{"id":8494,"date":"2013-07-03T19:47:23","date_gmt":"2013-07-03T22:47:23","guid":{"rendered":"http:\/\/staging.winguweb.org\/2014\/revistacriterio\/bloginst\/?p=8494"},"modified":"2013-07-03T19:47:23","modified_gmt":"2013-07-03T22:47:23","slug":"en-recuerdo-de-eugenio-guasta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=8494","title":{"rendered":"En recuerdo de Eugenio Guasta"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\">En la madrugada del 11 de junio, a los 85 a\u00f1os, muri\u00f3 monse\u00f1or Eugenio Guasta, escritor y sacerdote, hombre de la cultura y de la fe. Fue un notable referente de intelectuales y artistas. <!--more-->Hombre de consulta y consejo, fue p\u00e1rroco de Nuestra Se\u00f1ora de la Merced, director de la Comisi\u00f3n arquidiocesana para la cultura y consultor del Consejo pontificio de cultura. Colabor\u00f3, adem\u00e1s de CRITERIO, con la revista Sur, Se\u00f1ales y con los diarios La Naci\u00f3n, La Prensa y la Gaceta de Tucum\u00e1n. Public\u00f3, entre otros libros, <em>Papeles sobre ciudades<\/em>, <em>Cuaderno de Tarsis<\/em> y la correspondencia con Mar\u00eda Rosa Oliver. En 2011 recibi\u00f3 el premio <em>Gratia Artis <\/em>de la Academia Nacional de Bellas Artes.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span style=\"text-decoration: underline;\"><span lang=\"ES\">El don de admirar<\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span lang=\"ES\"> <span>Sacerdote de Jesucristo, sagaz conocedor de los vericuetos del alma humana, amigo entra\u00f1able, \u201cporte\u00f1o, soy de aqu\u00ed\u201d \u2013como dijo una vez\u2013, argentino hasta el tu\u00e9tano, escritor fiel y ameno. Tan grande y s\u00f3lido en su interior profundo, como d\u00e9bil en el cuerpo fr\u00e1gil.<\/span><br \/>\n<span>Formado en el estudio de las letras en la UBA de la calle Viamonte y de las escrituras, en el Pontificio Instituto B\u00edblico de Roma, pose\u00eda el don de penetrar la realidad \u00faltima de las cosas, all\u00ed donde todo puede evocar el amor de Dios.<\/span><br \/>\n<span>Sus homil\u00edas, desprovistas de tecnicismos oratorios, tocaban el alma porque proven\u00edan de la oraci\u00f3n y de una esmerada preparaci\u00f3n, las m\u00e1s de las veces gestadas junto a su gran amigo, el padre Fernando Ortega.<\/span><br \/>\n<span>En la apariencia, nada llevaba a pensar que Eugenio fuera capaz de encarar y llevar a cabo proyectos grandiosos. Sin embargo, como p\u00e1rroco de la antigua bas\u00edlica de Nuestra Se\u00f1ora de la Merced, con ejemplar tes\u00f3n y el apoyo generoso de sus amigos Nelly Arrieta de Blaquier, Andreina y Roberto Rocca y otras personas generosas e instituciones del barrio, devolvi\u00f3 al templo la restauraci\u00f3n de \u00a0su magn\u00edfico \u00f3rgano, los vitrales y la belleza que el tiempo y el descuido hab\u00edan opacado.<\/span><br \/>\n<span>Su amplio sentido de la cultura estaba muy por encima de lo que es habitual y, por ser aut\u00e9ntico, no se convert\u00eda en barrera \u00a0que lo alejara del pr\u00f3jimo. En los a\u00f1os noventa, su obispo le confi\u00f3 adem\u00e1s la coordinaci\u00f3n de las actividades culturales de la arquidi\u00f3cesis.As\u00ed dio vida a comit\u00e9s integrados por personalidades destacadas en los distintos campos de la cultura y de las ciencias.<\/span><br \/>\n<span>Colaborador y consultor de <span>Criterio<\/span>, no dej\u00f3 de ser cr\u00edtico exigente de cuanto en la revista que tanto quer\u00eda, no alcanzara los altos niveles de calidad que sus lectores merec\u00edan.