{"id":8933,"date":"2013-11-06T20:39:09","date_gmt":"2013-11-06T23:39:09","guid":{"rendered":"http:\/\/staging.winguweb.org\/2014\/revistacriterio\/bloginst\/?p=8933"},"modified":"2013-11-06T20:39:09","modified_gmt":"2013-11-06T23:39:09","slug":"el-dilema-argentino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=8933","title":{"rendered":"El dilema argentino"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/staging.winguweb.org\/2014\/revistacriterio\/bloginst\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/perez1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-thumbnail wp-image-8935\" title=\"perez1\" src=\"https:\/\/staging.winguweb.org\/2014\/revistacriterio\/bloginst\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/perez1-120x120.jpg\" alt=\"perez1\" width=\"120\" height=\"120\" \/><\/a>Una aguda reflexi\u00f3n en torno a la violencia de los a\u00f1os \u201860 y \u201870 a partir de la experiencia de toda una generaci\u00f3n que se sinti\u00f3 iluminada.<!--more--><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 13px; line-height: 19px;\">En el pr\u00f3logo de la <\/span><em style=\"font-size: 13px; line-height: 19px;\">Historia del Arte<\/em><span style=\"font-size: 13px; line-height: 19px;\"> de Elie Faure, Henry Miller dej\u00f3 constancia en t\u00e9rminos muy elocuentes de su admiraci\u00f3n por la obra del ensayista franc\u00e9s: \u201cA m\u00ed me daba<\/span><span style=\"font-size: 13px; line-height: 19px;\"> <\/span><span style=\"font-size: 13px; line-height: 19px;\">lo mismo que Elie Faure hubiera escrito la <\/span><em style=\"font-size: 13px; line-height: 19px;\">Historia del Arte<\/em><span style=\"font-size: 13px; line-height: 19px;\"> o <\/span><em style=\"font-size: 13px; line-height: 19px;\">La vida del geranio silvestre<\/em><span style=\"font-size: 13px; line-height: 19px;\">, porque yo lo le\u00eda tal como hubiera escuchado m\u00fasica sinf\u00f3nica, por la belleza pura de su lenguaje\u201d.<\/span><\/p>\n<p>Creo que muy pocos lectores de la obra de Faure se atrever\u00edan a rechazar ese juicio de Miller, pero lo que particularmente me impact\u00f3, m\u00e1s all\u00e1 de la belleza del lenguaje, es su naturalidad cuando nos descubre, con la elegancia de un prestidigitador, el precioso logro que a muchos argentinos cautivados por los ensue\u00f1os ideol\u00f3gicos nos cost\u00f3 demasiados a\u00f1os percibir, a pesar de que siempre lo tuvimos frente a nuestros ojos: me refiero al complejo, inestable y fr\u00e1gil entramado social construido a trav\u00e9s de milenios, con su sofisticada b\u00fasqueda de un equilibrio que las inevitables ambiciones de la condici\u00f3n humana colocan siempre al borde de la fractura.<\/p>\n<p>Luego de se\u00f1alar que el logro de una s\u00edntesis social es el fin secreto del esfuerzo humano, y que s\u00f3lo somos felices cuando \u00e9sta se realiza, Faure se formula una pregunta ret\u00f3rica: \u00bfc\u00f3mo es posible que\u00a0 no podamos salvaguardarla?, y enseguida responde que el af\u00e1n de preservar esa s\u00edntesis en estado de plenitud s\u00f3lo nos llevar\u00eda al estancamiento general, porque el devenir de la vida se manifiesta en la permanente renovaci\u00f3n de las generaciones y en el \u00a0af\u00e1n de las nuevas elites por alcanzar el liderazgo social.<\/p>\n<p>Condicionada por su l\u00f3gica interna \u2013agrega Faure\u2013, la armon\u00eda social no es una realizaci\u00f3n est\u00e1tica sino siempre una tendencia, cuyo punto m\u00e1ximo se alcanza durante un instante casi imperceptible, al que s\u00f3lo podemos detener en las obras (literarias, musicales o pict\u00f3ricas) que surgen de nuestro coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero no es la tarea art\u00edstica lo que en este momento me preocupa, sino mi empecinada ceguera y la de tantos argentinos de mi generaci\u00f3n que, con lamentable frecuencia, movidos por un narcisismo desbordado y bajo el amparo de sonoros pretextos ideol\u00f3gicos, nos cre\u00edmos superiores al resto de la sociedad y pretendimos suplantar las normas republicanas y democr\u00e1ticas por otras presuntamente mejores, impuestas mediante los desp\u00f3ticos argumentos de las insurrecciones armadas y los golpes militares.