{"id":9539,"date":"2014-07-07T17:23:52","date_gmt":"2014-07-07T20:23:52","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=9539"},"modified":"2014-07-07T17:23:52","modified_gmt":"2014-07-07T20:23:52","slug":"abismos-de-la-condicion-humana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=9539","title":{"rendered":"Abismos de la condici\u00f3n humana"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\"><span lang=\"ES\"><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/leonor.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-thumbnail wp-image-9540\" title=\"leonor\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/leonor-120x120.jpg\" alt=\"leonor\" width=\"120\" height=\"120\" \/><\/a>Comentario a la obra teatral <em>El luto le sienta a Electra<\/em>, de E. O&#8217;Neill. (Dramaturgia R. Sturua y P. Zangaro. Complejo Teatral de Buenos Aires). <!--more--><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-size: 13px;\"><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/580b-elenco.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-9541\" title=\"580b-elenco\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/580b-elenco-300x198.jpg\" alt=\"580b-elenco\" width=\"300\" height=\"198\" \/><\/a> Hace ya casi ocho d\u00e9cadas Eugene O&#8217;Neill<\/span><span style=\"font-size: 13px;\"> <\/span><span style=\"font-size: 13px;\">acometi\u00f3 la cicl\u00f3pea tarea de adaptar la Orest\u00edada de Esquilo, que muestra el destino final de la estirpe de los Atridas, en <\/span><em style=\"font-size: 13px;\">El luto le sienta a Electra<\/em><span style=\"font-size: 13px;\">. La trilog\u00eda griega pon\u00eda en escena cuestiones culturales de \u00e9poca como era el tr\u00e1nsito de una justicia arcaica de autodefensa a una justicia institucionalizada que ven\u00eda a poner coto al derramamiento de sangre, producto de la venganza que se retroalimenta incesantemente. El dramaturgo norteamericano respeta la divisi\u00f3n tripartita del original pero, en<\/span><span style=\"font-size: 13px;\"> <\/span><span style=\"font-size: 13px;\">consonancia con su visi\u00f3n fatalista de la vida y con los aportes de la psicolog\u00eda profunda de comienzos del siglo XX, complejiza la construcci\u00f3n de los protagonistas quese debaten ferozmente entre odios y amores incestuosos, acosados por la maldici\u00f3n heredad, por las huellas feroces que deja la guerra y <\/span><span style=\"font-size: 13px;\"> <\/span><span style=\"font-size: 13px;\">por sus propias conciencias.Su mirada final es bastante m\u00e1s desoladora que la del tr\u00e1gico griego: mientras que en el texto original Orestes es perdonado por el matricidio, en la versi\u00f3n del <\/span><span style=\"font-size: 13px;\"> <\/span><span style=\"font-size: 13px;\">norteamericano no hay paz para ninguno de los protagonistas, que pagan sus culpas con el suicidio o con el enclaustramiento de por vida.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span lang=\"ES\">El director georgiano Robert Sturua, conocido por\u00a0 unos cuantos memorables trabajos en los escenarios oficiales porte\u00f1os, es el responsable \u2013junto a\u00a0 Patricia Zangaro, tambi\u00e9n a cargo de la traducci\u00f3n\u2013 de la puesta en escena de este cl\u00e1sico del cual no recordamos reposiciones en la Argentina, por lo menos en estos \u00faltimos treinta a\u00f1os. Teniendo en cuenta los cambios sociales y morales experimentados y \u00a0que la obra \u201cabre por s\u00ed misma el camino al humor\u201d\u2013opini\u00f3n esta \u00faltima con la que disentimos\u2013 Sturua modific\u00f3 y recort\u00f3 el texto y, consecuentemente la puesta, para convertirla en una tragifarsa o tragicomedia y \u00a0lograr as\u00ed que aun lo detestable pudiera provocar la risa, seguida luego de la reflexi\u00f3n. La idea en s\u00ed misma no es ciertamente novedosa ni tampoco objetable. Hace ya casi un siglo y, en parte, por motivos semejantes, Valle Incl\u00e1n crea con <em>Luces de bohemia <\/em>el esperpento, un nuevo subg\u00e9nero que combina la tragedia y la farsa, pero sin apelar a la risa ni al juego teatral.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span lang=\"ES\">En esta puesta Sturua aligera un texto denso en problem\u00e1ticas que hoy no deslumbran como entonces y que, resulta, por momentos, reiterativo, para adecuarlo al p\u00fablico de los tiempos que corren. Para ello recurre a las t\u00e9cnicas del distanciamiento brechtiano que rompe con la cuarta pared. En cuanto a las notas de humor \u00e9stas no surgen del texto en s\u00ed mismo sino de las intervenciones que realiza el jardinero borracho, a quien se le asigna el rol de narrador y comentarista de la acci\u00f3n, y de la marcaci\u00f3n actoral que apela a la gestualidad exagerada como recurso par\u00f3dico, especialmente en instancias dram\u00e1ticas.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span lang=\"ES\">Aunque alejado de las indicaciones textuales, el dise\u00f1o escenogr\u00e1fico \u2013un fondo de ladrillos con un vasto entramado de andamios de metal \u00a0y un escenario que avanza en cu\u00f1a hacia la platea\u2013 resulta muy efectivo, no s\u00f3lo para atemporalizar la ubicaci\u00f3n de la acci\u00f3n sino, adem\u00e1s, para permitir el desplazamiento de los personajes pueblerinos que O&#8217;Neill pens\u00f3 como trasfondo humano para el drama de la familia Mannon y a los que esta puesta les concede mayor presencia e intervenci\u00f3n, como corresponde al Coro de la tragedia griega. Como es previsible Leonor Manso realiza un sobresaliente trabajo en el rol de la esposa ad\u00faltera, a quien solo alientan el odio y el deseo. Paola Krum sorprende con su interpretaci\u00f3n de Lavinia, la hija que en un doble juego de atracci\u00f3n y rechazo, termina mimetiz\u00e1ndose con la figura de la madre odiada y como \u00fanica habitante de una casa poblada de espectros. Dentro de un elenco homog\u00e9neo, tambi\u00e9n resultan destacables la actuaci\u00f3n de Pablo Brichta como el\u00a0 jardinero Seth, la de Diego Vel\u00e1zquez \u2013que encarna a un Orin devastado por la violencia de la guerra, los celos, el odio y el remordimiento\u2013 y la de H\u00e9ctor Bidondecomo su padre, el hombre atribulado por su incapacidad para comunicarse que vuelve de la guerra ansioso de vida para encontrar la muerte en el lecho conyugal. El vestuario de Renata Schussheim, la sugestiva m\u00fasica del georgiano Giya Kancheli y la iluminaci\u00f3n de Chango Monti se suman para consolidar los aciertos de esta puesta en escena que recupera para la reflexi\u00f3n un texto que desnuda los abismos de la condici\u00f3n humana. <\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Comentario a la obra teatral El luto le sienta a Electra, de E. O&#8217;Neill. (Dramaturgia R. Sturua y P. Zangaro. 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