Entrevista a Olivier Nakache, uno de los directores de Intouchables, una comedia francesa inspirada en dos personajes reales y entrañables que se estrena este mes en la Argentina. Las películas que se estrenan en vacaciones de invierno suelen transmitir optimismo. Esa es la intención. Para este año se anuncia una comedia inspirada en dos personajes reales, que con ese optimismo nos transmiten una inefable alegría de vivir: un pobre y un cuadripléjico. Suena contradictorio, pero es cierto, hay dos personas así, que dieron su autorización para que se haga una comedia así. Y la obra, llamada Intouchables, fue un éxito en Francia y otros cuantos países. Acá quizá pase desapercibida, nunca se sabe. Nosotros, gracias a Unifrance, charlamos con uno de sus directores, Olivier Nakache (el encuentro fue en el hall del hotel de Louvre, a una cuadra del museo y dos del Jardín de las Tullerías, lo que predispuso lógicamente al buen ánimo, pero esa es otra historia).                                 

 

¿Cómo fue que usted y su socio Eric Toledano conocieron la historia real?

Fue hace ya varios años, por un documental televisivo y por el propio libro de memorias y reflexiones de Philippe Pozzo di Borgo, Le second soufflé, o El segundo aliento. Se trata de un aristócrata, heredero de dos grandes familias, director de la empresa de champán Pommery, que un día cayó mal con su parapente. A eso se sumó la muerte de su esposa por una enfermedad de la sangre. Y sin embargo este hombre salió adelante, ayudado por su carácter y por un enfermero improvisado, Abdel Sellou, un argelino desocupado de los suburbios de París. A primera vista no tenían nada en común, y sin embargo los unió el sentido del humor. Ahora di Borgo vive en las afueras de Essaouira, Marruecos, con su nueva esposa y sus dos hijas adoptivas, y Sellou tiene un campito cerca y lo visita como amigo.

 

¿Fueron a verlos?

–Sí, di Borgo es una persona excepcional, basta hablar unos minutos con él y uno se siente a gusto enseguida. Apenas le propusimos hacer una comedia se mostró encantado, nos apoyó enseguida, e insistió en que esperaba algo que hiciera reír, y no llorar. Francois Cluzet lo interpreta muy bien.

                                                                                      

–¿Y Omar Sy, que interpreta al enfermero, se parece al original

Abdel es distinto a Omar, y no sólo en el color de la piel. Es más rústico, medio cerrado, menos carismático. Omar es luminoso, transmite energía. Pero ambos tienen la misma fuerza cómica.

 

Causa gracia que, siendo tan negro, sea luminoso.

Sí, y máxime porque él también la pasó mal en su vida. Nosotros lo conocimos en 2001, hicimos un corto con él y así empezó todo. Ahora vive de la tele. Entonces tenía un pequeño espectáculo, escribía situaciones humorísticas para otros artistas, pero vimos que tenía personalidad de actor y lo alentamos a poner la cara. Ahora, cada tarde tiene un microespacio en el Grand Journal de Canal Plus. Y es muy popular, en Francia está en tercer lugar de popularidad detrás del tenista y ahora cantante Yannick Noah, y el futbolista Zidaine Zidane. Lo cual habla de una Francia muy distinta a la tradicional.

 

¿Eso explica el enorme éxito de Intouchables?

Las razones del éxito son varias. Creo que tocamos un punto muy sensible, el encuentro de dos clases adversas, y de dos personas muy diversas a primera vista. Pero, a veces, con diferencias extremas hay sorpresas. Otra razón es que abordamos temas difíciles con buen humor: por ejemplo, la situación de los minusválidos, la fragilidad, en la sociedad no hay mucho lugar para los frágiles, y ahí tenemos dos personas fuera de la sociedad. Su encuentro los va a salvar. Cada uno se salva gracias al otro. Como dice di Borgo, “sólo vivimos a través de los ojos del Otro, está claro. Es él quien nos da la vida”. Además, la gente quiere divertirse y la película es optimista. Dicen que es una película anticrisis. Para mí, en el sentido de que incluso en medio del drama hay esperanza, humor, distancia irónica y una cosa cándida: puede avanzarse cuando miramos al otro y nos miramos en el otro. Di Borgo y Abdel pudieron hacerlo porque tuvieron tiempo, se encontraron en el camino y sus tiempos coincidieron. No todos tienen esa suerte.

 

En cuanto a la suerte que ustedes tuvieron en boletería (10.675.385 de euros tan solo el primer fin de semana), ¿cómo se sobrevive a semejante éxito?

Se sobrevive alternando períodos de intensa felicidad e intensa depresión, porque esto lo vivimos una sola vez, de eso somos conscientes. ¿Cómo continuar ahora? A veces pienso largar todo y comprarme una panadería. O seguir pero simultaneando con la panadería. En todo caso, creo que capitalizaremos este éxito para seguir haciendo comedias realistas, y hablar de nuestra sociedad, incluso sobre temas difíciles, poniendo levedad y humor. Los italianos tienen esa tradición, nosotros la fuimos perdiendo. Sólo se conserva en algunas películas de Cedric Klapisch. El asunto es tomar nuestras desgracias, nuestros problemas, con un poco de humor.

 

Como quien dice “¿te va mal y encima te vas a amargar?”

Sí, sí, y en la vida real Toledano y yo también somos así. Es nuestro medio de defensa.

 

Una pregunta técnica: ¿cómo rodaron la escena en que el cuadripléjico y su enfermero dan un paseo en parapente?

Ahí no hubo ningún truco, fue toda de verdad. Y justo la filmamos en el lugar donde Borgo tuvo su accidente, una región alpina muy linda, La Clusaz, cerca de Annecy. Cada actor tuvo que dar diez saltos. Los registramos con cámaras que fueron construidas especialmente para el equipo de “Le peuple migrateur” (“Nómadas del viento”, sobre las aves migratorias de todo el mundo). Esa gente nos dio una mano. Usamos esas pequeñas cámaras y una de 35 mm. que dio vueltas alrededor de los intérpretes, pero las dio con tanta estabilidad que no transmitía ningún suspenso, ningún miedo, así que la terminamos desechando.

 

¿Saltaron de verdad? ¿Habrá sido la última escena que se filmó, no?

¡Así es, fue la última! En mayo hizo un año. Si nos hubiera pasado un accidente funcionaba igual, y la hubiéramos dedicado a la memoria del accidentado. ¡Es una broma! Pero lo más gracioso es que el actor que finge seguridad estaba muerto de miedo, y el que aparece muerto de miedo estaba felicísimo.

 

1 Readers Commented

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  1. ramon david mujica on 5 julio, 2012

    Excelente, me gustó por lo sencillo y a la vez detallado relato, gracias

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