{"id":8055,"date":"2013-03-06T16:45:55","date_gmt":"2013-03-06T19:45:55","guid":{"rendered":"http:\/\/staging.winguweb.org\/2014\/revistacriterio\/bloginst\/?p=8055"},"modified":"2013-03-06T16:45:55","modified_gmt":"2013-03-06T19:45:55","slug":"8055","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=8055","title":{"rendered":"Un camino de Carlos Floria"},"content":{"rendered":"<p><strong><\/strong><\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/staging.winguweb.org\/2014\/revistacriterio\/bloginst\/wp-content\/uploads\/2013\/03\/mejia.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-thumbnail wp-image-8054\" title=\"mejia\" src=\"https:\/\/staging.winguweb.org\/2014\/revistacriterio\/bloginst\/wp-content\/uploads\/2013\/03\/mejia-120x120.jpg\" alt=\"mejia\" width=\"120\" height=\"120\" \/><\/a>Publicamos aqu\u00ed el testimonio de quien fuera director de CRITERIO cuando Carlos Floria se integr\u00f3 a la redacci\u00f3n.\u00a0<!--more--> Carlos Floria<strong> <\/strong>recorri\u00f3 varios caminos en su larga vida. Los numerosos art\u00edculos publicados en ocasi\u00f3n de su muerte dan de esto claro testimonio, si hiciera falta. Y a prop\u00f3sito de esto y de lo que ahora me toca a m\u00ed escribir por amable invitaci\u00f3n del director de CRITERIO, no debe oscurecer el hecho de que esos caminos, adem\u00e1s de dejar su huella en el devenir de este mundo que sin embargo \u201cpasa\u201d, est\u00e1n sobre todo trazados y registrados en el otro, permanente. Es decir, ante Dios, ante quien nada pasa ni se pierde, sea lo que fuere de las memorias humanas, l\u00e1biles todas ellas y en buena medida fugaces. Por eso, lo primero que quise hacer, cuando me enter\u00e9 del para m\u00ed inesperado fin de la vida terrestre de Carlos, fue ir a mi capilla romana y ofrecer al Se\u00f1or el camino de esa vida, como unos a\u00f1os antes lo hab\u00eda hecho con el de su querida inseparable Yuyi.<\/p>\n<p>Pero en seguida se me present\u00f3 ante la visi\u00f3n interior el momento inicial de nuestra larga relaci\u00f3n, que lo fue, in\u00fatil repetirlo, con ambos. Y que coincide con el principio de la ininterrumpida relaci\u00f3n de Carlos con CRITERIO.<\/p>\n<p>Yo acababa de recibir la direcci\u00f3n de la revista, inseguro y vacilante, de las manos ilustres y universalmente conocidas de monse\u00f1or Gustavo J. Franceschi, el 31 de enero de 1955, en medio de la confusi\u00f3n y oscuro horizonte de ese a\u00f1o. El hasta entonces director colaborador de Franceschi, Luis Capriotti, hab\u00eda debido dejar la Argentina clandestinamente, con un pasaporte falso. Monse\u00f1or Franceschi le hab\u00eda dicho que me llamara y me confiara la revista, previo encuentro con \u00e9l, unos d\u00edas despu\u00e9s. \u00c9l mismo, ya bastante enfermo, solo no se sent\u00eda capaz de hacer frente a la complejidad y m\u00faltiples responsabilidades de dirigir un peri\u00f3dico, pr\u00e1cticamente identificado con su nombre, y menos todav\u00eda en las circunstancias de esos tiempos. Y as\u00ed me v\u00ed yo, de la ma\u00f1ana a la noche, sin ninguna experiencia period\u00edstica, con semejante herencia en las manos. La verdad es que, si hubiera podido, me habr\u00eda echado atr\u00e1s. Pero el grupo que entonces ayudaba a Franceschi me acept\u00f3 con gran apertura y plena disponibilidad. De todos ellos, no s\u00e9 si alguno todav\u00eda pertenece a este mundo. Conste aqu\u00ed de nuevo mi gratitud y mi sincero recuerdo: Felipe Freier, Juan Julio Costa, Basilio Uribe, Jaime Potenze y Silvia, su mujer, los fieles empleados. Y si olvido alguno, sepa generosamente perdonarme. Dos sacerdotes se prestaron a ayudarme: monse\u00f1or Rodolfo Luis Nolasco y monse\u00f1or Osvaldo D. Santagada. A ambos, todav\u00eda, gracias a Dios, vivos y activos, vaya una vez m\u00e1s la expresi\u00f3n de mi simpat\u00eda y agradecimiento. Y la revista habr\u00eda sin duda podido ir adelante dignamente con este peque\u00f1o equipo, en parte recibido y en parte completado por m\u00ed.