<\/span><br \/>\n<span>Los libros que llego a publicar, <em>Papeles sobre ciudades<\/em>, <em>Cuaderno de Tarsis<\/em>, <em>Correspondencia con Mar\u00eda Rosa Oliver<\/em>, no son sino una porci\u00f3n de lo mucho que alcanzo a escribir con su letra firme y \u00e1gil. Sus cuadernos, aun in\u00e9ditos, junto con su poblada biblioteca, los ha dejado en legado a la Fundaci\u00f3n Sur, heredera del Grupo Sur que integr\u00f3 desde sus comienzos.<\/span><br \/>\n<span>Con frecuencia Eugenio evocaba las vacaciones de su ni\u00f1ez pasadas en Chile, pa\u00eds que amaba profundamente. De sus muchos amigos\u00a0que lo precedieron en el \u00faltimo tranco del camino, recuerdo en este momento a Victoria Ocampo, Hugo y Alba Parpagnoli, Basilio Uribe, Pepe Bianco, Chiquita Oliveira C\u00e9zar de Garc\u00eda Arias, Carmen \u201cla Nena\u201d G\u00e1ndara, Carlos Manuel Mu\u00f1iz, Clorindo Testa&#8230;pero la lista, para hacer justicia, ser\u00eda mucho m\u00e1s larga&#8230;<\/span><br \/>\n<span>Habiendo pasado de lejos el meridiano de la vida, como dijo cuando la Academia Nacional de Bellas Artes le confiri\u00f3 en 2011 el premio <em>Gratia Artis<\/em>, Eugenio Guasta no guard\u00f3 para s\u00ed ni un gramo de la energ\u00eda que el Se\u00f1or le dio para que la distribuyera entre sus hermanos. Los achaques de su salud y su debilidad f\u00edsica no le impidieron seguir recibiendo innumerables visitas en el peque\u00f1o reducto del hogar sacerdotal\u00a0a donde se hab\u00eda mudado hace un a\u00f1o y poco m\u00e1s. Rodeado de sus libros m\u00e1s queridos, hab\u00eda logrado reproducir en escala el encanto de la biblioteca de La Merced, dise\u00f1ada por su amigo el arquitecto Polo Ellis.<\/span><br \/>\n<span>Vivi\u00f3 iluminado siempre por el don de admirar y hacer ver la belleza, un reflejo de Dios.<\/span> <span>Hoy lo extra\u00f1amos, padre espiritual, hermano del alma, que despu\u00e9s de correr la buena carrera, nos espera gozoso en la meta que nos ense\u00f1\u00f3 a a\u00f1orar.<\/span><\/span><\/p>\n<p><em><span>Vicente Espeche Gil<\/span><\/em><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span style=\"text-decoration: underline;\">Un intelectual irremplazable<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Abro su libro sobre Carmen G\u00e1ndara, publicado en Buenos Aires en 1963, y me emociona una dedicatoria que hab\u00eda olvidado. Con su letra firme, a comienzos de los a\u00f1os 90, me dedica un ejemplar: \u201cPara un amigo joven, este libro ya viejo. Cordialmente, a la espera de la Pascua, Eugenio\u201d. Era, seg\u00fan confirma m\u00e1s abajo, un mi\u00e9rcoles santo. Las relaciones entre la literatura y la liturgia nadie sab\u00eda establecerlas mejor que \u00e9l, hasta en una mera frase de gentileza.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Cuando alguna vez, con aguda percepci\u00f3n, el papa Francisco dijo que se necesitaba una Iglesia no clerical, yo pens\u00e9 enseguida en Eugenio, amigo suyo adem\u00e1s. Este escritor y sacerdote, amante de los libros y de la m\u00fasica, de la pintura y del cine, nunca cay\u00f3 en el clericalismo. Pero no porque se cuidara, sino porque ese defecto era tan ajeno a su sensibilidad que ni siquiera pod\u00eda rozarlo.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Lo recuerdo intensamente. Sus tertulias y sobremesas eran una muestra de felicidad. La menci\u00f3n de tantas figuras conocidas y queridas del mundo intelectual y art\u00edstico, de aqu\u00ed y del extranjero, presentadas por \u00e9l siempre con gracia singular y sentido del humor, eran piezas para una antolog\u00eda.