{"id":8567,"date":"2013-07-05T20:47:12","date_gmt":"2013-07-05T23:47:12","guid":{"rendered":"http:\/\/staging.winguweb.org\/2014\/revistacriterio\/bloginst\/?p=8567"},"modified":"2013-07-05T20:47:12","modified_gmt":"2013-07-05T23:47:12","slug":"carta-enciclica-lumen-fidei","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=8567","title":{"rendered":"CARTA ENC\u00cdCLICA LUMEN FIDEI"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\"><span>\u201cLa luz de la fe\u201d es la primera enc\u00edclica firmada por el papa Francisco, que se suma a las enc\u00edclicas del papa Benedicto XVI sobre la caridad y la esperanza y asume el \u201cvalioso trabajo\u201d realizado por el Papa em\u00e9rito, que ya hab\u00eda \u201cpr\u00e1cticamente completado\u201d la enc\u00edclica sobre la fe. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><!--more--><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">ENC\u00cdCLICA DEL SUMO PONT\u00cdFICE FRANCISCO<strong> <\/strong>A LOS OBISPOS, PRESB\u00cdTEROS Y DI\u00c1CONOS, A LAS PERSONAS CONSAGRADAS Y A TODOS LOS FIELES LAICOS SOBRE LA FE<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">1. La luz de la fe: la tradici\u00f3n de la Iglesia ha indicado con esta\u00a0 expresi\u00f3n el gran don tra\u00eddo por Jesucristo, que en el Evangelio de san Juan se presenta con estas palabras: \u00ab Yo he venido al mundo como luz, y as\u00ed, el que cree en m\u00ed no quedar\u00e1 en tinieblas \u00bb (<em>Jn<\/em> 12,46). Tambi\u00e9n san Pablo se expresa en los mismos t\u00e9rminos: \u00ab Pues el Dios que dijo: \u201cBrille la luz del seno de las tinieblas\u201d, ha brillado en nuestros corazones \u00bb (<em>2 Co<\/em> 4,6). En el mundo pagano, hambriento de luz, se hab\u00eda desarrollado el culto al Sol, al\u00a0<em>Sol invictus<\/em>, invocado a su salida. Pero, aunque renac\u00eda cada d\u00eda, resultaba claro que no pod\u00eda irradiar su luz sobre toda la existencia del hombre. Pues el sol no ilumina toda la realidad; sus rayos no pueden llegar hasta las sombras de la muerte, all\u00ed donde los ojos humanos se cierran a su luz. \u00ab No se ve que nadie estuviera dispuesto a morir por su fe en el sol \u00bb<a name=\"_ftnref1\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn1\"><span>[1]<\/span><\/a>, dec\u00eda san Justino m\u00e1rtir. Conscientes del vasto horizonte que la fe les abr\u00eda, los cristianos llamaron a Cristo el verdadero sol, \u00ab cuyos rayos dan la vida \u00bb<a name=\"_ftnref2\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn2\"><span>[2]<\/span><\/a>. A Marta, que llora la muerte de su hermano L\u00e1zaro, le dice Jes\u00fas: \u00ab \u00bfNo te he dicho que si crees ver\u00e1s la gloria de Dios? \u00bb (<em>Jn<\/em> 11,40). Quien cree ve; ve con una luz que ilumina todo el trayecto del camino, porque llega a nosotros desde Cristo resucitado, estrella de la ma\u00f1ana que no conoce ocaso.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><strong><em><span>\u00bfUna luz ilusoria?<\/span><\/em><\/strong><span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>2. Sin embargo, al hablar de la fe como luz, podemos o\u00edr la objeci\u00f3n de muchos contempor\u00e1neos nuestros. En la \u00e9poca moderna se ha pensado que esa luz pod\u00eda bastar para las sociedades antiguas, pero que ya no sirve para los tiempos nuevos, para el hombre adulto, ufano de su raz\u00f3n, \u00e1vido de explorar el futuro de una nueva forma. En este sentido, la fe se ve\u00eda como una luz ilusoria, que imped\u00eda al hombre seguir la audacia del saber. El joven Nietzsche invitaba a su hermana Elisabeth a arriesgarse, a \u00ab emprender nuevos caminos\u2026 con la inseguridad de quien procede aut\u00f3nomamente \u00bb. Y a\u00f1ad\u00eda: \u00ab Aqu\u00ed se dividen los caminos del hombre; si quieres alcanzar paz en el alma y felicidad, cree; pero si quieres ser disc\u00edpulo de la verdad, indaga \u00bb<a name=\"_ftnref3\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn3\"><span>[3]<\/span><\/a>. Con lo que creer ser\u00eda lo contrario de buscar. A partir de aqu\u00ed, Nietzsche critica al cristianismo por haber rebajado la existencia humana, quitando novedad y aventura a la vida. La fe ser\u00eda entonces como un espejismo que nos impide avanzar como hombres libres hacia el futuro.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>3. De esta manera, la fe ha acabado por ser asociada a la oscuridad. Se ha pensado poderla conservar, encontrando para ella un \u00e1mbito que le permita convivir con la luz de la raz\u00f3n. El espacio de la fe se crear\u00eda all\u00ed donde la luz de la raz\u00f3n no pudiera llegar, all\u00ed donde el hombre ya no pudiera tener certezas. La fe se ha visto as\u00ed como un salto que damos en el vac\u00edo, por falta de luz, movidos por un sentimiento ciego; o como una luz subjetiva, capaz quiz\u00e1 de enardecer el coraz\u00f3n, de dar consuelo privado, pero que no se puede proponer a los dem\u00e1s como luz objetiva y com\u00fan para alumbrar el camino. Poco a poco, sin embargo, se ha visto que la luz de la raz\u00f3n aut\u00f3noma no logra iluminar suficientemente el futuro; al final, \u00e9ste queda en la oscuridad, y deja al hombre con el miedo a lo desconocido. De este modo, el hombre ha renunciado a la b\u00fasqueda de una luz grande, de una verdad grande, y se ha contentado con peque\u00f1as luces que alumbran el instante fugaz, pero que son incapaces de abrir el camino. Cuando falta la luz, todo se vuelve confuso, es imposible distinguir el bien del mal, la senda que lleva a la meta de aquella otra que nos hace dar vueltas y vueltas, sin una direcci\u00f3n fija.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><strong><em><span>Una luz por descubrir<\/span><\/em><\/strong><span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>4. Por tanto, es urgente recuperar el car\u00e1cter luminoso propio de la fe, pues cuando su llama se apaga, todas las otras luces acaban languideciendo. Y es que la caracter\u00edstica propia de la luz de la fe es la capacidad de iluminar<em>toda<\/em> la existencia del hombre. Porque una luz tan potente no puede provenir de nosotros mismos; ha de venir de una fuente m\u00e1s primordial, tiene que venir, en definitiva, de Dios. La fe nace del encuentro con el Dios vivo, que nos llama y nos revela su amor, un amor que nos precede y en el que nos podemos apoyar para estar seguros y construir la vida. Transformados por este amor, recibimos ojos nuevos, experimentamos que en \u00e9l hay una gran promesa de plenitud y se nos abre la mirada al futuro. La fe, que recibimos de Dios como don sobrenatural, se presenta como luz en el sendero, que orienta nuestro camino en el tiempo. Por una parte, procede del pasado; es la luz de una memoria fundante, la memoria de la vida de Jes\u00fas, donde su amor se ha manifestado totalmente fiable, capaz de vencer a la muerte. Pero, al mismo tiempo, como Jes\u00fas ha resucitado y nos atrae m\u00e1s all\u00e1 de la muerte, la fe es luz que viene del futuro, que nos desvela vastos horizontes, y nos lleva m\u00e1s all\u00e1 de nuestro \u00ab yo \u00bb aislado, hacia la m\u00e1s amplia comuni\u00f3n. Nos damos cuenta, por tanto, de que la fe no habita en la oscuridad, sino que es luz en nuestras tinieblas. Dante, en la\u00a0<em>Divina Comedia,<\/em> despu\u00e9s de haber confesado su fe ante san Pedro, la describe como una \u00ab chispa, \/ que se convierte en una llama cada vez m\u00e1s ardiente \/ y centellea en m\u00ed, cual estrella en el cielo \u00bb<a name=\"_ftnref4\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn4\"><span>[4]<\/span><\/a>. Deseo hablar precisamente de esta luz de la fe para que crezca e ilumine el presente, y llegue a convertirse en estrella que muestre el horizonte de nuestro camino en un tiempo en el que el hombre tiene especialmente necesidad de luz.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>5. El Se\u00f1or, antes de su pasi\u00f3n, dijo a Pedro: \u00ab He pedido por ti, para que tu fe no se apague \u00bb (<em>Lc<\/em> 22,32). Y luego le pidi\u00f3 que confirmase a sus hermanos en esa misma fe. Consciente de la tarea confiada al Sucesor de Pedro, Benedicto XVI decidi\u00f3 convocar este\u00a0<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/special\/annus_fidei\/index_sp.htm\"><span>A\u00f1o de la fe<\/span><\/a><\/em>, un tiempo de gracia que nos est\u00e1 ayudando a sentir la gran alegr\u00eda de creer, a reavivar la percepci\u00f3n de la amplitud de horizontes que la fe nos desvela, para confesarla en su unidad e integridad, fieles a la memoria del Se\u00f1or, sostenidos por su presencia y por la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo. La convicci\u00f3n de una fe que hace grande y plena la vida, centrada en Cristo y en la fuerza de su gracia, animaba la misi\u00f3n de los primeros cristianos. En las Actas de los m\u00e1rtires leemos este di\u00e1logo entre el prefecto romano R\u00fastico y el cristiano Hierax: \u00ab \u00bfD\u00f3nde est\u00e1n tus padres? \u00bb, pregunta el juez al m\u00e1rtir. Y \u00e9ste responde: \u00ab Nuestro verdadero padre es Cristo, y nuestra madre, la fe en \u00e9l \u00bb<a name=\"_ftnref5\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn5\"><span>[5]<\/span><\/a>. Para aquellos cristianos, la fe, en cuanto encuentro con el Dios vivo manifestado en Cristo, era una \u00ab madre \u00bb, porque los daba a luz, engendraba en ellos la vida divina, una nueva experiencia, una visi\u00f3n luminosa de la existencia por la que estaban dispuestos a dar testimonio p\u00fablico hasta el final.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>6. El A\u00f1o de la fe ha comenzado en el 50 aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II. Esta coincidencia nos permite ver que el Vaticano II ha sido un Concilio sobre la fe<a name=\"_ftnref6\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn6\"><span>[6]<\/span><\/a>, en cuanto que nos ha invitado a poner de nuevo en el centro de nuestra vida eclesial y personal el primado de Dios en Cristo. Porque la Iglesia nunca presupone la fe como algo descontado, sino que sabe que este don de Dios tiene que ser alimentado y robustecido para que siga guiando su camino. El Concilio Vaticano II ha hecho que la fe brille dentro de la experiencia humana, recorriendo as\u00ed los caminos del hombre contempor\u00e1neo. De este modo, se ha visto c\u00f3mo la fe enriquece la existencia humana en todas sus dimensiones.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>7. Estas consideraciones sobre la fe, en l\u00ednea con todo lo que el Magisterio de la Iglesia ha declarado sobre esta virtud teologal<a name=\"_ftnref7\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn7\"><span>[7]<\/span><\/a>, pretenden sumarse a lo que el Papa Benedicto XVI ha escrito en las Cartas enc\u00edclicas sobre la<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/benedict_xvi\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate_sp.html\"><span>caridad<\/span><\/a> y la\u00a0<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/benedict_xvi\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20071130_spe-salvi_ge.html\"><span>esperanza<\/span><\/a>. \u00c9l ya hab\u00eda completado pr\u00e1cticamente una primera redacci\u00f3n de esta Carta enc\u00edclica sobre la fe. Se lo agradezco de coraz\u00f3n y, en la fraternidad de Cristo, asumo su precioso trabajo, a\u00f1adiendo al texto algunas aportaciones. El Sucesor de Pedro, ayer, hoy y siempre, est\u00e1 llamado a \u00ab confirmar a sus hermanos \u00bb en el inconmensurable tesoro de la fe, que Dios da como luz sobre el camino de todo hombre.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>En la fe, don de Dios, virtud sobrenatural infusa por \u00e9l, reconocemos que se nos ha dado un gran Amor, que se nos ha dirigido una Palabra buena, y que, si acogemos esta Palabra, que es Jesucristo, Palabra encarnada, el Esp\u00edritu Santo nos transforma, ilumina nuestro camino hacia el futuro, y da alas a nuestra esperanza para recorrerlo con alegr\u00eda. Fe, esperanza y caridad, en admirable urdimbre, constituyen el dinamismo de la existencia cristiana hacia la comuni\u00f3n plena con Dios. \u00bfCu\u00e1l es la ruta que la fe nos descubre? \u00bfDe d\u00f3nde procede su luz poderosa que permite iluminar el camino de una vida lograda y fecunda, llena de fruto?<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span> <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"center\"><strong><span>CAP\u00cdTULO PRIMERO<br \/>\nHEMOS CRE\u00cdDO EN EL AMOR<br \/>\n(cf. 1\u00a0<em>Jn<\/em> 4,16)<\/span><\/strong><span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><strong><em><span>Abrah\u00e1n, nuestro padre en la fe<\/span><\/em><\/strong><span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>8. La fe nos abre el camino y acompa\u00f1a nuestros pasos a lo largo de la historia. Por eso, si queremos entender lo que es la fe, tenemos que narrar su recorrido, el camino de los hombres creyentes, cuyo testimonio encontramos en primer lugar en el Antiguo Testamento. En \u00e9l, Abrah\u00e1n, nuestro padre en la fe, ocupa un lugar destacado. En su vida sucede algo desconcertante: Dios le dirige la Palabra, se revela como un Dios que habla y lo llama por su nombre. La fe est\u00e1 vinculada a la escucha. Abrah\u00e1n no ve a Dios, pero oye su voz. De este modo la fe adquiere un car\u00e1cter personal. Aqu\u00ed Dios no se manifiesta como el Dios de un lugar, ni tampoco aparece vinculado a un tiempo sagrado determinado, sino como el Dios de una persona, el Dios de Abrah\u00e1n, Isaac y Jacob, capaz de entrar en contacto con el hombre y establecer una alianza con \u00e9l. La fe es la respuesta a una Palabra que interpela personalmente, a un T\u00fa que nos llama por nuestro nombre.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>9. Lo que esta Palabra comunica a Abrah\u00e1n es una llamada y una promesa. En primer lugar es una llamada a salir de su tierra, una invitaci\u00f3n a abrirse a una vida nueva, comienzo de un \u00e9xodo que lo lleva hacia un futuro inesperado. La visi\u00f3n que la fe da a Abrah\u00e1n estar\u00e1 siempre vinculada a este paso adelante que tiene que dar: la fe \u00ab ve \u00bb en la medida en que camina, en que se adentra en el espacio abierto por la Palabra de Dios. Esta Palabra encierra adem\u00e1s una promesa: tu descendencia ser\u00e1 numerosa, ser\u00e1s padre de un gran pueblo (cf.\u00a0<em>Gn<\/em>13,16; 15,5; 22,17). Es verdad que, en cuanto respuesta a una Palabra que la precede, la fe de Abrah\u00e1n ser\u00e1 siempre un acto de memoria. Sin embargo, esta memoria no se queda en el pasado, sino que, siendo memoria de una promesa, es capaz de abrir al futuro, de iluminar los pasos a lo largo del camino. De este modo, la fe, en cuanto memoria del futuro,\u00a0<em>memoria futuri<\/em>, est\u00e1 estrechamente ligada con la esperanza.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>10. Lo que se pide a Abrah\u00e1n es que se f\u00ede de esta Palabra. La fe entiende que la palabra, aparentemente ef\u00edmera y pasajera, cuando es pronunciada por el Dios fiel, se convierte en lo m\u00e1s seguro e inquebrantable que pueda haber, en lo que hace posible que nuestro camino tenga continuidad en el tiempo. La fe acoge esta Palabra como roca firme, para construir sobre ella con s\u00f3lido fundamento. Por eso, la Biblia, para hablar de la fe, usa la palabra hebrea\u00a0<em>\u2019em\u00fbnah<\/em>, derivada del verbo\u00a0<em>\u2019am\u00e1n<\/em>, cuya ra\u00edz significa \u00ab sostener \u00bb. El t\u00e9rmino<em>\u2019em\u00fbnah<\/em> puede significar tanto la fidelidad de Dios como la fe del hombre. El hombre fiel recibe su fuerza confi\u00e1ndose en las manos de Dios. Jugando con las dos acepciones de la palabra \u2014presentes tambi\u00e9n en los correspondientes t\u00e9rminos griego (<em>pist\u00f3s<\/em>) y latino (<em>fidelis<\/em>)\u2014, san Cirilo de Jerusal\u00e9n ensalza la dignidad del cristiano, que recibe el mismo calificativo que Dios: ambos son llamados \u00ab fieles \u00bb<a name=\"_ftnref8\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn8\"><span>[8]<\/span><\/a>. San Agust\u00edn lo explica as\u00ed: \u00ab El hombre es fiel creyendo a Dios, que promete; Dios es fiel dando lo que promete al hombre \u00bb<a name=\"_ftnref9\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn9\"><span>[9]<\/span><\/a>.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>11. Un \u00faltimo aspecto de la historia de Abrah\u00e1n es importante para comprender su fe. La Palabra de Dios, aunque lleva consigo novedad y sorpresa, no es en absoluto ajena a la propia experiencia del patriarca. Abrah\u00e1n reconoce en esa voz que se le dirige una llamada profunda, inscrita desde siempre en su coraz\u00f3n. Dios asocia su promesa a aquel \u00ab lugar \u00bb en el que la existencia del hombre se manifiesta desde siempre prometedora: la paternidad, la generaci\u00f3n de una nueva vida: \u00ab Sara te va a dar un hijo; lo llamar\u00e1s Isaac \u00bb (<em>Gn<\/em> 17,19). El Dios que pide a Abrah\u00e1n que se f\u00ede totalmente de \u00e9l, se revela como la fuente de la que proviene toda vida. De esta forma, la fe se pone en relaci\u00f3n con la paternidad de Dios, de la que procede la creaci\u00f3n: el Dios que llama a Abrah\u00e1n es el Dios creador, que \u00ab llama a la existencia lo que no existe \u00bb (<em>Rm<\/em> 4,17), que \u00ab nos eligi\u00f3 antes de la fundaci\u00f3n del mundo\u2026 y nos ha destinado a ser sus hijos \u00bb (<em>Ef<\/em> 1,4-5). Para Abrah\u00e1n, la fe en Dios ilumina las ra\u00edces m\u00e1s profundas de su ser, le permite reconocer la fuente de bondad que hay en el origen de todas las cosas, y confirmar que su vida no procede de la nada o la casualidad, sino de una llamada y un amor personal. El Dios misterioso que lo ha llamado no es un Dios extra\u00f1o, sino aquel que es origen de todo y que todo lo sostiene. La gran prueba de la fe de Abrah\u00e1n, el sacrificio de su hijo Isaac, nos permite ver hasta qu\u00e9 punto este amor originario es capaz de garantizar la vida incluso despu\u00e9s de la muerte. La Palabra que ha sido capaz de suscitar un hijo con su cuerpo \u00ab medio muerto \u00bb y \u00ab en el seno est\u00e9ril \u00bb de Sara (cf.