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, a principios de 1957, lleg\u00f3 una carta a CRITERIO acerca de una pel\u00edcula, analizada y comentada, de manera muy personal, aunque atendido el estilo de nuestros cr\u00edticos cinematogr\u00e1ficos de entonces, Jaime Potenze y se\u00f1ora. La carta estaba firmada tambi\u00e9n por una pareja: Carlos y Mabel Floria. Espero que, no obstante las varias mudanzas de sede de la revista, la carta haya sido conservada en alg\u00fan archivo. Ser\u00eda penoso que se hubiera perdido porque all\u00ed aparec\u00eda por primera vez el nombre que acabo de citar y que de all\u00ed en m\u00e1s quedar\u00eda asociado hasta ahora a CRITERIO.<\/p>\n<p>La carta me llam\u00f3 la atenci\u00f3n. Los dos autores confesaban su audacia por haberla escrito y en parte la atribu\u00edan a la inconciencia de su juventud. Dije en seguida a los dem\u00e1s miembros del equipo: \u201cYo llamar\u00eda estas personas y, a primera vista, me parece que valdr\u00eda la pena tenerlos presentes\u201d. No me acuerdo si todos consintieron. Los llam\u00e9 igual: hab\u00eda, adem\u00e1s de una direcci\u00f3n, un n\u00famero de tel\u00e9fono en la carta. As\u00ed aparecieron Carlos y Yuyi por primera vez en la sede hist\u00f3rica de CRITERIO: Alsina 850, primer piso. Y yo fui, tambi\u00e9n por primera vez, hu\u00e9sped suyo en su departamento de entonces.<\/p>\n<p>Nos entendimos en seguida. Y, por cierto, mucho m\u00e1s all\u00e1 de cuanto la carta pod\u00eda revelar de su capacidad de cr\u00edtica cinematogr\u00e1fica. Las personas me interesaban y yo les interes\u00e9 a ellos, joven cura, con pretensiones de ex\u00e9geta, entonces profesor de Antiguo Testamento y materias afines en la tambi\u00e9n entonces joven Facultad de Teolog\u00eda, despu\u00e9s incorporada a la Universidad Cat\u00f3lica Argentina. Quiero decir que la revista fue la ocasi\u00f3n del encuentro, pero la perdurable amistad que nos ha unido todos estos a\u00f1os, a\u00fan despu\u00e9s de mi traslado a Roma y la distancia que esto supone inevitablemente, nunca ha conocido altibajos. Uno los quer\u00eda entra\u00f1ablemente y ellos (y luego sus hijos) me pagaban con la misma moneda. Cuando les hice saber que me iba, llamado a trabajar aqu\u00ed, Carlos generosamente me dijo: \u201cEspero esto no se multiplique, no queremos quedarnos aqu\u00ed desprovistos\u201d. A lo cual yo deb\u00ed responder: \u201cMientras est\u00e9n ustedes, no habr\u00e1 ning\u00fan vac\u00edo\u201d. Y de hecho, nos encontramos despu\u00e9s de mi venida a Roma, tantas veces y en tantas partes del mundo: en Washington cuando \u00e9l fue hu\u00e9sped de la famosa instituci\u00f3n cient\u00edtica que lo tuvo all\u00ed\u00a0 varios meses; en Par\u00eds cuando era embajador ante la UNESCO y m\u00e1s de una vez en Roma misma. Siempre con Yuyi. Y el Se\u00f1or dispuso que yo estuviera por unos d\u00edas en Buenos Aires cuando ya se preve\u00eda el fin de los d\u00edas de ella: la pude ver y conversamos, en absoluta lucidez y todav\u00eda de pie, animada y edificante como siempre. Tampoco quisimos despedirnos: est\u00e1bamos y estoy seguro de que nos encontraremos de nuevo. Con los dos. Como, de nuevo por pura fortuna, pude celebrar en Santa Catalina la Misa por los ochenta a\u00f1os de Carlos.<\/p>\n<p>CRITERIO tiene con \u00e9l (y con ella inseparablemente) una deuda imposible de colmar. Cuando no se le conf\u00edaba un editorial, contribu\u00eda con su conocimiento de personas y de situaciones, a la redacci\u00f3n de los que otros redactaban. Sin firma, como era la tradici\u00f3n entonces. Y a su vez aceptaba con la mayor simplicidad ser corregido, incluso por m\u00ed, que de pol\u00edtica argentina entend\u00eda poco o nada y tanto menos de historia del pa\u00eds, que en cambio de \u00e9l aprend\u00eda. Y no s\u00f3lo gracias a los vol\u00famenes que todos conocemos y que ojal\u00e1\u00a0 no dejen de serlo. \u00c9l apreciaba mi estilo, y se dec\u00eda convencido de que a veces lograba que se expresara mejor y m\u00e1s claramente lo que \u00e9l hab\u00eda escrito. Supongamos que fuera verdad.