{"id":8750,"date":"2013-09-18T11:38:28","date_gmt":"2013-09-18T14:38:28","guid":{"rendered":"http:\/\/staging.winguweb.org\/2014\/revistacriterio\/bloginst\/?p=8750"},"modified":"2020-05-24T18:59:45","modified_gmt":"2020-05-24T21:59:45","slug":"abelardo-castillo-la-literatura-y-la-fe","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=8750","title":{"rendered":"Abelardo Castillo, la literatura y la fe"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\"><span>Narrador de raza, fundador de notables revistas literarias y referente obligado de algunas generaciones, el escritor habla de su vida, de su obra, de su visi\u00f3n de la fe y de los grandes escritores argentinos.<!--more--><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">La casa del escritor Abelardo Castillo (nacido en Buenos Aires en 1935, aunque \u00e9l se considere oriundo de San Pedro, frente al r\u00edo Paran\u00e1, donde vivi\u00f3 parte de su infancia y adolescencia) est\u00e1 en la calle Hip\u00f3lito Irigoyen, antiguamente llamada Victoria, en homenaje a las tropas que vencieron a los ingleses durante las invasiones. Pero antes de establecerse all\u00ed con su esposa, Sylvia Iparraguirre, curiosamente hab\u00eda escrito un magn\u00edfico cuento que lleva por t\u00edtulo el viejo nombre de esa calle. El narrador imagina el encuentro de un tal Villari, joven conocido suyo, con una anciana dama (con \u201cvoz de abuela que perdi\u00f3 el tejido\u201d). Cuenta que era carnaval y que \u201chab\u00eda en Buenos Aires una de esas neblinas nocturnas que parecen estar hechas de espuma de jab\u00f3n y mon\u00f3xido de carbono\u201d.&nbsp; La narraci\u00f3n fluye entre la realidad y la fantas\u00eda, los tiempos se confunden, y Castillo prefiere finalmente dejar a su personaje en la ignorancia de lo ocurrido, con un \u201cqu\u00e9 iba a decirle\u201d. Pero lo que llama la atenci\u00f3n es que el escritor viva hoy en la misma cuadra que en la narraci\u00f3n buscaba entonces la fantasmal mujer. \u201cEmpec\u00e9 a escribir ese cuento \u2013explica\u2013 cuando viv\u00eda en Pueyrred\u00f3n y Lavalle, y habl\u00e9 de una casa con tres balcones y una sala muy grande; de alguna manera prev\u00ed \u00e9sta donde vivo ahora. Son esos misterios que una parte m\u00eda llama coincidencias, aunque otra parte no crea en ellas. Schopenhauer dec\u00eda que todo encuentro es una cita y todo lo que nos ocurre est\u00e1 decidido por nosotros. Por eso en <em>El Evangelio seg\u00fan Van Hutten<\/em> hay dos personajes: uno es fatalista, determinista, Estanislao Van Hutten, y otro es el doctor Golo, que dice que todo pasa de cualquier manera, que la realidad es una hilera de disparates. Esos dos personajes unidos son m\u00e1s o menos lo que yo siento sucesivamente del mundo\u201d.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>Conversamos de varios temas. Empezamos, vaya a saber por qu\u00e9, recordando al autor de <em>El gatopardo<\/em>, el pr\u00edncipe Giuseppe Tomasi de Lampedusa. En seguida la conversaci\u00f3n fue hacia otros grandes escritores. Castillo observa: \u201cHay una an\u00e9cdota muy famosa de Balzac. Llega alguien a su casa, lo encuentra llorando y el escritor dice \u2018Es que se est\u00e1 muriendo Eugenia\u2019, por Eugenia Grandet. Para \u00e9l, los personajes eran m\u00e1s reales que la gente\u201d.