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Fue viajero atento y descubridor de escondidas bellezas, que luego comunicaba en sus cuadernos de notas y en sus diarios. En <em>Papeles sobre ciudades<\/em> escribe sobre Buenos Aires, As\u00eds, Par\u00eds, Madrid, Toledo, Mil\u00e1n, Florencia, N\u00e1poles\u2026 y sobre todo Roma. Con la ciudad eterna, donde hab\u00eda vivido por a\u00f1os, manten\u00eda una v\u00edvida relaci\u00f3n de enamorado. Recordarla le daba fuerzas, encend\u00eda su vigor; so\u00f1aba siempre con volver a verla. Cada detalle de sus calles, de sus plazas y palacios, de sus iglesias y museos, se un\u00eda inexorablemente al recuerdo de escritores que admiraba, de artistas que hab\u00eda conocido, de religiosos que hab\u00eda tratado.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Cu\u00e1nto nos faltar\u00e1 Eugenio. Con \u00e9l se apaga un rinc\u00f3n luminoso de nuestra ciudad, una memoria que se mezclaba con Borges, Bioy Casares, Victoria Ocampo, Alejandra Pizarnik, con poetas j\u00f3venes y viejos, con practicantes de todas las artes.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Recuerdo tambi\u00e9n sus lecturas b\u00edblicas, sus incursiones en el teatro griego, en Virgilio y Dante, en los grandes escritores y poetas de Francia, Espa\u00f1a, Italia, Inglaterra y los Estados Unidos.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Su amor por la literatura nacional no le imped\u00eda marcar con maestr\u00eda jerarqu\u00edas y c\u00e1nones. Lo que m\u00e1s detestaba era el aburrimiento, aunque llegara a trav\u00e9s de obras muy nombradas. Sus lecturas, tan abarcadoras, nunca dejaron de ser selectivamente gozosas y l\u00fadicas.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Quiz\u00e1 ya nadie sabr\u00e1 escribir como \u00e9l sobre encuentros e impresiones con esa ligereza y profundidad que le eran propias, como quien pinta acuarelas, como quien se\u00f1ala trazos. Todos, sin embargo, tan certeros y precisos. Su prodigiosa memoria parec\u00eda salvarlo todo. Con \u00e9l acab\u00f3 un mundo.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Si la fe no nos hablara de la vida futura y de la contemplaci\u00f3n celestial, qu\u00e9 duro ser\u00eda aceptar que Eugenio ya no est\u00e1.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><em>Jos\u00e9 Mar\u00eda Poirier<\/em><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span style=\"text-decoration: underline;\"><span lang=\"ES\">Una modesta an\u00e9cdota<\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span lang=\"ES\">Un s\u00e1bado por la tarde, hacia fines de mayo de 1979, como muchos otros s\u00e1bados, visit\u00e9 a Eugenio en su escritorio. Fue en el Seminario de Buenos Aires, donde yo estaba estudiando y donde Eugenio viv\u00eda y ense\u00f1aba. Lo encontr\u00e9, como siempre, amparado en una luz tenue, leyendo. Estaba conmovido. Yo era muy joven, as\u00ed que no recuerdo si reaccion\u00e9 con timidez o arrogancia al permanecer silencioso, en el umbral de su puerta. \u201cVen\u00ed&#8230; sentate&#8230;\u201d. En su mano ten\u00eda una carta, que me ley\u00f3. Estaba fechada en la localidad cordobesa de El Para\u00edso, el 3 de mayo, y se la hab\u00eda enviado Manuel Mujica L\u00e1inez.