\u00a0<em>Rm<\/em> 4,19), ser\u00e1 tambi\u00e9n capaz de garantizar la promesa de un futuro m\u00e1s all\u00e1 de toda amenaza o peligro (cf.\u00a0<em>Hb<\/em> 11,19;\u00a0<em>Rm<\/em> 4,21).<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><strong><em><span>La fe de Israel<\/span><\/em><\/strong><span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>12. En el libro del \u00c9xodo, la historia del pueblo de Israel sigue la estela de la fe de Abrah\u00e1n. La fe nace de nuevo de un don originario: Israel se abre a la intervenci\u00f3n de Dios, que quiere librarlo de su miseria. La fe es la llamada a un largo camino para adorar al Se\u00f1or en el Sina\u00ed y heredar la tierra prometida. El amor divino se describe con los rasgos de un padre que lleva de la mano a su hijo por el camino (cf.\u00a0<em>Dt<\/em> 1,31). La confesi\u00f3n de fe de Israel se formula como narraci\u00f3n de los beneficios de Dios, de su intervenci\u00f3n para liberar y guiar al pueblo (cf.\u00a0<em>Dt<\/em> 26,5-11), narraci\u00f3n que el pueblo transmite de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n. Para Israel, la luz de Dios brilla a trav\u00e9s de la memoria de las obras realizadas por el Se\u00f1or, conmemoradas y confesadas en el culto, transmitidas de padres a hijos. Aprendemos as\u00ed que la luz de la fe est\u00e1 vinculada al relato concreto de la vida, al recuerdo agradecido de los beneficios de Dios y al cumplimiento progresivo de sus promesas. La arquitectura g\u00f3tica lo ha expresado muy bien: en las grandes catedrales, la luz llega del cielo a trav\u00e9s de las vidrieras en las que est\u00e1 representada la historia sagrada. La luz de Dios nos llega a trav\u00e9s de la narraci\u00f3n de su revelaci\u00f3n y, de este modo, puede iluminar nuestro camino en el tiempo, recordando los beneficios divinos, mostrando c\u00f3mo se cumplen sus promesas.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>13. Por otro lado, la historia de Israel tambi\u00e9n nos permite ver c\u00f3mo el pueblo ha ca\u00eddo tantas veces en la tentaci\u00f3n de la incredulidad. Aqu\u00ed, lo contrario de la fe se manifiesta como idolatr\u00eda. Mientras Mois\u00e9s habla con Dios en el Sina\u00ed, el pueblo no soporta el misterio del rostro oculto de Dios, no aguanta el tiempo de espera. La fe, por su propia naturaleza, requiere renunciar a la posesi\u00f3n inmediata que parece ofrecer la visi\u00f3n, es una invitaci\u00f3n a abrirse a la fuente de la luz, respetando el misterio propio de un Rostro, que quiere revelarse personalmente y en el momento oportuno. Martin Buber citaba esta definici\u00f3n de idolatr\u00eda del rabino de Kock: se da idolatr\u00eda cuando \u00ab un rostro se dirige reverentemente a un rostro que no es un rostro \u00bb<a name=\"_ftnref10\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn10\"><span>[10]<\/span><\/a>. En lugar de tener fe en Dios, se prefiere adorar al \u00eddolo, cuyo rostro se puede mirar, cuyo origen es conocido, porque lo hemos hecho nosotros. Ante el \u00eddolo, no hay riesgo de una llamada que haga salir de las propias seguridades, porque los \u00eddolos \u00ab tienen boca y no hablan \u00bb (<em>Sal<\/em> 115,5). Vemos entonces que el \u00eddolo es un pretexto para ponerse a s\u00ed mismo en el centro de la realidad, adorando la obra de las propias manos. Perdida la orientaci\u00f3n fundamental que da unidad a su existencia, el hombre se disgrega en la multiplicidad de sus deseos; neg\u00e1ndose a esperar el tiempo de la promesa, se desintegra en los m\u00faltiples instantes de su historia. Por eso, la idolatr\u00eda es siempre polite\u00edsta, ir sin meta alguna de un se\u00f1or a otro. La idolatr\u00eda no presenta un camino, sino una multitud de senderos, que no llevan a ninguna parte, y forman m\u00e1s bien un laberinto. Quien no quiere fiarse de Dios se ve obligado a escuchar las voces de tantos \u00eddolos que le gritan: \u00ab F\u00edate de m\u00ed \u00bb. La fe, en cuanto asociada a la conversi\u00f3n, es lo opuesto a la idolatr\u00eda; es separaci\u00f3n de los \u00eddolos para volver al Dios vivo, mediante un encuentro personal. Creer significa confiarse a un amor misericordioso, que siempre acoge y perdona, que sostiene y orienta la existencia, que se manifiesta poderoso en su capacidad de enderezar lo torcido de nuestra historia. La fe consiste en la disponibilidad para dejarse transformar una y otra vez por la llamada de Dios. He aqu\u00ed la paradoja: en el continuo volverse al Se\u00f1or, el hombre encuentra un camino seguro, que lo libera de la dispersi\u00f3n a que le someten los \u00eddolos.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>14. En la fe de Israel destaca tambi\u00e9n la figura de Mois\u00e9s, el mediador. El pueblo no puede ver el rostro de Dios; es Mois\u00e9s quien habla con YHWH en la monta\u00f1a y transmite a todos la voluntad del Se\u00f1or. Con esta presencia del mediador, Israel ha aprendido a caminar unido. El acto de fe individual se inserta en una comunidad, en el \u00ab nosotros \u00bb com\u00fan del pueblo que, en la fe, es como un solo hombre, \u00ab mi hijo primog\u00e9nito \u00bb, como llama Dios a Israel (<em>Ex<\/em> 4,22). La mediaci\u00f3n no representa aqu\u00ed un obst\u00e1culo, sino una apertura: en el encuentro con los dem\u00e1s, la mirada se extiende a una verdad m\u00e1s grande que nosotros mismos. J. J. Rousseau lamentaba no poder ver a Dios personalmente: \u00ab \u00a1Cu\u00e1ntos hombres entre Dios y yo! \u00bb<a name=\"_ftnref11\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn11\"><span>[11]<\/span><\/a>. \u00ab \u00bfEs tan simple y natural que Dios se haya dirigido a Mois\u00e9s para hablar a Jean Jacques Rousseau? \u00bb<a name=\"_ftnref12\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn12\"><span>[12]<\/span><\/a>. Desde una concepci\u00f3n individualista y limitada del conocimiento, no se puede entender el sentido de la mediaci\u00f3n, esa capacidad de participar en la visi\u00f3n del otro, ese saber compartido, que es el saber propio del amor. La fe es un don gratuito de Dios que exige la humildad y el valor de fiarse y confiarse, para poder ver el camino luminoso del encuentro entre Dios y los hombres, la historia de la salvaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><strong><em><span>La plenitud de la fe cristiana<\/span><\/em><\/strong><span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>15. \u00ab Abrah\u00e1n [\u2026] saltaba de gozo pensando ver mi d\u00eda; lo vio, y se llen\u00f3 de alegr\u00eda \u00bb (<em>Jn<\/em> 8,56). Seg\u00fan estas palabras de Jes\u00fas, la fe de Abrah\u00e1n estaba orientada ya a \u00e9l; en cierto sentido, era una visi\u00f3n anticipada de su misterio. As\u00ed lo entiende san Agust\u00edn, al afirmar que los patriarcas se salvaron por la fe, pero no la fe en el Cristo ya venido, sino la fe en el Cristo que hab\u00eda de venir, una fe en tensi\u00f3n hacia el acontecimiento futuro de Jes\u00fas<a name=\"_ftnref13\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn13\"><span>[13]<\/span><\/a>. La fe cristiana est\u00e1 centrada en Cristo, es confesar que Jes\u00fas es el Se\u00f1or, y Dios lo ha resucitado de entre los muertos (cf.\u00a0<em>Rm<\/em> 10,9). Todas las l\u00edneas del Antiguo Testamento convergen en Cristo; \u00e9l es el \u00ab s\u00ed \u00bb definitivo a todas las promesas, el fundamento de nuestro \u00ab am\u00e9n \u00bb \u00faltimo a Dios (cf.\u00a0<em>2 Co<\/em> 1,20). La historia de Jes\u00fas es la manifestaci\u00f3n plena de la fiabilidad de Dios. Si Israel recordaba las grandes muestras de amor de Dios, que constitu\u00edan el centro de su confesi\u00f3n y abr\u00edan la mirada de su fe, ahora la vida de Jes\u00fas se presenta como la intervenci\u00f3n definitiva de Dios, la manifestaci\u00f3n suprema de su amor por nosotros. La Palabra que Dios nos dirige en Jes\u00fas no es una m\u00e1s entre otras, sino su Palabra eterna (cf.\u00a0<em>Hb<\/em> 1,1-2). No hay garant\u00eda m\u00e1s grande que Dios nos pueda dar para asegurarnos su amor, como recuerda san Pablo (cf.\u00a0<em>Rm<\/em> 8,31-39). La fe cristiana es, por tanto, fe en el Amor pleno, en su poder eficaz, en su capacidad de transformar el mundo e iluminar el tiempo. \u00ab Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos cre\u00eddo en \u00e9l \u00bb (<em>1<\/em> <em>Jn<\/em> 4,16). La fe reconoce el amor de Dios manifestado en Jes\u00fas como el fundamento sobre el que se asienta la realidad y su destino \u00faltimo.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>16. La mayor prueba de la fiabilidad del amor de Cristo se encuentra en su muerte por los hombres. Si dar la vida por los amigos es la demostraci\u00f3n m\u00e1s grande de amor (cf.\u00a0<em>Jn<\/em> 15,13), Jes\u00fas ha ofrecido la suya por todos, tambi\u00e9n por los que eran sus enemigos, para transformar los corazones. Por eso, los evangelistas han situado en la hora de la cruz el momento culminante de la mirada de fe, porque en esa hora resplandece el amor divino en toda su altura y amplitud. San Juan introduce aqu\u00ed su solemne testimonio cuando, junto a la Madre de Jes\u00fas, contempla al que hab\u00edan atravesado (cf.\u00a0<em>Jn<\/em> 19,37): \u00ab El que lo vio da testimonio, su testimonio es verdadero, y \u00e9l sabe que dice la verdad, para que tambi\u00e9n vosotros cre\u00e1is \u00bb (<em>Jn<\/em> 19,35). F. M. Dostoievski, en su obra\u00a0<em>El idiota,<\/em>hace decir al protagonista, el pr\u00edncipe Myskin, a la vista del cuadro de Cristo muerto en el sepulcro, obra de Hans Holbein el Joven: \u00ab Un cuadro as\u00ed podr\u00eda incluso hacer perder la fe a alguno \u00bb<a name=\"_ftnref14\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn14\"><span>[14]<\/span><\/a>. En efecto, el cuadro representa con crudeza los efectos devastadores de la muerte en el cuerpo de Cristo. Y, sin embargo, precisamente en la contemplaci\u00f3n de la muerte de Jes\u00fas, la fe se refuerza y recibe una luz resplandeciente, cuando se revela como fe en su amor indefectible por nosotros, que es capaz de llegar hasta la muerte para salvarnos. En este amor, que no se ha sustra\u00eddo a la muerte para manifestar cu\u00e1nto me ama, es posible creer; su totalidad vence cualquier suspicacia y nos permite confiarnos plenamente en Cristo.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>17. Ahora bien, la muerte de Cristo manifiesta la total fiabilidad del amor de Dios a la luz de la resurrecci\u00f3n. En cuanto resucitado, Cristo es testigo fiable, digno de fe (cf.\u00a0<em>Ap<\/em> 1,5;\u00a0<em>Hb<\/em> 2,17), apoyo s\u00f3lido para nuestra fe. \u00ab Si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido \u00bb, dice san Pablo (<em>1 Co<\/em> 15,17). Si el amor del Padre no hubiese resucitado a Jes\u00fas de entre los muertos, si no hubiese podido devolver la vida a su cuerpo, no ser\u00eda un amor plenamente fiable, capaz de iluminar tambi\u00e9n las tinieblas de la muerte. Cuando san Pablo habla de su nueva vida en Cristo, se refiere a la \u00ab fe del Hijo de Dios, que me am\u00f3 y se entreg\u00f3 por m\u00ed \u00bb (<em>Ga<\/em> 2,20). Esta \u00ab fe del Hijo de Dios \u00bb es ciertamente la fe del Ap\u00f3stol de los gentiles en Jes\u00fas, pero supone la fiabilidad de Jes\u00fas, que se funda, s\u00ed, en su amor hasta la muerte, pero tambi\u00e9n en ser Hijo de Dios. Precisamente porque Jes\u00fas es el Hijo, porque est\u00e1 radicado de modo absoluto en el Padre, ha podido vencer a la muerte y hacer resplandecer plenamente la vida. Nuestra cultura ha perdido la percepci\u00f3n de esta presencia concreta de Dios, de su acci\u00f3n en el mundo. Pensamos que Dios s\u00f3lo se encuentra m\u00e1s all\u00e1, en otro nivel de realidad, separado de nuestras relaciones concretas. Pero si as\u00ed fuese, si Dios fuese incapaz de intervenir en el mundo, su amor no ser\u00eda verdaderamente poderoso, verdaderamente real, y no ser\u00eda entonces ni siquiera verdadero amor, capaz de cumplir esa felicidad que promete. En tal caso, creer o no creer en \u00e9l ser\u00eda totalmente indiferente. Los cristianos, en cambio, confiesan el amor concreto y eficaz de Dios, que obra verdaderamente en la historia y determina su destino final, amor que se deja encontrar, que se ha revelado en plenitud en la pasi\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>18. La plenitud a la que Jes\u00fas lleva a la fe tiene otro aspecto decisivo. Para la fe, Cristo no es s\u00f3lo aquel en quien creemos, la manifestaci\u00f3n m\u00e1xima del amor de Dios, sino tambi\u00e9n aquel con quien nos unimos para poder creer. La fe no s\u00f3lo mira a Jes\u00fas, sino que mira desde el punto de vista de Jes\u00fas, con sus ojos: es una participaci\u00f3n en su modo de ver. En muchos \u00e1mbitos de la vida confiamos en otras personas que conocen las cosas mejor que nosotros. Tenemos confianza en el arquitecto que nos construye la casa, en el farmac\u00e9utico que nos da la medicina para curarnos, en el abogado que nos defiende en el tribunal. Tenemos necesidad tambi\u00e9n de alguien que sea fiable y experto en las cosas de Dios. Jes\u00fas, su Hijo, se presenta como aquel que nos explica a Dios (cf.\u00a0<em>Jn<\/em> 1,18). La vida de Cristo \u2014su modo de conocer al Padre, de vivir totalmente en relaci\u00f3n con \u00e9l\u2014 abre un espacio nuevo a la experiencia humana, en el que podemos entrar. La importancia de la relaci\u00f3n personal con Jes\u00fas mediante la fe queda reflejada en los diversos usos que hace san Juan del verbo\u00a0<em>credere<\/em>. Junto a \u00ab creer que \u00bb es verdad lo que Jes\u00fas nos dice (cf.\u00a0<em>Jn<\/em> 14,10; 20,31), san Juan usa tambi\u00e9n las locuciones \u00ab creer a \u00bb Jes\u00fas y \u00ab creer en \u00bb Jes\u00fas. \u00ab Creemos a \u00bb Jes\u00fas cuando aceptamos su Palabra, su testimonio, porque \u00e9l es veraz (cf.\u00a0<em>Jn<\/em> 6,30). \u00ab Creemos en \u00bb Jes\u00fas cuando lo acogemos personalmente en nuestra vida y nos confiamos a \u00e9l, uni\u00e9ndonos a \u00e9l mediante el amor y sigui\u00e9ndolo a lo largo del camino (cf.\u00a0<em>Jn<\/em> 2,11; 6,47; 12,44).<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>Para que pudi\u00e9semos conocerlo, acogerlo y seguirlo, el Hijo de Dios ha asumido nuestra carne, y as\u00ed su visi\u00f3n del Padre se ha realizado tambi\u00e9n al modo humano, mediante un camino y un recorrido temporal. La fe cristiana es fe en la encarnaci\u00f3n del Verbo y en su resurrecci\u00f3n en la carne; es fe en un Dios que se ha hecho tan cercano, que ha entrado en nuestra historia. La fe en el Hijo de Dios hecho hombre en Jes\u00fas de Nazaret no nos separa de la realidad, sino que nos permite captar su significado profundo, descubrir cu\u00e1nto ama Dios a este mundo y c\u00f3mo lo orienta incesantemente hac\u00eda s\u00ed; y esto lleva al cristiano a comprometerse, a vivir con mayor intensidad todav\u00eda el camino sobre la tierra.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><strong><em><span>La salvaci\u00f3n mediante la fe<\/span><\/em><\/strong><span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>19. A partir de esta participaci\u00f3n en el modo de ver de Jes\u00fas, el ap\u00f3stol Pablo nos ha dejado en sus escritos una descripci\u00f3n de la existencia creyente. El que cree, aceptando el don de la fe, es transformado en una creatura nueva, recibe un nuevo ser, un ser filial que se hace hijo en el Hijo. \u00ab Abb\u00e1, Padre \u00bb, es la palabra m\u00e1s caracter\u00edstica de la experiencia de Jes\u00fas, que se convierte en el n\u00facleo de la experiencia cristiana (cf.\u00a0<em>Rm<\/em> 8,15). La vida en la fe, en cuanto existencia filial, consiste en reconocer el don originario y radical, que est\u00e1 a la base de la existencia del hombre, y puede resumirse en la frase de san Pablo a los Corintios: \u00ab \u00bfTienes algo que no hayas recibido? \u00bb (<em>1 Co<\/em> 4,7). Precisamente en este punto se sit\u00faa el coraz\u00f3n de la pol\u00e9mica de san Pablo con los fariseos, la discusi\u00f3n sobre la salvaci\u00f3n mediante la fe o mediante las obras de la ley. Lo que san Pablo rechaza es la actitud de quien pretende justificarse a s\u00ed mismo ante Dios mediante sus propias obras. \u00c9ste, aunque obedezca a los mandamientos, aunque haga obras buenas, se pone a s\u00ed mismo en el centro, y no reconoce que el origen de la bondad es Dios. Quien obra as\u00ed, quien quiere ser fuente de su propia justicia, ve c\u00f3mo pronto se le agota y se da cuenta de que ni siquiera puede mantenerse fiel a la ley. Se cierra, aisl\u00e1ndose del Se\u00f1or y de los otros, y por eso mismo su vida se vuelve vana, sus obras est\u00e9riles, como \u00e1rbol lejos del agua. San Agust\u00edn lo expresa as\u00ed con su lenguaje conciso y eficaz: \u00ab\u00a0<em>Ab eo qui fecit te noli deficere nec ad te<\/em> \u00bb, de aquel que te ha hecho, no te alejes ni siquiera para ir a ti<a name=\"_ftnref15\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn15\"><span>[15]<\/span><\/a>. Cuando el hombre piensa que, alej\u00e1ndose de Dios, se encontrar\u00e1 a s\u00ed mismo, su existencia fracasa (cf.\u00a0<em>Lc<\/em> 15,11-24). La salvaci\u00f3n comienza con la apertura a algo que nos precede, a un don originario que afirma la vida y protege la existencia. S\u00f3lo abri\u00e9ndonos a este origen y reconoci\u00e9ndolo, es posible ser transformados, dejando que la salvaci\u00f3n obre en nosotros y haga fecunda la vida, llena de buenos frutos. La salvaci\u00f3n mediante la fe consiste en reconocer el primado del don de Dios, como bien resume san Pablo: \u00ab En efecto, por gracia est\u00e1is salvados, mediante la fe. Y esto no viene de vosotros: es don de Dios \u00bb (<em>Ef<\/em> 2,8s).