{"id":8005,"date":"2013-03-01T16:25:37","date_gmt":"2013-03-01T19:25:37","guid":{"rendered":"http:\/\/staging.winguweb.org\/2014\/revistacriterio\/bloginst\/?p=8005"},"modified":"2013-03-01T16:25:37","modified_gmt":"2013-03-01T19:25:37","slug":"oscar-niemeyer-el-seductor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=8005","title":{"rendered":"Oscar Niemeyer, el seductor"},"content":{"rendered":"<p>El autor de la nota, arquitecto y urbanista, recupera el perfil de su colega brasile\u00f1o, que falleci\u00f3 a los 104 a\u00f1os, y revalora su obra.<!--more--> Escribo estas l\u00edneas el s\u00e1bado 15 de diciembre de 2012, fecha en la que el arquitecto Oscar Niemeyer hubiera cumplido 105 a\u00f1os si la muerte, esa se\u00f1ora que no se rige por leyes y aparece de un modo por lo general azaroso y err\u00e1tico, no lo hubiera llamado diez d\u00edas antes.<\/p>\n<p>A ra\u00edz de las numerosas y justificadas notas que se publicaron para comentar su fallecimiento, hubo muchas expresiones que merecen alguna aclaraci\u00f3n, sobre todo con la intenci\u00f3n de evitar esa tendencia a rotular con facilidad a figuras de tan alto nivel. En la mayor\u00eda de las necrol\u00f3gicas pudo leerse que Niemeyer fue autor de obras de arquitectura \u201cfuncionalista\u201d y \u201cracionalista\u201d, calificativos que a mi modo de ver no se compadecen en absoluto con su producci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por eso, y por el respeto que me merecen los lectores apartados de los temas de la arquitectura y el urbanismo, voy a procurar enhebrar algunas reflexiones para una aproximaci\u00f3n al creador que acaba de partir.<\/p>\n<p><strong>Recuerdos<\/strong><\/p>\n<p>Lo conoc\u00ed en febrero de 1956, cuando un grupo de cuatro arquitectos reci\u00e9n graduados en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UBA viajamos a Brasil con una beca concedida por su flamante rector, Jos\u00e9 Luis Romero. Al llegar a R\u00edo, nuestro primer objetivo fue ir a su estudio, en un edificio de Copacabana frente al mar.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de subir un piso por escalera, ya que el ascensor no llegaba al piso superior de aquella construcci\u00f3n nada suntuosa, nos recibi\u00f3 en shorts un hombre bien parecido de mirada punzante y sonrisa seductora. Su trato nos pareci\u00f3 atractivo y convincente, abri\u00e9ndose un di\u00e1logo enriquecedor; y la experiencia se completar\u00eda con un convite a cenar en su casa. En efecto, con un gesto infrecuente en alguien que en ese momento se convert\u00eda en uno de los ejecutores del \u201cOperativo Brasilia\u201d, nos invitaba a visitarlo en una vivienda que ya era publicada en muchas revistas de arquitectura del mundo entero. All\u00ed se prolong\u00f3 la conversaci\u00f3n de la ma\u00f1ana con notas de humor y recomendaciones varias.<\/p>\n<p>Nuestro viaje hab\u00eda comenzado en el puerto de Santos, ya que llegamos por barco, y seguir\u00edamos por tierra, primero a San Pablo. Luego fuimos una semana a la capital, y a esta altura destaco que en el trayecto desde la estaci\u00f3n de tren al centro de R\u00edo de Janeiro vimos algunos buses y grupos de ciudadanos que al grito de \u00a1<em>Juscelino! <\/em>celebraban la asunci\u00f3n del nuevo Presidente de Brasil, de modo que nuestra llegada coincid\u00eda con un acontecimiento pol\u00edtico y social. Por su amistad con el presidente Juscelino Kubitschek, Niemeyer, que hab\u00eda realizado con \u00e9l obras ya muy celebradas en la ciudad de Pampulha, se convertir\u00eda en su asesor en un per\u00edodo memorable en la historia de Brasil, porque una de las primeras decisiones de Kubitschek era la construcci\u00f3n de una nueva capital en el interior profundo de su vasto territorio. Y esa ciudad, bautizada como Brasilia, se levantar\u00eda seg\u00fan el dise\u00f1o de Lucio Costa y con sus principales edificios proyectados por Niemeyer.<\/p>\n<p>\u00c9ste, que termin\u00f3 sus estudios secundarios a los 21 a\u00f1os y un lustro despu\u00e9s se graduar\u00eda como ingeniero-arquitecto, antes de recibir su t\u00edtulo empez\u00f3 a trabajar en el estudio del arquitecto y urbanista Lucio Costa en los a\u00f1os 1932-33. En 1939 \u2013corresponde aclarar que nunca fueron amigos\u2013 viajaron juntos a Nueva York para levantar el Pabell\u00f3n de Brasil en la Feria Mundial.<\/p>\n<p>En 1940 el alcalde de Belo Horizonte, Juscelino Kubitschek, encarg\u00f3 a Niemeyer un conjunto de edificios en el contorno del lago artificial de Pampulha. El proyecto inclu\u00eda temas variados como un club n\u00e1utico y una iglesia, un club nocturno y un casino, y sirvi\u00f3 para que Niemeyer pudiera dar a conocer su rico repertorio expresivo.<\/p>\n<p>A comienzos de los \u201850 volver\u00eda a Nueva York para participar con Le Corbusier y un equipo de notables en el proyecto de la sede de las Naciones Unidas en Manhattan, trabajo en el que el brasile\u00f1o tendr\u00eda protagonismo y que le hizo decir: \u201cConmigo fue ego\u00edsta y no se port\u00f3 bien, pero Le Corbusier era un gran arquitecto\u201d. Lo cierto es que los rasgos del conjunto fueron del brasilero y el suizo no se los atribuy\u00f3. Honor al m\u00e9rito.