{"id":8003,"date":"2013-03-01T16:21:33","date_gmt":"2013-03-01T19:21:33","guid":{"rendered":"http:\/\/staging.winguweb.org\/2014\/revistacriterio\/bloginst\/?p=8003"},"modified":"2013-03-01T16:21:33","modified_gmt":"2013-03-01T19:21:33","slug":"el-pecado-de-los-colastine","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=8003","title":{"rendered":"El pecado de los Colastin\u00e9"},"content":{"rendered":"<p>A partir de los saqueos de diciembre pasado, el autor plantea la existencia de una especie de mal individual y social que ante una m\u00ednima se\u00f1al desata el descontrol y la desintegraci\u00f3n de los lazos comunitarios. <!--more--> En 1982 Juan Jos\u00e9 Saer public\u00f3 una de sus obras m\u00e1s recordadas, tambi\u00e9n una de las que ha merecido mayor cantidad de traducciones. Tan brillante como descarnada, <em>El Entenado <\/em>toma dos hechos hist\u00f3ricos poco documentados para trazar un puente entre culturas, una b\u00fasqueda de lenguaje com\u00fan entre dos civilizaciones y dos barbaries a la vez.<\/p>\n<p>Es un hecho cierto que Francisco del Puerto, un joven grumete espa\u00f1ol que acompa\u00f1aba a Sol\u00eds, fue prisionero de una tribu de abor\u00edgenes en nuestro territorio durante diez a\u00f1os, luego de los cuales le permitieron regresar a su tierra. Tambi\u00e9n lo es la existencia de los Colastin\u00e9, conformaci\u00f3n de la que apenas se sabe que habit\u00f3 en las inmediaciones del r\u00edo Paran\u00e1 y cuyos miembros eran originarios de lo que hoy es la regi\u00f3n de Santiago del Estero. Sin m\u00e1s que esos pocos datos, Saer construye un mundo donde conviven el extranjero y la tribu, presentada como un conjunto, el primero emprendiendo un viaje de conquista, los otros aislados del mundo entonces conocido, inmersos en su estado de naturaleza. \u201cLo desconocido es una abstracci\u00f3n; lo conocido, un desierto; pero lo conocido a medias, lo vislumbrado, es el lugar perfecto para hacer ondular deseo y alucinaci\u00f3n\u201d, resume el protagonista respecto de la expectativa de los conquistadores al arribar a ese nuevo mundo tan atractivo y riesgoso. Es el grumete quien hace el viaje, como hacia atr\u00e1s en el tiempo, para conocer a esa nueva cultura que lo retendr\u00e1 durante diez a\u00f1os y a quien servir\u00e1 en cierto sentido dando testimonio de su existencia y formas de vida. La convivencia le ir\u00e1 revelando muchas facetas de sus hu\u00e9spedes y captores, tambi\u00e9n le cuestionar\u00e1 sobre las debilidades del ser humano.<\/p>\n<p>Los Colastin\u00e9 descriptos por Saer son gente sencilla, de hablar poco, sin ocultamientos: \u201cEsa pobreza oral era para m\u00ed prueba de que no ment\u00edan, porque en general la mentira se forja en la lengua y necesita, para desplegarse, abundancia de palabras\u201d. Durante la mayor parte del a\u00f1o ten\u00edan costumbres de gran delicadeza que \u201cmerec\u00eda llamarse m\u00e1s bien afeminamiento o pacater\u00eda\u201d\u2013escribe\u2013. \u201cEn todos el cuidado por la limpieza era excesivo, casi irritante\u2026 Un ni\u00f1o que orinaba contra un \u00e1rbol en un lugar en el que pod\u00eda ser visto, recib\u00eda r\u00e1pido una bofetada\u201d. Sol\u00edan estar bien aseados, cuando hac\u00eda calor se ba\u00f1aban en el r\u00edo varias veces por d\u00eda, organizados en sus tareas rutinarias \u201cparec\u00edan hacer las cosas no por gusto, sino por deber\u201d. Eran austeros y fraternales, atend\u00edan al extranjero de manera casi desmedida, acerc\u00e1ndole comida y proporcion\u00e1ndole una vivienda igual a la de ellos para vivir en invierno.<\/p>\n<p>Pero ese mundo casi id\u00edlico se desmoronaba s\u00fabitamente: una vez al a\u00f1o puntualmente les volv\u00eda la misma locura. Con los grandes calores su disciplina se deterioraba, sus relaciones se tornaban distantes, derivaban hacia la indiferencia y la gresca. La tensi\u00f3n y la irritabilidad aumentaba, todos parec\u00edan aislados. Aquella sustancia com\u00fan que parec\u00eda aglutinarlos se debilitaba y crec\u00eda la dispersi\u00f3n.