La exaltación de la figura del padre Mugica puede ser interpretada como una estrategia del Gobierno para cooptar a algunos sectores de la Iglesia muy comprometidos con lo social. Pero empaña innecesariamente la opción por los pobres con connotaciones confrontativas.

En los días pasados hemos visto un reflejo impactante del nuevo clima que reina entre el Gobierno y la Iglesia argentina desde la elección del papa Francisco: el homenaje que ambos rindieron, en días sucesivos, al padre Carlos Mugica, al cumplirse 40 años de su asesinato. El sábado 10 de mayo, la presidenta encabezó un acto en el cual se inauguró un monumento en su memoria, con la presencia no sólo de funcionarios nacionales, sino también de obispos y numerosos sacerdotes. Al día siguiente, el cardenal Mario Poli presidió un homenaje a Mugica en la Villa 31, al que asistieron también funcionarios de Gobierno y de diversas organizaciones ligadas a él.

Se podrá decir, por supuesto, que los aspectos de la figura de Mugica resaltados en uno y otro acto no son completamente coincidentes. Más allá de la común valoración de su persona como ejemplo de entrega por los más necesitados, el Gobierno ve en él la versión religiosa de la “juventud maravillosa” de los años ‘70, admirador del Che Guevara, de Camilo Torres, vinculado a los Montoneros, peronista militante, y víctima del terrorismo de Estado. La Iglesia, en cambio, privilegia su dimensión propiamente sacerdotal, su encarnación concreta del ejemplo de Cristo a través de la caridad pastoral hacia los pobres y de su “martirio”, sin demostrar mayores preocupaciones por la posible utilización política de su figura. Al parecer, se trata de una convergencia que satisface a unos y a otros.

Pero ninguna intención conciliadora, y ninguna lectura simplista, podrán ocultar lo que es público y notorio: que el padre Mujica fue una figura compleja, que no se presta a juicios expeditivos. Nadie puede dudar de su fibra sacerdotal y su auténtica solicitud por los pobres. Pero al mismo tiempo, como hijo de su tiempo, mezcló sin cesar la religión con la política. Cristianismo y peronismo eran las dos dimensiones, espiritual y temporal, de una misma identidad: la del Pueblo. Fuera de ella sólo quedaba el enemigo, el anti-pueblo. Un discurso confrontativo que se abría indistintamente a una deriva pacífica o violenta según las inclinaciones y la psicología de su portador. Por eso Mugica, sin ser violento, pudo ser un ferviente admirador del Che Guevara (un revolucionario tan idealista como sanguinario, cuyo cuerpo intentó repatriar desde Bolivia), y pudo admitir la violencia como una opción legítima, que él nunca hizo propia, aunque sí lo hicieron varios de sus seguidores con resultados trágicos.

De ahí que sea inevitable plantearse preguntas. La Iglesia argentina, que ha hecho en su documento Iglesia y comunidad nacional (1981) una firme opción por la democracia republicana y pluralista, ¿no ve la necesidad de tomar públicamente distancia de ese pensamiento político-religioso tan inclinado al mesianismo y al utopismo, peligros sobre los cuales el papa Benedicto XVI ha advertido con tanta insistencia?

Su muerte, ¿puede calificarse sin más de “martirio”? En un sentido, parece indudable, ya que, plenamente consciente del riesgo de vida que afrontaba, Mugica permaneció fiel a su sacerdocio y a los valores evangélicos. Pero no es menos cierto que se encontró “entre los dos fuegos” no por fidelidad al Señor, sino por una mezcla de ingenuidad, imprudencia y falta de claridad de pensamiento, que permanentemente comprometieron sus buenas intenciones.

La exaltación de la figura del padre Mugica es ambivalente. Una ambivalencia que favorece al Gobierno, en su intento de cooptar un sector de la Iglesia, laicos y clero, más directamente comprometido en lo social, pero que es inevitablemente perjudicial para la misión de la Iglesia, ya que enturbia la opción por los pobres con connotaciones políticas de carácter sectario, confrontativo y movimientista, que difícilmente contribuyan a generar consensos en la sociedad.

A fines de los años ‘70, varios importantes teólogos argentinos cercanos al peronismo revolucionario (entre ellos, Lucio Gera), tomaron dolorosa conciencia de las consecuencias de su desafortunada incursión en el campo político, que había empujado muchos jóvenes idealistas a la muerte, y en un giro radical se convirtieron en convencidos defensores de las instituciones republicanas. ¿Es prudente arriesgarse a que esta historia se repita?

