{"id":9716,"date":"2014-09-09T18:49:01","date_gmt":"2014-09-09T21:49:01","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=9716"},"modified":"2014-09-09T18:49:01","modified_gmt":"2014-09-09T21:49:01","slug":"por-una-cultura-y-una-paz-posibles","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=9716","title":{"rendered":"Por una cultura y una paz posibles"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\"><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2014\/09\/argerich-baremboin-duo.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-thumbnail wp-image-9717\" title=\"argerich-baremboin-duo\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2014\/09\/argerich-baremboin-duo-120x120.jpg\" alt=\"argerich-baremboin-duo\" width=\"120\" height=\"120\" \/><\/a>Daniel Barenboim y Martha Argerich, acompa\u00f1ados por la Orquesta <span lang=\"ES\">West-Eastern Divan, colmaron de esperanza al p\u00fablico en sus varias presentaciones en el Teatro Col\u00f3n y en Puente Alsina.<!--more--><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Daniel Barenboim naci\u00f3 en Buenos Aires a mediados de noviembre de 1942 y, aunque sea poco elegante decirlo, Martha Argerich es apenas unos meses mayor porque su natalicio es en la misma ciudad el 5 de junio del a\u00f1o anterior. En 1954 los padres de Barenboim (tambi\u00e9n destacados pianistas) lo enviaron a Salzburgo desde Israel, donde se hab\u00edan radicado poco antes, para que tomara clases con Igor Markevitch, a quien sigui\u00f3 Nadia Boulanger en Par\u00eds. Diferente fue el camino de Martha, quien a los ocho a\u00f1os brind\u00f3 su primer concierto, estudi\u00f3 con Vicente Scaramuzza y luego, tambi\u00e9n desde 1954, prosigui\u00f3 su formaci\u00f3n con Friedrich Gulda en Viena. Ambos fueron ni\u00f1os prodigio, j\u00f3venes talentos, celebrados int\u00e9rpretes y acaso lamentablemente poco ligados a la Argentina por su temprana partida del pa\u00eds que los vio nacer.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">\n<p class=\"MsoNormal\">Empero, se advierte en ellos el agradecimiento por la tierra de sus primeros a\u00f1os y, por qu\u00e9 no, la desaz\u00f3n de verlo desde afuera con sus constantes vaivenes y contrasentidos. Asimismo el p\u00fablico que los ovacion\u00f3 en el Teatro Col\u00f3n celebr\u00f3 tambi\u00e9n la \u00edntima ilusi\u00f3n de que \u201calguien de nosotros pudo\u201d, consiguiendo lo que hoy parece lejano porque la Argentina que conocieron los ni\u00f1os prodigio no hab\u00eda llegado al nivel de las distorsiones de las d\u00e9cadas subsiguientes.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">El mismo d\u00eda que Martha Argerich y Daniel Barenboim brindaban un memorable concierto de tres horas en el Col\u00f3n, Estela de Carlotto encontr\u00f3 a su nieto, que hab\u00eda sido secuestrado por la dictadura militar y entregado clandestinamente en adopci\u00f3n. Era el comentario obligado en los pasillos, con una mezcla de admiraci\u00f3n y algarab\u00eda. Se respiraba expectativa y no cab\u00eda un alfiler. La sala dispuso de localidades para invitados especiales y periodistas que con inteligencia el jefe de prensa ubic\u00f3 en el escenario, a cent\u00edmetros de los dos pianos preparados para la ocasi\u00f3n. Cuando los int\u00e9rpretes salieron a escena la ovaci\u00f3n fue ensordecedora; la excelencia de la presentaci\u00f3n, sint\u00e9ticamente antol\u00f3gica.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Con la sala a media luz comenz\u00f3 <span lang=\"ES\">la <em>Sonata para dos pianos en Re mayor, K.448 <\/em>de Mozart, que evidenci\u00f3 la amalgama y el entendimiento entre ambos. Escrita en forma de <em>sonata-allegro<\/em> por el compositor a sus 25 a\u00f1os, las melod\u00edas simult\u00e1neas del primer movimiento confirmaron el juego de exactitudes y exquisitas sutilezas que iban a dominar la presentaci\u00f3n y, con el \u00faltimo acorde del <em>Molto allegro<\/em>, la ovaci\u00f3n fue total. Le siguieron<\/span> las <em>Variaciones sobre un tema original para piano a cuatro manos en La bemol mayor Op. 35<\/em> de Schubert, ejecutada con notable vuelo estil\u00edstico.