<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>20. La nueva l\u00f3gica de la fe est\u00e1 centrada en Cristo. La fe en Cristo nos salva porque en \u00e9l la vida se abre radicalmente a un Amor que nos precede y nos transforma desde dentro, que obra en nosotros y con nosotros. As\u00ed aparece con claridad en la ex\u00e9gesis que el Ap\u00f3stol de los gentiles hace de un texto del Deuteronomio, interpretaci\u00f3n que se inserta en la din\u00e1mica m\u00e1s profunda del Antiguo Testamento. Mois\u00e9s dice al pueblo que el mandamiento de Dios no es demasiado alto ni est\u00e1 demasiado alejado del hombre. No se debe decir: \u00ab \u00bfQui\u00e9n de nosotros subir\u00e1 al cielo y nos lo traer\u00e1? \u00bb o \u00ab \u00bfQui\u00e9n de nosotros cruzar\u00e1 el mar y nos lo traer\u00e1? \u00bb (cf.\u00a0<em>Dt<\/em>30,11-14). Pablo interpreta esta cercan\u00eda de la palabra de Dios como referida a la presencia de Cristo en el cristiano: \u00ab No digas en tu coraz\u00f3n: \u201c\u00bfQui\u00e9n subir\u00e1 al cielo?\u201d, es decir, para hacer bajar a Cristo. O \u201c\u00bfqui\u00e9n bajar\u00e1 al abismo?\u201d, es decir, para hacer subir a Cristo de entre los muertos \u00bb (<em>Rm<\/em> 10,6-7). Cristo ha bajado a la tierra y ha resucitado de entre los muertos; con su encarnaci\u00f3n y resurrecci\u00f3n, el Hijo de Dios ha abrazado todo el camino del hombre y habita en nuestros corazones mediante el Esp\u00edritu santo. La fe sabe que Dios se ha hecho muy cercano a nosotros, que Cristo se nos ha dado como un gran don que nos transforma interiormente, que habita en nosotros, y as\u00ed nos da la luz que ilumina el origen y el final de la vida, el arco completo del camino humano.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>21. As\u00ed podemos entender la novedad que aporta la fe. El creyente es transformado por el Amor, al que se abre por la fe, y al abrirse a este Amor que se le ofrece, su existencia se dilata m\u00e1s all\u00e1 de s\u00ed mismo. Por eso, san Pablo puede afirmar: \u00ab No soy yo el que vive, es Cristo quien vive en m\u00ed \u00bb (<em>Ga<\/em> 2,20), y exhortar: \u00ab Que Cristo habite por la fe en vuestros corazones \u00bb (<em>Ef<\/em> 3,17). En la fe, el \u00ab yo \u00bb del creyente se ensancha para ser habitado por Otro, para vivir en Otro, y as\u00ed su vida se hace m\u00e1s grande en el Amor. En esto consiste la acci\u00f3n propia del Esp\u00edritu Santo. El cristiano puede tener los ojos de Jes\u00fas, sus sentimientos, su condici\u00f3n filial, porque se le hace part\u00edcipe de su Amor, que es el Esp\u00edritu. Y en este Amor se recibe en cierto modo la visi\u00f3n propia de Jes\u00fas. Sin esta conformaci\u00f3n en el Amor, sin la presencia del Esp\u00edritu que lo infunde en nuestros corazones (cf.\u00a0<em>Rm<\/em> 5,5), es imposible confesar a Jes\u00fas como Se\u00f1or (cf.\u00a0<em>1 Co<\/em> 12,3).<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><strong><em><span>La forma eclesial de la fe<\/span><\/em><\/strong><span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>22. De este modo, la existencia creyente se convierte en existencia eclesial. Cuando san Pablo habla a los cristianos de Roma de que todos los creyentes forman un solo cuerpo en Cristo, les pide que no sean orgullosos, sino que se estimen \u00ab seg\u00fan la medida de la fe que Dios otorg\u00f3 a cada cual \u00bb (<em>Rm<\/em> 12,3). El creyente aprende a verse a s\u00ed mismo a partir de la fe que profesa: la figura de Cristo es el espejo en el que descubre su propia imagen realizada. Y como Cristo abraza en s\u00ed a todos los creyentes, que forman su cuerpo, el cristiano se comprende a s\u00ed mismo dentro de este cuerpo, en relaci\u00f3n originaria con Cristo y con los hermanos en la fe. La imagen del cuerpo no pretende reducir al creyente a una simple parte de un todo an\u00f3nimo, a mera pieza de un gran engranaje, sino que subraya m\u00e1s bien la uni\u00f3n vital de Cristo con los creyentes y de todos los creyentes entre s\u00ed (cf.\u00a0<em>Rm<\/em> 12,4-5). Los cristianos son \u00ab uno \u00bb (cf.\u00a0<em>Ga<\/em> 3,28), sin perder su individualidad, y en el servicio a los dem\u00e1s cada uno alcanza hasta el fondo su propio ser. Se entiende entonces por qu\u00e9 fuera de este cuerpo, de esta unidad de la Iglesia en Cristo, de esta Iglesia que \u2014seg\u00fan la expresi\u00f3n de Romano Guardini\u2014 \u00ab es la portadora hist\u00f3rica de la visi\u00f3n integral de Cristo sobre el mundo \u00bb<a name=\"_ftnref16\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn16\"><span>[16]<\/span><\/a>, la fe pierde su \u00ab medida \u00bb, ya no encuentra su equilibrio, el espacio necesario para sostenerse. La fe tiene una configuraci\u00f3n necesariamente eclesial, se confiesa dentro del cuerpo de Cristo, como comuni\u00f3n real de los creyentes. Desde este \u00e1mbito eclesial, abre al cristiano individual a todos los hombres. La palabra de Cristo, una vez escuchada y por su propio dinamismo, en el cristiano se transforma en respuesta, y se convierte en palabra pronunciada, en confesi\u00f3n de fe. Como dice san Pablo: \u00ab Con el coraz\u00f3n se cree [\u2026], y con los labios se profesa \u00bb (<em>Rm<\/em> 10,10). La fe no es algo privado, una concepci\u00f3n individualista, una opini\u00f3n subjetiva, sino que nace de la escucha y est\u00e1 destinada a pronunciarse y a convertirse en anuncio. En efecto, \u00ab \u00bfc\u00f3mo creer\u00e1n en aquel de quien no han o\u00eddo hablar? \u00bfC\u00f3mo oir\u00e1n hablar de \u00e9l sin nadie que anuncie? \u00bb (<em>Rm<\/em> 10,14). La fe se hace entonces operante en el cristiano a partir del don recibido, del Amor que atrae hacia Cristo (cf.\u00a0<em>Ga<\/em> 5,6), y le hace part\u00edcipe del camino de la Iglesia, peregrina en la historia hasta su cumplimiento. Quien ha sido transformado de este modo adquiere una nueva forma de ver, la fe se convierte en luz para sus ojos.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span> <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"center\"><strong><span>CAP\u00cdTULO SEGUNDO<br \/>\nSI NO CRE\u00c9IS, NO COMPRENDER\u00c9IS<br \/>\n(cf.\u00a0<em>Is<\/em> 7,9)<\/span><\/strong><span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><strong><em><span>Fe y verdad<\/span><\/em><\/strong><span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>23. Si no cre\u00e9is, no comprender\u00e9is (cf.\u00a0<em>Is<\/em> 7,9). La versi\u00f3n griega de la Biblia hebrea, la traducci\u00f3n de los Setenta realizada en Alejandr\u00eda de Egipto, traduce as\u00ed las palabras del profeta Isa\u00edas al rey Acaz. De este modo, la cuesti\u00f3n del conocimiento de la verdad se colocaba en el centro de la fe. Pero en el texto hebreo leemos de modo diferente. Aqu\u00ed, el profeta dice al rey: \u00ab Si no cre\u00e9is, no subsistir\u00e9is \u00bb. Se trata de un juego de palabras con dos formas del verbo\u00a0<em>\u2019am\u00e1n<\/em>: \u00ab cre\u00e9is \u00bb (<em>ta\u2019aminu<\/em>), y \u00ab subsistir\u00e9is \u00bb (<em>te\u2019amenu<\/em>). Amedrentado por la fuerza de sus enemigos, el rey busca la seguridad de una alianza con el gran imperio de Asiria. El profeta le invita entonces a fiarse \u00fanicamente de la verdadera roca que no vacila, del Dios de Israel. Puesto que Dios es fiable, es razonable tener fe en \u00e9l, cimentar la propia seguridad sobre su Palabra. Es este el Dios al que Isa\u00edas llamar\u00e1 m\u00e1s adelante dos veces \u00ab el Dios del Am\u00e9n \u00bb (<em>Is<\/em> 65,16), fundamento indestructible de fidelidad a la alianza. Se podr\u00eda pensar que la versi\u00f3n griega de la Biblia, al traducir \u00ab subsistir \u00bb por \u00ab comprender \u00bb, ha hecho un cambio profundo del sentido del texto, pasando de la noci\u00f3n b\u00edblica de confianza en Dios a la griega de comprensi\u00f3n. Sin embargo, esta traducci\u00f3n, que aceptaba ciertamente el di\u00e1logo con la cultura helenista, no es ajena a la din\u00e1mica profunda del texto hebreo. En efecto, la subsistencia que Isa\u00edas promete al rey pasa por la comprensi\u00f3n de la acci\u00f3n de Dios y de la unidad que \u00e9l confiere a la vida del hombre y a la historia del pueblo. El profeta invita a comprender las v\u00edas del Se\u00f1or, descubriendo en la fidelidad de Dios el plan de sabidur\u00eda que gobierna los siglos. San Agust\u00edn ha hecho una s\u00edntesis de \u00ab comprender \u00bb y \u00ab subsistir \u00bb en sus\u00a0<em>Confesiones,<\/em>cuando habla de fiarse de la verdad para mantenerse en pie: \u00ab Me estabilizar\u00e9 y consolidar\u00e9 en ti [\u2026], en tu verdad \u00bb<a name=\"_ftnref17\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn17\"><span>[17]<\/span><\/a>. Por el contexto sabemos que san Agust\u00edn quiere mostrar c\u00f3mo esta verdad fidedigna de Dios, seg\u00fan aparece en la Biblia, es su presencia fiel a lo largo de la historia, su capacidad de mantener unidos los tiempos, recogiendo la dispersi\u00f3n de los d\u00edas del hombre<a name=\"_ftnref18\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn18\"><span>[18]<\/span><\/a>.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>24. Le\u00eddo a esta luz, el texto de Isa\u00edas lleva a una conclusi\u00f3n: el hombre tiene necesidad de conocimiento, tiene necesidad de verdad, porque sin ella no puede subsistir, no va adelante. La fe, sin verdad, no salva, no da seguridad a nuestros pasos. Se queda en una bella f\u00e1bula, proyecci\u00f3n de nuestros deseos de felicidad, algo que nos satisface \u00fanicamente en la medida en que queramos hacernos una ilusi\u00f3n. O bien se reduce a un sentimiento hermoso, que consuela y entusiasma, pero dependiendo de los cambios en nuestro estado de \u00e1nimo o de la situaci\u00f3n de los tiempos, e incapaz de dar continuidad al camino de la vida. Si la fe fuese eso, el rey Acaz tendr\u00eda raz\u00f3n en no jugarse su vida y la integridad de su reino por una emoci\u00f3n. En cambio, gracias a su uni\u00f3n intr\u00ednseca con la verdad, la fe es capaz de ofrecer una luz nueva, superior a los c\u00e1lculos del rey, porque ve m\u00e1s all\u00e1, porque comprende la actuaci\u00f3n de Dios, que es fiel a su alianza y a sus promesas.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>25. Recuperar la conexi\u00f3n de la fe con la verdad es hoy aun m\u00e1s necesario, precisamente por la crisis de verdad en que nos encontramos. En la cultura contempor\u00e1nea se tiende a menudo a aceptar como verdad s\u00f3lo la verdad tecnol\u00f3gica: es verdad aquello que el hombre consigue construir y medir con su ciencia; es verdad porque funciona y as\u00ed hace m\u00e1s c\u00f3moda y f\u00e1cil la vida. Hoy parece que \u00e9sta es la \u00fanica verdad cierta, la \u00fanica que se puede compartir con otros, la \u00fanica sobre la que es posible debatir y comprometerse juntos. Por otra parte, estar\u00edan despu\u00e9s las verdades del individuo, que consisten en la autenticidad con lo que cada uno siente dentro de s\u00ed, v\u00e1lidas s\u00f3lo para uno mismo, y que no se pueden proponer a los dem\u00e1s con la pretensi\u00f3n de contribuir al bien com\u00fan. La verdad grande, la verdad que explica la vida personal y social en su conjunto, es vista con sospecha. \u00bfNo ha sido esa verdad \u2014se preguntan\u2014 la que han pretendido los grandes totalitarismos del siglo pasado, una verdad que impon\u00eda su propia concepci\u00f3n global para aplastar la historia concreta del individuo? As\u00ed, queda s\u00f3lo un relativismo en el que la cuesti\u00f3n de la verdad completa, que es en el fondo la cuesti\u00f3n de Dios, ya no interesa. En esta perspectiva, es l\u00f3gico que se pretenda deshacer la conexi\u00f3n de la religi\u00f3n con la verdad, porque este nexo estar\u00eda en la ra\u00edz del fanatismo, que intenta arrollar a quien no comparte las propias creencias. A este respecto, podemos hablar de un gran olvido en nuestro mundo contempor\u00e1neo. En efecto, la pregunta por la verdad es una cuesti\u00f3n de memoria, de memoria profunda, pues se dirige a algo que nos precede y, de este modo, puede conseguir unirnos m\u00e1s all\u00e1 de nuestro \u00ab yo \u00bb peque\u00f1o y limitado. Es la pregunta sobre el origen de todo, a cuya luz se puede ver la meta y, con eso, tambi\u00e9n el sentido del camino com\u00fan.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><strong><em><span>Amor y conocimiento de la verdad<\/span><\/em><\/strong><span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>26. En esta situaci\u00f3n, \u00bfpuede la fe cristiana ofrecer un servicio al bien com\u00fan indicando el modo justo de entender la verdad? Para responder, es necesario reflexionar sobre el tipo de conocimiento propio de la fe. Puede ayudarnos una expresi\u00f3n de san Pablo, cuando afirma: \u00ab Con el coraz\u00f3n se cree \u00bb (<em>Rm<\/em> 10,10). En la Biblia el coraz\u00f3n es el centro del hombre, donde se entrelazan todas sus dimensiones: el cuerpo y el esp\u00edritu, la interioridad de la persona y su apertura al mundo y a los otros, el entendimiento, la voluntad, la afectividad. Pues bien, si el coraz\u00f3n es capaz de mantener unidas estas dimensiones es porque en \u00e9l es donde nos abrimos a la verdad y al amor, y dejamos que nos toquen y nos transformen en lo m\u00e1s hondo. La fe transforma toda la persona, precisamente porque la fe se abre al amor. Esta interacci\u00f3n de la fe con el amor nos permite comprender el tipo de conocimiento propio de la fe, su fuerza de convicci\u00f3n, su capacidad de iluminar nuestros pasos. La fe conoce por estar vinculada al amor, en cuanto el mismo amor trae una luz. La comprensi\u00f3n de la fe es la que nace cuando recibimos el gran amor de Dios que nos transforma interiormente y nos da ojos nuevos para ver la realidad.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>27. Es conocida la manera en que el fil\u00f3sofo Ludwig Wittgenstein explica la conexi\u00f3n entre fe y certeza. Seg\u00fan \u00e9l, creer ser\u00eda algo parecido a una experiencia de enamoramiento, entendida como algo subjetivo, que no se puede proponer como verdad v\u00e1lida para todos<a name=\"_ftnref19\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn19\"><span>[19]<\/span><\/a>. En efecto, el hombre moderno cree que la cuesti\u00f3n del amor tiene poco que ver con la verdad. El amor se concibe hoy como una experiencia que pertenece al mundo de los sentimientos volubles y no a la verdad.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>Pero esta descripci\u00f3n del amor \u00bfes verdaderamente adecuada? En realidad, el amor no se puede reducir a un sentimiento que va y viene. Tiene que ver ciertamente con nuestra afectividad, pero para abrirla a la persona amada e iniciar un camino, que consiste en salir del aislamiento del propio yo para encaminarse hacia la otra persona, para construir una relaci\u00f3n duradera; el amor tiende a la uni\u00f3n con la persona amada. Y as\u00ed se puede ver en qu\u00e9 sentido el amor tiene necesidad de verdad. S\u00f3lo en cuanto est\u00e1 fundado en la verdad, el amor puede perdurar en el tiempo, superar la fugacidad del instante y permanecer firme para dar consistencia a un camino en com\u00fan. Si el amor no tiene que ver con la verdad, est\u00e1 sujeto al vaiv\u00e9n de los sentimientos y no supera la prueba del tiempo. El amor verdadero, en cambio, unifica todos los elementos de la persona y se convierte en una luz nueva hacia una vida grande y plena. Sin verdad, el amor no puede ofrecer un v\u00ednculo s\u00f3lido, no consigue llevar al \u00ab yo \u00bb m\u00e1s all\u00e1 de su aislamiento, ni librarlo de la fugacidad del instante para edificar la vida y dar fruto.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>Si el amor necesita la verdad, tambi\u00e9n la verdad tiene necesidad del amor. Amor y verdad no se pueden separar. Sin amor, la verdad se vuelve fr\u00eda, impersonal, opresiva para la vida concreta de la persona. La verdad que buscamos, la que da sentido a nuestros pasos, nos ilumina cuando el amor nos toca. Quien ama comprende que el amor es experiencia de verdad, que \u00e9l mismo abre nuestros ojos para ver toda la realidad de modo nuevo, en uni\u00f3n con la persona amada. En este sentido, san Gregorio Magno ha escrito que \u00ab\u00a0<em>amor ipse notitia est<\/em> \u00bb, el amor mismo es un conocimiento, lleva consigo una l\u00f3gica nueva<a name=\"_ftnref20\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn20\"><span>[20]<\/span><\/a>. Se trata de un modo relacional de ver el mundo, que se convierte en conocimiento compartido, visi\u00f3n en la visi\u00f3n de otro o visi\u00f3n com\u00fan de todas las cosas. Guillermo de Saint Thierry, en la Edad Media, sigue esta tradici\u00f3n cuando comenta el vers\u00edculo del Cantar de los Cantares en el que el amado dice a la amada: \u00ab Palomas son tus ojos \u00bb (Ct 1,15)<a name=\"_ftnref21\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn21\"><span>[21]<\/span><\/a>. Estos dos ojos, explica Guillermo, son la raz\u00f3n creyente y el amor, que se hacen uno solo para llegar a contemplar a Dios, cuando el entendimiento se hace \u00ab entendimiento de un amor iluminado \u00bb<a name=\"_ftnref22\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn22\"><span>[20]<\/span><\/a>.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>28. Una expresi\u00f3n eminente de este descubrimiento del amor como fuente de conocimiento, que forma parte de la experiencia originaria de todo hombre, se encuentra en la concepci\u00f3n b\u00edblica de la fe. Saboreando el amor con el que Dios lo ha elegido y lo ha engendrado como pueblo, Israel llega a comprender la unidad del designio divino, desde su origen hasta su cumplimiento. El conocimiento de la fe, por nacer del amor de Dios que establece la alianza, ilumina un camino en la historia. Por eso, en la Biblia, verdad y fidelidad van unidas, y el Dios verdadero es el Dios fiel, aquel que mantiene sus promesas y permite comprender su designio a lo largo del tiempo. Mediante la experiencia de los profetas, en el sufrimiento del exilio y en la esperanza de un regreso definitivo a la ciudad santa, Israel ha intuido que esta verdad de Dios se extend\u00eda m\u00e1s all\u00e1 de la propia historia, para abarcar toda la historia del mundo, ya desde la creaci\u00f3n. El conocimiento de la fe ilumina no s\u00f3lo el camino particular de un pueblo, sino el decurso completo del mundo creado, desde su origen hasta su consumaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><strong><em><span>La fe como escucha y visi\u00f3n<\/span><\/em><\/strong><span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>29. Precisamente porque el conocimiento de la fe est\u00e1 ligado a la alianza de un Dios fiel, que establece una relaci\u00f3n de amor con el hombre y le dirige la Palabra, es presentado por la Biblia como escucha, y es asociado al sentido del o\u00eddo. San Pablo utiliza una f\u00f3rmula que se ha hecho cl\u00e1sica:\u00a0<em>fides ex auditu,<\/em> \u00ab la fe nace del mensaje que se escucha \u00bb (<em>Rm<\/em> 10,17). El conocimiento asociado a la palabra es siempre personal: reconoce la voz, la acoge en libertad y la sigue en obediencia. Por eso san Pablo habla de la \u00ab obediencia de la fe \u00bb (cf.