La figura de Mugica ya había sido revalorizada discretamente por la Iglesia argentina en años anteriores, y la injusticia histórica de tantos años de silencio embarazoso había sido saldada. ¿Qué necesidad había de esta informal y ambigua “canonización”? ¿Han vuelto los obispos a ser presa del imaginario de la “nación católica”, que quiere ver unidos Iglesia y Estado en un solo pensamiento nacional? ¿Han sido “corridos por las bases”? ¿Temen quedarse atrás en este tiempo de cambios inaugurado a paso veloz por el papa Francisco?

Detrás del homenaje al padre Carlos Mugica algo se está gestando entre la Iglesia y el Gobierno, un acuerdo de cúpulas al que es ajeno el Pueblo de Dios. Es difícil saber de qué se trata. Pero da la impresión de que, sea lo que sea, no es algo nuevo. Ni tampoco bueno.

16 Readers Commented

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  1. lucas varela on 5 julio, 2014

    Me gustaría leer y comentar este artículo. NO LO VOY A HACER,
    Yo no pierdo el tiempo con documentos anónimos. Si es un error, no es el primero, Esto se repite y no hay señal de mejoría.

    • romina Author on 7 julio, 2014

      Estimado lector: Los editoriales y comentarios sin firma responden a la línea editorial del Consejo de redacción. No tienen una firma porque a partir de un texto se debaten ideas y entre los miembros del Consejo se define la versión final que se publica en la revista. Sucede en Criterio históricamente y en muchísimas revistas y diarios de todo el mundo, es un género periodístico.

      • lucas varela on 7 julio, 2014

        Estimada Romina,
        Le agradezco su respuesta. Es un hecho auspicioso, que merece mi mayor consideración. No deseo ser agresivo con la revista que nos permite dialogar con total libertad.
        El diálogo se hace entres dos, y si el responsable no tiene nombre, se hace difícil. Más aún, cuando los artículos aparecen firmados como «Consejo de Redacción», ocurre lo que critica el ilustre Octavio Paz del «ser mejicano», que es el «ninguneo». Hacer de diecisiete miembros del consejo, ninguno.
        Nuevamente, entre todos con voluntad sincera, podremos hacer de nuestra revista una magnífica herramienta de intercambio intelectual.

  2. pablo on 5 julio, 2014

    El P. Mugica fue y sera un personaje controvertido. Lo que es seguro, que no hubiese avalado un monumento a su persona si las villas y la pobreza se multiplica por todos lados.

  3. Juan Carlos Lafosse on 5 julio, 2014

    No se entienden las razones para criticar que haya diálogo y participación entre dos instituciones, que en lugar de atrincherarse en sus diferencias buscan aquello que las une.

    Quizás el autor (o autores) no han leído aún la Exhortación Apostólica «La alegría del Evangelio», que nos pide precisamente colaborar para crear esa «cultura del diálogo» que posibilita superar el odio y las divisiones.

    Sin duda muchos mártires y santos sufrieron en algunas etapas de su vida una «mezcla de ingenuidad, imprudencia y falta de claridad de pensamiento», pero seguramente no les faltó ni amor a Dios ni compromiso con sus hermanos.

  4. Arnaud Iribarne on 7 julio, 2014

    Los editoriales de la revista responden a la a una posición temerosa de que el Gobierno obtenga alguna ventaja.
    En mi manera de ver el Pueblo de Dios es amplio y diverso.Y siempre fué así, incluído el tiempo en que murieron Mujica y muchos más por su compromiso, tal cual ellos lo entendieron.
    Me alegré inmensamente en el hecho que desde el Vaticano se enviaran dos documentos de archivo que permitieron esclarecer el homicidio del primer Obispo mártir de América Latina, Mons.Enrique Angelelli.Esta es la Iglesia que yo amo, comprometida con la verdad.

