{"id":9696,"date":"2014-09-09T17:43:42","date_gmt":"2014-09-09T20:43:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=9696"},"modified":"2014-09-09T17:43:42","modified_gmt":"2014-09-09T20:43:42","slug":"los-ultimos-minutos-de-carlos-mugica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=9696","title":{"rendered":"Los \u00faltimos minutos de Carlos Mugica"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\"><span>Uno de los m\u00e9dicos que recibi\u00f3 al padre Carlos Mugica luego que de fuera gravemente herido en 1974 relata la conmovedora experiencia de haberlo atendido en el Hospital J.F. Salaberry.<!--more--><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">A pesar de ser una fecha lejana, recordar el 11 de mayo de 1974 me produce una conmoci\u00f3n no ligera. Desencadena en m\u00ed una serie de procesos y recuerdos, de im\u00e1genes imborrables, con muchos interrogantes. La verdad se conoci\u00f3 parcialmente; los c\u00f3mplices y responsables se encargaron de embarrar la cancha, borrando rastros de los ide\u00f3logos.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>Era un s\u00e1bado a la tarde de un oto\u00f1o avanzado. Hab\u00eda lloviznado casi todo el d\u00eda y yo ten\u00eda guardia en el Hospital J.F. Salaberry, con el trabajo habitual para la hora y el d\u00eda de la semana. Est\u00e1bamos terminando de operar\u00a0y luego nos reunir\u00edamos\u00a0en el pabell\u00f3n de la Guardia para cenar, uno de los pocos momentos en que compart\u00edamos la mesa los integrantes del servicio.\u00a0Recuerdo a algunos de los m\u00e9dicos que trabajamos esa noche: el doctor Alberto Itcovici, cardi\u00f3logo y amigo personal, que fue quien recibi\u00f3 al herido, lo evalu\u00f3 y asisti\u00f3 hasta el \u00faltimo momento,\u00a0el doctor Ricardo Puiszo y el doctor Montoya, anestesi\u00f3logo.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>De pronto nos avisaron\u00a0en el quir\u00f3fano que acababan de llegar dos pacientes en estado grave, con heridas de bala en t\u00f3rax y abdomen.\u00a0Eran \u00e9pocas muy terribles, no pod\u00edamos ni quer\u00edamos acostumbrarnos a semejante violencia, pero se impon\u00eda la realidad.\u00a0En contados minutos estaban hechos los estudios preoperatorios para pretender resolverlos quir\u00fargicamente.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>En los alrededores de la sala de operaciones nos esperaba un p\u00fablico desconocido, prepotente, alejado del respeto que el ambiente m\u00e9dico pretende siempre. La regla de que el quir\u00f3fano es sagrado, silencioso y obediente a la mirada del equipo quir\u00fargico no era respetada. Una gran cantidad de personas totalmente desconocidas, muchas armadas, nos rodeaba en ese lugar.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>Cuando\u00a0me acerqu\u00e9 a los pacientes, vi que se trataba de un sacerdote y de su amigo; hab\u00edan sido atacados al salir de la misa en la parroquia cercana de San Francisco Solano (entre Villa Luro y Mataderos). Era el padre Carlos Mugica, a quien conoc\u00eda y admiraba por su acci\u00f3n por los pobres, y otro hombre, ambos con heridas m\u00faltiples.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>La evaluaci\u00f3n preoperatoria con los estudios realizados a ambos, me indicaba que deb\u00eda operar en primer t\u00e9rmino al m\u00e1s grave, que era Carlos Mugica, mientras un equipo se encargar\u00eda de evacuar el hemoneumot\u00f3rax del otro paciente.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>El padre Mugica, que se encontraba consciente y l\u00facido, me pidi\u00f3 que operara en primer t\u00e9rmino a su compa\u00f1ero, Ricardo Capelli, con varias perforaciones de bala en t\u00f3rax izquierdo y compensado, mientras \u00e9l continuaba confes\u00e1ndose con su amigo, el padre Vernazza. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>Por mi experiencia como m\u00e9dico puedo asegurar que Mugica no era un paciente aferrado a la vida. Ten\u00eda fuerzas para gritar pero no lo hac\u00eda; ten\u00eda fuerzas y motivos para quejarse, pero no lo hac\u00eda. Era notable la aceptaci\u00f3n de lo que le toc\u00f3, sin quejas de dolor ni de angustia. He atendido a muchas personas de Iglesia (sacerdotes, religiosas, laicos comprometidos con su cristianismo) que mueren con una alegr\u00eda que me sorprende. Mugica era uno de ellos\u2026 Ten\u00eda una gran tranquilidad, absoluta; no se quejaba ni culpaba a nadie. Que un paciente de tama\u00f1a gravedad, desangr\u00e1ndose y l\u00facido, propusiera ceder su lugar a un semejante,\u00a0nos llev\u00f3 a\u00a0comprender lo que est\u00e1bamos viviendo,\u00a0nos encontr\u00e1bamos\u00a0en presencia de un cristiano comprometido hasta el final, que ced\u00eda su lugar, con prioridad indiscutible, ante un pr\u00f3jimo.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>Mi insistencia en operar en primer t\u00e9rmino al padre Mugica se basaba, adem\u00e1s de ser lo que correspond\u00eda por la buena pr\u00e1ctica, en que comenzaba a descompensarse por la magnitud de las lesiones graves que le hab\u00eda producido el ataque a quemarropa con proyectiles de gran calibre.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>Dada su insistencia y sin p\u00e9rdida de tiempo oper\u00e9 a Ricardo Capelli, y acto seguido llevamos a Carlos Mugica al quir\u00f3fano que ya estaba preparado.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>Su hipotensi\u00f3n (baja presi\u00f3n), la dificultad para compensarlo y la gravedad de las lesiones producidas en t\u00f3rax y abdomen comenzaron a imponernos\u00a0la realidad. A pesar de detener la hemorragia y\u00a0reparar las lesiones, la reposici\u00f3n de sangre y l\u00edquidos no era suficiente. Con cada minuto que pasaba era m\u00e1s complicado y dif\u00edcil mantener los par\u00e1metros vitales (tensi\u00f3n arterial, frecuencia card\u00edaca, perfusi\u00f3n y oxigenaci\u00f3n de tejidos vitales). Todo ello en un ambiente sumamente tenso, con dificultad para expresar emociones\u00a0e invadido por desconocidos cuya funci\u00f3n present\u00edamos: tener la certeza de que lo actuado hab\u00eda sido contundente y efectivo.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>El primer paro card\u00edaco fue revertido y\u00a0seguido\u00a0por una transitoria recuperaci\u00f3n que no dur\u00f3 mucho. El fin terrenal del padre Carlos Mugica y su paso a la Casa del Padre no se hizo esperar.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>La certeza que buscaban los desconocidos, prepotentes e inhumanos asistentes de este martirio del siglo XX, se hab\u00eda producido con el dolor desgarrador de una mayor\u00eda que llor\u00f3 y\u00a0contin\u00faa llorando y recordando al padre Mugica, un santo contempor\u00e1neo de carne y hueso. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>Cuando me dijo, m\u00e1s de una vez, \u201catend\u00e9lo a \u00e9l\u201d, lo dec\u00eda convencido. Como m\u00e9dico nunca lo he visto. S\u00f3lo puedo imaginarme a una madre diciendo algo as\u00ed en relaci\u00f3n a su hijo.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span>Vivi\u00f3 la muerte como un paso de la vida. Eso lo pude ver y palpar, y es conmovedor.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span> <\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Uno de los m\u00e9dicos que recibi\u00f3 al padre Carlos Mugica luego que de fuera gravemente herido en 1974 relata la conmovedora experiencia de haberlo atendido&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[8,5],"tags":[722,158],"class_list":["post-9696","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-iglesia","category-sociedad","tag-carlos-mugica","tag-testimonio"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-2wo","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/9696","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=9696"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/9696\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=9696"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=9696"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=9696"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}