<\/p>\n<p>La parte que me comprende en esa historia deplorable transcurri\u00f3 durante las turbulentas d\u00e9cadas de los \u201960 y los \u201970, cuando la s\u00edntesis social laboriosamente construida por muchas generaciones de ciudadanos an\u00f3nimos fue atacada sucesivamente por los iluminados de la izquierda y la derecha, justamente cuando el pa\u00eds atravesaba un momento excepcional bajo la presidencia de Arturo Illia, un per\u00edodo en el que las libertades democr\u00e1ticas funcionaron a pleno, el desarrollo industrial y el nivel de ocupaci\u00f3n alcanzaron su m\u00e1ximo crecimiento y se sancion\u00f3 la ley de Salario M\u00ednimo, Vital y M\u00f3vil, mientras el Estado dedicaba el 23% del presupuesto nacional a la educaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ese momento \u00f3ptimo de la Argentina fue el elegido por el castrismo para iniciar una invasi\u00f3n guerrillera en la provincia de Salta, comandada por Ricardo Masetti e integrada por varios oficiales cubanos y un grupo de j\u00f3venes voluntarios locales, en su mayor\u00eda reclutados en C\u00f3rdoba, con un resultado tan tr\u00e1gico como in\u00fatil, porque el fracaso no logr\u00f3 atenuar en lo m\u00e1s m\u00ednimo el delirio b\u00e9lico del Che Guevara ni las incursiones terroristas de los cubanos, que durante largos a\u00f1os incendiaron el continente y provocaron la aparici\u00f3n de feroces dictaduras militares.<\/p>\n<p>Tres a\u00f1os despu\u00e9s de aquellos sucesos de Salta, siguiendo una constante de la historia argentina del siglo XX, los militares consideraron que hab\u00eda llegado su turno de redise\u00f1ar el mapa de la sociedad y dieron el golpe de Estado que termin\u00f3 con el gobierno de Illia, tan convencidos de ser los custodios morales de la Patria como lo estaban los guerrilleros de representar la voluntad popular, y unidos <span>ambos, a pesar de las diferencias ideol\u00f3gicas, en el m\u00e1s absoluto desprecio por la s\u00edntesis social alabada por Elie Faure, donde confluye la multitud de h\u00e9roes an\u00f3nimos que con su lucha diaria para asegurar el futuro de sus hijos impulsan el avance de la sociedad. <\/span><\/p>\n<p><span>Lo m\u00e1s triste, como sabemos, es que durante la segunda mitad del siglo XX los males de la Argentina se reprodujeron hasta adquirir el car\u00e1cter de una maloliente rutina de golpes militares, ataques del terrorismo de izquierda y rapacidad de una clase pol\u00edtica cuyo principal inter\u00e9s es la apropiaci\u00f3n del dinero p\u00fablico. <\/span><\/p>\n<p><span>As\u00ed llegamos a esta decepcionante Argentina del siglo XXI, un presente que los miembros de aquella generaci\u00f3n de los \u201860 y los \u201870 miramos con desconcierto, porque no se asemeja en nada al nebuloso futuro ideal que so\u00f1\u00e1bamos en aquellos d\u00edas de furia. <\/span><\/p>\n<p><span>De alguna manera inexplicable, tanto las ilusiones igualitarias y justicieras como el so\u00f1ado para\u00edso militar s\u00f3lo consiguieron manifestarse en los hechos atroces que produjeron los iluminados de la izquierda y la derecha, sin cuya memoria nunca se podr\u00eda entender la declinaci\u00f3n del pa\u00eds. <\/span><\/p>\n<p><span>En mi experiencia personal, el asombro ante este presente, que para nosotros es un futuro realizado de una manera impensada, no proviene de su desalentadora discrepancia con el futuro que imaginamos hace cuarenta a\u00f1os, sino del fanatismo y la ambici\u00f3n desmesurada que suelen ser inseparables de la juventud, y que nos impiden, en esa ardiente etapa de la vida, entender la inevitabilidad de la decadencia y del final de todo cuanto nos rodea, empezando por nosotros mismos. <\/span><\/p>\n<p><span>No