  5. lucas varela on 7 julio, 2014

    La permanencia y vigencia de la Iglesia Católica Argentina en la sociedad argentina son consecuencia de que ha sabido ser flexible y adaptativa sin renunciar a ninguno de sus principios doctrinarios. No obstante es vulnerable a los cambios que se van produciendo; esto genera conflictos en el seno de la iglesia con consecuencias lamentables. El padre Mujica fue la primera víctima pero no la última. Algunos como el padre Mujica y muchos otros perdieron la vida, otros perdieron la libertad.
    Hoy, como ayer, las disputas internas persisten en la iglesia. Aunque, cuarenta años después, la situación es sustancialmente favorable para que esto se resuelva en calma y fraternalmente. Hay una exhortación del papa Francisco que puede ayudar mucho a que esto ocurra.
    Claro, existen algunos que parecieran desear lo contrario. El Consejo de Redacción de Criterio en pleno destila las pestilencias violentas setentistas, y denuncia dudas sobre el comportamiento “subrepticio” de las autoridades de la iglesia. Todo esto en el más perfecto anonimato del “Consejo de Redacción”, son diecisiete pero ninguno.

    • Elena Estrella Beolchi on 15 julio, 2014

      Sr. Lucas Varela,
      Yo no siento que la editorial de Criterio se ampare en el anonimato porque no dice nada ofensivo como para sentirlo como una agresión.
      Cordialmente.

  6. lucas varela on 8 julio, 2014

    Estimada Romina,
    Referente a la firma “Consejo de Redacción” deseo expresar lo siguiente:
    El consejo de redacción hace a la esencia de cualquier género periodístico, sea escrito o electrónico. En el seno del consejo se discuten los contenidos, las formas, y se define o decide la línea editorial de la revista frente a los temas que surgen en la sociedad. En el caso de nuestra revista Criterio, el consejo está compuesto por diecisiete miembros cuyos nombres figuran en lista alfabética en la sección “Quienes somos”. Precisamente, éste es mi conflicto, podríamos decir que tengo un problema de “ordenamiento alfabético”.
    Si Ud. observa la composición del Consejo de redacción de periódicos tradicionales, por ejemplo el diario La Nación, lo más evidente es el detalle con que el diario describe las responsabilidades jerárquicas y temáticas del consejo. Es muy evidente y directa para el lector la participación que le cabe a cada uno de los miembros del consejo de La Nación.
    No es mucho pedir, no estamos modificando el género periodístico y ayudamos a la transparencia y al diálogo, que es objetivo explícito de Criterio.
    Saludos cordiales,

  7. Gustavo Salvarredi on 15 julio, 2014

    Felicito a Criterio por tan lúcido editorial. Aunque quizá sea algo temeraria la afirmación del último párrafo.

  8. lucas varela on 15 julio, 2014

    Sra. Elena Estrella Beolchi,
    Observe Ud. que el «Consejo de Redacción», admite que no sabe qué está haciendo la Iglesia católica pero PREJUZGA, y acusa a la Iglesia católica que está haciendo algo malo (o no bueno).
    Esta actitud tiene un agravante, que es obvio; Criterio es una revista católica de carácter laico que debe defender y propagar una doctrina católica clara y definida.
    Sra Bellochi, no es la primera vez que la revista Criterio se opone (antiK, por si acaso) a todo lo que sea acercamiento al gobierno, aún si eso implica ponerse en la vereda del frente a la Iglesia católica que debería defender.

  9. Francisco Jorge DARDAN on 15 julio, 2014

    1)- Algunos sacerdotes, el padre Mugica entre ellos, por un error de formación, no advirtieron ni advierten, que la adhesión a personalismos, especialmente los políticos, (en el caso el peronismo y/o Juan Perón), constituyen patologías inaceptables para todo cristiano que se precie de tal.-
    Así se ha podido hablar del peronismo como una «POLITOLATRIA».-
    Por otra parte nunca entendí que sacerdotes contemporizaran con un movimiento cuyo jefe por lo menos: persiguió a sacerdotes, obispos y autorizó la quema de templos (por lo cual fue excomulgado) y cuyos seguidores sostienen que «Perón fue inclusive, superior a Jesucristo, porque mientras este predicó la justicia social, aquel la realizó».-
    Hoy en día el peronismo es para la cultura social y política del mundo moderno, un fenómeno inexplicable, digno de estudio y se lo trata como una PATOLOGÍA (ver Alain TOURAINE, Loris ZANATTA, J.D.SACHS, Giovanni SARTORI,Guy SORMAN, Julián MARIAS, por referirme solo a algunos extranjeros).-
    2)- La iglesia debe condenar firmemente la corrupción (pública y privada) en todas sus variantes y NO PUEDE TRATAR CON CORRUPTOS, bajo apercibimiento de ser sospechada de manipulación mafiosa.-
    3)- La iglesia debe propulsar un encuentro social, político y económico multisectorial que tenga por efecto primordial labrar un inventario de la totalidad de los problemas políticos, económicos y sociales que afectan al país y a su sociedad y comunicárselo a la población como medio eficiente de que la gente adquiera conciencia de la GRAVEDAD DE LA HORA que hoy extendidos sectores sociales, políticos y económicos no tienen.-
    4)- Ese encuentro deberá propulsar las medidas políticas, sociales y económicas que promuevan el cambio de estructuras socioeconómicas que el país necesita.-
    5)- Nada de lo cual deberá hacerse con quienes fueron cómplices de la DRAMÁTICA DECLINACIÓN DEL PAÍS.-
    LA GRAVEDAD DE LA HORA ES INAUDITA Y ASÍ LO EXIGE.-

