{"id":9151,"date":"2014-01-07T23:25:49","date_gmt":"2014-01-08T02:25:49","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=9151"},"modified":"2014-01-07T23:25:49","modified_gmt":"2014-01-08T02:25:49","slug":"juana-bignozzi-melancolia-e-indignacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=9151","title":{"rendered":"Juana Bignozzi. Melancol\u00eda e indignaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormalCxSpFirst\"><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2014\/01\/juana_bignozzi.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-thumbnail wp-image-9152\" title=\"juana_bignozzi\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2014\/01\/juana_bignozzi-120x120.jpg\" alt=\"juana_bignozzi\" width=\"120\" height=\"120\" \/><\/a>La poeta Juana Bignozzi fue distinguida en noviembre pasado con la Rosa de Cobre en la Biblioteca Nacional. Publicamos aqu\u00ed el discurso de Beatriz Sarlo en el acto de entrega del reconocimiento.<!--more--><\/p>\n<p class=\"MsoNormalCxSpFirst\"><span style=\"font-size: 13px; line-height: 19px;\">Dos palabras vienen casi juntas para evocar el temperamento de Juana Bignozzi: melancol\u00eda e indignaci\u00f3n. Ambas pertenecen a la gran tradici\u00f3n po\u00e9tica.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormalCxSpMiddle\">\n<p class=\"MsoNormalCxSpMiddle\">Olas de indignaci\u00f3n agitan la oralidad de la mujer que muchos conocemos: Juana se enoja si alguien pasa por alto a un poeta o un pintor, se enoja con la pol\u00edtica y con las costumbres, vocifera contra la ignorancia (palabra que no deja de pronunciar con alguna frecuencia). Conoce todos los meandros de la ira y en sus intervenciones m\u00e1s amistosas abunda la invectiva hiperb\u00f3lica. Prolifera en grandes gestos.<\/p>\n<p class=\"MsoNormalCxSpMiddle\">La melancol\u00eda le da a su escritura un ir\u00f3nico secreto. En <em>Mujer de cierto orden<\/em>, afirma: \u201cPara que nadie dude de mi inteligencia,\/ me ocupo de problemas casi rid\u00edculos\u201d. Desafiar la banalidad en su propio terreno, lejos de cualquier pretensi\u00f3n metaf\u00edsica. Lo banal es, en verdad, aquello que se esfuerza por ser profundo. En cambio, esos \u201cproblemas casi rid\u00edculos\u201d est\u00e1n lejos de la repetici\u00f3n y el lugar com\u00fan. Tienen gracia, esa rara chispa que la profundidad esforzada destruye \u00a0como un fuego sobre p\u00e9talos o papeles. Juana nunca es solemne. En <em>Regreso a la patria<\/em>, un texto lleva el t\u00edtulo de \u201cAristocracia obrera\u201d. Como toda iron\u00eda, tiene algo de sentimental y melanc\u00f3lico: lo que no fue, o peor a\u00fan, lo que equivocadamente cre\u00edmos que ser\u00eda: \u201cmucho de lo que am\u00e9 ha ca\u00eddo en el v\u00e9rtigo de lo rid\u00edculo\u201d. Garc\u00eda Helder traz\u00f3 un arco entre Juana y Alfonsina. La hip\u00f3tesis es desprejuiciada e inteligente.<\/p>\n<p class=\"MsoNormalCxSpMiddle\">Juana escribe gran poes\u00eda, a pesar de que el imaginario que en cada momento la acompa\u00f1a est\u00e9 en ruinas. Pero, como toda buena arquitectura, esas ruinas tambi\u00e9n tienen su parad\u00f3jica belleza. Eso nos ense\u00f1aron los rom\u00e1nticos y, antes de ellos, Piranesi. Juana Bignozzi sabe que est\u00e1 escribiendo en un paisaje con ruinas, las que quedaron de una \u00e9pica en la que ella, como tantos de nosotros, tambi\u00e9n crey\u00f3.