La pandemia y nuestro futuro

La pandemia cruza transversalmente la trama de relaciones internacionales cuando el mundo ya pasaba por una encrucijada de cuestiones irresueltas y expectativas inciertas.
Europa no termina de asimilar la amputación del Brexit, mientras otros países, por su envergadura tienen una proyección global, enfrentan un proceso de recesión.
Los Estados Unidos se encuentran en pleno desarrollo de las elecciones primarias que preceden las elecciones propiamente dichas en noviembre. El único candidato demócrata tiene hoy posibilidades de ser elegido, cuando hasta hace pocos meses parecía impensable.
Nuestra América Latina sigue arrastrando el peso de las inequidades sociales, el desequilibrio de sus procesos productivos y las dificultades para coordinar y potenciar el desarrollo de su inocultable riqueza en recursos naturales.
La cooperación internacional se ha visto degradada en no pocos países por las tentaciones del proteccionismo y el aislacionismo. En algunos casos, también por un populismo que mira con desconfianza y temor a lo extranjero, se trate de personas, objetos o ideas.
A todo esto, la paz está comprometida desde hace demasiado tiempo en Siria, Afghanistán y Libia, y tiene una vigencia precaria también en otras regiones, como Ucrania, Kosovo , Cachemira o Burkina Faso, sin olvidar viejas cuestiones irresueltas como la cuestión Palestina o el pueblo de los kurdos. De estas crisis regionales escapan millones de refugiados y migrantes a cuyo destino y futuro no se le ha dado respuesta aún.
Es muy difícil avizorar cuáles serán los efectos políticos de la peste en cada país y en el orden internacional en su conjunto. Ya desde antes de que apareciera el coronavirus, Richard Haas señalaba que un mundo de creciente inequidad ponía en riesgo los valores de democracia, prosperidad y paz. A la inequidad de entonces se sumará una brusca caída en el empleo y los ingresos de muchos en todos los países.
Entre nosotros, este es el panorama que nos sirve de contexto externo. A él se agrega el peso de nuestro endeudamiento, que más allá de cómo sea el perfil de su futuro pago, impondrá una “pesada e injusta carga a las generaciones futuras, o sea, a los jóvenes de hoy”, como señala Juan Llach. Se trata de jóvenes que en excesiva proporción carecen de una adecuada educación, salud y perspectivas de mejora.
Todo nos lleva a pensar en la necesidad imperiosa de acordar entre los argentinos el diagnóstico, encontrar el norte y diseñar el camino para alcanzarlo entre todos. Esa sería la tarea propia de un “Consejo de Desarrollo” de integración plural que trascendiera un mandato. El Presidente de la Nación en su momento dijo que su intención era convocarlo. Es el momento de hacerlo, como parte las decisiones que la hora exige y que son responsabilidad del Gobierno del Estado.

6 Readers Commented

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  1. Guillermo San Martín on 9 abril, 2020

    «El presidente Alberto Fernández aseguró que el Gobierno tiene «la ley hecha» para poner en marcha el Consejo Económico y Social, una de las iniciativas que se enviarán al Congreso para las sesiones extraordinarias de este mes.

    «Tenemos la ley ya hecha y va a ser parte de las cosas que mandamos a sesiones extraordinarias en enero. Ahí vamos a poder discutir políticas de futuro, saliendo un poco de la coyuntura. Es importante que lo hagamos y es importante que todos tengan conciencia de la importancia que tiene eso», dijo el Presidente en una entrevista con el blog El Cohete a la Luna, de Horario Verbitsky. «(Ámbito.com, 12/1/2020)
    Han pasado casi tres meses desde que el señor Presidente de la República hiciera el anuncio del que da cuenta el periódico citado, pero «la ley ya hecha» no ha sido enviada al Congreso
    Como bien señala el embajador Espeche Gil, este es el momento apropiado para que la prometida institución sea creada y prontamente funcione. La Argentina está en peligro por la pandemia y por las consecuencias que ella agregará a los anteriores problemas del país. El momento exige que políticos, empresarios, sindicatos, iglesias, fuerzas vivas, se junten de forma institucional para afrontar lo que se viene