  10. fernando yunes on 17 julio, 2014

    Entiendo que los acontecimientos pretéritos y el actuar de las personas deben ser interpretados prudencialmente desde el proceso y el contexto histórico en que se desarrollaron, para procurar un juicio lo más ecuánime posible y en orden al mayor bien que se puede obtener de las conclusiones a las que se arriben, para aplicarlas a la realidad actual. Desde esta perspectiva resulta accesorio el hecho de diferentes intenciones que tengan el gobierno y la iglesia en el homenaje realizado, por separado, a la persona y la memoria del padre Mujica. Sí relevante es que, aún por distintos motivos, el recuedo del padre Mujica constituya un factor de convergencia para promover el diálogo, la cultura del encuentro y la ética del cuidado, sobre lo que tanto insiste el Papa Francisco y tanta necesidad tenemos los argentinos. En definitiva que la sangre derramada de tantos argentinos tenga finalmente un sentido: fecundar una nueva cultura de la paz y la vida. La historia, y el Evangelio, nos enseñan que el pasado sirve cuando aprendemos y maduramos las experiencias vividas, para trascender la historia a fin de seguir teniendo y construyendo una historia nueva.

  11. lucas varela on 19 julio, 2014

    Estimado Fernando Yunes,
    Estoy totalmente de acuerdo con su palabras.
    La Iglesia católica nos enseña la cultura del encuentro, y debemos practicarla.
    Las banderías políticas, las desigualdades injustas, los intereses contrapuestos, la violencia, son ingredientes que hacen difícil el encuentro. Hacen del encuentro un proceso largo, permanente, en que la Iglesia tiene un protagonismo existencial.

  12. Jorge Llorens on 22 julio, 2014

    Mi primer comentario es una simpleza: ¡Es muy difícil ser Profeta / Papa en tu tierra!.
    El segundo es que debemos juzgar las ideas y los hechos del pasado, más que las personas si queremos aprender de él, sin herirnos.
    Es bueno y necesario hablar y valorar de los 70, la violencia, la situación socioeconómica el rol de los liderazgos (políticos, empresarios, religiosos), la relación de Estado e Iglesia, etc.
    Coincido en que la Iglesia debe plantearse hoy como debe ser la relación con el Estado, gobierne quien gobierne.

  13. Fabio Medín on 25 julio, 2014

    No sé cuál es la intención de ésta columna con respecto al Padre Mujica. El Padre Mujica en su momento eligió por voluntad propia trabajar en la incomodidad de las villas, mientras otros sacerdotes prefirieron barrios más acomodados e iglesias con construcciones y decorados más «trabajados». Me parece fantástico que haya sido homenajeado en la Villa 31 porque es en el ámbito dónde él quiso estar desde siempre. No entiendo lo de «Juventud Maravillosa» esa es una frase propia de Juan Domingo Perón, que le quepa justo a una juventud que militó en política y que tuvo una idea de país muy distinta a la otra juventud que coexistía que no tenía pensamiento propio. No toda la «juventud maravillosa» era Montonera, mal que les pese a algunos retrogrados y nostálgicos de una Argentina llena de Gobiernos de Facto. Y creo además que el hecho de recordarlo en los lugares donde corresponde, incluso con un toque de política, no me parece para nada escandaloso. Creo que los discursos fuertes, como los tuvo en su momento el Padre Mujica para con los necesitados, es el mejor homenaje que se le puede hacer a través del tiempo a alguien que tuvo como premisa, mejorar la calidad de vida de los más necesitados.

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