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>Despu\u00e9s le dije que mientras el cuento tiende a deslumbrar (concepto tomado de otros escritores), la novela requiere seguir una historia con sus altibajos. Pero Abelardo sentencia: \u201cLa novela sucede en el tiempo; el cuento ya sucedi\u00f3\u201d. Y agrega: \u201cYo no creo en las virtudes de los g\u00e9neros, que haya unos mejores que otros ni que el tama\u00f1o sea decisivo; no por ser m\u00e1s grande el Aconcagua es m\u00e1s bello que una rosa. Pero hay un modo de situarse frente a la novela, como frente a la poes\u00eda o al cuento, absolutamente distinto; y es el lector quien tambi\u00e9n lo decide. Yo no creo en los g\u00e9neros. Un texto literario nace con una forma ya dada. Cuando pens\u00e9 en <em>El otro Judas <\/em>(que pocos d\u00edas despu\u00e9s volver\u00eda a la escena de los teatros porte\u00f1os) me equivoqu\u00e9 de g\u00e9nero: empec\u00e9 un relato y despu\u00e9s sent\u00ed que los personajes ten\u00edan que estar de pie, y as\u00ed pens\u00e9 necesariamente en una pieza teatral. Yo supe <em>a priori <\/em>que \u2018La madre de Ernesto\u2019 era un cuento, del mismo modo en que sab\u00eda que <em>Cr\u00f3nica de un iniciado <\/em>era una novela\u201d. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>Conversar con Castillo constituye hoy un raro placer. Hombre de vasta cultura, autodidacta y talentoso, fue reconocido desde joven y qued\u00f3 como una divisoria de generaciones en nuestra literatura.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><strong><span>\u2013 \u201cLa madre de Ernesto\u201d es quiz\u00e1s el cuento suyo m\u00e1s impactante. \u00bfLe signific\u00f3 un gran trabajo?<\/span><\/strong><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>\u2013No. Yo ya hab\u00eda escrito <em>El otro Judas<\/em> y un amigo, que no escrib\u00eda, me dijo que se le hab\u00eda ocurrido el tema para una obra de teatro. Y me cont\u00f3 pr\u00e1cticamente toda la historia. Yo le dije que no era una obra de teatro porque ten\u00eda un final demasiado cerrado. Pero s\u00ed era un cuento perfecto; y puedo decirlo porque no fue m\u00eda la idea. Despu\u00e9s tuve que justificar muchas cosas: d\u00f3nde ocurre, por qu\u00e9 esa mujer vuelve al pueblo, c\u00f3mo realmente puede darse cuenta de que los chicos son aquellos que hab\u00eda conocido\u2026 Ese tipo de cosas son las que tiene que solucionar el cuentista para que el lector no se formule preguntas, porque si un lector se hace una sola pregunta se termin\u00f3 el cuento. En la novela, por el contrario, la tarea del lector es casi paralela a la del novelista. Lo \u00fanico que me dio trabajo fue que el final era una pregunta: \u00bfle pas\u00f3 algo a Ernesto? &nbsp;Y yo sent\u00ed que era muy rotundo, de ah\u00ed que incluyera en el texto un gesto: porque ella \u201ccerr\u00e1ndose el deshabill\u00e9 lo dijo\u201d; para que recayera la mirada del lector sobre ese gesto maternal y no sobre las palabras. <em><\/em><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><strong><span>\u2013Entonces, \u00bfcu\u00e1ntos tipos de escritores hay?<\/span><\/strong><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>\u2013Creo que fundamentalmente hay dos tipos de escritores: los grandes cuentistas, como Chejov, que era tambi\u00e9n dramaturgo, o Maupassant; y los que son esencialmente poetas, como Neruda o Whitman; no es el caso de Rilke, \u2018mi poeta\u2019, que tambi\u00e9n lleg\u00f3 a ser dramaturgo. Est\u00e1 el escritor que a veces escribe una novela, otras un ensayo y si puede un libro de filosof\u00eda. El paradigma en los tiempos m\u00e1s cercanos ser\u00eda Sartre, e incluso Camus: escribieron teatro, relatos breves, novelas\u2026 Y en nuestra lengua, Unamuno, que es uno de mis escritores modelo. Fue un magistral cuentista, novelista, autor de ensayos filos\u00f3ficos y, adem\u00e1s, gran periodista. Cuando yo era muy joven cre\u00eda que, si un escritor es realmente h\u00e1bil, escribe lo que quiere. Con el tiempo aprend\u00ed que si escribe lo quiere, suele ser un mal escritor. Y decid\u00ed que la verdadera \u00e9tica es que escriba lo que debe. Con el tiempo tambi\u00e9n super\u00e9 esa etapa tierna, y me di cuenta de que un escritor escribe lo que puede. Uno elige la literatura como destino, pero no viene de las fuerzas del bien ni de las fuerzas del mal, es un destino elegido: pod\u00e9s ser un escritor endemoniado o un gran escritor religioso, pero el destino literario hay que elegirlo permanentemente, todos los d\u00edas, como casi todas las cosas: la paternidad, la libertad o la fe.