\u00a0<em>Rm<\/em>1,5; 16,26)<a name=\"_ftnref23\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn23\"><span>[23]<\/span><\/a>. La fe es, adem\u00e1s, un conocimiento vinculado al transcurrir del tiempo, necesario para que la palabra se pronuncie: es un conocimiento que se aprende s\u00f3lo en un camino de seguimiento. La escucha ayuda a representar bien el nexo entre conocimiento y amor.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>Por lo que se refiere al conocimiento de la verdad, la escucha se ha contrapuesto a veces a la visi\u00f3n, que ser\u00eda m\u00e1s propia de la cultura griega. La luz, si por una parte posibilita la contemplaci\u00f3n de la totalidad, a la que el hombre siempre ha aspirado, por otra parece quitar espacio a la libertad, porque desciende del cielo y llega directamente a los ojos, sin esperar a que el ojo responda. Adem\u00e1s, ser\u00eda como una invitaci\u00f3n a una contemplaci\u00f3n ext\u00e1tica, separada del tiempo concreto en que el hombre goza y padece. Seg\u00fan esta perspectiva, el acercamiento b\u00edblico al conocimiento estar\u00eda opuesto al griego, que buscando una comprensi\u00f3n completa de la realidad, ha vinculado el conocimiento a la visi\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>Sin embargo, esta supuesta oposici\u00f3n no se corresponde con el dato b\u00edblico. El Antiguo Testamento ha combinado ambos tipos de conocimiento, puesto que a la escucha de la Palabra de Dios se une el deseo de ver su rostro. De este modo, se pudo entrar en di\u00e1logo con la cultura helen\u00edstica, di\u00e1logo que pertenece al coraz\u00f3n de la Escritura. El o\u00eddo posibilita la llamada personal y la obediencia, y tambi\u00e9n, que la verdad se revele en el tiempo; la vista aporta la visi\u00f3n completa de todo el recorrido y nos permite situarnos en el gran proyecto de Dios; sin esa visi\u00f3n, tendr\u00edamos solamente fragmentos aislados de un todo desconocido.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>30. La conexi\u00f3n entre el ver y el escuchar, como \u00f3rganos de conocimiento de la fe, aparece con toda claridad en el Evangelio de san Juan. Para el cuarto Evangelio, creer es escuchar y, al mismo tiempo, ver. La escucha de la fe tiene las mismas caracter\u00edsticas que el conocimiento propio del amor: es una escucha personal, que distingue la voz y reconoce la del Buen Pastor (cf.\u00a0<em>Jn<\/em> 10,3-5); una escucha que requiere seguimiento, como en el caso de los primeros disc\u00edpulos, que \u00ab oyeron sus palabras y siguieron a Jes\u00fas \u00bb (<em>Jn<\/em> 1,37). Por otra parte, la fe est\u00e1 unida tambi\u00e9n a la visi\u00f3n. A veces, la visi\u00f3n de los signos de Jes\u00fas precede a la fe, como en el caso de aquellos jud\u00edos que, tras la resurrecci\u00f3n de L\u00e1zaro, \u00ab al ver lo que hab\u00eda hecho Jes\u00fas, creyeron en \u00e9l \u00bb (<em>Jn<\/em> 11,45). Otras veces, la fe lleva a una visi\u00f3n m\u00e1s profunda: \u00ab Si crees, ver\u00e1s la gloria de Dios \u00bb (<em>Jn<\/em> 11,40). Al final, creer y ver est\u00e1n entrelazados: \u00ab El que cree en m\u00ed [\u2026] cree en el que me ha enviado. Y el que me ve a m\u00ed, ve al que me ha enviado \u00bb (<em>Jn<\/em> 12,44-45). Gracias a la uni\u00f3n con la escucha, el ver tambi\u00e9n forma parte del seguimiento de Jes\u00fas, y la fe se presenta como un camino de la mirada, en el que los ojos se acostumbran a ver en profundidad. As\u00ed, en la ma\u00f1ana de Pascua, se pasa de Juan que, todav\u00eda en la oscuridad, ante el sepulcro vac\u00edo, \u00ab vio y crey\u00f3 \u00bb (<em>Jn<\/em>20,8), a Mar\u00eda Magdalena que ve, ahora s\u00ed, a Jes\u00fas (cf.\u00a0<em>Jn<\/em> 20,14) y quiere retenerlo, pero se le pide que lo contemple en su camino hacia el Padre, hasta llegar a la plena confesi\u00f3n de la misma Magdalena ante los disc\u00edpulos: \u00ab He visto al Se\u00f1or \u00bb (<em>Jn<\/em> 20,18).<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>\u00bfC\u00f3mo se llega a esta s\u00edntesis entre el o\u00edr y el ver? Lo hace posible la persona concreta de Jes\u00fas, que se puede ver y o\u00edr. \u00c9l es la Palabra hecha carne, cuya gloria hemos contemplado (cf.\u00a0<em>Jn<\/em> 1,14). La luz de la fe es la de un Rostro en el que se ve al Padre. En efecto, en el cuarto Evangelio, la verdad que percibe la fe es la manifestaci\u00f3n del Padre en el Hijo, en su carne y en sus obras terrenas, verdad que se puede definir como la \u00ab vida luminosa \u00bb de Jes\u00fas<a name=\"_ftnref24\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn24\"><span>[24]<\/span><\/a>. Esto significa que el conocimiento de la fe no invita a mirar una verdad puramente interior. La verdad que la fe nos desvela est\u00e1 centrada en el encuentro con Cristo, en la contemplaci\u00f3n de su vida, en la percepci\u00f3n de su presencia. En este sentido, santo Tom\u00e1s de Aquino habla de la\u00a0<em>oculata fides<\/em> de los Ap\u00f3stoles \u2014la fe que ve\u2014 ante la visi\u00f3n corp\u00f3rea del Resucitado<a name=\"_ftnref25\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn25\"><span>[25]<\/span><\/a>. Vieron a Jes\u00fas resucitado con sus propios ojos y creyeron, es decir, pudieron penetrar en la profundidad de aquello que ve\u00edan para confesar al Hijo de Dios, sentado a la derecha del Padre.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>31. Solamente as\u00ed, mediante la encarnaci\u00f3n, compartiendo nuestra humanidad, el conocimiento propio del amor pod\u00eda llegar a plenitud. En efecto, la luz del amor se enciende cuando somos tocados en el coraz\u00f3n, acogiendo la presencia interior del amado, que nos permite reconocer su misterio. Entendemos entonces por qu\u00e9, para san Juan, junto al ver y escuchar, la fe es tambi\u00e9n un tocar, como afirma en su primera Carta: \u00ab Lo que hemos o\u00eddo, lo que hemos visto con nuestros propios ojos [\u2026] y palparon nuestras manos acerca del Verbo de la vida \u00bb (1\u00a0<em>Jn<\/em> 1,1). Con su encarnaci\u00f3n, con su venida entre nosotros, Jes\u00fas nos ha tocado y, a trav\u00e9s de los sacramentos, tambi\u00e9n hoy nos toca; de este modo, transformando nuestro coraz\u00f3n, nos ha permitido y nos sigue permitiendo reconocerlo y confesarlo como Hijo de Dios. Con la fe, nosotros podemos tocarlo, y recibir la fuerza de su gracia. San Agust\u00edn, comentando el pasaje de la hemorro\u00edsa que toca a Jes\u00fas para curarse (cf.\u00a0<em>Lc<\/em>8,45-46), afirma: \u00ab Tocar con el coraz\u00f3n, esto es creer \u00bb<a name=\"_ftnref26\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn26\"><span>[26]<\/span><\/a>. Tambi\u00e9n la multitud se agolpa en torno a \u00e9l, pero no lo roza con el toque personal de la fe, que reconoce su misterio, el misterio del Hijo que manifiesta al Padre. Cuando estamos configurados con Jes\u00fas, recibimos ojos adecuados para verlo.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><strong><em><span>Di\u00e1logo entre fe y raz\u00f3n<\/span><\/em><\/strong><span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>32. La fe cristiana, en cuanto anuncia la verdad del amor total de Dios y abre a la fuerza de este amor, llega al centro m\u00e1s profundo de la experiencia del hombre, que viene a la luz gracias al amor, y est\u00e1 llamado a amar para permanecer en la luz. Con el deseo de iluminar toda la realidad a partir del amor de Dios manifestado en Jes\u00fas, e intentando amar con ese mismo amor, los primeros cristianos encontraron en el mundo griego, en su af\u00e1n de verdad, un referente adecuado para el di\u00e1logo. El encuentro del mensaje evang\u00e9lico con el pensamiento filos\u00f3fico de la antig\u00fcedad fue un momento decisivo para que el Evangelio llegase a todos los pueblos, y favoreci\u00f3 una fecunda interacci\u00f3n entre la fe y la raz\u00f3n, que se ha ido desarrollando a lo largo de los siglos hasta nuestros d\u00edas. El beato Juan Pablo II, en su Carta enc\u00edclica\u00a0<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091998_fides-et-ratio_sp.html\"><span>Fides et ratio<\/span><\/a><\/em>, ha mostrado c\u00f3mo la fe y la raz\u00f3n se refuerzan mutuamente<a name=\"_ftnref27\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn27\"><span>[27]<\/span><\/a>. Cuando encontramos la luz plena del amor de Jes\u00fas, nos damos cuenta de que en cualquier amor nuestro hay ya un tenue reflejo de aquella luz y percibimos cu\u00e1l es su meta \u00faltima. Y, al mismo tiempo, el hecho de que en nuestros amores haya una luz nos ayuda a ver el camino del amor hasta la donaci\u00f3n plena y total del Hijo de Dios por nosotros. En este movimiento circular, la luz de la fe ilumina todas nuestras relaciones humanas, que pueden ser vividas en uni\u00f3n con el amor y la ternura de Cristo.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>33. En la vida de san Agust\u00edn encontramos un ejemplo significativo de este camino en el que la b\u00fasqueda de la raz\u00f3n, con su deseo de verdad y claridad, se ha integrado en el horizonte de la fe, del que ha recibido una nueva inteligencia. Por una parte, san Agust\u00edn acepta la filosof\u00eda griega de la luz con su insistencia en la visi\u00f3n. Su encuentro con el neoplatonismo le hab\u00eda permitido conocer el paradigma de la luz, que desciende de lo alto para iluminar las cosas, y constituye as\u00ed un s\u00edmbolo de Dios. De este modo, san Agust\u00edn comprendi\u00f3 la trascendencia divina, y descubri\u00f3 que todas las cosas tienen en s\u00ed una transparencia que pueden reflejar la bondad de Dios, el Bien. As\u00ed se desprendi\u00f3 del manique\u00edsmo en que estaba instalado y que le llevaba a pensar que el mal y el bien luchan continuamente entre s\u00ed, confundi\u00e9ndose y mezcl\u00e1ndose sin contornos claros. Comprender que Dios es luz dio a su existencia una nueva orientaci\u00f3n, le permiti\u00f3 reconocer el mal que hab\u00eda cometido y volverse al bien.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>Por otra parte, en la experiencia concreta de san Agust\u00edn, tal como \u00e9l mismo cuenta en sus\u00a0<em>Confesiones,<\/em> el momento decisivo de su camino de fe no fue una visi\u00f3n de Dios m\u00e1s all\u00e1 de este mundo, sino m\u00e1s bien una escucha, cuando en el jard\u00edn oy\u00f3 una voz que le dec\u00eda: \u00ab Toma y lee \u00bb; tom\u00f3 el volumen de las Cartas de san Pablo y se detuvo en el cap\u00edtulo decimotercero de la Carta a los Romanos<a name=\"_ftnref28\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn28\"><span>[28]<\/span><\/a>. Hac\u00eda acto de presencia as\u00ed el Dios personal de la Biblia, capaz de comunicarse con el hombre, de bajar a vivir con \u00e9l y de acompa\u00f1arlo en el camino de la historia, manifest\u00e1ndose en el tiempo de la escucha y la respuesta.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>De todas formas, este encuentro con el Dios de la Palabra no hizo que san Agust\u00edn prescindiese de la luz y la visi\u00f3n. Integr\u00f3 ambas perspectivas, guiado siempre por la revelaci\u00f3n del amor de Dios en Jes\u00fas. Y as\u00ed, elabor\u00f3 una filosof\u00eda de la luz que integra la reciprocidad propia de la palabra y da espacio a la libertad de la mirada frente a la luz. Igual que la palabra requiere una respuesta libre, as\u00ed la luz tiene como respuesta una imagen que la refleja. San Agust\u00edn, asociando escucha y visi\u00f3n, puede hablar entonces de la \u00ab palabra que resplandece dentro del hombre \u00bb<a name=\"_ftnref29\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn29\"><span>[29]<\/span><\/a>. De este modo, la luz se convierte, por as\u00ed decirlo, en la luz de una palabra, porque es la luz de un Rostro personal, una luz que, alumbr\u00e1ndonos, nos llama y quiere reflejarse en nuestro rostro para resplandecer desde dentro de nosotros mismos. Por otra parte, el deseo de la visi\u00f3n global, y no s\u00f3lo de los fragmentos de la historia, sigue presente y se cumplir\u00e1 al final, cuando el hombre, como dice el Santo de Hipona, ver\u00e1 y amar\u00e1<a name=\"_ftnref30\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn30\"><span>[30]<\/span><\/a>. Y esto, no porque sea capaz de tener toda la luz, que ser\u00e1 siempre inabarcable, sino porque entrar\u00e1 por completo en la luz.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>34. La luz del amor, propia de la fe, puede iluminar los interrogantes de nuestro tiempo en cuanto a la verdad. A menudo la verdad queda hoy reducida a la autenticidad subjetiva del individuo, v\u00e1lida s\u00f3lo para la vida de cada uno. Una verdad com\u00fan nos da miedo, porque la identificamos con la imposici\u00f3n intransigente de los totalitarismos. Sin embargo, si es la verdad del amor, si es la verdad que se desvela en el encuentro personal con el Otro y con los otros, entonces se libera de su clausura en el \u00e1mbito privado para formar parte del bien com\u00fan. La verdad de un amor no se impone con la violencia, no aplasta a la persona. Naciendo del amor puede llegar al coraz\u00f3n, al centro personal de cada hombre. Se ve claro as\u00ed que la fe no es intransigente, sino que crece en la convivencia que respeta al otro. El creyente no es arrogante; al contrario, la verdad le hace humilde, sabiendo que, m\u00e1s que poseerla \u00e9l, es ella la que le abraza y le posee. En lugar de hacernos intolerantes, la seguridad de la fe nos pone en camino y hace posible el testimonio y el di\u00e1logo con todos.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>Por otra parte, la luz de la fe, unida a la verdad del amor, no es ajena al mundo material, porque el amor se vive siempre en cuerpo y alma; la luz de la fe es una luz encarnada, que procede de la vida luminosa de Jes\u00fas. Ilumina incluso la materia, conf\u00eda en su ordenamiento, sabe que en ella se abre un camino de armon\u00eda y de comprensi\u00f3n cada vez m\u00e1s amplio. La mirada de la ciencia se beneficia as\u00ed de la fe: \u00e9sta invita al cient\u00edfico a estar abierto a la realidad, en toda su riqueza inagotable. La fe despierta el sentido cr\u00edtico, en cuanto que no permite que la investigaci\u00f3n se conforme con sus f\u00f3rmulas y la ayuda a darse cuenta de que la naturaleza no se reduce a ellas. Invitando a maravillarse ante el misterio de la creaci\u00f3n, la fe ensancha los horizontes de la raz\u00f3n para iluminar mejor el mundo que se presenta a los estudios de la ciencia.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><strong><em><span>Fe y b\u00fasqueda de Dios<\/span><\/em><\/strong><span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>35. La luz de la fe en Jes\u00fas ilumina tambi\u00e9n el camino de todos los que buscan a Dios, y constituye la aportaci\u00f3n propia del cristianismo al di\u00e1logo con los seguidores de las diversas religiones. La Carta a los Hebreos nos habla del testimonio de los justos que, antes de la alianza con Abrah\u00e1n, ya buscaban a Dios con fe. De Henoc se dice que \u00ab se le acredit\u00f3 que hab\u00eda complacido a Dios \u00bb (<em>Hb<\/em> 11,5), algo imposible sin la fe, porque \u00ab el que se acerca a Dios debe creer que existe y que recompensa a quienes lo buscan \u00bb (<em>Hb<\/em> 11,6). Podemos entender as\u00ed que el camino del hombre religioso pasa por la confesi\u00f3n de un Dios que se preocupa de \u00e9l y que no es inaccesible. \u00bfQu\u00e9 mejor recompensa podr\u00eda dar Dios a los que lo buscan, que dejarse encontrar? Y antes incluso de Henoc, tenemos la figura de Abel, cuya fe es tambi\u00e9n alabada y, gracias a la cual el Se\u00f1or se complace en sus dones, en la ofrenda de las primicias de sus reba\u00f1os (cf.\u00a0<em>Hb<\/em> 11,4). El hombre religioso intenta reconocer los signos de Dios en las experiencias cotidianas de su vida, en el ciclo de las estaciones, en la fecundidad de la tierra y en todo el movimiento del cosmos. Dios es luminoso, y se deja encontrar por aquellos que lo buscan con sincero coraz\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>Imagen de esta b\u00fasqueda son los Magos, guiados por la estrella hasta Bel\u00e9n (cf.\u00a0<em>Mt<\/em> 2,1-12). Para ellos, la luz de Dios se ha hecho camino, como estrella que gu\u00eda por una senda de descubrimientos. La estrella habla as\u00ed de la paciencia de Dios con nuestros ojos, que deben habituarse a su esplendor. El hombre religioso est\u00e1 en camino y ha de estar dispuesto a dejarse guiar, a salir de s\u00ed, para encontrar al Dios que sorprende siempre. Este respeto de Dios por los ojos de los hombres nos muestra que, cuando el hombre se acerca a \u00e9l, la luz humana no se disuelve en la inmensidad luminosa de Dios, como una estrella que desaparece al alba, sino que se hace m\u00e1s brillante cuanto m\u00e1s pr\u00f3xima est\u00e1 del fuego originario, como espejo que refleja su esplendor. La confesi\u00f3n cristiana de Jes\u00fas como \u00fanico salvador, sostiene que toda la luz de Dios se ha concentrado en \u00e9l, en su \u00ab vida luminosa \u00bb, en la que se desvela el origen y la consumaci\u00f3n de la historia<a name=\"_ftnref31\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn31\"><span>[31]<\/span><\/a>. No hay ninguna experiencia humana, ning\u00fan itinerario del hombre hacia Dios, que no pueda ser integrado, iluminado y purificado por esta luz. Cuanto m\u00e1s se sumerge el cristiano en la aureola de la luz de Cristo, tanto m\u00e1s es capaz de entender y acompa\u00f1ar el camino de los hombres hacia Dios.