que se refieren a todos los aspectos de la vida\u201d (16-17). Es, pues, la Palabra la que genera la Iglesia.<\/p>\n<p><strong><\/strong><\/p>\n<p><strong>Lo jo\u00e1nico y lo paulino<\/strong><\/p>\n<p>Alguien ha se\u00f1alado que Martini, obispo y en cuanto tal sucesor de los ap\u00f3stoles, ha permitido que se vislumbrara en nuestro tiempo los carismas de otras dos personalidades de los or\u00edgenes: Juan, el te\u00f3logo y gran contemplador de la Palabra, y Pablo, el ap\u00f3stol de los gentiles. Es interesante comprobar en la vida de la Iglesia contempor\u00e1nea algo que claramente se sabe de la comunidad primitiva: la figura de Pedro es una en el conjunto de las otras figuras apost\u00f3licas e, incluso, otros cristianos. Pedro es clave como figura de unidad y de solidez, pero Juan es quien en su fidelidad en la cruz y en su profundidad contemplativa conduce hacia una comprensi\u00f3n intelectual y vital de la Palabra encarnada.\u00a0 Pablo es quien entiende que hay que ir fuera de Israel y difundir el Evangelio en el mundo pagano, no jud\u00edo. El cardenal Martini, en comuni\u00f3n con Pedro, no abandon\u00f3 esta dimensi\u00f3n jo\u00e1nica a trav\u00e9s de su estudio y predicaci\u00f3n de una espiritualidad b\u00edblica, ni la dimensi\u00f3n paulina de ir hacia los no creyentes, especialmente los post-cristianos que son mayor\u00eda en Europa. Desde esta l\u00ednea jo\u00e1nico-paulina puede verse la extraordinaria fecundidad de su misi\u00f3n. Naturalmente, esto produjo algunas tensiones, aumentadas por cierta tendencia a mirar la Iglesia s\u00f3lo desde Pedro, olvidando de este modo la pluralidad sinf\u00f3nica de la Iglesia originaria, cuya prolongaci\u00f3n vivimos en nuestros d\u00edas. Ya el te\u00f3logo Hans Urs von Balthasar, en una obra de defensa del carisma petrino, recordaba dicha pluralidad, no exenta de tensiones. Hablando de \u201cla constelaci\u00f3n de Jes\u00fas\u201d, se\u00f1alaba que los m\u00e1s pr\u00f3ximos por su significaci\u00f3n teol\u00f3gica son: el Bautista, Mar\u00eda, los Doce, con Pedro y Juan incluidos, y finalmente Pablo. Naturalmente, ser\u00eda impropio aplicar a cualquier figura actual la prolongaci\u00f3n exclusiva del carisma de uno u otro de los ap\u00f3stoles. Por otra parte, es sabido que Albino Luciani decidi\u00f3 tomar el nombre de Juan y de Pablo para identificar su ministerio petrino, medida que tambi\u00e9n practic\u00f3 su sucesor: Juan Pablo I y II. Los carismas jo\u00e1nico y paulino son, en realidad, de toda la Iglesia. De todos modos, resulta expresivo utilizar estas categor\u00edas para describir alg\u00fan aspecto peculiar de la misi\u00f3n teol\u00f3gica de Carlo Maria Martini. Su inmensa profundidad reflexiva y contemplativa sobre la Palabra y su extremada sensibilidad para ir hacia los alejados (\u201ci lontani\u201d, seg\u00fan Pablo VI) pueden ser interpretados desde las figuras de Juan y de Pablo. Incluso las tensiones producidas por ciertas opiniones sobre temas eclesiol\u00f3gicos, pastorales y morales (reestructuraci\u00f3n de la Iglesia, atenci\u00f3n a divorciados, m\u00e9todos anticonceptivos, participaci\u00f3n laical, etc.) parecen brotar de ese n\u00facleo jo\u00e1nico-paulino que, sin poner en duda la misi\u00f3n de Pedro, recordaba m\u00e1s bien el rol neotestamentario de la participaci\u00f3n en las decisiones eclesiales de todas las iglesias, la permanente referencia a la Palabra como criterio y la voz de los hombres y mujeres concretos, particularmente de los alejados, como uno de los signos de los tiempos que se deben escuchar e interpretar continuamente.<\/p>\n<p><strong><\/strong><\/p>\n<p><strong>Desde Jerusal\u00e9n hasta Roma, pasando por el Are\u00f3pago<\/strong><\/p>\n<p>El deseo de Martini de pasar gran parte de sus \u00faltimos d\u00edas en Israel ha sido una palabra simb\u00f3lica (al estilo de aquellas profec\u00edas simb\u00f3licas del Antiguo Testamento) con un valioso mensaje para nuestro tiempo eclesial. El libro <em>Coloquios nocturnos en Jerusal\u00e9n<\/em> es un magn\u00edfico testimonio de esa opci\u00f3n. Ahora bien, la referencia a la historia b\u00edblica y a la encarnaci\u00f3n y a la pascua de Jes\u00fas de Nazareth son esenciales para la vida misma de la Iglesia en cuanto tal. Sin embargo, Jerusal\u00e9n no es el punto \u00fanico donde se desenvuelve la misi\u00f3n eclesial. Pablo viaj\u00f3 fundando nuevas iglesias y sigui\u00f3 ocup\u00e1ndose de ellas. Uno de los lugares que visit\u00f3 fue Atenas. En el Are\u00f3pago, seg\u00fan Hechos, intent\u00f3 dialogar con la cultura y religi\u00f3n de los atenienses. Aunque su \u00e9xito fue escaso, estableci\u00f3 un modelo de escucha de las culturas y de di\u00e1logo misionero que el Concilio Vaticano II, particularmente en <em>Gaudium et spes<\/em>, se propuso como tarea. Quiz\u00e1s uno de los legados m\u00e1s ricos de Martini sea ese viaje desde la Palabra hecha carne en Jerusal\u00e9n hasta Roma como lugar de la comuni\u00f3n, pasando por los inquietos caminos de la misi\u00f3n entre los diversos y lejanos.<\/p>\n<p>Von Balthasar, Han Urs, <em>El complejo antirromano<\/em>, BAC, Madrid, 1981, espec. 136-181.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 31 de agosto, a los 85 a\u00f1os y enfermo de Parkinson, muri\u00f3 el cardenal arzobispo de Mil\u00e1n Carlo Mar\u00eda Martini. 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