Los valores cristianos en la empresa

Sin empresarios o empresas sólo sería posible una actividad económica rudimentaria e individual, como aquella que caracterizaba a las sociedades primitivas. Los empresarios tienen el rol de asociar los diversos factores de la producción, como maquinarias, insumos, mano de obra y tecnología para producir bienes y servicios variados, que hacen a nuestro bienestar general. Esta tarea constituye una auténtica vocación, en sentido humano y cristiano, y debe considerarse a pleno título como “trabajo”.  Juan Pablo II enseña que “se hace cada vez más evidente y determinante el papel del trabajo humano, disciplinado y creativo, y el de las capacidades de iniciativa y de espíritu emprendedor, como parte esencial del mismo trabajo” (Centesimus annus, n. 32). Este espíritu emprendedor es muy notable, por ejemplo, entre los llamados unicornios del área tecnológica, cuyas empresas facturan más de 1000 millones de dólares, y ya tenemos una docena de casos en nuestro país.

A pesar de su relevancia social, sorprende que los empresarios en general no gocen de una buena imagen en la Argentina, ni sean reconocidos. Juan Bautista Alberdi, ya en el siglo XIX, señalaba la preponderancia de la admiración pública hacia políticos y militares, a quienes sin embargo consideraba más bien destructores de la riqueza. Esta percepción quizás tenga que ver en parte con ciertos comportamientos oportunistas de algunos sectores productivos en distintos momentos de la historia, pero no es suficiente como justificación. Distinto es lo que sucede, por ejemplo, en países vecinos como Chile, Uruguay y Brasil.  

Si bien se sigue de lo anterior que el empresario tiene derecho a los beneficios como justa remuneración de sus esfuerzos, y que dichos beneficios son signo de la buena marcha de la empresa, el salario sigue siendo, en cierto sentido, “el problema-clave de la ética social”. “En el contexto actual –escribió Juan Pablo II–, no existe modo mejor para cumplir la justicia en las relaciones trabajador-empresario que el constituido, precisamente, por la remuneración del trabajo” (Laborem Exercens, n.19). En este sentido, es importante precisar que “la remuneración del trabajo debe ser tal que permita al hombre y a su familia una vida digna en el plano material, social, cultural y espiritual, teniendo presentes el puesto de trabajo y la productividad de cada uno, así como las condiciones de la empresa y el bien común” (Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, n.67).

Por otra parte, la Iglesia tampoco ha valorado en demasía la actividad emprendedora. Para contar con un empresario que haya ingresado a los altares hay que retroceder al siglo XII y a San Homobono, un productor y comerciante textil de Cremona, popularmente considerado el Patrono de los Negocios. Sin embargo, es posible que tengamos novedades próximamente: está avanzado el proceso de canonización de Enrique Shaw (1921-1962), un dirigente empresarial argentino que vivía en presencia de Dios, rezaba en su vida cotidiana y ante las dificultades que enfrentaba, era extremadamente generoso con su tiempo y sus recursos. En los escritos que dejó abundan las meditaciones religiosas. Además, fundó organizaciones vinculadas a la Iglesia, como la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa, y participó del grupo inicial de la Universidad Católica Argentina. También presidió el sector masculino de la Acción Católica en nuestro país.

El papa Francisco ha señalado las luces, pero también las sombras, del trabajo empresarial. Con esa óptica se puede formular que producir bienes y generar innovaciones, muchas veces coexiste con comportamientos oportunistas y corruptos. En este sentido, el marco regulatorio y la fuerte presencia del Estado y sus prebendas generan un campo propicio para que los hombres y mujeres de empresa argentinos no siempre orienten sus energías hacia iniciativas productivas. Por otra parte, dentro de la empresa, se presentan muchas situaciones que pueden llevar a conductas injustas por parte de los directivos, tanto hacia el personal, como a los clientes (sería oportuno que en los planes de estudios de carreras afines se incorporara formación en liderazgo). Tampoco son incentivos para tomar riesgos la alta inflación, que tanto afecta el cálculo económico, la falta de financiamiento y la productividad de todas las organizaciones.