<\/p>\n<p class=\"MsoNormalCxSpMiddle\">Cada lector ejerce el derecho a las preferencias. Siempre recordar\u00e9 \u201cMorandiana\u201d, un poema que une la precisi\u00f3n del objetivismo con la afectividad melanc\u00f3lica de la p\u00e9rdida. Ese poema volvi\u00f3 a mi memoria frente a unos originales de Morandi. No s\u00e9 si fueron esos cuadros o el recuerdo de los versos de Juana, o la conjunci\u00f3n, en una galer\u00eda de Chelsea, de esas composiciones depuradas, geom\u00e9tricas, y aquellos versos. Morandi, virado por una luz que no es la suya, sus objetos sencillos y perfectos en un escenario al que no pertenecen: objetos ir\u00f3nicamente fuera de lugar, melanc\u00f3licamente abandonados all\u00ed,en ese espacio extranjero donde el poema los ha trasladado. Dice:<\/p>\n<p class=\"MsoNormalCxSpMiddle\">Dos vasos de opalina azul intenso<\/p>\n<p class=\"MsoNormalCxSpMiddle\">frontales con una luz ajena a esa escuela<\/p>\n<p class=\"MsoNormalCxSpMiddle\">el fondo son turbios colores de cocinas<\/p>\n<p class=\"MsoNormalCxSpMiddle\">amontonamiento de patios de barrios<\/p>\n<p class=\"MsoNormalCxSpMiddle\">En el borde de la mesa espera<\/p>\n<p class=\"MsoNormalCxSpMiddle\">no se sabe si una mano flor o pa\u00f1o de l\u00e1grimas.<\/p>\n<p class=\"MsoNormalCxSpMiddle\">\n<p class=\"MsoNormalCxSpMiddle\">El primer verso es un endecas\u00edlabo, metro noble, perfecto. Despu\u00e9s, la desilusi\u00f3n de los objetos es la desilusi\u00f3n del metro noble. Juana, que domina todas las cadencias, lo abandona (lo esconde en versos m\u00e1s largos), porque tambi\u00e9n esos vasos morandianos est\u00e1n abandonados. La sabidur\u00eda formal es tan precisa, tan discreta, como el conocimiento de las cosas. Eso me ha dado Juana Bignozzi muchas veces. No s\u00f3lo por la prosodia, que domin\u00f3 siempre, sino por la intensidad de la visi\u00f3n.<\/p>\n<p class=\"MsoNormalCxSpMiddle\">Nada m\u00e1s extranjero a Juana que la idea de una m\u00e1quina po\u00e9tica que fabrique buenos poemas incansablemente. Conoce la dificultad de la poes\u00eda y la dificultad de la historia que hemos vivido. Renuncia a las grandes evocaciones, porque ha pasado por un aprendizaje tan triste como definitivo. Escribe: \u201cComprar una lechuga se ha convertido para m\u00ed\/ en una representaci\u00f3n hist\u00f3rica\u201d. Lejos de adorar lo cotidiano, se coloca en el punto (melanc\u00f3lico) en que todo acto est\u00e1 en peligro por su inmanencia. No hay dioses. Hay, simplemente, mundo.<\/p>\n<p class=\"MsoNormalCxSpMiddle\">Muchas cosas no he dicho sobre Juana. Tampoco he saldado mis deudas. En 1967, me invit\u00f3 a la presentaci\u00f3n de <em>Mujer de cierto orden. <\/em>Las dos trabaj\u00e1bamos en el Centro Editor de Am\u00e9rica Latina. Casi todos los d\u00edas almorz\u00e1bamos en una mesa exageradamente literaria, donde se sentaban Horacio Ach\u00e1val, un editor de genio, y Susana Zanetti, que recitaba a Dar\u00edo o a Vallejo en <em>loop<\/em>. Muchas noches Juana com\u00eda en mi casa. Decir com\u00eda es exagerado, porque ten\u00edamos poca plata. Juana tra\u00eda vino y noticias de un mundo en el que yo reci\u00e9n entraba. Nombraba a Andr\u00e9s Rivera, a Juan Gelman. Sin darse cuenta, nos embrollaba en su inclaudicable fascinaci\u00f3n, en sus amores y en sus antipat\u00edas igualmente intensos. La afectividad de Juana se reflejaba entonces, y sigue reflej\u00e1ndose, en los diminutivos. Tambi\u00e9n su desprecio se sirve del diminutivo: formas de la amistad o de la distancia.<\/p>\n<p class=\"MsoNormalCxSpMiddle\">En aquella \u00e9poca, Juana fue mi modelo no exactamente literario porque yo, entonces, s\u00f3lo escrib\u00eda informes, fichas y res\u00famenes de archivo. Fue mi modelo de mujer dandy, algo dif\u00edcil de conseguir, pero que ella expon\u00eda con elegancia, sin una sombra de snobismo.\u00a0 Hab\u00eda estado en el Pan Duro, conoc\u00eda a los comunistas y hablaba de ellos. De un viaje a Montevideo me trajo una foto de Mao, foto premonitoria. Ten\u00eda un pasado del que yo carec\u00eda. Desde muy joven, Juana siempre tuvo un pasado. Como a Jos\u00e9 Luis Mangieri, su gran amigo y editor, yo los miraba con los ojos de quien ha llegado un poco tarde. Cre\u00eda que Juana lo ten\u00eda todo. Mucho despu\u00e9s le\u00ed un inventario en tiempo pasado: \u201cYo tuve los verdaderos caf\u00e9s de la noche \/los vinos de las madrugadas los magn\u00edficos amores \/ pero nunca m\u00e1s aquellos hombres aquellos muchachos de barrio\u201d.