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Fue s\u00f3lo el comienzo: la segunda parte anunciaba la versi\u00f3n para piano a cuatro manos de <em>La consagraci\u00f3n de la primavera<\/em> de Igor Stravinski. Los acordes <em>staccato <\/em>fueron el delirio del p\u00fablico. De honda dificultad por su superposici\u00f3n de l\u00edneas mel\u00f3dicas, la armon\u00eda se aparta de la tonalidad cl\u00e1sica y el uso de disonancias favorece esa complejidad sonora con una orquesta, pero significa un gran riesgo en una interpretaci\u00f3n para piano a cuatro manos.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Hasta aqu\u00ed el programa formal. Luego llegaron los bises, cuando Barenboim present\u00f3 a tres m\u00fasicos de la <span lang=\"ES\">West-Eastern Divan y, junto con Argerich, ejecut\u00f3 la versi\u00f3n\u00a0 original del <em>Andante y variaciones de Robert Schumann para dos pianos, dos violonchelos y corno<\/em>. Lo anunci\u00f3 brevemente el propio Barenboim ante la exclamaci\u00f3n de los presentes. El juego entre ellos era perfecto: el cari\u00f1o y cuidado que le brindaba el m\u00fasico a Martha, y la mirada c\u00f3mplice de ella, disfrutando casi secretamente de ese momento. En otro pasaje del concierto incluso se permitieron bromear con las cl\u00e1sicas toses del Col\u00f3n, cuando en un breve intervalo irrumpieron. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span lang=\"ES\">Siguieron el <em>Vals de la Suite Nro 2 op 17<\/em> de Rachmaninoff, el siempre querible <em>Bailecito <\/em>de Carlos Guastavino y el vibrante <em>Scaramouche<\/em> de Darius Mailhaud como indudable premio para quienes a\u00fan no hab\u00edan abandonado la sala. Al final, papelitos de colores como en la cancha, p\u00e9talos de rosa que Argerich coloc\u00f3 sobre la butaca de Barenboim, flores que \u00e9l improvis\u00f3 para ella y las glamorosas y oficiales del teatro con beso emocionado de la chica que las entreg\u00f3, improvisadas bolsas con regalos que llegaron desde la platea y cuyo contenido ambos miraban curiosos. Todo menos altisonantes discursos, y no es que faltaran pol\u00edticos, desde el Jefe de Gobierno de la Ciudad a varios miembros de su Gabinete. El Ministro de Cultura, Hern\u00e1n Lombardi, se saludaba en el<em> foyer<\/em> con su par provincial y antecesor en el cargo, Jorge Telerman. Los hechos se impon\u00edan a los dichos, tan usuales en la Argentina de hoy. Aunque sea por unos d\u00edas, la estampa ilusionaba al ser un evento que convoc\u00f3 a la prensa internacional no por una desgracia financiera sino por ser la Argentina faro de cultura como anta\u00f1o. La magia se repiti\u00f3 varias veces, pero fue en el recital gratuito en Puente Alsina donde Daniel Barenboim expres\u00f3 qu\u00e9 le hab\u00eda dejado este pa\u00eds: \u201cQuiero que sepan que yo me fui de la Argentina a los nueve a\u00f1os pero algo de lo que me dio la Argentina me qued\u00f3 para siempre. Una de esas cosas es que aqu\u00ed no hay problema de tener identidades m\u00faltiples y esa fue la primera lecci\u00f3n que aprend\u00ed, se puede ser polaco, alem\u00e1n, jud\u00edo, sirio-liban\u00e9s, turco, y no por eso menos argentino\u201d, y sigui\u00f3 con <em>El firulete<\/em>,<em> <\/em>que los j\u00f3venes llegados de Medio Oriente ejecutaron con brillante ligereza y picard\u00eda porte\u00f1a, mientras se respiraba un anhelo de paz. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span lang=\"ES\"> <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span lang=\"ES\"> <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span lang=\"ES\"> <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Fotos: gentileza Prensa Ministerio de Cultura GCBA<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Daniel Barenboim y Martha Argerich, acompa\u00f1ados por la Orquesta West-Eastern Divan, colmaron de esperanza al p\u00fablico en sus varias presentaciones en el Teatro Col\u00f3n y&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[854,855,856,857],"class_list":["post-9716","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","tag-argerich","tag-barenboim","tag-puente-alsina","tag-teatro-colon"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-2wI","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/9716","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=9716"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/9716\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=9716"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=9716"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=9716"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}