  2. Desafíos cooperativos del COVID-19´

    Después de semejante pandemia mundial, nada será lo mismo. La revalorización de la vida y el temor a la muerte, súbitamente, recobraron toda su real dimensión, connotaciones e intensidad pues, siendo mortales, vivíamos como inmortales. También, claro, el valor de la salud, de la familia, de los amigos, del vecino, del servicio y arrojo de tantos magnánimos servidores voluntarios en nuestra sociedad civil; cuanto de humanizar fundamental y solidariamente, la ecología, la economía y la tecnología, con clara corresponsabilidad global cooperativa.
    Como aviesamente sucediera antaño, esta vez que nadie se equivoque pretendiendo, mezquinamente, apropiarse del protagonismo ante tal hito histórico (que cotidianamente admiramos y aplaudimos) traducido en tan desigual y abnegado enfrentamiento del voluntariado ante esta crisis virósica o COVID-19´, dado que el real artífice es nuestra “sociedad civil” con su disciplinado y empático aislamiento general, en cada uno de sus médicos, enfermeros, paramédicos, científicos, en cada personal de seguridad; en cada docente, padre y estudiante virtual sosteniendo el proceso educativo, en cada cuidador de personas desvalidas, en cada periodista expuesto en la calle, en cada repositor de remedios y mercaderías; en los recolectores de basura como en los repartidores domiciliarios de comidas preparadas o rápidas; entre lo más destacable, necesario y autorizado.
    Fue ´puro cambalache político-económico globalizado´ pretender igualar lo real con lo virtual, el heroísmo con la miserabilidad, la solidaridad con el egoísmo, el sentido del deber con la indolencia; la sobriedad natural con el paroxismo del consumismo, el saber con la supina ignorancia en los exabruptos de Donald Trump o Jair Bolsonaro sobre este COVID-19´
    Cuando la segunda guerra mundial, los países instrumentaron la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como modo y como medio de articular y satisfacer necesidades, centralmente para conservar la paz y desterrar la guerra, descartando entonces previsiones ambientales y epidemiológicas por, presuntamente, innecesarias.
    El tiempo nos fue “haciendo sentir” dentro de Naciones Unidas, no solamente el rigor del abuso de poder traducido en el derecho de veto impuesto por los cinco países más poderosos (precisamente en uno de ellos, (China) germinó y brotó esta tremenda pandemia global); sino su ineficacia e ineficiencia práctica, universal e igualitaria; al menos considerando su espíritu y letra fundacional.
    Ello nos sugiere un nuevo tiempo, un nuevo orden ecológico, social, sanitario, económico y financiero (menos líquido, más humano), político y cultural; un nuevo contrato social entre todos los pueblos del mundo a partir de la persona, de la familia, de lo cooperativo, madurando la “unión productor/consumidor”, “prestador/usuario”, etc.; siempre desde el respeto mutuo, simétrico.
    Dejando definitivamente atrás esa visión idílica e ingenua de la ONU (conformada también por países que no respetan derechos humanos); un nuevo orden mundial requiere creatividad e inventiva para asumir sin demora, este inédito desafío mundial con activo compromiso cooperativo sobre información y conocimiento, con conciencia educativa solidaria, con ciencia y previsión, con legitimidad actual, experticia y anticipación gubernamental, asignando un rol vital al “cuidado de la casa común”; democratizando ciencia y tecnología para que cooperen sin prevalecer sobre el bien común ni el bienestar general.
    Como acaba de sostener el papa Francisco, no se debe convivir con quienes desde la cultura del descarte, en esta época de pandemia, hacen vil comercio con los necesitados, sí, esos que «Se aprovechan de las necesidades de los demás y los venden: los mafiosos, los usureros y muchos otros”
    Hasta el polémico Henry Kissinger acaba de manifestarse este viernes, sosteniendo que los líderes mundiales están lidiando con la crisis desde una perspectiva principalmente nacional, pero los efectos corrosivos que el virus tiene en las sociedades no conocen fronteras. Si bien el ataque a la salud humana será —esperemos— temporal, la agitación política y económica que ha desencadenado podría durar generaciones. “Ningún país, ni siquiera los Estados Unidos, puede, en un esfuerzo puramente nacional, superar el virus. La atención a las necesidades del momento debe ir unida en última instancia a una visión y un programa de colaboración global. Si no podemos hacer ambas cosas a la vez, nos enfrentaremos a lo peor de cada una”

    Claramente el valor cooperación y solidaridad como levadura de comunidad, se validará como decisivo no solamente a nivel nacional sino regional e internacional.