<\/p>\n<p class=\"MsoNormalCxSpMiddle\">Despu\u00e9s vino el exilio, a\u00f1os que no nos vimos. Milagrosamente, <em>Mujer de cierto orden<\/em>, con dedicatoria en aquella primera edici\u00f3n de Falbo, sobrevivi\u00f3 a todas las mudanzas y a mi muy escasa vocaci\u00f3n de coleccionista. Yo sab\u00eda que Juana estaba all\u00e1, en Espa\u00f1a, escribiendo, y eso le daba una continuidad a mi vida: desde aquel 1967, la segu\u00ed, incluso sin saberlo. Jos\u00e9 Luis Mangieri me dio <em>Regreso a la patria<\/em>. Mangieri y yo com\u00edamos para discutir sobre casi todos los temas, menos sobre Juanita. Sobre ella, coincid\u00edamos hasta en las an\u00e9cdotas, que terminaban muchas veces con un \u201cVos sab\u00e9s c\u00f3mo es ella\u201d, dicho con el saber de dos baqueanos sobre una mujer querida y dif\u00edcil. Cuando sali\u00f3 <em>La ley tu ley<\/em> escrib\u00ed en <em>La Naci\u00f3n <\/em>sobre el libro. Esa nota fue la desigual devoluci\u00f3n de lo que yo hab\u00eda recibido el 11 de septiembre de 1967, mientras admiraba a Juana, que se mov\u00eda como una reina en el m\u00ednimo espacio de la librer\u00eda Galatea, donde Eduardo Romano y Elizabeth Azcona Cromwell presentaron <em>Mujer de cierto orden<\/em>.<\/p>\n<p class=\"MsoNormalCxSpMiddle\">Todos los que prologaron libros de Juana son mis amigos: Jorge Lafforgue, Daniel Garc\u00eda Helder, Ana Porr\u00faa. La intersecci\u00f3n de esos nombres no es una casualidad: es una toponimia po\u00e9tica que recorre casi cincuenta a\u00f1os.<\/p>\n<p class=\"MsoNormalCxSpMiddle\">Hoy, Juana y yo hablamos por tel\u00e9fono: la melancol\u00eda y la indignaci\u00f3n son tambi\u00e9n los tonos de estas conversaciones, en las que yo, mayormente, la escucho porque, adem\u00e1s, su ingenio es inagotable. El \u00faltimo don que recib\u00ed de ella fue el original de un libro todav\u00eda in\u00e9dito: <em>Las poetas visitan a Andrea del Sarto<\/em>. Un original es el momento \u00edntimo de una obra. El lector cree estar m\u00e1s cerca del poeta porque ha sido elegido para recibirlo antes que otros.\u00a0 En ese libro culmina una escritura. Juana sale de Juana, imagina a Andrea del Sarto, sin deslizamientos narrativos. M\u00e1s bien por una pura ampliaci\u00f3n del sujeto po\u00e9tico y por el despliegue de lo que suele llamarse experiencia. Leo unos versos:<\/p>\n<p class=\"MsoNormalCxSpMiddle\">\n<p class=\"MsoNormalCxSpMiddle\">el invierno borra los colores<\/p>\n<p class=\"MsoNormalCxSpMiddle\">profundiza el alma de los tonos<\/p>\n<p class=\"MsoNormalCxSpMiddle\">el f\u00falgido rojo se transforma<\/p>\n<p class=\"MsoNormalCxSpMiddle\">en sangre seca y eterna<\/p>\n<p class=\"MsoNormalCxSpMiddle\">sin luz \u00bfqui\u00e9nes somos?<\/p>\n<p class=\"MsoNormalCxSpMiddle\">\n<p class=\"MsoNormalCxSpMiddle\">Juana ya sabe, y quiz\u00e1 esa sea la mayor sabidur\u00eda de los hombres y mujeres sin dioses, que la pregunta \u00bfqui\u00e9nes somos? no tiene respuesta. La melancol\u00eda es un alto momento del saber. Sin miedo, recurro ahora a grandes palabras: lo irremediable (irreparable, escribi\u00f3 Horacio), se convierte en belleza.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La poeta Juana Bignozzi fue distinguida en noviembre pasado con la Rosa de Cobre en la Biblioteca Nacional. Publicamos aqu\u00ed el discurso de Beatriz Sarlo&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[529,122,142],"class_list":["post-9151","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","tag-bignozzi","tag-poesia","tag-sarlo"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-2nB","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/9151","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=9151"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/9151\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=9151"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=9151"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=9151"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}