se trata de que entonces no supi\u00e9ramos que todo estaba destinado a declinar y desaparecer; lo sab\u00edamos, pero se trataba de un saber exterior, meramente intelectual, que a\u00fan no hab\u00eda envuelto nuestras v\u00edsceras con el\u00a0 humor sombr\u00edo que aparece despu\u00e9s de cumplidos los cincuenta, cuando nuestro cuerpo toma nota de su inexorable decadencia y nos anuncia la proximidad del l\u00edmite final. <\/span><\/p>\n<p><span>Tampoco sab\u00edamos, por supuesto, que nada recto se puede construir con la madera torcida de la naturaleza humana: candorosos imberbes, berre\u00e1bamos contra el sistema capitalista en nombre de un arquetipo que s\u00f3lo pod\u00eda existir en nuestros sue\u00f1os, porque la juventud es, en cierto modo, una estafa de la naturaleza; una nebulosa y dulce promesa de triunfo inminente y total, que fluye del ritmo de la sangre y nos despierta la desmesurada ambici\u00f3n de un gran destino, pero resulta ser tan ef\u00edmera como un amanecer. <\/span><\/p>\n<p><span>Potenciada por esos rasgos distintivos de nuestra naturaleza que son la extrema auto indulgencia y la implacable severidad con el pr\u00f3jimo, la ambici\u00f3n de una carrera exitosa y un destino trascendente suelen convertir a la juventud en una fuerza de alta peligrosidad. Vestido con el ropaje del desinter\u00e9s personal y el prop\u00f3sito de crear un futuro ideal, nuestro instinto de supremac\u00eda y dominaci\u00f3n encuentra los mejores pretextos para arrollar todo lo que obstaculiza el cumplimiento de sus deseos m\u00e1s \u00edntimos. <\/span><\/p>\n<p><span>As\u00ed se explica la huella de odio, violencia y asesinatos que dej\u00f3 el paso aquella generaci\u00f3n: educados en el odio, \u00e1vidos de pretextos y puestos a reclamar venganza por todas las ofensas del pasado, nuestro furor juvenil, amplificado y enarbolado como programa de lucha por los pol\u00edticos e intelectuales que fueron nuestros referentes, creci\u00f3 hasta abarcar todos los dramas imaginables: desde los golpes militares hasta la conquista del desierto; desde el bombardeo a la Plaza de Mayo hasta el fusilamiento de Dorrego; desde la v\u00edctima de un disparo policial hasta el exterminio de ind\u00edgenas durante la conquista espa\u00f1ola; todos los cr\u00edmenes e injusticias de la humanidad deb\u00edan pesar sobre nuestra conciencia. <\/span><\/p>\n<p><span>Frente al devastado panorama que nos dejaron esas ideas, la pregunta del d\u00eda gira en torno a c\u00f3mo seguir\u00e1 la experiencia argentina despu\u00e9s de nosotros, los que hoy orillamos la barrera de los setenta a\u00f1os. \u00bfLes transferiremos a las generaciones venideras nuestras deudas de odio y de sangre, o nos pondremos del lado de la concordia y la reconciliaci\u00f3n, para que ellas puedan alcanzar en el futuro la deseable s\u00edntesis de una sociedad pr\u00f3spera y democr\u00e1tica que las har\u00e1 felices, libres de culpas por los cr\u00edmenes del pasado, libres tambi\u00e9n de la amenaza de los sue\u00f1os mesi\u00e1nicos, y conscientes de la transitoriedad y la imperfecci\u00f3n de las cosas humanas? <\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una aguda reflexi\u00f3n en torno a la violencia de los a\u00f1os \u201860 y \u201870 a partir de la experiencia de toda una generaci\u00f3n que se&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[3,5],"tags":[],"class_list":["post-8933","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-politica-economia","category-sociedad"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-2k5","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/8933","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=8933"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/8933\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=8933"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=8933"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=8933"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}