<\/p>\n<p><strong>Sobre Brasilia<\/strong><\/p>\n<p>Hace poco, al cumplirse los primeros 50 a\u00f1os de la capital del Brasil, tuve ocasi\u00f3n de viajar all\u00ed por primera vez. Eso me permiti\u00f3 conocer los aciertos de Niemeyer junto con los yerros de Lucio Costa. Porque nadie pretende ponderar los m\u00e9ritos de Oscar en el campo del urbanismo, cuando sus cualidades se sit\u00faan en la arquitectura.<\/p>\n<p>Desde un punto de vista espec\u00edficamente urbano, a mi juicio, Brasilia no se puede considerar una experiencia positiva. Antes bien, tal como la defin\u00ed a mi regreso, es \u201cun parque tem\u00e1tico de arquitectura\u201d donde se lucen las obras de Oscar Niemeyer y otros buenos colegas brasile\u00f1os.<\/p>\n<p>Pero no alcanza la estatura de una ciudad en el sentido cabal del vocablo. No es este escrito el indicado para desarrollar una cr\u00edtica exhaustiva en t\u00e9rminos de planeamiento ciudadano, pero s\u00ed es pertinente alejar al reci\u00e9n fallecido de la autor\u00eda de la capital, cuando su rol se limit\u00f3 al dise\u00f1o de los edificios.<\/p>\n<p>Y en este orden de ideas quisiera tambi\u00e9n formular algunas precisiones. En la recorrida cl\u00e1sica que hacen los visitantes, hay puntos culminantes por la belleza del paisaje edilicio, lugares donde se pondera la creatividad y la destreza de Niemeyer para concretar en hormig\u00f3n y cristal las ideas que nac\u00edan en sus trazos de l\u00e1piz blando, en las curvas m\u00f3rbidas que evocan una caligraf\u00eda sensual de contornos femeninos (g\u00e9nesis que Oscar nunca ha negado). En ese itinerario, la Plaza de los Tres Poderes es un hito inevitable, con alto nivel en el Palacio de Alvorada y el Congreso.<\/p>\n<p>Perm\u00edtaseme aqu\u00ed un par\u00e9ntesis con el fin de volver al inicio. Para recusar la filiaci\u00f3n de \u201cfuncionalista\u201d o \u201cracionalista\u201d basta observar estas obras para comprobar el genial manejo de las formas y la negaci\u00f3n de principios consagrados por la raz\u00f3n (por ejemplo, en los arcos invertidos de la Casa de Gobierno, que revelan la b\u00fasqueda pl\u00e1stica por encima de la l\u00f3gica estructural), con un resultado ciertamente fascinante. Algo an\u00e1logo acontece en Itamarat\u00ed, donde una bella escalera circular sin baranda se eleva en medio de un espacio espectacular.<\/p>\n<p>Pero aquellas etiquetas se niegan a s\u00ed mismas cuando se recuerdan algunas afirmaciones del creador: \u201cYo no ten\u00eda mucho aprecio por el \u00e1ngulo recto y pensaba que el hormig\u00f3n armado<\/p>\n<p>permit\u00eda lenguajes distintos\u201d, o \u201ccuando fui a Pampulha quer\u00eda luchar contra el \u00e1ngulo recto, y despu\u00e9s fue en Brasilia. Ya antes de eso hab\u00eda percibido que el racionalismo no ten\u00eda sentido\u201d. Y cita a Mart\u00edn Heidegger al afirmar que la raz\u00f3n es enemiga de la imaginaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Palabras finales<\/strong><\/p>\n<p>En un punto discrepo con el admirado Oscar, porque entre sus obras dilectas menciona la Catedral de Brasilia. Es una estructura admirable, casi se me escapa decir \u201cuna escultura\u201d, porque esa es la impresi\u00f3n: una maqueta en escala natural. Pero al ingresar no tuve la menor conmoci\u00f3n espiritual (como la que experiment\u00e9, por ejemplo, en Santa Mar\u00eda dei Fiore, en Florencia, que me sumi\u00f3 en llanto). Es extra\u00f1o ver a la gente deambular por ese vasto recinto como se camina en una exposici\u00f3n o una feria, sin un sentido direccional ni una sensaci\u00f3n emotiva. Puede entenderse: la experiencia religiosa estaba ajena a la sensibilidad del artista.<\/p>\n<p>Est\u00e1 claro, me parece, que Oscar Niemeyer fue un creador que utilizaba una gran libertad imaginativa en sus invenciones, un hedonista que segu\u00eda los trazos del grafito blando como si la mano lo arrastrara en una aventura creativa sin barreras. Que descanse en paz.<\/p>\n<p>El autor es arquitecto.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El autor de la nota, arquitecto y urbanista, recupera el perfil de su colega brasile\u00f1o, que falleci\u00f3 a los 104 a\u00f1os, y revalora su obra.<\/p>\n","protected":false},"author":7,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4,6],"tags":[521,1031,1032],"class_list":["post-8005","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","category-nota-tapa","tag-arquitectura","tag-niemeyer","tag-urbanismo"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-257","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/8005","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/7"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=8005"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/8005\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=8005"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=8005"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=8005"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}