{"id":9439,"date":"2014-06-10T16:31:31","date_gmt":"2014-06-10T19:31:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=9439"},"modified":"2014-06-10T16:31:31","modified_gmt":"2014-06-10T19:31:31","slug":"el-asesinato-del-padre-mugica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=9439","title":{"rendered":"El asesinato del Padre Mugica"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/mugica.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-thumbnail wp-image-9440\" title=\"mugica\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/mugica-120x120.jpg\" alt=\"mugica\" width=\"120\" height=\"120\" \/><\/a><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Recuperamos el editorial publicado por <em>Criterio<\/em> el 23 de mayo de 1974 (N\u00b0 1692) luego del asesinado del sacerdote Carlos Mugica, a 40 a\u00f1os del hecho.<!--more--> Esta \u00faltima muerte de una ya larga serie nos ha conmovido a todos. El testimonio quiz\u00e1 m\u00e1s significativo de este casi universal repudio se encuentra tanto en el fluir de comunicados damnatorios, cuanto en la manifestaci\u00f3n impresionante que caracteriz\u00f3 el sepelio. Acerca de \u00e9ste conviene decir desde ya que su realizaci\u00f3n supera lo anecd\u00f3tico para constituirse en s\u00edmbolo. Un hombre, y un sacerdote, que no hab\u00eda vacilado en su vida en asumir netamente posiciones divisivas, se vio rodeado en su muerte de hombres y mujeres de todas las clases y tendencias, es decir: de todos los segmentos superiores e inferiores, diestros y siniestros, que integran (o desintegran) la sociedad argentina. Por otra parte, una muerte que es indiscutiblemente resultado de causas pol\u00edticas, fue acompa\u00f1ada y celebrada con la mayor seriedad religiosa, sin ninguna nota disonante, si no es por una tard\u00eda y equ\u00edvoca, que despert\u00f3 la oposici\u00f3n de los presentes. Nadie pod\u00eda dudar de que all\u00ed se enterraba a un sacerdote, no a un militante pol\u00edtico. Es a esta altura que quieren situarse las consideraciones que siguen, con las cuales esta revista, que se ha ocupado repetidas veces de la v\u00edctima y de su movimiento, se propone reflexionar sobre el hecho y extraer las necesarias lecciones.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">UNA PARADOJA<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">No se trata de hacer paneg\u00edricos. No los hubo felizmente en Recoleta. Hubieran quedado min\u00fasculos ante la realidad de la muerte. Como alguien ha hecho notar, en la abundante literatura publicada estos d\u00edas en los medios de difusi\u00f3n, el Padre Mugica era una contradicci\u00f3n viviente. Nadie puede negar la profundidad y sinceridad de su compromiso sacerdotal, marcado por un vibrante amor por los pobres de este mundo, o quiz\u00e1s, para ser m\u00e1s exactos, por los marginados de nuestra sociedad de consumo. Hab\u00eda que ir a la villa la noche del domingo 12 para comprobarlo. Aquella muchedumbre de hombres y mujeres hab\u00eda perdido su norte. Hab\u00edan perdido a quien no se conformaba con asistirlos, sino que procuraba hacerlos conscientes de s\u00ed mismos y caminar con sus propios pies, para reivindicar sus derechos.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Pero a la vez \u00e9l hab\u00eda cre\u00eddo, con igual sinceridad, que su acci\u00f3n deb\u00eda situarse en el plano de la m\u00e1s cruda realidad pol\u00edtica; el plano de la toma y el ejercicio de poder. De ah\u00ed, sus actitudes y las del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, antes y despu\u00e9s del 11 de marzo de 1973. El art\u00edculo p\u00f3stumo que <em>La Opini\u00f3n<\/em> publicaba el domingo 12 mantiene la misma actitud, a modo de comentario sobre el reciente comunicado del Movimiento, ya escindido. Aquella