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>Al configurarse como v\u00eda, la fe concierne tambi\u00e9n a la vida de los hombres que, aunque no crean, desean creer y no dejan de buscar. En la medida en que se abren al amor con coraz\u00f3n sincero y se ponen en marcha con aquella luz que consiguen alcanzar, viven ya, sin saberlo, en la senda hacia la fe. Intentan vivir como si Dios existiese, a veces porque reconocen su importancia para encontrar orientaci\u00f3n segura en la vida com\u00fan, y otras veces porque experimentan el deseo de luz en la oscuridad, pero tambi\u00e9n, intuyendo, a la vista de la grandeza y la belleza de la vida, que \u00e9sta ser\u00eda todav\u00eda mayor con la presencia de Dios. Dice san Ireneo de Lyon que Abrah\u00e1n, antes de o\u00edr la voz de Dios, ya lo buscaba \u00ab ardientemente en su coraz\u00f3n \u00bb, y que \u00ab recorr\u00eda todo el mundo, pregunt\u00e1ndose d\u00f3nde estaba Dios \u00bb, hasta que \u00ab Dios tuvo piedad de aquel que, por su cuenta, lo buscaba en el silencio \u00bb<a name=\"_ftnref32\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn32\"><span>[32]<\/span><\/a>. Quien se pone en camino para practicar el bien se acerca a Dios, y ya es sostenido por \u00e9l, porque es propio de la din\u00e1mica de la luz divina iluminar nuestros ojos cuando caminamos hacia la plenitud del amor.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><strong><em><span>Fe y teolog\u00eda<\/span><\/em><\/strong><span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>36. Al tratarse de una luz, la fe nos invita a adentrarnos en ella, a explorar cada vez m\u00e1s los horizontes que ilumina, para conocer mejor lo que amamos. De este deseo nace la teolog\u00eda cristiana. Por tanto, la teolog\u00eda es imposible sin la fe y forma parte del movimiento mismo de la fe, que busca la inteligencia m\u00e1s profunda de la autorrevelaci\u00f3n de Dios, cuyo culmen es el misterio de Cristo. La primera consecuencia de esto es que la teolog\u00eda no consiste s\u00f3lo en un esfuerzo de la raz\u00f3n por escrutar y conocer, como en las ciencias experimentales. Dios no se puede reducir a un objeto. \u00c9l es Sujeto que se deja conocer y se manifiesta en la relaci\u00f3n de persona a persona. La fe recta orienta la raz\u00f3n a abrirse a la luz que viene de Dios, para que, guiada por el amor a la verdad, pueda conocer a Dios m\u00e1s profundamente. Los grandes doctores y te\u00f3logos medievales han indicado que la teolog\u00eda, como ciencia de la fe, es una participaci\u00f3n en el conocimiento que Dios tiene de s\u00ed mismo. La teolog\u00eda, por tanto, no es solamente palabra sobre Dios, sino ante todo acogida y b\u00fasqueda de una inteligencia m\u00e1s profunda de esa palabra que Dios nos dirige, palabra que Dios pronuncia sobre s\u00ed mismo, porque es un di\u00e1logo eterno de comuni\u00f3n, y admite al hombre dentro de este di\u00e1logo<a name=\"_ftnref33\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn33\"><span>[33]<\/span><\/a>. As\u00ed pues, la humildad que se deja \u00ab tocar \u00bb por Dios forma parte de la teolog\u00eda, reconoce sus l\u00edmites ante el misterio y se lanza a explorar, con la disciplina propia de la raz\u00f3n, las insondables riquezas de este misterio.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>Adem\u00e1s, la teolog\u00eda participa en la forma eclesial de la fe; su luz es la luz del sujeto creyente que es la Iglesia. Esto requiere, por una parte, que la teolog\u00eda est\u00e9 al servicio de la fe de los cristianos, se ocupe humildemente de custodiar y profundizar la fe de todos, especialmente la de los sencillos. Por otra parte, la teolog\u00eda, puesto que vive de la fe, no puede considerar el Magisterio del Papa y de los Obispos en comuni\u00f3n con \u00e9l como algo extr\u00ednseco, un l\u00edmite a su libertad, sino al contrario, como un momento interno, constitutivo, en cuanto el Magisterio asegura el contacto con la fuente originaria, y ofrece, por tanto, la certeza de beber en la Palabra de Dios en su integridad.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span> <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"center\"><strong><span>CAP\u00cdTULO TERCERO<br \/>\nTRANSMITO LO QUE HE RECIBIDO<\/span><\/strong><span><br \/>\n<strong>(cf.\u00a0<em>1 Co <\/em>15,3)<\/strong><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><strong><em><span>La Iglesia, madre de nuestra fe<\/span><\/em><\/strong><span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>37. Quien se ha abierto al amor de Dios, ha escuchado su voz y ha recibido su luz, no puede retener este don para s\u00ed. La fe, puesto que es escucha y visi\u00f3n, se transmite tambi\u00e9n como palabra y luz. El ap\u00f3stol Pablo, hablando a los Corintios, usa precisamente estas dos im\u00e1genes. Por una parte dice: \u00ab Pero teniendo el mismo esp\u00edritu de fe, seg\u00fan lo que est\u00e1 escrito:\u00a0<em>Cre\u00ed, por eso habl\u00e9,<\/em> tambi\u00e9n nosotros creemos y por eso hablamos \u00bb (<em>2 Co<\/em> 4,13). La palabra recibida se convierte en respuesta, confesi\u00f3n y, de este modo, resuena para los otros, invit\u00e1ndolos a creer. Por otra parte, san Pablo se refiere tambi\u00e9n a la luz: \u00ab Reflejamos la gloria del Se\u00f1or y nos vamos transformando en su imagen \u00bb (<em>2 Co<\/em> 3,18). Es una luz que se refleja de rostro en rostro, como Mois\u00e9s reflejaba la gloria de Dios despu\u00e9s de haber hablado con \u00e9l: \u00ab [Dios] ha brillado en nuestros corazones, para que resplandezca el conocimiento de la gloria de Dios reflejada en el rostro de Cristo \u00bb (<em>2 Co<\/em> 4,6). La luz de Cristo brilla como en un espejo en el rostro de los cristianos, y as\u00ed se difunde y llega hasta nosotros, de modo que tambi\u00e9n nosotros podamos participar en esta visi\u00f3n y reflejar a otros su luz, igual que en la liturgia pascual la luz del cirio enciende otras muchas velas. La fe se transmite, por as\u00ed decirlo, por contacto, de persona a persona, como una llama enciende otra llama. Los cristianos, en su pobreza, plantan una semilla tan fecunda, que se convierte en un gran \u00e1rbol que es capaz de llenar el mundo de frutos.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>38. La transmisi\u00f3n de la fe, que brilla para todos los hombres en todo lugar, pasa tambi\u00e9n por las coordenadas temporales, de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n. Puesto que la fe nace de un encuentro que se produce en la historia e ilumina el camino a lo largo del tiempo, tiene necesidad de transmitirse a trav\u00e9s de los siglos. Y mediante una cadena ininterrumpida de testimonios llega a nosotros el rostro de Jes\u00fas. \u00bfC\u00f3mo es posible esto? \u00bfC\u00f3mo podemos estar seguros de llegar al \u00ab verdadero Jes\u00fas \u00bb a trav\u00e9s de los siglos? Si el hombre fuese un individuo aislado, si parti\u00e9semos solamente del \u00ab yo \u00bb individual, que busca en s\u00ed mismo la seguridad del conocimiento, esta certeza ser\u00eda imposible. No puedo ver por m\u00ed mismo lo que ha sucedido en una \u00e9poca tan distante de la m\u00eda. Pero \u00e9sta no es la \u00fanica manera que tiene el hombre de conocer. La persona vive siempre en relaci\u00f3n. Proviene de otros, pertenece a otros, su vida se ensancha en el encuentro con otros. Incluso el conocimiento de s\u00ed, la misma autoconciencia, es relacional y est\u00e1 vinculada a otros que nos han precedido: en primer lugar nuestros padres, que nos han dado la vida y el nombre. El lenguaje mismo, las palabras con que interpretamos nuestra vida y nuestra realidad, nos llega a trav\u00e9s de otros, guardado en la memoria viva de otros. El conocimiento de uno mismo s\u00f3lo es posible cuando participamos en una memoria m\u00e1s grande. Lo mismo sucede con la fe, que lleva a su plenitud el modo humano de comprender. El pasado de la fe, aquel acto de amor de Jes\u00fas, que ha hecho germinar en el mundo una vida nueva, nos llega en la memoria de otros, de testigos, conservado vivo en aquel sujeto \u00fanico de memoria que es la Iglesia. La Iglesia es una Madre que nos ense\u00f1a a hablar el lenguaje de la fe. San Juan, en su Evangelio, ha insistido en este aspecto, uniendo fe y memoria, y asociando ambas a la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo que, como dice Jes\u00fas, \u00ab os ir\u00e1 recordando todo \u00bb (<em>Jn<\/em>14,26). El Amor, que es el Esp\u00edritu y que mora en la Iglesia, mantiene unidos entre s\u00ed todos los tiempos y nos hace contempor\u00e1neos de Jes\u00fas, convirti\u00e9ndose en el gu\u00eda de nuestro camino de fe.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>39. Es imposible creer cada uno por su cuenta. La fe no es \u00fanicamente una opci\u00f3n individual que se hace en la intimidad del creyente, no es una relaci\u00f3n exclusiva entre el \u00ab yo \u00bb del fiel y el \u00ab T\u00fa \u00bb divino, entre un sujeto aut\u00f3nomo y Dios. Por su misma naturaleza, se abre al \u00ab nosotros \u00bb, se da siempre dentro de la comuni\u00f3n de la Iglesia. Nos lo recuerda la forma dialogada del\u00a0<em>Credo,<\/em> usada en la liturgia bautismal. El creer se expresa como respuesta a una invitaci\u00f3n, a una palabra que ha de ser escuchada y que no procede de m\u00ed, y por eso forma parte de un di\u00e1logo; no puede ser una mera confesi\u00f3n que nace del individuo. Es posible responder en primera persona, \u00ab creo \u00bb, s\u00f3lo porque se forma parte de una gran comuni\u00f3n, porque tambi\u00e9n se dice \u00ab creemos \u00bb. Esta apertura al \u00ab nosotros \u00bb eclesial refleja la apertura propia del amor de Dios, que no es s\u00f3lo relaci\u00f3n entre el Padre y el Hijo, entre el \u00ab yo \u00bb y el \u00ab t\u00fa \u00bb, sino que en el Esp\u00edritu, es tambi\u00e9n un \u00ab nosotros \u00bb, una comuni\u00f3n de personas. Por eso, quien cree nunca est\u00e1 solo, porque la fe tiende a difundirse, a compartir su alegr\u00eda con otros. Quien recibe la fe descubre que las dimensiones de su \u00ab yo \u00bb se ensanchan, y entabla nuevas relaciones que enriquecen la vida. Tertuliano lo ha expresado incisivamente, diciendo que el catec\u00fameno, \u00ab tras el nacimiento nuevo por el bautismo \u00bb, es recibido en la casa de la Madre para alzar las manos y rezar, junto a los hermanos, el Padrenuestro, como signo de su pertenencia a una nueva familia<a name=\"_ftnref34\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn34\"><span>[34]<\/span><\/a>.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><strong><em><span>Los sacramentos y la transmisi\u00f3n de la fe<\/span><\/em><\/strong><span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>40. La Iglesia, como toda familia, transmite a sus hijos el contenido de su memoria. \u00bfC\u00f3mo hacerlo de manera que nada se pierda y, m\u00e1s bien, todo se profundice cada vez m\u00e1s en el patrimonio de la fe? Mediante la tradici\u00f3n apost\u00f3lica, conservada en la Iglesia con la asistencia del Esp\u00edritu Santo, tenemos un contacto vivo con la memoria fundante. Como afirma el Concilio ecum\u00e9nico Vaticano II, \u00ab lo que los Ap\u00f3stoles transmitieron comprende todo lo necesario para una vida santa y para una fe creciente del Pueblo de Dios; as\u00ed la Iglesia con su ense\u00f1anza, su vida, su culto, conserva y transmite a todas las edades lo que es y lo que cree \u00bb<a name=\"_ftnref35\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn35\"><span>[35]<\/span><\/a>.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>En efecto, la fe necesita un \u00e1mbito en el que se pueda testimoniar y comunicar, un \u00e1mbito adecuado y proporcionado a lo que se comunica. Para transmitir un contenido meramente doctrinal, una idea, quiz\u00e1s ser\u00eda suficiente un libro, o la reproducci\u00f3n de un mensaje oral. Pero lo que se comunica en la Iglesia, lo que se transmite en su Tradici\u00f3n viva, es la luz nueva que nace del encuentro con el Dios vivo, una luz que toca la persona en su centro, en el coraz\u00f3n, implicando su mente, su voluntad y su afectividad, abri\u00e9ndola a relaciones vivas en la comuni\u00f3n con Dios y con los otros. Para transmitir esta riqueza hay un medio particular, que pone en juego a toda la persona, cuerpo, esp\u00edritu, interioridad y relaciones. Este medio son los sacramentos, celebrados en la liturgia de la Iglesia. En ellos se comunica una memoria encarnada, ligada a los tiempos y lugares de la vida, asociada a todos los sentidos; implican a la persona, como miembro de un sujeto vivo, de un tejido de relaciones comunitarias. Por eso, si bien, por una parte, los sacramentos son sacramentos de la fe<a name=\"_ftnref36\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn36\"><span>[36]<\/span><\/a>, tambi\u00e9n se debe decir que la fe tiene una estructura sacramental. El despertar de la fe pasa por el despertar de un nuevo sentido sacramental de la vida del hombre y de la existencia cristiana, en el que lo visible y material est\u00e1 abierto al misterio de lo eterno.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>41. La transmisi\u00f3n de la fe se realiza en primer lugar mediante el bautismo. Pudiera parecer que el bautismo es s\u00f3lo un modo de simbolizar la confesi\u00f3n de fe, un acto pedag\u00f3gico para quien tiene necesidad de im\u00e1genes y gestos, pero del que, en \u00faltimo t\u00e9rmino, se podr\u00eda prescindir. Unas palabras de san Pablo, a prop\u00f3sito del bautismo, nos recuerdan que no es as\u00ed. Dice \u00e9l que \u00ab por el bautismo fuimos sepultados en \u00e9l en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucit\u00f3 de entre los muertos por la gloria del Padre, as\u00ed tambi\u00e9n nosotros andemos en una vida nueva \u00bb (<em>Rm<\/em> 6,4). Mediante el bautismo nos convertimos en criaturas nuevas y en hijos adoptivos de Dios. El Ap\u00f3stol afirma despu\u00e9s que el cristiano ha sido entregado a un \u00ab modelo de doctrina \u00bb (<em>typos didach\u00e9s<\/em>), al que obedece de coraz\u00f3n (cf.\u00a0<em>Rm<\/em> 6,17). En el bautismo el hombre recibe tambi\u00e9n una doctrina que profesar y una forma concreta de vivir, que implica a toda la persona y la pone en el camino del bien. Es transferido a un \u00e1mbito nuevo, colocado en un nuevo ambiente, con una forma nueva de actuar en com\u00fan, en la Iglesia. El bautismo nos recuerda as\u00ed que la fe no es obra de un individuo aislado, no es un acto que el hombre pueda realizar contando s\u00f3lo con sus fuerzas, sino que tiene que ser recibida, entrando en la comuni\u00f3n eclesial que transmite el don de Dios: nadie se bautiza a s\u00ed mismo, igual que nadie nace por su cuenta. Hemos sido bautizados.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>42. \u00bfCu\u00e1les son los elementos del bautismo que nos introducen en este nuevo \u00ab modelo de doctrina \u00bb? Sobre el catec\u00fameno se invoca, en primer lugar, el nombre de la Trinidad: Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo. Se le presenta as\u00ed desde el principio un resumen del camino de la fe. El Dios que ha llamado a Abrah\u00e1n y ha querido llamarse su Dios, el Dios que ha revelado su nombre a Mois\u00e9s, el Dios que, al entregarnos a su Hijo, nos ha revelado plenamente el misterio de su Nombre, da al bautizado una nueva condici\u00f3n filial. As\u00ed se ve claro el sentido de la acci\u00f3n que se realiza en el bautismo, la inmersi\u00f3n en el agua: el agua es s\u00edmbolo de muerte, que nos invita a pasar por la conversi\u00f3n del \u00ab yo \u00bb, para que pueda abrirse a un \u00ab Yo \u00bb m\u00e1s grande; y a la vez es s\u00edmbolo de vida, del seno del que renacemos para seguir a Cristo en su nueva existencia. De este modo, mediante la inmersi\u00f3n en el agua, el bautismo nos habla de la estructura encarnada de la fe. La acci\u00f3n de Cristo nos toca en nuestra realidad personal, transform\u00e1ndonos radicalmente, haci\u00e9ndonos hijos adoptivos de Dios, part\u00edcipes de su naturaleza divina; modifica as\u00ed todas nuestras relaciones, nuestra forma de estar en el mundo y en el cosmos, abri\u00e9ndolas a su misma vida de comuni\u00f3n. Este dinamismo de transformaci\u00f3n propio del bautismo nos ayuda a comprender la importancia que tiene hoy el catecumenado para la nueva evangelizaci\u00f3n, tambi\u00e9n en las sociedades de antiguas ra\u00edces cristianas, en las cuales cada vez m\u00e1s adultos se acercan al sacramento del bautismo. El catecumenado es camino de preparaci\u00f3n para el bautismo, para la transformaci\u00f3n de toda la existencia en Cristo.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>Un texto del profeta Isa\u00edas, que ha sido relacionado con el bautismo en la literatura cristiana antigua, nos puede ayudar a comprender la conexi\u00f3n entre el bautismo y la fe: \u00ab Tendr\u00e1 su alc\u00e1zar en un picacho rocoso\u2026 con provisi\u00f3n de agua \u00bb (<em>Is<\/em> 33,16)<a name=\"_ftnref37\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn37\"><span>[37]<\/span><\/a>. El bautizado, rescatado del agua de la muerte, puede ponerse en pie sobre el \u00ab picacho rocoso \u00bb, porque ha encontrado algo consistente donde apoyarse. As\u00ed, el agua de muerte se transforma en agua de vida. El texto griego lo llama agua\u00a0<em>pist\u00f3s<\/em>, agua \u00ab fiel \u00bb. El agua del bautismo es fiel porque se puede confiar en ella, porque su corriente introduce en la din\u00e1mica del amor de Jes\u00fas, fuente de seguridad para el camino de nuestra vida.