<\/p>\n<p>Fuerzas oscuras y ocultas los asaltaban y trocaban sus formas mesuradas en las m\u00e1s primitivas que pudieran imaginarse; no parec\u00edan ya due\u00f1os de sus actos. Se suced\u00edan tres a cuatro d\u00edas gobernados por sus peores instintos, donde se fund\u00edan fiestas de canibalismo con prisioneros de pueblos vecinos como men\u00fa principal y las m\u00e1s aberrantes org\u00edas entre pares, madres e hijos, abuelos y nietas los desdibujaban como individuos. Se convert\u00edan en animales sucumbiendo ante sus pasiones m\u00e1s bajas, aun cuando se percib\u00eda que no viv\u00edan estas bajezas con satisfacci\u00f3n: \u201cEn todos ellos pod\u00eda verse el mismo frenes\u00ed por devorar que parec\u00eda impedirles el goce, como si la culpa, tomando la apariencia del deseo, hubiese sido en ellos contempor\u00e1nea del pecado\u201d.<\/p>\n<p>Treinta a\u00f1os despu\u00e9s de la publicaci\u00f3n de <em>El Entenado<\/em>, muy cerca del r\u00edo donde transcurrieron los a\u00f1os de Francisco del Puerto con los Colastin\u00e9, Blas Contreras decidi\u00f3 iniciar una nueva vida. Boliviano de origen y casado con una mujer china, de quien esperaba un hijo, atend\u00eda el almac\u00e9n inaugurado dos a\u00f1os antes en una zona de Rosario, apacible hasta entonces. Fueron dos d\u00edas de locura y desenfreno los previos a la Navidad de 2012 durante los cuales se vio arrasado por una fuerza incontrolable e incomprensible. Unas 80 personas atacaban su negocio y buscaban desvalijar lo poco que hab\u00eda podido construir sin mayor aviso ni explicaci\u00f3n. No exist\u00eda animosidad contra \u00e9l en particular; los hechos parec\u00edan exceder a todos, tanto a atacantes como a atacados. Su mujer debi\u00f3 defenderse arrojando botellas de cerveza hacia afuera del local, \u00e9l corri\u00f3 a buscar ayuda policial, por la que tuvo que pagar 3 mil pesos adem\u00e1s de pan dulce y sidras, protecci\u00f3n que le dur\u00f3 15 minutos. Blas logr\u00f3 resistir junto con su mujer fuerzas que no llega a comprender, que nadie llega a comprender. Lo que m\u00e1s dolor le caus\u00f3, en sus palabras, es que \u201cconozco a casi todos los que trataron de robarme. Les vendo todos los d\u00edas\u201d.<\/p>\n<p>Mucho se escribi\u00f3 y se escribir\u00e1 sobre los saqueos de diciembre de 2012, sobre el rol del Estado, la falta de presencia de las fuerzas de seguridad, sobre supuestos o posibles instigadores con oscuros intereses pol\u00edticos o econ\u00f3micos. Todas esas aproximaciones seguramente tendr\u00e1n validez y en parte raz\u00f3n para explicar lo que ocurri\u00f3 y en todo caso servir de justificativo en distintas proporciones. Pero estas aproximaciones no deben desviar la atenci\u00f3n sobre un problema de creciente gravedad de unos a\u00f1os a esta parte que se relaciona con la profunda ruptura en nuestra forma de relacionarnos como comunidad, una especie de mal individual y social que cada vez parece estar m\u00e1s a flor de piel, a la espera de la menor se\u00f1al para salir a la superficie y comenzar una reacci\u00f3n en cadena de dif\u00edcil control.<\/p>\n<p>Cada tanto, y cada vez m\u00e1s seguido, somos testigos de exteriorizaciones que se escapan a cualquier explicaci\u00f3n racional. Lo fue el destrozo de un estadio de f\u00fatbol y sus adyacencias al perder un equipo la categor\u00eda, y tambi\u00e9n el vandalismo desatado en plena ciudad de Buenos Aires luego del festejo del d\u00eda del hincha por parte de otro equipo. En ambos casos abundaron heridos graves y robos, al igual que se destac\u00f3 la falta de una correcta contenci\u00f3n de las fuerzas de seguridad.<\/p>\n<p>Muchos podr\u00e1n arg\u00fcir que estos desmanes siempre se dieron en el f\u00fatbol, tanto en nuestro pa\u00eds como en otros lugares del mundo. Lo cierto es que hoy muchos jugadores profesionales optan por emigrar no s\u00f3lo motivados por mejoras en su carrera profesional; la salida de los entrenamientos y de los estadios para la mayor\u00eda de ellos est\u00e1 acompa\u00f1ada de una tensi\u00f3n de proporciones inauditas. Tambi\u00e9n en otros \u00e1mbitos la violencia social muestra niveles antes inimaginables, hoy lamentablemente usuales. Ya nos hemos acostumbrado a los ataques a comisar\u00edas y veh\u00edculos de seguridad, incluso a ambulancias, en los casos en que un joven es v\u00edctima de un secuestro o un crimen, por ejemplo.