opci\u00f3n y estas actitudes han sido comentadas en las p\u00e1ginas de esta revista. Hemos cre\u00eddo siempre, por razones de disciplina de Iglesia y por razones de doctrina pol\u00edtica, que esta especie de colusi\u00f3n de un ministerio sacerdotal y sacramental con una lucha de signo partidista, aunque librada por causas nombres y con la m\u00e1s pura de las intenciones, era en s\u00ed contradictoria. Hemos dicho que la violencia terrorista no puede ser aprobada bajo un r\u00e9gimen, cualquiera sea el derecho a la rebeli\u00f3n que existe bajo \u00e9l, y condenada bajo el siguiente. Habr\u00e1 quienes consideran que el r\u00e9gimen presente difiere mucho, en este aspecto, del anterior. Esta es precisamente la disidencia, junto con la af\u00edn de la interpretaci\u00f3n del socialismo, que rompe la unidad del Movimiento para el Tercer Mundo.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">La contradicci\u00f3n no era entonces, como a veces se ha intentado hacerla aparecer, entre un profeta solitario y una Iglesia comprometida con los poderes de este mundo. Este f\u00e1cil y enga\u00f1oso esquema, si subsiste, se disipa con la muerte. Nadie hizo a \u00e9l la menor alusi\u00f3n. Los superiores eclesi\u00e1sticos del Padre Mugica y sus hermanos sacerdotes de todas las tendencias incluso los que disent\u00edan de \u00e9l p\u00fablica y ardorosamente, lo acompa\u00f1aron rezando y cantando hasta su \u00faltima morada, el que hab\u00eda muerto, como hemos dicho ya, no era un pol\u00edtico de barricada, sino el sacerdote amigo de los pobres, incomprensiblemente sacrificado. La Iglesia estaba all\u00ed con \u00e9l. La tensi\u00f3n que hab\u00eda existido, sacudiendo y crispando la vida del Padre Mugica, se jugaba m\u00e1s bien entre una concepci\u00f3n del ministerio eclesial y sacerdotal, que lo ve trascendente y estrictamente religioso, aunque no, por eso mismo, desencarnado, y otra concepci\u00f3n, y una pr\u00e1ctica, que hace de un cierto compromiso pol\u00edtico un carril necesario de ambos ministerios. Es \u00e9ste el verdadero n\u00facleo de la contradicci\u00f3n, a pesar del car\u00e1cter diferente que ahora toma, pero que no cambia su esencia.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">La paradoja reside en que un hombre, y un sacerdote, que hasta el fin reafirma su fidelidad a la Iglesia, testigo el art\u00edculo p\u00f3stumo reci\u00e9n citado, y la expresa de una manera tangible en su compromiso con los pobres, no lograra establecer en su vida la plena disociaci\u00f3n requerida entre su ministerio y una actividad pol\u00edtica que le era ajena, convirti\u00e9ndolo a momentos en una figura ambigua y discutida. Una figura divisiva, pero no en el sentido del \u201csigno de contradicci\u00f3n\u201d que del Se\u00f1or se predica en el Evangelio (cf. Lc. 2,34) y que es inherente a la misi\u00f3n misma suya y de la Iglesia. Decimos que esta divisi\u00f3n se supera con la muerte. Frente a ella y ante la reubicaci\u00f3n de la figura del Padre Mugica que ella produce, se pregunta uno con pena cu\u00e1l era la causa de esta paradoja innecesaria. \u00bfLa herencia?, \u00bfel medio vital?, \u00bfo simplemente el hecho cruel de que en el mundo confuso y espasm\u00f3dico en el cual vivimos, la tentaci\u00f3n del mesianismo temporal, que siempre acecha al otro verdadero mesianismo, es insidiosamente dif\u00edcil de superar?<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Todo esto resulta ahora muy f\u00e1cil de decir. De hecho, decir es siempre f\u00e1cil. No nos salvaremos, sin embargo, por ello. La verdadera cuesti\u00f3n es si se puede, y c\u00f3mo, mantener este equilibrio supremo entre una misi\u00f3n religiosa eclesial, activamente asumida, y una compasi\u00f3n igualmente activa y eficaz por los hombres nuestros hermanos. La paradoja deja de serlo para convertirse en desaf\u00edo, y al extremo, en crucifixi\u00f3n. De hecho, es el Se\u00f1or crucificado quien nos muestra el verdadero camino, \u00e9l, verdadero mes\u00edas de Dios y salvador total del hombre, cuerpo y alma. Pero, precisamente, la muerte del Padre Mugica se parece a una crucifixi\u00f3n.