    Casi nadie admitía y a pocos ´les caía la ficha´ de que un pequeñito virus pudiera diezmar la población, sin acepción de personas.
    Y si esto parece duro, también lo serán las consecuencias del paso del coronavirus, el que ya desnudó puras mezquindades e insolidaridades, por caso, cuando recientemente durante este luctuoso estrago vírico, Francia y Alemania le dieron la espalda a una Italia, después Holanda y Dinamarca a España, desdibujando aún más a una diluida ¿unión europea?
    Finalmente, según Yuval Harari o Manuel Trajtenberg, entonces deberemos tomar una decisión: “¿Viajaremos por la senda de la desunión o tomaremos el camino de la solidaridad mundial»? Elegir la desunión no sólo prolongará la crisis, sino que probablemente dará lugar a catástrofes aún peores en el futuro. Elegir la solidaridad mundial no sólo será una victoria contra el coronavirus, sino también contra todas las futuras crisis y epidemias que puedan asolar a la humanidad en el siglo XXI”

    Roberto Fermín Bertossi
    Investigador C i j s / UNC

  3. RUBEN PERETTI on 9 abril, 2020

    Muy bueno y claro el artículo, no obstante agrego, que pareciera que estamos en una guerra donde el enemigo no se ve y que, la guerra, tiene un final incierto, pero antes vamos a sufrir mucho y no se sabe cómo vamos a quedar.
    Realizar un “Consejo de Desarrollo”, va a ser muy difícil por la grieta y nuestra cultura política, podría ser que la “pandemia” nos haga madurar mentalmente.

  4. Holger on 9 abril, 2020

    El mundo debe encontrar rapidamente la senda de economia y humanismo trazada
    Profeticamente por Lebret
    Buscar el libro El taller de nazaret y ponerse a reordenar la vida social y economica desde los pequeños pueblos y ciudades unidos en lo pequeño y solidario