<em><\/em><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>\u2013<strong>En su obra llama la atenci\u00f3n que hay un universo \u00e9tico o moral muy definido. Hay un bien y un mal, y casi una deliberada opci\u00f3n para que el protagonista est\u00e9 de la parte del mal. Pero tambi\u00e9n una suerte de sufrimiento\u2026<\/strong><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>\u2013Deliberadamente dir\u00eda que no lo eleg\u00ed, pero eso es lo que el lector o el cr\u00edtico ve en mi literatura, y finalmente es lo \u00fanico v\u00e1lido. Yo me propongo contar historias. A lord Byron le plantearon algo parecido y dijo: \u201cLa noche muestra a las estrellas bajo una luz mejor\u201d. Puede ser que ese mundo negro o cruel, que por supuesto advierto, y por donde mis personajes deambulan, es lo que hace resaltar una cierta mirada \u00e9tica sobre el mundo, que en m\u00ed se inicia en la infancia. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><strong><span>\u2013\u00bfPor qu\u00e9?<\/span><\/strong><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>\u2013Cuando yo cre\u00eda de ni\u00f1o, no viv\u00eda la fe con la inocencia del ni\u00f1o sino con la inocencia de todo creyente, porque el creyente no necesita pruebas. Cuando empez\u00e1s a necesitar pruebas es porque tu fe est\u00e1 en duda o porque aquello en lo que cre\u00e9s es dudoso. Uno puede demostrar el teorema de Pit\u00e1goras, pero querer demostrar a Dios es una herej\u00eda. Para el que cree de verdad,&nbsp; Dios es una presencia. En la misa, en el momento de la consagraci\u00f3n, yo no ten\u00eda ninguna duda de que ese era el cuerpo de Jes\u00fas; y adem\u00e1s lo recib\u00eda con toda naturalidad. No estoy hablando desde un punto de vista m\u00edstico. Hacia los 14 a\u00f1os, leyendo las pruebas ontol\u00f3gicas de la existencia de Dios de Descartes, que vienen de san Anselmo, sent\u00ed como un rayo que ese no era el Dios en el que yo cre\u00eda. Si tengo que explicar a Dios estoy fuera de la fe, estoy en el \u00e1mbito de la ciencia. En ese sentido, un personaje m\u00edo, en <em>El Evangelio seg\u00fan Van Hutten<\/em>, dice que santo Tom\u00e1s era una especie de hereje, porque a Dios no hay que explicarlo, es una vivencia para el creyente. A\u00fan hoy me considero cristiano, aunque s\u00e9 que es bastante dif\u00edcil de explicar, porque creo justamente que el cristianismo es una \u00e9tica. Para m\u00ed entre cristianismo y socialismo, o anarquismo incluso, hay diferencias s\u00f3lo de matices. Creo que uno de los grandes problemas que tuvieron las doctrinas en el mundo fue haber excluido al cristianismo de ellas, porque se quedaron s\u00f3lo con la parte econ\u00f3mica y pr\u00e1ctica; y el cristianismo supone una \u00e9tica. Se puede ser cristiano sin creer en Dios, porque la fe no es optativa. He intentado, sobre todo en mi adolescencia, llevar a t\u00e9rmino la famosa idea de Pascal: \u201cArrod\u00edllate y creer\u00e1s\u201d. Creo que ni a Pascal le dio resultado, porque de lo contrario no hubiera llevado ese amuleto cosido sobre una revelaci\u00f3n. La fe cay\u00f3 como un fuego sobre \u00e9l, dice, pero \u00e9l no cay\u00f3 arrodillado. Lo que yo nunca perd\u00ed es una especie de sentido religioso de la existencia, es decir: sentirme comunicado de alguna manera con todos los hombres y, sobre todo, con aquellos que considero mis pr\u00f3jimos. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><strong><span>\u2013\u00bfQu\u00e9 edad ten\u00eda cuando fue a vivir a San Pedro?<\/span><\/strong><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>\u2013Hasta los diez a\u00f1os estuve en un colegio salesiano de Ramos Mej\u00eda y a los once nos trasladamos all\u00e1 con mi padre. Yo siento que he tenido tres infancias simult\u00e1neas, incluso aparecen en mi cuento \u201cEl decuri\u00f3n\u201d. Una es mi infancia en Buenos Aires, en la calle Terrero, en Floresta, donde viv\u00ed con mi madre y mi padre. Despu\u00e9s de la separaci\u00f3n, hay una infancia con los salesianos y otra en San Pedro, que como tal dura hasta mi entrada en el secundario. Pero esas tres infancias no son sucesivas, sino simult\u00e1neas, como si pudiera ir de una a otra. Y regres\u00e9 a Buenos Aires a los 18 a\u00f1os. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><strong><span> \u2013\u00bfCu\u00e1les son, a su juicio, los autores sobre los que se funda la literatura argentina?<\/span><\/strong><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span> \u2013Hern\u00e1ndez y Sarmiento, en primer lugar. Luego otros de la Generaci\u00f3n del \u201980, como Mansilla; creo que las novelas, los cuentos y el teatro de Payr\u00f3 tambi\u00e9n son fundacionales. Y sin duda est\u00e1n M\u00e1rmol y Esteban Echeverr\u00eda con \u201cEl matadero\u201d, que funda nuestra prosa, a mi criterio, sobre todo por la \u00e9poca en que fue escrito: alrededor de 1830. Por lo tanto estaba creando un modo de ver la literatura, el naturalismo, porque Zola es de fines de siglo. Adem\u00e1s consider\u00f3 que a nuestro pa\u00eds le faltaba poes\u00eda y, aunque no era poeta, \u00e9l se asumi\u00f3 como tal por una cuesti\u00f3n social. Por otro lado, autores que se dicen progresistas suelen tener una mala idea acerca de <em>Amalia <\/em>de Jos\u00e9 M\u00e1rmol; no hace mucho he vuelto a leerla y me parece una novela excelente. En el caso de Sarmiento, tres o cuatro de sus obras justifican que en la Argentina se hable de literatura. Y el que quiera ignorar a Hern\u00e1ndez padecer\u00e1 de man\u00eda te\u00f3rica, porque es tambi\u00e9n uno de los fundadores de nuestra literatura. En el siglo XX, el que considero como el mejor es Lugones, el del <em>Romancero<\/em>, los grandes poemas l\u00edricos y el de los cuentos fant\u00e1sticos, el de <em>Las fuerzas extra\u00f1as <\/em>y <em>Cuentos fatales<\/em>, y no el Lugones de <em>La guerra gaucha <\/em>o el de <em>Lunario sentimental<\/em>. Despu\u00e9s hay una especie de sant\u00edsima trinidad en la que pondr\u00eda a Borges, Arlt y Marechal, en cualquier orden. Son un modo de hacer la literatura que los argentinos no vamos a poder eludir nunca; todos partimos de alg\u00fan lugar de ellos o de los tres. Sin Marechal no se comprender\u00eda a Cort\u00e1zar, y sin Borges tampoco; sin Arlt no se comprender\u00eda casi ning\u00fan escritor de nuestra generaci\u00f3n. Y no es necesario volver a se\u00f1alar a esta altura la influencia de Borges sobre todos los escritores posteriores. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><strong><span>\u2013\u00bfC\u00f3mo lo ubicar\u00eda a G\u00fciraldes en esa lista?<\/span><\/strong><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>\u2013Hay que diferenciar entre escritores de obra y escritores de un libro. G\u00fciraldes no tiene una obra, tiene un libro, notable e imprescindible como <em>Don Segundo Sombra<\/em>. Pasa con <em>La bolsa<\/em>,<em> <\/em>de Martel; o <em>Silbidos de un vago<\/em>, de Cambaceres.