<\/p>\n<p>Todav\u00eda tenemos frescas las im\u00e1genes de gente de saco y corbata mezclados con agitadores que de este tipo de acciones hacen su ocupaci\u00f3n habitual, arrojando piedras y destrozando totalmente la casa de la provincia de Tucum\u00e1n como reacci\u00f3n a un dictamen absolutorio en un juicio en esa provincia. No hace falta m\u00e1s para reconocer un alto nivel de violencia latente, contenida, que explota y se descontrola ante la menor chispa o agitaci\u00f3n. En el caso tucumano, el dictamen es comprensible s\u00f3lo dentro de una l\u00f3gica en la que grupos con poder siguen influenciando decisiones en algunas provincias en niveles ins\u00f3litos y totalmente adversos a la construcci\u00f3n de una sociedad justa, pero asimismo nos muestra la peor de las caras de los reclamos sociales; aunque justos en su fondo, absolutamente desproporcionados en su exteriorizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Puede haber bajo la superficie una mezcla de imitaci\u00f3n, desidia y fastidio ante la falta de ejemplaridad de los dirigentes \u2013no s\u00f3lo los que integran el gobierno nacional\u2013, pero los cristianos hemos aprendido que la piedra que hay que detener es la primera, ya que si no se la detiene a tiempo la turba se ocupa de amplificar su da\u00f1o para caer en el descontrol.<\/p>\n<p>No son nuevas las puebladas, lo tristemente novedoso es el hecho de presenciarlas con esta asiduidad y vivirlas como naturales y esperables en nuestro desarrollo como comunidad. Ya hemos vivido este acostumbramiento a otros males, claramente menores en comparaci\u00f3n, por caso, los piquetes que hace a\u00f1os llamaban la atenci\u00f3n y hoy forman parte del paisaje urbano.<\/p>\n<p>Los saqueos son una de las peores expresiones de la violencia colectiva. Todo aquel que haya trabajado alguna vez en un barrio carenciado sabr\u00e1 de la correcci\u00f3n de sus habitantes en general y de sus buenas intenciones, superando con esfuerzo las penurias que deben vivir a diario. Sorprende por eso la violencia desatada cuando unos pocos instigadores, en las palabras gubernamentales, pudieron con tan poco llevarlos a comportarse de manera tan primitiva. Si hasta las modalidades de lucha parecen haber retrocedido veinte siglos: bastaba ver el ataque a un hipermercado de un grupo que, parapetados tras maderas de una obra vial, se mov\u00edan como falanges romanas arrojando piedras con gomeras o con las manos.<\/p>\n<p>Los pocos polic\u00edas presentes no parec\u00edan tener muy en claro c\u00f3mo proceder, o si deb\u00edan hacer algo m\u00e1s que permanecer frente al hipermercado para que nadie ingresara. Violencia popular desatada y pasividad de las fuerzas que deben imponer el orden son un c\u00f3ctel demasiado peligroso para momentos como \u00e9stos, y como antecedente para los que pudieran venir.<\/p>\n<p>Blas y su mujer vieron que todo volv\u00eda a la normalidad unos d\u00edas despu\u00e9s; nadie sabe si volver\u00edan ellos a abrir su negocio y a atender a sus clientes de siempre, esos que durante unos d\u00edas se transformaron en sus peores enemigos, en verdaderas bestias que sin pensar podr\u00edan haber matado y destrozado todo a su paso, una g\u00f3ndola, una vida, una construcci\u00f3n colectiva. Acaso al igual que en la novela de Saer, se produjo una serie de episodios de desenfreno en el que la culpa fue contempor\u00e1nea al pecado. En ese caso la tarea como sociedad es may\u00fascula para que no vuelvan a ocurrir desmanes de este nivel y su consiguiente impacto desintegrador cada vez que se acercan los grandes calores.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A partir de los saqueos de diciembre pasado, el autor plantea la existencia de una especie de mal individual y social que ante una m\u00ednima&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":7,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[6,5],"tags":[],"class_list":["post-8003","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-nota-tapa","category-sociedad"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-255","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/8003","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/7"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=8003"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/8003\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=8003"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=8003"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=8003"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}