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">EL ACTO DE LA MUERTE<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Somos as\u00ed de nuevo situados ante el hecho de la muerte. Este, por el efecto tremendo que produce, nos invita a ahondar nuestra reflexi\u00f3n.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Empecemos por decir que la cuesti\u00f3n de la autor\u00eda de la muerte es relativamente banal. En realidad, no importa mucho que fuera la derecha o la izquierda. A un cierto nivel de consideraci\u00f3n, solamente importa que se haya tenido el triste coraje de agredir brutalmente a un hombre indefenso, carente de custodia y guardaespaldas, expuesto libremente a todos los ataques. En esto, como en otras cosas, los extremos pol\u00edticos se parecen. Matar as\u00ed y huir es propio de cobardes, sean quienes fueren. Y \u00e9sta es la primera calificaci\u00f3n que se presenta al esp\u00edritu, con anterioridad a toda otra. Un crimen vil, que deshonra irremediablemente al que lo comete y al que lo manda, quienquiera \u00e9l sea y cualquiera fueren sus motivos. En las discusiones subsiguientes, y en las mutuas acusaciones, no hay que perder esto de vista. Todo terrorismo es por esencia cobarde.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Luego, hay que medir el sentido que adquiere el hecho de la muerte porque la v\u00edctima es un sacerdote. Esto no ocurre, se nos dice, en la Argentina, desde los tiempos de la independencia. De esta manera, en la escalada de violencia se ha ascendido, o descendido, una grada m\u00e1s. Entre nosotros, en la Argentina donde vivimos, trabajamos, amamos y sufrimos, se han matado gremialistas, generales, polic\u00edas, ex presidentes y pol\u00edticos. Faltaba un sacerdote. Ahora se lo ha matado. Qui\u00e9n sabe qu\u00e9 negros horizontes se abren as\u00ed ante nosotros. No se viola un l\u00edmite impunemente. Objetivamente, el asesinato de un sacerdote es un sacrilegio. Queda por ver cu\u00e1l ser\u00e1 el efecto de esta nueva violaci\u00f3n en nuestra conciencia colectiva.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Entretanto, sea quien fuere su autor, la muerte del Padre Mugica ha producido un realzamiento y una purificaci\u00f3n de su figura. Curiosamente, quien no ten\u00eda inconveniente en admitir que actuaba en pol\u00edtica, acaba muriendo como un sacerdote y su muerte es vista por todos como un testimonio sacerdotal. Es un aspecto de la paradoja que se\u00f1al\u00e1bamos antes. B\u00e1rbaramente asesinado, lo sacro en \u00e9l se acent\u00faa. Sin quererlo, se le hizo as\u00ed un favor. En lugar de empa\u00f1arlo, se lo ha esclarecido. En lugar de suprimirlo, se lo ha transfigurado. Esto prueba, si hiciera falta, c\u00f3mo quien juega absurdamente con la muerte y la vida de los hombres desencadena fuerzas que no es capaz de controlar y cambian el sentido de su mismo gesto. Una muerte que se hizo pol\u00edtica y partidaria se convierte as\u00ed en un sacrificio.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">La gente se interroga tambi\u00e9n sobre los motivos. Otra pregunta secundario. Cuando un inocente ha sido muerto, los motivos mayormente no interesan. El hecho desnudo es la supresi\u00f3n de un semejante, que en este caso es adem\u00e1s un sacerdote. Para esto no puede haber ning\u00fan motivo. La vida no es de nadie, sino de Dios. El tocarla significa que el hombre o la mujer, la persona humana, es reducida a la categor\u00eda de medio o de recursos. Se usa la sangre para lo que no se la puede usar. Se la derrama injustamente, cuando pertenece a la imagen de Dios. Se pervierte de arriba abajo el orden de la creaci\u00f3n. Cualquier motivo que se tuviera no sirve, aunque se diga que es por el bien de otros hombres o de la humanidad entera. Lejos de ayudarla, se la hiere en lo m\u00e1s vivo.