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>43. La estructura del bautismo, su configuraci\u00f3n como nuevo nacimiento, en el que recibimos un nuevo nombre y una nueva vida, nos ayuda a comprender el sentido y la importancia del bautismo de ni\u00f1os, que ilustra en cierto modo lo que se verifica en todo bautismo. El ni\u00f1o no es capaz de un acto libre para recibir la fe, no puede confesarla todav\u00eda personalmente y, precisamente por eso, la confiesan sus padres y padrinos en su nombre. La fe se vive dentro de la comunidad de la Iglesia, se inscribe en un \u00ab nosotros \u00bb comunitario. As\u00ed, el ni\u00f1o es sostenido por otros, por sus padres y padrinos, y es acogido en la fe de ellos, que es la fe de la Iglesia, simbolizada en la luz que el padre enciende en el cirio durante la liturgia bautismal. Esta estructura del bautismo destaca la importancia de la sinergia entre la Iglesia y la familia en la transmisi\u00f3n de la fe. A los padres corresponde, seg\u00fan una sentencia de san Agust\u00edn, no s\u00f3lo engendrar a los hijos, sino tambi\u00e9n llevarlos a Dios, para que sean regenerados como hijos de Dios por el bautismo y reciban el don de la fe<a name=\"_ftnref38\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn38\"><span>[38]<\/span><\/a>. Junto a la vida, les dan as\u00ed la orientaci\u00f3n fundamental de la existencia y la seguridad de un futuro de bien, orientaci\u00f3n que ser\u00e1 ulteriormente corroborada en el sacramento de la confirmaci\u00f3n con el sello del Esp\u00edritu Santo.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>44. La naturaleza sacramental de la fe alcanza su m\u00e1xima expresi\u00f3n en la eucarist\u00eda, que es el precioso alimento para la fe, el encuentro con Cristo presente realmente con el acto supremo de amor, el don de s\u00ed mismo, que genera vida. En la eucarist\u00eda confluyen los dos ejes por los que discurre el camino de la fe. Por una parte, el eje de la historia: la eucarist\u00eda es un acto de memoria, actualizaci\u00f3n del misterio, en el cual el pasado, como acontecimiento de muerte y resurrecci\u00f3n, muestra su capacidad de abrir al futuro, de anticipar la plenitud final. La liturgia nos lo recuerda con su\u00a0<em>hodie,<\/em> el \u00ab hoy \u00bb de los misterios de la salvaci\u00f3n. Por otra parte, confluye en ella tambi\u00e9n el eje que lleva del mundo visible al invisible. En la eucarist\u00eda aprendemos a ver la profundidad de la realidad. El pan y el vino se transforman en el Cuerpo y Sangre de Cristo, que se hace presente en su camino pascual hacia el Padre: este movimiento nos introduce, en cuerpo y alma, en el movimiento de toda la creaci\u00f3n hacia su plenitud en Dios.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>45. En la celebraci\u00f3n de los sacramentos, la Iglesia transmite su memoria, en particular mediante la profesi\u00f3n de fe. \u00c9sta no consiste s\u00f3lo en asentir a un conjunto de verdades abstractas. Antes bien, en la confesi\u00f3n de fe, toda la vida se pone en camino hacia la comuni\u00f3n plena con el Dios vivo. Podemos decir que en el\u00a0<em>Credo<\/em> el creyente es invitado a entrar en el misterio que profesa y a dejarse transformar por lo que profesa. Para entender el sentido de esta afirmaci\u00f3n, pensemos antes que nada en el contenido del\u00a0<em>Credo.<\/em> Tiene una estructura trinitaria: el Padre y el Hijo se unen en el Esp\u00edritu de amor. El creyente afirma as\u00ed que el centro del ser, el secreto m\u00e1s profundo de todas las cosas, es la comuni\u00f3n divina. Adem\u00e1s, el\u00a0<em>Credo<\/em> contiene tambi\u00e9n una profesi\u00f3n cristol\u00f3gica: se recorren los misterios de la vida de Jes\u00fas hasta su muerte, resurrecci\u00f3n y ascensi\u00f3n al cielo, en la espera de su venida gloriosa al final de los tiempos. Se dice, por tanto, que este Dios comuni\u00f3n, intercambio de amor entre el Padre y el Hijo en el Esp\u00edritu, es capaz de abrazar la historia del hombre, de introducirla en su dinamismo de comuni\u00f3n, que tiene su origen y su meta \u00faltima en el Padre. Quien confiesa la fe, se ve implicado en la verdad que confiesa. No puede pronunciar con verdad las palabras del\u00a0<em>Credo<\/em> sin ser transformado, sin inserirse en la historia de amor que lo abraza, que dilata su ser haci\u00e9ndolo parte de una comuni\u00f3n grande, del sujeto \u00faltimo que pronuncia el\u00a0<em>Credo<\/em>, que es la Iglesia. Todas las verdades que se creen proclaman el misterio de la vida nueva de la fe como camino de comuni\u00f3n con el Dios vivo.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><strong><em><span>Fe, oraci\u00f3n y dec\u00e1logo<\/span><\/em><\/strong><span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>46. Otros dos elementos son esenciales en la transmisi\u00f3n fiel de la memoria de la Iglesia. En primer lugar, la oraci\u00f3n del Se\u00f1or, el Padrenuestro. En ella, el cristiano aprende a compartir la misma experiencia espiritual de Cristo y comienza a ver con los ojos de Cristo. A partir de aquel que es luz de luz, del Hijo Unig\u00e9nito del Padre, tambi\u00e9n nosotros conocemos a Dios y podemos encender en los dem\u00e1s el deseo de acercarse a \u00e9l.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>Adem\u00e1s, es tambi\u00e9n importante la conexi\u00f3n entre la fe y el dec\u00e1logo. La fe, como hemos dicho, se presenta como un camino, una v\u00eda a recorrer, que se abre en el encuentro con el Dios vivo. Por eso, a la luz de la fe, de la confianza total en el Dios Salvador, el dec\u00e1logo adquiere su verdad m\u00e1s profunda, contenida en las palabras que introducen los diez mandamientos: \u00ab Yo soy el Se\u00f1or, tu Dios, que te saqu\u00e9 de la tierra de Egipto \u00bb (<em>Ex<\/em> 20,2). El dec\u00e1logo no es un conjunto de preceptos negativos, sino indicaciones concretas para salir del desierto del \u00ab yo \u00bb autorreferencial, cerrado en s\u00ed mismo, y entrar en di\u00e1logo con Dios, dej\u00e1ndose abrazar por su misericordia para ser portador de su misericordia. As\u00ed, la fe confiesa el amor de Dios, origen y fundamento de todo, se deja llevar por este amor para caminar hacia la plenitud de la comuni\u00f3n con Dios. El dec\u00e1logo es el camino de la gratitud, de la respuesta de amor, que es posible porque, en la fe, nos hemos abierto a la experiencia del amor transformante de Dios por nosotros. Y este camino recibe una nueva luz en la ense\u00f1anza de Jes\u00fas, en el Discurso de la Monta\u00f1a (cf.\u00a0<em>Mt<\/em> 5-7).<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>He tocado as\u00ed los cuatro elementos que contienen el tesoro de memoria que la Iglesia transmite: la confesi\u00f3n de fe, la celebraci\u00f3n de los sacramentos, el camino del dec\u00e1logo, la oraci\u00f3n. La catequesis de la Iglesia se ha organizado en torno a ellos, incluido el\u00a0<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/catechism_sp\/index_sp.html\"><span>Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica<\/span><\/a>,<\/em> instrumento fundamental para aquel acto unitario con el que la Iglesia comunica el contenido completo de la fe, \u00ab todo lo que ella es, todo lo que cree \u00bb<a name=\"_ftnref39\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn39\"><span>[39]<\/span><\/a>.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><strong><em><span>Unidad e integridad de la fe<\/span><\/em><\/strong><span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>47. La unidad de la Iglesia, en el tiempo y en el espacio, est\u00e1 ligada a la unidad de la fe: \u00ab Un solo cuerpo y un solo esp\u00edritu [\u2026] una sola fe \u00bb (<em>Ef<\/em> 4,4-5). Hoy puede parecer posible una uni\u00f3n entre los hombres en una tarea com\u00fan, en el compartir los mismos sentimientos o la misma suerte, en una meta com\u00fan. Pero resulta muy dif\u00edcil concebir una unidad en la misma verdad. Nos da la impresi\u00f3n de que una uni\u00f3n de este tipo se opone a la libertad de pensamiento y a la autonom\u00eda del sujeto. En cambio, la experiencia del amor nos dice que precisamente en el amor es posible tener una visi\u00f3n com\u00fan, que amando aprendemos a ver la realidad con los ojos del otro, y que eso no nos empobrece, sino que enriquece nuestra mirada. El amor verdadero, a medida del amor divino, exige la verdad y, en la mirada com\u00fan de la verdad, que es Jesucristo, adquiere firmeza y profundidad. En esto consiste tambi\u00e9n el gozo de creer, en la unidad de visi\u00f3n en un solo cuerpo y en un solo esp\u00edritu. En este sentido san Le\u00f3n Magno dec\u00eda: \u00ab Si la fe no es una, no es fe \u00bb<a name=\"_ftnref40\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn40\"><span>[40]<\/span><\/a>.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>\u00bfCu\u00e1l es el secreto de esta unidad? La fe es \u00ab una \u00bb, en primer lugar, por la unidad del Dios conocido y confesado. Todos los art\u00edculos de la fe se refieren a \u00e9l, son v\u00edas para conocer su ser y su actuar, y por eso forman una unidad superior a cualquier otra que podamos construir con nuestro pensamiento, la unidad que nos enriquece, porque se nos comunica y nos hace \u00ab uno \u00bb.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>La fe es una, adem\u00e1s, porque se dirige al \u00fanico Se\u00f1or, a la vida de Jes\u00fas, a su historia concreta que comparte con nosotros. San Ireneo de Lyon ha clarificado este punto contra los herejes gn\u00f3sticos. \u00c9stos distingu\u00edan dos tipos de fe, una fe ruda, la fe de los simples, imperfecta, que no iba m\u00e1s all\u00e1 de la carne de Cristo y de la contemplaci\u00f3n de sus misterios; y otro tipo de fe, m\u00e1s profundo y perfecto, la fe verdadera, reservada a un peque\u00f1o c\u00edrculo de iniciados, que se eleva con el intelecto hasta los misterios de la divinidad desconocida, m\u00e1s all\u00e1 de la carne de Cristo. Ante este planteamiento, que sigue teniendo su atractivo y sus defensores tambi\u00e9n en nuestros d\u00edas, san Ireneo defiende que la fe es una sola, porque pasa siempre por el punto concreto de la encarnaci\u00f3n, sin superar nunca la carne y la historia de Cristo, ya que Dios se ha querido revelar plenamente en ella. Y, por eso, no hay diferencia entre la fe de \u00ab aquel que destaca por su elocuencia \u00bb y de \u00ab quien es m\u00e1s d\u00e9bil en la palabra \u00bb, entre quien es superior y quien tiene menos capacidad: ni el primero puede ampliar la fe, ni el segundo reducirla<a name=\"_ftnref41\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn41\"><span>[41]<\/span><\/a>.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>Por \u00faltimo, la fe es una porque es compartida por toda la Iglesia, que forma un solo cuerpo y un solo esp\u00edritu. En la comuni\u00f3n del \u00fanico sujeto que es la Iglesia, recibimos una mirada com\u00fan. Confesando la misma fe, nos apoyamos sobre la misma roca, somos transformados por el mismo Esp\u00edritu de amor, irradiamos una \u00fanica luz y tenemos una \u00fanica mirada para penetrar la realidad.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>48. Dado que la fe es una sola, debe ser confesada en toda su pureza e integridad. Precisamente porque todos los art\u00edculos de la fe forman una unidad, negar uno de ellos, aunque sea de los que parecen menos importantes, produce un da\u00f1o a la totalidad. Cada \u00e9poca puede encontrar algunos puntos de la fe m\u00e1s f\u00e1ciles o dif\u00edciles de aceptar: por eso es importante vigilar para que se transmita todo el dep\u00f3sito de la fe (cf.\u00a0<em>1 Tm<\/em> 6,20), para que se insista oportunamente en todos los aspectos de la confesi\u00f3n de fe. En efecto, puesto que la unidad de la fe es la unidad de la Iglesia, quitar algo a la fe es quitar algo a la verdad de la comuni\u00f3n. Los Padres han descrito la fe como un cuerpo, el cuerpo de la verdad, que tiene diversos miembros, en analog\u00eda con el Cuerpo de Cristo y con su prolongaci\u00f3n en la Iglesia<a name=\"_ftnref42\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn42\"><span>[42]<\/span><\/a>. La integridad de la fe tambi\u00e9n se ha relacionado con la imagen de la Iglesia virgen, con su fidelidad al amor esponsal a Cristo: menoscabar la fe significa menoscabar la comuni\u00f3n con el Se\u00f1or<a name=\"_ftnref43\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn43\"><span>[43]<\/span><\/a>. La unidad de la fe es, por tanto, la de un organismo vivo, como bien ha explicado el beato John Henry Newman, que pon\u00eda entre las notas caracter\u00edsticas para asegurar la continuidad de la doctrina en el tiempo, su capacidad de asimilar todo lo que encuentra<a name=\"_ftnref44\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn44\"><span>[44]<\/span><\/a>, purific\u00e1ndolo y llev\u00e1ndolo a su mejor expresi\u00f3n. La fe se muestra as\u00ed universal, cat\u00f3lica, porque su luz crece para iluminar todo el cosmos y toda la historia.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>49. Como servicio a la unidad de la fe y a su transmisi\u00f3n \u00edntegra, el Se\u00f1or ha dado a la Iglesia el don de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica. Por medio de ella, la continuidad de la memoria de la Iglesia est\u00e1 garantizada y es posible beber con seguridad en la fuente pura de la que mana la fe. Como la Iglesia transmite una fe viva, han de ser personas vivas las que garanticen la conexi\u00f3n con el origen. La fe se basa en la fidelidad de los testigos que han sido elegidos por el Se\u00f1or para esa misi\u00f3n. Por eso, el Magisterio habla siempre en obediencia a la Palabra originaria sobre la que se basa la fe, y es fiable porque se f\u00eda de la Palabra que escucha, custodia y expone<a name=\"_ftnref45\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn45\"><span>[45]<\/span><\/a>. En el discurso de despedida a los ancianos de \u00c9feso en Mileto, recogido por san Lucas en los Hechos de los Ap\u00f3stoles, san Pablo afirma haber cumplido el encargo que el Se\u00f1or le confi\u00f3 de anunciar \u00ab enteramente el plan de Dios \u00bb (<em>Hch<\/em> 20,27). Gracias al Magisterio de la Iglesia nos puede llegar \u00edntegro este plan y, con \u00e9l, la alegr\u00eda de poder cumplirlo plenamente.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span> <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"center\"><strong><span>CAP\u00cdTULO CUARTO<br \/>\nDIOS PREPARA<br \/>\nUNA CIUDAD PARA ELLOS<\/span><\/strong><span><br \/>\n<strong>(cf.\u00a0<em>Hb<\/em> 11,16)<\/strong><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><strong><em><span>Fe y bien com\u00fan<\/span><\/em><\/strong><span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>50. Al presentar la historia de los patriarcas y de los justos del Antiguo Testamento, la Carta a los Hebreos pone de relieve un aspecto esencial de su fe. La fe no s\u00f3lo se presenta como un camino, sino tambi\u00e9n como una edificaci\u00f3n, como la preparaci\u00f3n de un lugar en el que el hombre pueda convivir con los dem\u00e1s. El primer constructor es No\u00e9 que, en el Arca, logra salvar a su familia (cf.\u00a0<em>Hb<\/em> 11,7). Despu\u00e9s Abrah\u00e1n, del que se dice que, movido por la fe, habitaba en tiendas, mientras esperaba la ciudad de s\u00f3lidos cimientos (cf.\u00a0<em>Hb<\/em> 11,9-10). Nace as\u00ed, en relaci\u00f3n con la fe, una nueva fiabilidad, una nueva solidez, que s\u00f3lo puede venir de Dios. Si el hombre de fe se apoya en el Dios del Am\u00e9n, en el Dios fiel (cf.\u00a0<em>Is<\/em> 65,16), y as\u00ed adquiere solidez, podemos a\u00f1adir que la solidez de la fe se atribuye tambi\u00e9n a la ciudad que Dios est\u00e1 preparando para el hombre. La fe revela hasta qu\u00e9 punto pueden ser s\u00f3lidos los v\u00ednculos humanos cuando Dios se hace presente en medio de ellos. No se trata s\u00f3lo de una solidez interior, una convicci\u00f3n firme del creyente; la fe ilumina tambi\u00e9n las relaciones humanas, porque nace del amor y sigue la din\u00e1mica del amor de Dios. El Dios digno de fe construye para los hombres una ciudad fiable.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>51. Precisamente por su conexi\u00f3n con el amor (cf.\u00a0<em>Ga<\/em> 5,6), la luz de la fe se pone al servicio concreto de la justicia, del derecho y de la paz. La fe nace del encuentro con el amor originario de Dios, en el que se manifiesta el sentido y la bondad de nuestra vida, que es iluminada en la medida en que entra en el dinamismo desplegado por este amor, en cuanto que se hace camino y ejercicio hacia la plenitud del amor. La luz de la fe permite valorar la riqueza de las relaciones humanas, su capacidad de mantenerse, de ser fiables, de enriquecer la vida com\u00fan. La fe no aparta del mundo ni es ajena a los afanes concretos de los hombres de nuestro tiempo. Sin un amor fiable, nada podr\u00eda mantener verdaderamente unidos a los hombres. La unidad entre ellos se podr\u00eda concebir s\u00f3lo como fundada en la utilidad, en la suma de intereses, en el miedo, pero no en la bondad de vivir juntos, ni en la alegr\u00eda que la sola presencia del otro puede suscitar. La fe permite comprender la arquitectura de las relaciones humanas, porque capta su fundamento \u00faltimo y su destino definitivo en Dios, en su amor, y as\u00ed ilumina el arte de la edificaci\u00f3n, contribuyendo al bien com\u00fan. S\u00ed, la fe es un bien para todos, es un bien com\u00fan; su luz no luce s\u00f3lo dentro de la Iglesia ni sirve \u00fanicamente para construir una ciudad eterna en el m\u00e1s all\u00e1; nos ayuda a edificar nuestras sociedades, para que avancen hacia el futuro con esperanza. La Carta a los Hebreos pone un ejemplo de esto cuando nombra, junto a otros hombres de fe, a Samuel y David, a los cuales su fe les permiti\u00f3 \u00ab administrar justicia \u00bb (<em>Hb<\/em> 11,33). Esta expresi\u00f3n se refiere aqu\u00ed a su justicia para gobernar, a esa sabidur\u00eda que lleva paz al pueblo (cf. 1 S 12,3-5; 2 S 8,15). Las manos de la fe se alzan al cielo, pero a la vez edifican, en la caridad, una ciudad construida sobre relaciones, que tienen como fundamento el amor de Dios.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><strong><em><span>Fe y familia<\/span><\/em><\/strong><span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>52. En el camino de Abrah\u00e1n hacia la ciudad futura, la Carta a los Hebreos se refiere a una bendici\u00f3n que se transmite de padres a hijos (cf.