<em> <\/em>Pero en el siglo XX, con Borges, Arlt y Marechal, aparece el autor de una entera obra de ficci\u00f3n. Esto no niega a Cort\u00e1zar, a Bioy, a Sabato ni a Mujica L\u00e1inez. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><strong><span> \u2013\u00bfQu\u00e9 destaca de ellos?<\/span><\/strong><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>\u2013De Mujica, <em>La casa<\/em>. De Sabato, <em>Sobre h\u00e9roes y tumbas<\/em> y algunos ensayos como <em>Uno y el universo<\/em> y <em>Hombres y engranajes<\/em>; no me gust\u00f3 <em>Abadd\u00f3n el exterminador<\/em> y puedo disentir con algunas de sus visiones, muy contradictorias. De Bioy, <em>La invenci\u00f3n de Morel<\/em>, que es una obra de amor. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><strong><span>\u2013\u00bfCu\u00e1les le parecen los escritores m\u00e1s interesantes de su generaci\u00f3n?<\/span><\/strong><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>\u2013Juan Jos\u00e9 Saer, Manuel Puig y Ricardo Piglia. De Puig me impresiona su manera casi salvaje de no hacer literatura, de copiar el habla y conseguir que sepamos qui\u00e9n est\u00e1 hablando. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><strong><span>\u2013\u00bfY qu\u00e9 mujeres destaca?<\/span><\/strong><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>\u2013Me fascina Beatriz Guido, especialmente sus cuentos, y tambi\u00e9n su personalidad, porque era probablemente la persona m\u00e1s generosa que yo conoc\u00ed. Y adem\u00e1s jugaba a ser fr\u00edvola y no lo era, era muy sensible. Ten\u00eda tambi\u00e9n cosas muy locas: un d\u00eda me llama por tel\u00e9fono para decirme \u201cMe estoy por ba\u00f1ar y en un rato te llamo\u201d, algo que no ten\u00eda mucho sentido. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><strong><span>\u2013\u00bfY en poes\u00eda?<\/span><\/strong><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>\u2013Olga Orozco y Alejandra Pizarnik. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><strong><span>\u2013\u00bfEs verdad que es usted un gran lector de cl\u00e1sicos?<\/span><\/strong><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>\u2013<em>La Divina Comedia<\/em> es mi libro de cabecera, tengo una edici\u00f3n chiquita en italiano y la llevo permanentemente en el bolsillo. Hay que leer a los cl\u00e1sicos por una raz\u00f3n muy simple: son divertidos. Nadie puede no entusiasmarse con Homero. \u00bfY c\u00f3mo se ve\u00eda el teatro de Shakespeare en su tiempo?&nbsp; Mientras com\u00edan y se tiraban cosas, all\u00ed estaba <em>Macbeth<\/em>. <\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Narrador de raza, fundador de notables revistas literarias y referente obligado de algunas generaciones, el escritor habla de su vida, de su obra, de su&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4,6],"tags":[1259,425],"class_list":["post-8750","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","category-nota-tapa","tag-abelardo-castillo","tag-literatura"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-2h8","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/8750","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=8750"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/8750\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15992,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/8750\/revisions\/15992"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=8750"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=8750"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=8750"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}