\u00a0 Al violarla en uno de sus miembros, el acto de la muerte tiende a suprimirla. Todo homicidio tiene as\u00ed, como dice la Escritura (G\u00e9n. 9,6), un germen de suicidio.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">LA VIOLENCIA<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">De aqu\u00ed la extrema peligrosidad de toda la proclamaci\u00f3n de la violencia. Ella acaba volvi\u00e9ndose contra uno. Hay en esto una especie de N\u00e9mesis implacable en la cual no se piensa. Si la muerte del Padre Mugica algo demuestra es que con la violencia no se juega. No se puede ser complaciente con ella en unos casos y severo en otros. No es cuesti\u00f3n de oportunidad ni de personas. Estos son a lo m\u00e1s accidentes, graves e importantes quiz\u00e1s pero accidentes al final. La sustancia de la cosa es la vida humana tronchada sin derecho, la calidad de due\u00f1o y de \u00e1rbitro que el asesino se atribuye, como si fuera Dios mismo. O bien, si no se cree en Dios, o si no se cree suficientemente, como si fuera superior a los dem\u00e1s hombres, sus hermanos. Toda otra consideraci\u00f3n es irrelevante. Particularmente, las consideraciones pol\u00edticas. El asesinato directo o paliado no es mejor bajo un r\u00e9gimen que bajo otro, aceptable cuando reina la opresi\u00f3n e inaceptable cuando no reina. El marco de referencia es otro, muy distinto. Es el valor de la vida humana, y de la persona, fin de la creaci\u00f3n, cualquiera sea su entidad o su lugar en el mundo. A mucho convendr\u00e1 meditar acerca de esto, a la luz de la muerte del Padre Mugica, confrontada con sus propias palabras p\u00f3stumas, en el art\u00edculo de <em>La Opini\u00f3n. <\/em><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Felizmente, la reacci\u00f3n parece un\u00e1nime, salvo los asesinos y sus c\u00f3mplices mentales o verbales. Es en realidad, la sociedad misma argentina que se defiende sin saberlo. La muerte en su seno de un sacerdote cat\u00f3lico es un crimen que la afecta colectivamente. Toca a la conciencia de todos, como reci\u00e9n dec\u00edamos. Algo en ella ha sido herido y contra ello se reacciona y se la defiende. En buena parte, el testimonio de unidad que el sepelio revela es efecto de esta reacci\u00f3n. En la muerte de este hombre indefenso, consagrado en principio al servicio de Dios y de los pobres, todos hemos sido tocados. Los lazos b\u00e1sicos, inconscientes, que unen a los hombres, m\u00e1s all\u00e1 de la verborragia fraternizante y de la pr\u00e9dica vac\u00eda sobre los derechos del hombre, salen a la luz. Un d\u00eda, por lo menos. Es preciso exorcizar la muerte de uno de nosotros, causada por uno de nosotros. Ello se hizo en la penitencia y en la oraci\u00f3n, hasta ahora. Esperemos que as\u00ed siga.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Porque despu\u00e9s las fuerzas oscuras y salvajes que nos dominan vuelven por sus fueros. Se siente, si no se piensa, que una muerte s\u00f3lo se redime con otra muerte. Que la sangre s\u00f3lo se lava con m\u00e1s sangre. Por eso se vuelve a matar. Se habla de venganza, pero en el fondo se es v\u00edctima de impulsos mucho m\u00e1s primitivos y primarios. Si esta especie de enloquecimiento animal no se logra romper en alg\u00fan momento nos sumergimos en la espiral descendente de la violencia. Y al hacerlo, nos hundimos todos. Contra esto es preciso tener la lucidez para decir ahora, frente