<\/p>\n<p>Reci\u00e9n llegado a CRITERIO le confiamos el primer editorial de la nueva serie. Monse\u00f1or Franceschi, ya estaba bastante impedido \u2013y despu\u00e9s habr\u00eda de fallecer en Montevideo, donde hab\u00eda ido a dar una conferencia sobre la familia\u2013, y yo no ten\u00eda el coraje de comenzar otra serie de editoriales con mi firma, que pocos o ninguno conoc\u00edan. La serie, sin firma, la comenz\u00f3 Carlos cuando la instalaci\u00f3n del gobierno constitucional con el presidente Arturo Frondizi, que hab\u00eda de durar casi <em>l\u2019espace d\u2019un matin<\/em>, dando lugar a varios editoriales m\u00e1s, la mayor\u00eda tambi\u00e9n obra suya. Hasta los justamente famosos que preve\u00edan el ocaso de la democracia y presentaban (si as\u00ed se puede decir) la inauguraci\u00f3n de la segunda dictadura militar en marzo de 1976. Creo que algunos de estos editoriales han sido despu\u00e9s publicados en forma de volumen propio, lo cual prueba, si hiciera falta, que su valor era mucho m\u00e1s que ocasional. A la verdad, permanente.<\/p>\n<p>No todo fueron rosas, desde luego. M\u00e1s de un editorial excit\u00f3 las iras de las autoridades del momento.O bien de quien formaba parte de ese grupo. O bien todav\u00eda, her\u00eda la sensibilidad de alguno de mis superiores eclesi\u00e1sticos. Cada uno de los afectados expresaba a su modo su indignaci\u00f3n o su rechazo. Yo, como director responsable, era el primer objeto de las reacciones negativas, hasta el punto de recibir una vez en la revista nada menos que una sentencia de muerte, rid\u00edcula en s\u00ed, si la muerte no se hab\u00eda ya para entonces convertido en un recurso habitual y cotidiano. In\u00fatil decir que Carlos estuvo siempre a mi lado y junto a la revista en esas ocasiones dif\u00edciles y, por lo que toca a ciertas reacciones en el orden pol\u00edtico, tambi\u00e9n pre\u00f1adas de peligros. M\u00e1s y mejor relacionado que yo, en ese \u00e1mbito, su presencia y su acci\u00f3n, con su mujer a su lado, estoy seguro que contribuyeron a calmar las posibles o reales tempestades.<\/p>\n<p>Cuando fui informado de mi traslado a Roma, me propuse, con el acuerdo de todos los dem\u00e1s miembros del equipo, organizar lo que podr\u00eda llamar una transici\u00f3n \u201cdemocr\u00e1tica\u201d: que el nuevo director de la revista fuera elegido por los mismos responsables. Mi secreta esperanza era que el nuevo director fuera un laico y que ese laico obviamente fuera Carlos Floria. Secreta esperanza,digo, muy en serio. No lo hubiera dejado traslucir de ning\u00fan modo, para que el resultado fuera de veras democr\u00e1tico, sobre todo en un momento cuando semejante procedimiento no era precisamente apreciado en la Argentina.<\/p>\n<p>La votaci\u00f3n no me dio la raz\u00f3n: la mayor\u00eda prefer\u00eda al padre Rafael Braun, que era en verdad una de las figuras dominantes de nuestro peque\u00f1o grupo por sus indiscutibles condiciones humanas, sacerdotales e incluso profesionales.<\/p>\n<p>Muy bien. Carlos Floria no fue entonces director de CRITERIO. Pero hab\u00eda marcado la revista para siempre. Y hab\u00eda tambi\u00e9n dejado huella con su mujer Yuyi, en mi vida. Y esto es lo que de veras importaba y de lo cual me siento inmensamente feliz de dar aqu\u00ed y ahora testimonio.<\/p>\n<p>En s\u00ed y para m\u00ed ha sido un camino cuyo t\u00e9rmino, como dec\u00eda al principio, no vemos todav\u00eda porque est\u00e1 oculto a nuestros ojos, all\u00ed donde todos los caminos convergen.<\/p>\n<p><em>El autor, hoy cardenal y residente en Roma, fue codirector de CRITERIO con Gustavo J. Franceschi a partir de 1955. Y hered\u00f3 la direcci\u00f3n a la muerte de \u00e9ste en 1957,\u00a0 y ejerci\u00f3 el cargo hasta fines de 1977, cuando lo sucede Rafael Braun. <\/em><\/p>\n<div><em><br \/>\n<\/em><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicamos aqu\u00ed el testimonio de quien fuera director de CRITERIO cuando Carlos Floria se integr\u00f3 a la redacci\u00f3n.\u00a0<\/p>\n","protected":false},"author":7,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4,8],"tags":[684,288],"class_list":["post-8055","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","category-iglesia","tag-carlos-floria","tag-criterio"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/s6FC4i-8055","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/8055","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/7"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=8055"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/8055\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=8055"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=8055"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=8055"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}