\u00a0<em>Hb<\/em> 11,20-21). El primer \u00e1mbito que la fe ilumina en la ciudad de los hombres es la familia. Pienso sobre todo en el matrimonio, como uni\u00f3n estable de un hombre y una mujer: nace de su amor, signo y presencia del amor de Dios, del reconocimiento y la aceptaci\u00f3n de la bondad de la diferenciaci\u00f3n sexual, que permite a los c\u00f3nyuges unirse en una sola carne (cf.\u00a0<em>Gn<\/em> 2,24) y ser capaces de engendrar una vida nueva, manifestaci\u00f3n de la bondad del Creador, de su sabidur\u00eda y de su designio de amor. Fundados en este amor, hombre y mujer pueden prometerse amor mutuo con un gesto que compromete toda la vida y que recuerda tantos rasgos de la fe. Prometer un amor para siempre es posible cuando se descubre un plan que sobrepasa los propios proyectos, que nos sostiene y nos permite entregar totalmente nuestro futuro a la persona amada. La fe, adem\u00e1s, ayuda a captar en toda su profundidad y riqueza la generaci\u00f3n de los hijos, porque hace reconocer en ella el amor creador que nos da y nos conf\u00eda el misterio de una nueva persona. En este sentido, Sara lleg\u00f3 a ser madre por la fe, contando con la fidelidad de Dios a sus promesas (cf.\u00a0<em>Hb<\/em> 11,11).<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>53. En la familia, la fe est\u00e1 presente en todas las etapas de la vida, comenzando por la infancia: los ni\u00f1os aprenden a fiarse del amor de sus padres. Por eso, es importante que los padres cultiven pr\u00e1cticas comunes de fe en la familia, que acompa\u00f1en el crecimiento en la fe de los hijos. Sobre todo los j\u00f3venes, que atraviesan una edad tan compleja, rica e importante para la fe, deben sentir la cercan\u00eda y la atenci\u00f3n de la familia y de la comunidad eclesial en su camino de crecimiento en la fe. Todos hemos visto c\u00f3mo, en las Jornadas Mundiales de la Juventud, los j\u00f3venes manifiestan la alegr\u00eda de la fe, el compromiso de vivir una fe cada vez m\u00e1s s\u00f3lida y generosa. Los j\u00f3venes aspiran a una vida grande. El encuentro con Cristo, el dejarse aferrar y guiar por su amor, ampl\u00eda el horizonte de la existencia, le da una esperanza s\u00f3lida que no defrauda. La fe no es un refugio para gente pusil\u00e1nime, sino que ensancha la vida. Hace descubrir una gran llamada, la vocaci\u00f3n al amor, y asegura que este amor es digno de fe, que vale la pena ponerse en sus manos, porque est\u00e1 fundado en la fidelidad de Dios, m\u00e1s fuerte que todas nuestras debilidades.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><strong><em><span>Luz para la vida en sociedad<\/span><\/em><\/strong><span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>54. Asimilada y profundizada en la familia, la fe ilumina todas las relaciones sociales. Como experiencia de la paternidad y de la misericordia de Dios, se expande en un camino fraterno. En la \u00ab modernidad \u00bb se ha intentado construir la fraternidad universal entre los hombres fund\u00e1ndose sobre la igualdad. Poco a poco, sin embargo, hemos comprendido que esta fraternidad, sin referencia a un Padre com\u00fan como fundamento \u00faltimo, no logra subsistir. Es necesario volver a la verdadera ra\u00edz de la fraternidad. Desde su mismo origen, la historia de la fe es una historia de fraternidad, si bien no exenta de conflictos. Dios llama a Abrah\u00e1n a salir de su tierra y le promete hacer de \u00e9l una sola gran naci\u00f3n, un gran pueblo, sobre el que desciende la bendici\u00f3n de Dios (cf.\u00a0<em>Gn<\/em>12,1-3). A lo largo de la historia de la salvaci\u00f3n, el hombre descubre que Dios quiere hacer part\u00edcipes a todos, como hermanos, de la \u00fanica bendici\u00f3n, que encuentra su plenitud en Jes\u00fas, para que todos sean uno. El amor inagotable del Padre se nos comunica en Jes\u00fas, tambi\u00e9n mediante la presencia del hermano. La fe nos ense\u00f1a que cada hombre es una bendici\u00f3n para m\u00ed, que la luz del rostro de Dios me ilumina a trav\u00e9s del rostro del hermano.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>\u00a1Cu\u00e1ntos beneficios ha aportado la mirada de la fe a la ciudad de los hombres para contribuir a su vida com\u00fan! Gracias a la fe, hemos descubierto la dignidad \u00fanica de cada persona, que no era tan evidente en el mundo antiguo. En el siglo II, el pagano Celso reprochaba a los cristianos lo que le parec\u00eda una ilusi\u00f3n y un enga\u00f1o: pensar que Dios hubiera creado el mundo para el hombre, poni\u00e9ndolo en la cima de todo el cosmos. Se preguntaba: \u00ab \u00bfPor qu\u00e9 pretender que [la hierba] crezca para los hombres, y no mejor para los animales salvajes e irracionales? \u00bb<a name=\"_ftnref46\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn46\"><span>[46]<\/span><\/a>. \u00ab Si miramos la tierra desde el cielo, \u00bfqu\u00e9 diferencia hay entre nuestras ocupaciones y lo que hacen las hormigas y las abejas? \u00bb<a name=\"_ftnref47\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn47\"><span>[47]<\/span><\/a>. En el centro de la fe b\u00edblica est\u00e1 el amor de Dios, su solicitud concreta por cada persona, su designio de salvaci\u00f3n que abraza a la humanidad entera y a toda la creaci\u00f3n, y que alcanza su c\u00faspide en la encarnaci\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n de Jesucristo. Cuando se oscurece esta realidad, falta el criterio para distinguir lo que hace preciosa y \u00fanica la vida del hombre. \u00c9ste pierde su puesto en el universo, se pierde en la naturaleza, renunciando a su responsabilidad moral, o bien pretende ser \u00e1rbitro absoluto, atribuy\u00e9ndose un poder de manipulaci\u00f3n sin l\u00edmites.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>55. La fe, adem\u00e1s, revel\u00e1ndonos el amor de Dios, nos hace respetar m\u00e1s la naturaleza, pues nos hace reconocer en ella una gram\u00e1tica escrita por \u00e9l y una morada que nos ha confiado para cultivarla y salvaguardarla; nos invita a buscar modelos de desarrollo que no se basen s\u00f3lo en la utilidad y el provecho, sino que consideren la creaci\u00f3n como un don del que todos somos deudores; nos ense\u00f1a a identificar formas de gobierno justas, reconociendo que la autoridad viene de Dios para estar al servicio del bien com\u00fan. La fe afirma tambi\u00e9n la posibilidad del perd\u00f3n, que muchas veces necesita tiempo, esfuerzo, paciencia y compromiso; perd\u00f3n posible cuando se descubre que el bien es siempre m\u00e1s originario y m\u00e1s fuerte que el mal, que la palabra con la que Dios afirma nuestra vida es m\u00e1s profunda que todas nuestras negaciones. Por lo dem\u00e1s, incluso desde un punto de vista simplemente antropol\u00f3gico, la unidad es superior al conflicto; hemos de contar tambi\u00e9n con el conflicto, pero experimentarlo debe llevarnos a resolverlo, a superarlo, transform\u00e1ndolo en un eslab\u00f3n de una cadena, en un paso m\u00e1s hacia la unidad.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>Cuando la fe se apaga, se corre el riesgo de que los fundamentos de la vida se debiliten con ella, como advert\u00eda el poeta T. S. Eliot: \u00ab \u00bfTen\u00e9is acaso necesidad de que se os diga que incluso aquellos modestos logros \/ que os permiten estar orgullosos de una sociedad educada \/ dif\u00edcilmente sobrevivir\u00e1n a la fe que les da sentido? \u00bb<a name=\"_ftnref48\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn48\"><span>[48]<\/span><\/a>. Si hici\u00e9semos desaparecer la fe en Dios de nuestras ciudades, se debilitar\u00eda la confianza entre nosotros, pues quedar\u00edamos unidos s\u00f3lo por el miedo, y la estabilidad estar\u00eda comprometida. La Carta a los Hebreos afirma: \u00ab Dios no tiene reparo en llamarse su Dios: porque les ten\u00eda preparada una ciudad \u00bb (<em>Hb<\/em> 11,16). La expresi\u00f3n \u00ab no tiene reparo \u00bb hace referencia a un reconocimiento p\u00fablico. Indica que Dios, con su intervenci\u00f3n concreta, con su presencia entre nosotros, confiesa p\u00fablicamente su deseo de dar consistencia a las relaciones humanas. \u00bfSeremos en cambio nosotros los que tendremos reparo en llamar a Dios nuestro Dios? \u00bfSeremos capaces de no confesarlo como tal en nuestra vida p\u00fablica, de no proponer la grandeza de la vida com\u00fan que \u00e9l hace posible? La fe ilumina la vida en sociedad; poniendo todos los acontecimientos en relaci\u00f3n con el origen y el destino de todo en el Padre que nos ama, los ilumina con una luz creativa en cada nuevo momento de la historia.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><strong><em><span>Fuerza que conforta en el sufrimiento<\/span><\/em><\/strong><span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>56. San Pablo, escribiendo a los cristianos de Corinto sobre sus tribulaciones y sufrimientos, pone su fe en relaci\u00f3n con la predicaci\u00f3n del Evangelio. Dice que as\u00ed se cumple en \u00e9l el pasaje de la Escritura: \u00ab Cre\u00ed, por eso habl\u00e9 \u00bb (<em>2 Co<\/em> 4,13). Es una cita del Salmo 116. El Ap\u00f3stol se refiere a una expresi\u00f3n del Salmo 116 en la que el salmista exclama: \u00ab Ten\u00eda fe, aun cuando dije: \u2018\u2018\u00a1Qu\u00e9 desgraciado soy!\u201d \u00bb (v. 10). Hablar de fe comporta a menudo hablar tambi\u00e9n de pruebas dolorosas, pero precisamente en ellas san Pablo ve el anuncio m\u00e1s convincente del Evangelio, porque en la debilidad y en el sufrimiento se hace manifiesta y palpable el poder de Dios que supera nuestra debilidad y nuestro sufrimiento. El Ap\u00f3stol mismo se encuentra en peligro de muerte, una muerte que se convertir\u00e1 en vida para los cristianos (cf.\u00a0<em>2 Co<\/em> 4,7-12). En la hora de la prueba, la fe nos ilumina y, precisamente en medio del sufrimiento y la debilidad, aparece claro que \u00ab no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Se\u00f1or \u00bb (<em>2 Co<\/em> 4,5). El cap\u00edtulo 11 de la Carta a los Hebreos termina con una referencia a aquellos que han sufrido por la fe (cf.\u00a0<em>Hb<\/em> 11,35-38), entre los cuales ocupa un puesto destacado Mois\u00e9s, que ha asumido la afrenta de Cristo (cf. v. 26). El cristiano sabe que siempre habr\u00e1 sufrimiento, pero que le puede dar sentido, puede convertirlo en acto de amor, de entrega confiada en las manos de Dios, que no nos abandona y, de este modo, puede constituir una etapa de crecimiento en la fe y en el amor. Viendo la uni\u00f3n de Cristo con el Padre, incluso en el momento de mayor sufrimiento en la cruz (cf.\u00a0<em>Mc<\/em>15,34), el cristiano aprende a participar en la misma mirada de Cristo. Incluso la muerte queda iluminada y puede ser vivida como la \u00faltima llamada de la fe, el \u00faltimo \u00ab Sal de tu tierra \u00bb, el \u00faltimo \u00ab Ven \u00bb, pronunciado por el Padre, en cuyas manos nos ponemos con la confianza de que nos sostendr\u00e1 incluso en el paso definitivo.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>57. La luz de la fe no nos lleva a olvidarnos de los sufrimientos del mundo. \u00a1Cu\u00e1ntos hombres y mujeres de fe han recibido luz de las personas que sufren! San Francisco de As\u00eds, del leproso; la Beata Madre Teresa de Calcuta, de sus pobres. Han captado el misterio que se esconde en ellos. Acerc\u00e1ndose a ellos, no les han quitado todos sus sufrimientos, ni han podido dar raz\u00f3n cumplida de todos los males que los aquejan. La luz de la fe no disipa todas nuestras tinieblas, sino que, como una l\u00e1mpara, gu\u00eda nuestros pasos en la noche, y esto basta para caminar. Al hombre que sufre, Dios no le da un razonamiento que explique todo, sino que le responde con una presencia que le acompa\u00f1a, con una historia de bien que se une a toda historia de sufrimiento para abrir en ella un resquicio de luz. En Cristo, Dios mismo ha querido compartir con nosotros este camino y ofrecernos su mirada para darnos luz. Cristo es aquel que, habiendo soportado el dolor, \u00ab inici\u00f3 y completa nuestra fe \u00bb (<em>Hb<\/em>12,2).<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>El sufrimiento nos recuerda que el servicio de la fe al bien com\u00fan es siempre un servicio de esperanza, que mira adelante, sabiendo que s\u00f3lo en Dios, en el futuro que viene de Jes\u00fas resucitado, puede encontrar nuestra sociedad cimientos s\u00f3lidos y duraderos. En este sentido, la fe va de la mano de la esperanza porque, aunque nuestra morada terrenal se destruye, tenemos una mansi\u00f3n eterna, que Dios ha inaugurado ya en Cristo, en su cuerpo (cf.\u00a0<em>2 Co<\/em> 4,16-5,5). El dinamismo de fe, esperanza y caridad (cf.\u00a0<em>1 Ts<\/em> 1,3;\u00a0<em>1 Co<\/em> 13,13) nos permite as\u00ed integrar las preocupaciones de todos los hombres en nuestro camino hacia aquella ciudad \u00ab cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios \u00bb (<em>Hb<\/em> 11,10), porque \u00ab la esperanza no defrauda \u00bb (<em>Rm<\/em> 5,5).<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>En unidad con la fe y la caridad, la esperanza nos proyecta hacia un futuro cierto, que se sit\u00faa en una perspectiva diversa de las propuestas ilusorias de los \u00eddolos del mundo, pero que da un impulso y una fuerza nueva para vivir cada d\u00eda. No nos dejemos robar la esperanza, no permitamos que la banalicen con soluciones y propuestas inmediatas que obstruyen el camino, que \u00ab fragmentan \u00bb el tiempo, transform\u00e1ndolo en espacio. El tiempo es siempre superior al espacio. El espacio cristaliza los procesos; el tiempo, en cambio, proyecta hacia el futuro e impulsa a caminar con esperanza.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><strong><em><span>Bienaventurada la que ha cre\u00eddo (<\/span><\/em><\/strong><strong><span>Lc\u00a0<em>1,45)<\/em><\/span><\/strong><span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>58. En la par\u00e1bola del sembrador, san Lucas nos ha dejado estas palabras con las que Jes\u00fas explica el significado de la \u00ab tierra buena \u00bb: \u00ab Son los que escuchan la palabra con un coraz\u00f3n noble y generoso, la guardan y dan fruto con perseverancia \u00bb (<em>Lc<\/em> 8,15). En el contexto del Evangelio de Lucas, la menci\u00f3n del coraz\u00f3n noble y generoso, que escucha y guarda la Palabra, es un retrato impl\u00edcito de la fe de la Virgen Mar\u00eda. El mismo evangelista habla de la memoria de Mar\u00eda, que conservaba en su coraz\u00f3n todo lo que escuchaba y ve\u00eda, de modo que la Palabra diese fruto en su vida. La Madre del Se\u00f1or es icono perfecto de la fe, como dice santa Isabel: \u00ab Bienaventurada la que ha cre\u00eddo \u00bb (<em>Lc<\/em> 1,45)<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>En Mar\u00eda, Hija de Si\u00f3n, se cumple la larga historia de fe del Antiguo Testamento, que incluye la historia de tantas mujeres fieles, comenzando por Sara, mujeres que, junto a los patriarcas, fueron testigos del cumplimiento de las promesas de Dios y del surgimiento de la vida nueva. En la plenitud de los tiempos, la Palabra de Dios fue dirigida a Mar\u00eda, y ella la acogi\u00f3 con todo su ser, en su coraz\u00f3n, para que tomase carne en ella y naciese como luz para los hombres. San Justino m\u00e1rtir, en su\u00a0<em>Di\u00e1logo con Trif\u00f3n,<\/em> tiene una hermosa expresi\u00f3n, en la que dice que Mar\u00eda, al aceptar el mensaje del \u00c1ngel, concibi\u00f3 \u00ab fe y alegr\u00eda \u00bb<a name=\"_ftnref49\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn49\"><span>[49]<\/span><\/a>. En la Madre de Jes\u00fas, la fe ha dado su mejor fruto, y cuando nuestra vida espiritual da fruto, nos llenamos de alegr\u00eda, que es el signo m\u00e1s evidente de la grandeza de la fe. En su vida, Mar\u00eda ha realizado la peregrinaci\u00f3n de la fe, siguiendo a su Hijo<a name=\"_ftnref50\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn50\"><span>[50]<\/span><\/a>.50 As\u00ed, en Mar\u00eda, el camino de fe del Antiguo Testamento es asumido en el seguimiento de Jes\u00fas y se deja transformar por \u00e9l, entrando a formar parte de la mirada \u00fanica del Hijo de Dios encarnado.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>59. Podemos decir que en la Bienaventurada Virgen Mar\u00eda se realiza eso en lo que antes he insistido, que el creyente est\u00e1 totalmente implicado en su confesi\u00f3n de fe. Mar\u00eda est\u00e1 \u00edntimamente asociada, por su uni\u00f3n con Cristo, a lo que creemos. En la concepci\u00f3n virginal de Mar\u00eda tenemos un signo claro de la filiaci\u00f3n divina de Cristo. El origen eterno de Cristo est\u00e1 en el Padre; \u00e9l es el Hijo, en sentido total y \u00fanico; y por eso, es engendrado en el tiempo sin concurso de var\u00f3n. Siendo Hijo, Jes\u00fas puede traer al mundo un nuevo comienzo y una nueva luz, la plenitud del amor fiel de Dios, que se entrega a los hombres. Por otra parte, la verdadera maternidad de Mar\u00eda ha asegurado para el Hijo de Dios una verdadera historia humana, una verdadera carne, en la que morir\u00e1 en la cruz y resucitar\u00e1 de los muertos. Mar\u00eda lo acompa\u00f1ar\u00e1 hasta la cruz (cf.\u00a0<em>Jn<\/em> 19,25), desde donde su maternidad se extender\u00e1 a todos los disc\u00edpulos de su Hijo (cf.\u00a0<em>Jn<\/em> 19,26-27). Tambi\u00e9n estar\u00e1 presente en el Cen\u00e1culo, despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n y de la ascensi\u00f3n, para implorar el don del Esp\u00edritu con los ap\u00f3stoles (cf.\u00a0<em>Hch<\/em> 1,14). El movimiento de amor entre el Padre y el Hijo en el Esp\u00edritu ha recorrido nuestra historia; Cristo nos atrae a s\u00ed para salvarnos (cf.\u00a0<em>Jn<\/em> 12,32). En el centro de la fe se encuentra la confesi\u00f3n de Jes\u00fas, Hijo de Dios, nacido de mujer, que nos introduce, mediante el don del Esp\u00edritu santo, en la filiaci\u00f3n adoptiva (cf.\u00a0<em>Ga<\/em> 4,4-6).<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>60. Nos dirigimos en oraci\u00f3n a Mar\u00eda, madre de la Iglesia y madre de nuestra fe.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>\u00a1Madre, ayuda nuestra fe!