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span lang=\"ES\">En enero de ese a\u00f1o hab\u00eda fallecido Victoria Ocampo, cuya larga vinculaci\u00f3n con Eugenio, \u00edntima y de profundo afecto, todos conocemos. Mujica L\u00e1inez hab\u00eda publicado en <em>La Naci\u00f3n<\/em> una nota con este motivo, a causa de la cual Eugenio le escribi\u00f3, coment\u00e1ndola y ponder\u00e1ndola. Le dijo adem\u00e1s que lo hab\u00eda tenido presente durante la celebraci\u00f3n de la Misa de Pascua.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span lang=\"ES\">Mujica L\u00e1inez, en la carta que ahora Eugenio ten\u00eda en su mano, se lo agradec\u00eda y agregaba: \u201cEs algo que no le vendr\u00e1 mal a este viejo pecador\u201d. Anotaba luego una breve consideraci\u00f3n, bella y atemorizada, acerca de la posibilidad de ver o no a Dios, situaci\u00f3n que entend\u00eda no muy lejana&#8230; Esa carta, intensa, confidencial, terminaba as\u00ed: \u201cTe deseo paz, la ansiada paz, querido sacerdote\u201d. Esta \u00faltima palabra, pasados ya casi veinte a\u00f1os, se ha desprendido del papel y ha ido pasando de d\u00eda en d\u00eda para iluminar, con una luz c\u00e1lida como la del escritorio, silenciosa y discreta, a tantos, tantos amigos&#8230; a algunos hasta el lecho de muerte.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span lang=\"ES\">La modesta an\u00e9cdota que he referido, con independencia del valor que tenga por s\u00ed misma, es emblem\u00e1tica. Revela un aspecto de Eugenio (quiz\u00e1s lo revela a \u00e9l \u00edntegramente) que se ha hecho sacerdocio: un espacio interior de singular estatura humana, que se torna lugar donde los amigos podemos ir a celebrar (es decir, a hacer c\u00e9lebre) un dolor o una alegr\u00eda, siempre en una atm\u00f3sfera de sigilo, presencia, pudor y afecto.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span lang=\"ES\">Eugenio ha conocido a tant\u00edsima gente para la que no resulta f\u00e1cil (o que no hace f\u00e1cil) el hallazgo de un interlocutor v\u00e1lido ante quien exponer las veteadas zonas del alma humana, que busca revelarse siempre en secreto. Qu\u00e9 misterio digno: un hombre que acaso podr\u00eda haber sido poderoso (quiz\u00e1s muy poderoso) y guarda silencio.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span lang=\"ES\">De la existencia de esa carta de Manuel Mujica L\u00e1inez saben muy pocos; por m\u00ed y no por Eugenio. Hay much\u00edsimas personas que podr\u00edan contar una an\u00e9cdota an\u00e1loga a la m\u00eda, y hay much\u00edsimas cartas de esta \u00edndole tambi\u00e9n. \u00bfCu\u00e1ntas? Creo que Eugenio estar\u00e1 de acuerdo conmigo: ser\u00eda lindo que nunca lo supi\u00e9ramos.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><em><span lang=\"ES\">Ignacio J. Navarro para revista Intramuros (1996. A\u00f1o II &#8211; N\u00ba 4. P\u00e1g. 7)<\/span><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la madrugada del 11 de junio, a los 85 a\u00f1os, muri\u00f3 monse\u00f1or Eugenio Guasta, escritor y sacerdote, hombre de la cultura y de la&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4,8,6],"tags":[1046,313],"class_list":["post-8494","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","category-iglesia","category-nota-tapa","tag-eugenio-guasta","tag-guasta"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-2d0","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/8494","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=8494"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/8494\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=8494"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=8494"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=8494"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}