a la muerte del Padre Mugica, y a su cad\u00e1ver, que ninguna muerte de un inocente es l\u00edcita, que s\u00f3lo se la redime por el perd\u00f3n y el servicio de los hombres, que \u00e9l hac\u00eda, y que otras muertes no har\u00edan m\u00e1s que comprometer su memoria y enfermar m\u00e1s el ya herido cuerpo social de la Argentina. Si con ella se ha pasado un l\u00edmite, sea \u00e9l el \u00faltimo que pase. Si fue un verdadero sacrificio, sirva definitivamente de expiaci\u00f3n por los cr\u00edmenesque afectan nuestra conciencia colectiva. Si la muerte irracional de un sacerdote ha de tener alg\u00fan sentido entre nosotros, sea \u00e9l el de reconciliarnos de una vez por todas para vivir en paz. As\u00ed, esta nueva muerte horrible no habr\u00e1 sido al menos del todo in\u00fatil.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">CONCLUSI\u00d3N<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Se dice que durante su agon\u00eda en el hospital Salaberry, el Padre Mugica, todav\u00eda consciente, ped\u00eda la uni\u00f3n de los argentinos. \u00c9l hab\u00eda cre\u00eddo que ella se realizar\u00eda por un camino. Otros, igualmente cristianos, han podido y pueden pensar diversamente. La cuesti\u00f3n no es el medio sino el fin. A las puertas de la muerte y de la eternidad, \u00e9l debe haber visto esa necesidad de unidad de manera diferente de como la ve\u00eda en el tiempo de sus luchas. Debe precisamente haber percibido el fin m\u00e1s que los medios. O m\u00e1s bien, debe haber sentido, como en una referencia impl\u00edcita, que su muerte era el verdadero medio que pod\u00eda traer la ansiada unidad. As\u00ed ocurri\u00f3 con la muerte de Jesucristo, seg\u00fan la reflexi\u00f3n del Evangelio seg\u00fan San Juan (11, 52): Y toda muerte cristiana, debidamente aceptada, se asocia a ella, y es transfigurada por ella. Ya hemos visto el d\u00eda del entierro un principio de esta unidad. Pase ella a ser ahora el fruto real de la impetraci\u00f3n\u00a0 de su muerte y la tarea en la que nos vemos todos comprometidos, en los diversos sectores, movimientos y partidos en que nos vemos divididos. Para lo cual habr\u00e1 que buscar inspiraci\u00f3n y ayuda m\u00e1s all\u00e1 de nuestros slogans y divisas. Precisamente, los villeros en la Recoleta no quer\u00edan que los j\u00f3venes de los movimientos estudiantiles peronistas entonaran la marcha partidaria, porque all\u00ed se hab\u00eda ido a rezar. La inspiraci\u00f3n y la ayuda o pueden venir m\u00e1s que de Dios\u00a0 y de un sentido cristiano y humano de la fraternidad entre los hombres, que la muerte del Padre Mugica habr\u00e1 venido a valorar.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Esper\u00e9moslo sinceramente, mientras lo encomendamos a \u00e9l y a nosotros todos, a la misericordia de Dios. <a name=\"_GoBack\"><\/a><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Recuperamos el editorial publicado por Criterio el 23 de mayo de 1974 (N\u00b0 1692) luego del asesinado del sacerdote Carlos Mugica, a 40 a\u00f1os del&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[8,3,5],"tags":[721,722,723,158],"class_list":["post-9439","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-iglesia","category-politica-economia","category-sociedad","tag-asesinato","tag-carlos-mugica","tag-sacrificio","tag-testimonio"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-2sf","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/9439","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=9439"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/9439\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=9439"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=9439"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=9439"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}