En este número de Criterio publicamos varios artículos con referencias al pensamiento empresarial de Shaw, que sigue siendo relevante hoy, aunque hayan pasado varias décadas desde su formulación. Para él, la espiritualidad y los valores cristianos también mejoran el desempeño de los hombres y mujeres de negocios, por eso fomentaba y practicaba el buen trato con operarios y empleados. Consideraba que un clima laboral positivo favorece el optimismo y reduce el temor de tomar riesgos. Estos criterios éticos contribuyen normalmente al buen desempeño de la empresa. No obstante, el cristianismo propone el “misterio de la cruz”, por el cual alinear sin matices éxito y santidad corre el riesgo de la simplificación.

Es interesante mencionar que, para algunos autores, Jesús trató en sus parábolas temas económicos y empresariales, que parecía conocer bien. Por ejemplo, tenía muy claro que son necesarias las inversiones para lograr un retorno económico, que existen los mercados financieros y que es importante hacer cálculos económicos correctos. Incluso se ha hipotetizado que Jesús podría haber sido un pequeño empresario constructor, al igual que José (probablemente el término “carpintero” es una asignación debida a una mala traducción del término griego tekton).

En un encuentro con un grupo de empresarios españoles, el papa Francisco expresó: “Con los valores del trabajo y la pobreza, que implican la confianza completa en Dios y no en las cosas, se puede crear una economía que reconcilie entre sí todos los miembros de las diversas etapas de producción, sin que se desprecien mutuamente, sin que se creen mayores injusticias o se viva una fría indiferencia”. Y aclaró: “Esto no quiere decir que se ame la miseria, la cual, por el contrario, tiene que ser combatida, y para ello ustedes tienen los instrumentos, como la posibilidad de crear empleos, y contribuir así a dignificar a sus prójimos. Por medio del trabajo, el Señor ‘levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre’ (Salmo 113,7). De manera que aquí tenemos un remedio para combatir la enfermedad de la miseria: el trabajo y el amor a los pobres. Sean creativos en la planificación del trabajo y eso les va a dar mucha más fuerza”.

Para el filósofo y politólogo Jean-Yves Calvez, muy allegado a esta revista, la organización de la economía debía descansar siempre sobre un doble principio de libertad y solidaridad; no libertad sola, tal como lo explicó Pablo VI en Octogesima Adveniens, documento en el cual se refiere a “la ideología liberal que cree exaltar la libertad individual sustrayéndola a toda limitación, estimulándola a la búsqueda exclusiva del interés y del poder, considerando las solidaridades sociales como consecuencias más o menos automáticas de las iniciativas individuales y como un criterio mayor del valor de la organización social” (OA, n.26). Para Calvez, “la solidaridad debe buscarse como un fin, por sí misma, y es necesario apreciar a la sociedad según el grado de solidaridad que realiza”. En síntesis, el orden social será tanto más sólido cuanto más logre articular una fructuosa coordinación entre el interés individual y el de la sociedad en su conjunto.

1 Readers Commented

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  1. Fernando on 10 mayo, 2023

    M it buen articulo

    Lo empecé a leer en La Nación, pero esta muy recortado (desfigura intro desarrollo conclusión)

    Católico o no, la principal crisis de este pais es ética

    El planteo del art recuerda a la situación del Vaticano en 1848

    Con respecto al empresario y capital, Europa (norte) recién encontró diálogo a partir de sus Constituciones

    H Papa Francisco es música sin lírica
    Como CEO su market share no para de caer
    Las amenazas (celibato, auditorías públicas de las finanzas del Vaticano, etc..) no las logra canalizar como Oportunidades… Hardly a preacher on entrepreneurship.

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