<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>Abre nuestro o\u00eddo a la Palabra, para que reconozcamos la voz de Dios y su llamada.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>Aviva en nosotros el deseo de seguir sus pasos, saliendo de nuestra tierra y confiando en su promesa.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>Ay\u00fadanos a dejarnos tocar por su amor, para que podamos tocarlo en la fe.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>Ay\u00fadanos a fiarnos plenamente de \u00e9l, a creer en su amor, sobre todo en los momentos de tribulaci\u00f3n y de cruz, cuando nuestra fe es llamada a crecer y a madurar.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>Siembra en nuestra fe la alegr\u00eda del Resucitado.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>Recu\u00e9rdanos que quien cree no est\u00e1 nunca solo.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>Ens\u00e9\u00f1anos a mirar con los ojos de Jes\u00fas, para que \u00e9l sea luz en nuestro camino.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>Y que esta luz de la fe crezca continuamente en nosotros, hasta que llegue el d\u00eda sin ocaso, que es el mismo Cristo, tu Hijo, nuestro Se\u00f1or.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><em><span>Dado en Roma, junto a San Pedro, el 29 de junio, solemnidad de los Santos Ap\u00f3stoles Pedro y Pablo, del a\u00f1o 2013, primero de mi Pontificado.<\/span><\/em><span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span> <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"center\"><strong><span>FRANCISCUS<\/span><\/strong><span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"center\"><span> <\/span><\/p>\n<div class=\"MsoNormal\"><span> <\/p>\n<hr size=\"1\" \/><\/span><\/div>\n<p class=\"MsoNormal\"><span><br \/>\n<a name=\"_ftn1\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref1\"><span>[1]<\/span><\/a> <em>Dialogus cum Tryphone Iudaeo<\/em>, 121, 2:\u00a0<em>PG<\/em> 6, 758.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn2\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref2\"><span>[2]<\/span><\/a><span> Clemente de Alejandr\u00eda,\u00a0<em>Protrepticus,<\/em> IX:\u00a0<em>PG<\/em> 8, 195.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn3\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref3\"><span lang=\"EN-US\">[3]<\/span><\/a><span lang=\"EN-US\"> <em>Brief an Elisabeth Nietzsche<\/em> (11 junio 1865), en\u00a0<em>Werke in drei B\u00e4nden<\/em>, M\u00fcnchen 1954, 953s.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn4\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref4\"><span>[4]<\/span><\/a><span> Para\u00edso XXIV, 145-147.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn5\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref5\"><span>[5]<\/span><\/a><span> <em>Acta Sanctorum,<\/em> Junii, I, 21.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn6\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref6\"><span>[6]<\/span><\/a><span> \u00ab Si el Concilio no trata expresamente de la fe, habla de ella en cada una de sus p\u00e1ginas, reconoce su car\u00e1cter vital y sobrenatural, la supone \u00edntegra y fuerte, y construye sobre ella sus doctrinas. Bastar\u00eda recordar las afirmaciones conciliares [\u2026] para darse cuenta de la importancia esencial que el Concilio, coherente con la tradici\u00f3n doctrinal de la Iglesia, atribuye a la fe, a la verdadera fe, la que tiene como fuente a Cristo y por canal al magisterio de la Iglesia \u00bb (Pablo VI,\u00a0<em>Audiencia general<\/em> [8 marzo 1967]:\u00a0<em>Insegnamenti<\/em> V [1967], 705).<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn7\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref7\"><span lang=\"EN-US\">[7]<\/span><\/a><span lang=\"EN-US\"> Cf. Conc. Ecum. Vat. I, Const. dogm. <\/span><em><span>Dei Filius<\/span><\/em><span>, sobre la Fe cat\u00f3lica, cap. III: DS 3008-3020; Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm.\u00a0<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651118_dei-verbum_sp.html\"><span>Dei Verbum<\/span><\/a><\/em>, sobre la divina revelaci\u00f3n, 5;\u00a0<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/catechism_sp\/p1s1c3a1_sp.html#III Las caracter\u00edsticas de la fe\"><span>Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica<\/span><\/a><\/em>, 153-165<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn8\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref8\"><span lang=\"EN-US\">[8]<\/span><\/a><span lang=\"EN-US\"> Cf.\u00a0<em>Catechesis<\/em> V, 1:\u00a0<em>PG<\/em> 33, 505A.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn9\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref9\"><span lang=\"EN-US\">[9]<\/span><\/a><span lang=\"EN-US\"> <em>In Psal.<\/em> 32, II, s. I, 9:\u00a0<em>PL<\/em> 36, 284.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn10\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref10\"><span lang=\"EN-US\">[10]<\/span><\/a><span lang=\"EN-US\"> M. Buber,\u00a0<em>Die Erz\u00e4hlungen der Chassidim,<\/em> Z\u00fcrich 1949, 793.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn11\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref11\"><span lang=\"EN-US\">[11]<\/span><\/a><span lang=\"EN-US\"> <em>\u00c9mile,<\/em> Paris 1966, 387.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn12\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref12\"><span lang=\"EN-US\">[12]<\/span><\/a><span lang=\"EN-US\"> <em>Lettre \u00e0 Christophe de Beaumont,<\/em> Lausanne 1993, 110.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn13\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref13\"><span lang=\"EN-US\">[13]<\/span><\/a><span lang=\"EN-US\"> Cf.\u00a0<em>In Ioh. Evang.<\/em>, 45, 9:\u00a0<em>PL<\/em> 35, 1722-1723.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn14\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref14\"><span>[14]<\/span><\/a><span> Parte II, IV.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn15\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref15\"><span>[15]<\/span><\/a><span> <em>De continentia,<\/em> 4,11:\u00a0<em>PL<\/em> 40, 356.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn16\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref16\"><span lang=\"EN-US\">[16]<\/span><\/a><span lang=\"EN-US\"> <em>Vom Wesen katholischer Weltanschauung<\/em> (1923), en\u00a0<em>Unterscheidung des Christlichen. Gesammelte Studien<\/em>1923-1963, Mainz 1963, 24.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn17\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref17\"><span lang=\"EN-US\">[17]<\/span><\/a><span lang=\"EN-US\"> <em>Confessiones<\/em> XI, 30, 40:\u00a0<em>PL<\/em> 32, 825: \u00ab\u00a0<em>et stabo atque solidabor in te, in forma mea, veritate tua\u2026<\/em> \u00bb.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn18\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref18\"><span lang=\"EN-US\">[18]<\/span><\/a><span lang=\"EN-US\"> Cf.\u00a0<em>ib\u00edd.<\/em>, 825-826.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn19\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref19\"><span lang=\"EN-US\">[19]<\/span><\/a><span lang=\"EN-US\"> Cf.\u00a0<em>Vermischte Bemerkungen \/ Culture and Value,<\/em> G. H. von Wright, ed., Oxford 1991, 32-33, 61-64.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn20\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref20\"><span>[20]<\/span><\/a><span> <em>Homiliae in Evangelia,<\/em> II, 27, 4:\u00a0<em>PL<\/em> 76, 1207.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn21\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref21\"><span>[21]<\/span><\/a><span> Cf.\u00a0<em>Expositio super Cantica Canticorum,<\/em> XVIII, 88:\u00a0<em>CCL<\/em>,\u00a0<em>Continuatio Mediaevalis<\/em> 87, 67.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn22\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref22\"><span>[22]<\/span><\/a><span> <em>Ib\u00edd.<\/em>, XIX, 90:\u00a0<em>CCL,<\/em> <em>Continuatio Mediaevalis<\/em> 87, 69.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn23\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref23\"><span>[23]<\/span><\/a><span> \u00ab Cuando Dios revela, hay que prestarle la\u00a0<em>obediencia de la fe<\/em> (cf.\u00a0<em>Rm<\/em> 16,26; comp. con\u00a0<em>Rm<\/em> 1,5;\u00a0<em>2 Co<\/em> 10,5-6), por la que el hombre se conf\u00eda libre y totalmente a Dios, prestando \u201ca Dios revelador el homenaje del entendimiento y de la voluntad\u201d, y asintiendo voluntariamente a la revelaci\u00f3n hecha por \u00e9l. Para profesar esta fe es necesaria la gracia de Dios, que previene y ayuda, y los auxilios internos del Esp\u00edritu Santo, el cual mueve el coraz\u00f3n y lo convierte a Dios, abre los ojos de la mente y da \u201ca todos la suavidad en el aceptar y creer la verdad\u201d. Y para que la inteligencia de la revelaci\u00f3n sea m\u00e1s profunda, el mismo Esp\u00edritu Santo perfecciona constantemente la fe por medio de sus dones \u00bb (Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm.\u00a0<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651118_dei-verbum_sp.html\"><span>Dei Verbum<\/span><\/a><\/em>, sobre la divina revelaci\u00f3n, 5).<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn24\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref24\"><span lang=\"EN-US\">[24]<\/span><\/a><span lang=\"EN-US\">Cf. H. Schlier,\u00a0<em>Meditationen \u00fcber den Johanneischen Begriff der Wahrheit,<\/em> en\u00a0<em>Besinnung auf das Neue Testament. Exegetische Aufs\u00e4tze und Vortr\u00e4ge 2,<\/em> Freiburg, Basel, Wien 1959, 272.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn25\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref25\"><span lang=\"EN-US\">[25]<\/span><\/a><span lang=\"EN-US\"> Cf.\u00a0<em>S. Th.<\/em> III, q. 55, a. 2, ad 1.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn26\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref26\"><span lang=\"EN-US\">[26]<\/span><\/a><span lang=\"EN-US\"> <em>Sermo<\/em> 229\/L, 2:\u00a0<em>PLS<\/em> 2, 576: \u00ab\u00a0<em>Tangere autem corde, hoc est credere<\/em> \u00bb.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn27\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref27\"><span>[27]<\/span><\/a><span> Cf. Carta enc.\u00a0<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091998_fides-et-ratio_sp.html\"><span>Fides et ratio<\/span><\/a><\/em> (14 septiembre 1998): ASS (1999), 61-62.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn28\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref28\"><span>[28]<\/span><\/a><span> Cf.\u00a0<em>Confessiones<\/em>, VIII, 12, 29:\u00a0<em>PL<\/em> 32, 762.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn29\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref29\"><span>[29]<\/span><\/a><span> <em>De Trinitate,<\/em> XV, 11, 20:\u00a0<em>PL<\/em> 42, 1071: \u00ab\u00a0<em>Verbum quod intus lucet<\/em> \u00bb.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn30\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref30\"><span>[30]<\/span><\/a><span> Cf.\u00a0<em>De civitate Dei,<\/em> XXII, 30, 5:\u00a0<em>PL<\/em> 41, 804.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn31\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref31\"><span>[31]<\/span><\/a><span> Cf. Congregaci\u00f3n para la Doctrina de la Fe, Decl.\u00a0<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/congregations\/cfaith\/documents\/rc_con_cfaith_doc_20000806_dominus-iesus_sp.html\"><span>Dominus Iesus<\/span><\/a><\/em> (6 agosto 2000), 15:\u00a0<em>AAS<\/em> 92 (2000), 756.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn32\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref32\"><span>[32]<\/span><\/a><span> <em>Demonstratio apostolicae praedicationis,<\/em> 24:\u00a0<em>SC<\/em> 406, 117.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn33\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref33\"><span>[33]<\/span><\/a><span> Cf. Buenaventura,\u00a0<em>Breviloquium, Prol.<\/em>: Opera Omnia, V, Quaracchi 1891, p. 201;\u00a0<em>In I Sent., proem.,<\/em> q. 1, resp.: Opera Omnia, I, Quaracchi 1891, p. 7; Tom\u00e1s de Aquino,\u00a0<em>S. Th.<\/em> I, q. 1.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn34\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref34\"><span>[34]<\/span><\/a><span> Cf.\u00a0<em>De Baptismo<\/em>, 20, 5:\u00a0<em>CCL<\/em> I, 295.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn35\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref35\"><span>[35]<\/span><\/a><span> Const. dogm.\u00a0<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651118_dei-verbum_sp.html\"><span>Dei Verbum<\/span><\/a><\/em>, sobre la divina revelaci\u00f3n, 8.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn36\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref36\"><span lang=\"EN-US\">[36]<\/span><\/a><span lang=\"EN-US\"> Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. <\/span><em><span><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html\"><span>Sacrosanctum Concilium<\/span><\/a>,<\/span><\/em><span> sobre la sagrada liturgia, 59.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn37\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref37\"><span>[37]<\/span><\/a><span> Cf.\u00a0<em>Epistula Barnabae,<\/em> 11, 5:\u00a0<em>SC<\/em> 172, 162.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn38\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref38\"><span>[38]<\/span><\/a><span> Cf.\u00a0<em>De nuptiis et concupiscentia,<\/em> I, 4, 5:\u00a0<em>PL<\/em> 44,413: \u00ab\u00a0<em>Habent quippe intentionem generandi regenerandos, ut qui ex eis saeculi filii nascuntur in Dei filios renascantur <\/em>\u00bb.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn39\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref39\"><span lang=\"EN-US\">[39]<\/span><\/a><span lang=\"EN-US\"> Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. <\/span><em><span><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651118_dei-verbum_sp.html\"><span>Dei Verbum<\/span><\/a><\/span><\/em><span>, sobre la divina revelaci\u00f3n, 8.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn40\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref40\"><span>[40]<\/span><\/a><span> <em>In nativitate Domini sermo<\/em> 4, 6: SC 22, 110.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn41\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref41\"><span>[41]<\/span><\/a><span> Cf. Ireneo,\u00a0<em>Adversus haereses,<\/em> I, 10, 2:\u00a0<em>SC<\/em> 264, 160.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn42\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref42\"><span>[42]<\/span><\/a><span> Cf.\u00a0<em>ib\u00edd.<\/em>, II, 27, 1:\u00a0<em>SC<\/em> 294, 264.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn43\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref43\"><span>[43]<\/span><\/a><span> Cf. Agust\u00edn,\u00a0<em>De sancta virginitate,<\/em> 48, 48:\u00a0<em>PL<\/em> 40, 424-425: \u00ab\u00a0<em>Servatur et in fide inviolata quaedam castitas virginalis, qua Ecclesia uni viro virgo casta cooptatur<\/em> \u00bb.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn44\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref44\"><span lang=\"EN-US\">[44]<\/span><\/a><span lang=\"EN-US\"> Cf.\u00a0<em>An Essay on the Development of Christian Doctrine,<\/em> Uniform Edition: Longmans, Green and Company, London, 1868-1881, 185-189.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn45\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref45\"><span lang=\"EN-US\">[45]<\/span><\/a><span lang=\"EN-US\"> Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. <\/span><em><span><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651118_dei-verbum_sp.html\"><span>Dei Verbum<\/span><\/a><\/span><\/em><span>, sobre la divina revelaci\u00f3n, 10.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn46\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref46\"><span>[46]<\/span><\/a><span> Or\u00edgenes,\u00a0<em>Contra Celsum,<\/em> IV, 75:\u00a0<em>SC<\/em> 136, 372.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn47\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref47\"><span lang=\"EN-US\">[47]<\/span><\/a><span lang=\"EN-US\"> <em>Ib\u00edd.<\/em>, 85:\u00a0<em>SC<\/em> 136, 394.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn48\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref48\"><span lang=\"EN-US\">[48]<\/span><\/a><span lang=\"EN-US\"> \u00ab Choruses from\u00a0<em>The Rock<\/em> \u00bb, en\u00a0<em>The Collected Poems and Plays<\/em> 1909-1950, New York 1980, 106.<a name=\"_ftn49\"><\/a><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref49\"><span lang=\"EN-US\">[49]<\/span><\/a><span lang=\"EN-US\"> Cf.\u00a0<em>Dialogus cum Tryphone Iudaeo,<\/em> 100, 5:\u00a0<em>PG<\/em> 6, 710.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><a name=\"_ftn50\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftnref50\"><span lang=\"EN-US\">[50]<\/span><\/a><span lang=\"EN-US\"> Cf. Conc. Ecum. Vat. <\/span><span>II, Const. dogm.\u00a0<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\"><span>Lumen gentium<\/span><\/a>,<\/em> sobre la Iglesia, 58.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cLa luz de la fe\u201d es la primera enc\u00edclica firmada por el papa Francisco, que se suma a las enc\u00edclicas del papa Benedicto XVI sobre&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[9,6],"tags":[],"class_list":["post-8567","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-documentos","category-nota-tapa"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-2eb","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/8567","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=8567"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/8567\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=8567"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=8567"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=8567"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}