  5. Juan Carlos Lafosse on 13 abril, 2020

    No cabe duda que nuestro mundo cambiará, por eso copio la Carta de nuestro Papa Francisco, enviada el Domingo de Pascua, porque yo también «Espero que este momento de peligro nos saque del piloto automático, sacuda nuestras conciencias dormidas y permita una conversión humanista y ecológica que termine con la idolatría del dinero y ponga la dignidad y la vida en el centro. »
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    A los hermanos y hermanas de los movimientos y organizaciones populares.
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    Queridos amigos
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    Con frecuencia recuerdo nuestros encuentros: dos en el Vaticano y uno en Santa Cruz de la Sierra y les confieso que esta «memoria» me hace bien, me acerca a ·ustedes, me hace repensar en tantos diálogos durante esos encuentros y en tantas ilusiones que nacieron y crecieron allí y muchos de ellas se hicieron realidad. Ahora, en medio de esta pandemia, los vuelvo a recordar de modo especial y quiero estarles cerca.
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    En estos días de tanta angustia y dificultad, muchos se han referido a la pandemia que sufrimos con metáforas bélicas. Si la lucha contra el COVID es una guerra, ustedes son un verdadero ejército invisible que pelea en las más peligrosas trincheras. Un ejército sin más arma que la solidaridad, la esperanza y el sentido de la comunidad que reverdece en estos días en los que nadie se salva solo. Ustedes son para mí, como les dije en nuestros encuentros, verdaderos poetas sociales, que desde las periferias olvidadas crean soluciones dignas para los problemas más acuciantes de los excluidos.
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    Sé que muchas veces no se los reconoce como es debido porque para este sistema son verdaderamente invisibles. A las periferias no llegan las soluciones del mercado y escasea la presencia protectora del Estado. Tampoco ustedes tienen los recursos para realizar su función. Se los mira con desconfianza por superar la mera filantropía a través la organización comunitaria o reclamar por sus derechos en vez de quedarse resignados esperando a ver si cae alguna migaja de los que detentan el poder económico. Muchas veces mastican bronca e impotencia al ver las desigualdades que persisten incluso en momentos donde se acaban todas las excusas para sostener privilegios. Sin embargo, no se encierran en la queja: se arremangan y siguen trabajando por sus familias, por sus barrios, por el bien común. Esta actitud de Ustedes me ayuda, cuestiona y enseña mucho.
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    Pienso en las personas, sobre todo mujeres, que multiplican el pan en los comedores comunitarios cocinando con dos cebollas y un paquete de arroz un delicioso guiso para cientos de niños, pienso en los enfermos, pienso en los ancianos. Nunca aparecen en los grandes medios. Tampoco los campesinos y agricultores familiares que siguen labrando para producir alimentos sanos sin destruir la naturaleza, sin acapararlos ni especular con la necesidad del pueblo. Quiero que sepan que nuestro Padre Celestial los mira, los valora, los reconoce y fortalece en su opción.
    Qué difícil es quedarse en casa para aquel que vive en una pequeña vivienda precaria o que directamente carece de un techo. Qué difícil es para los migrantes, las personas privadas de libertad o para aquellos que realizan un proceso de sanación por adicciones. Ustedes están ahí, poniendo el cuerpo junto a ellos, para hacer las cosas menos difíciles, menos dolorosas. Los felicito y agradezco de corazón. Espero que los gobiernos comprendan que los paradigmas tecnocráticos (sean estadocéntricos, sean mercadocéntricos) no son suficientes para abordar esta crisis ni los otros grandes problemas de la humanidad. Ahora más que nunca, son las personas, las comunidades, los pueblos quienes deben estar en el centro, unidos para curar, cuidar, compartir.
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    Sé que ustedes han sido excluidos de los beneficios de la globalización. No gozan de esos placeres superficiales que anestesian tantas conciencias. A pesar de ello, siempre tienen que sufrir sus perjuicios. Los males que aquejan a todos, a ustedes los golpean doblemente. Muchos de ustedes viven el día a día sin ningún tipo de garantías legales que los proteja. Los vendedores ambulantes, los recicladores, los feriantes, los pequeños agricultores, los constructores, los costureros, los que realizan distintas tareas de cuidado. Ustedes, trabajadores informales, independientes o de la economía popular, no tienen un salario estable para resistir este momento … y las cuarentenas se les hacen insoportables. Tal vez sea tiempo de pensar en un salario universal que reconozca y dignifique las nobles e insustituibles tareas que realizan; capaz de garantizar y hacer realidad esa consigna tan humana y tan cristiana: ningún trabajador sin derechos.
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    También quisiera invitarlos a pensar en «el después» porque esta tormenta va a terminar y sus graves consecuencias ya se sienten. Ustedes no son unos improvisados, tiene la cultura, la metodología pero principalmente la sabiduría que se amasa con la levadura de sentir el dolor del otro como propio. Quiero que pensemos en el proyecto de desarrollo humano integral que anhelamos, centrado en el protagonismo de los Pueblos en toda su diversidad y el acceso universal a esas tres T que ustedes defienden: tierra, techo y trabajo. Espero que este momento de peligro nos saque del piloto automático, sacuda nuestras conciencias dormidas y permita una conversión humanista y ecológica que termine con la idolatría del dinero y ponga la dignidad y la vida en el centro. Nuestra civilización, tan competitiva e individualista, con sus ritmos frenéticos de producción y consumo, sus lujos excesivos y ganancias desmedidas para pocos, necesita bajar un cambio, repensarse, regenerarse. Ustedes son constructores indispensables de ese cambio impostergable; es más, ustedes poseen una voz autorizada para testimoniar que esto es posible. .
    Ustedes saben de crisis y privaciones… que con pudor, dignidad, compromiso, esfuerzo y solidaridad logran transformar en promesa de vida para sus familias y comunidades.
    Sigan con su lucha y cuídense como hermanos. Rezo por ustedes, rezo con ustedes y quiero pedirle a nuestro Padre Dios que los bendiga, los colme de su amor y los defienda en el camino dándoles esa fuerza que nos mantiene en pie y no defrauda: la esperanza. Por favor, recen por mí que también lo necesito.
    Fraternalmente,
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    Francisco
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    Ciudad del Vaticano, 12 de abril de 2020, Domingo de Pascua

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