¿Por qué decrece nuestra economía?

Paul Romer obtuvo el Nobel de Economía 2018 por haber investigado la causa del excepcional crecimiento de la economía mundial desde el siglo XIX, en especial tras la Segunda Guerra Mundial. Veía que, entre 1300 y 1819, el crecimiento era lento y esporádico, a un promedio anual de 0,21%. Entre 1820 y 1949 el auge industrial elevó el promedio a 1,10%. Tras la Segunda Guerra el crecimiento superó el 2% anual. Como se ve, el auge se aceleró de manera excepcional en la segunda mitad del siglo XX. ¿Qué ocurrió en este período? El conocimiento innovador fue la causa fundamental, concluyó Romer. Por ello se lamentaba que, en muchos países, los economistas no dedicaran la suficiente atención a ello. “Como factor de crecimiento –afirmaba– el conocimiento ha desplazado a la fabricación de objetos físicos”. Entre 1986 y 1990 publica trabajos donde afirma que la innovación tecnológica y la inversión en Investigación y Desarrollo (I+D) son el motor del crecimiento.

LA OCDE Y BILL GATES

La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) también entendió que la inversión en I+D era clave y decidió medirla. Reunió a estadísticos en Villa Falconieri de Frascati, Italia (1963), donde surgió el Manual de Frascati, que definió a la I+D como la Investigación básica y aplicada de las universidades e instituciones científicas, más el Desarrollo experimental que ejecutan las empresas. Así, en 1996, la OCDE acuñó el término “economía del conocimiento”, que impulsa el conocimiento como factor clave del desarrollo.

Bill Gates la aplicó en sus emprendimientos innovadores. Retirado de la actividad empresaria, dirige la Fundación Bill y Melinda Gates, la mayor del mundo por su capital económico, a través de la cual difunde la economía del conocimiento. Antes de emprender una gira europea, dijo: “Este es el mensaje que voy a llevar a Europa, instar a los líderes a que aumenten el financiamiento a la investigación científica, pues ella conduce al crecimiento económico. La innovación ayuda a florecer. Reducirla es dar la espalda a nuestra mayor fortaleza. Es necesario invertir en investigación como si miles de millones de vidas dependieran de ello, porque es así”.

PUNTOS ESENCIALES DE LA

ECONOMÍA DEL CONOCIMIENTO

Tres aspectos esenciales conforman esta economía: 1) La protección del conocimiento; 2) La inversión en Investigación; 3) La inversión en Desarrollo experimental.

1) Al ser el conocimiento el mayor valor de la economía, su protección a través de patentes es fundamental. Sin ella, el proceso de I+D no puede realizarse.

2) Como la inversión en investigación básica, inicial, es de mayor riesgo, principalmente la financian los gobiernos y las organizaciones de la sociedad civil (OSC), ambos sin fines de lucro. Al estar protegidos, los conocimientos innovadores que la ciencia produce, cuando los transfieren a las empresas, generan beneficios económicos; y regalías, a las instituciones científicas.

3) La inversión en Desarrollo experimental la realizan las empresas, para producir alto valor agregado exportable, por los conocimientos innovadores que reciben. Aquí cierra el círculo universidad-empresa.

EN LA ESTADÍSTICA, ARGENTINA DECAE

Veamos las estadísticas sobre los mencionados puntos. Las tomamos del Grupo Redes, asociación civil argentina que las confecciona hace 25 años y las publica en su anuario El estado de la ciencia (Red de Indicadores de Ciencia y Tecnología).

En protección del conocimiento, los países desarrollados solicitan la mayor cantidad de patentes. Estados Unidos, en los últimos diez años medidos (2009-18), solicitó un promedio de 278.000 patentes/año; en la década crecieron sus solicitudes de 225.000 a 285.000. Brasil, primera economía latinoamericana, solicitó un promedio de 7.750 patentes/año, con un crecimiento en diez años de 7.700 a 8.400. Argentina solicitó un promedio de 600 patentes/año, habiendo disminuido sus solicitudes, en dicha década, un 32%: de 640 a 435.

La inversión en I+D se mide en relación al PBI de cada país. Estados Unidos invirtió en la mencionada década, un promedio anual del 2,75% de sus PBI, habiendo crecido del 2,80 al 2,83% en diez años. Brasil invirtió un promedio del 1,21% de su PBI y creció en la década del 1,12 al 1,26%. Argentina aportó en promedio un 0,57% de su PBI, disminuyendo la inversión en diez años del 0,58 al 0,49%. Brasil es el único país de la región que invirtió más del 1% del PBI en I+D. El promedio de inversión de América Latina está en un 0,62%, ubicándose Argentina muy por debajo.

INVERSIÓN DE GOBIERNOS Y EMPRESAS

Para ver la incidencia que en el crecimiento económico tiene la inversión en I+D, es importante conocer los porcentajes que aportan los gobiernos y las empresas (públicas y privadas). Si predomina el aporte empresario, hay mayor crecimiento.

En Estados Unidos, el gobierno aportó en los últimos años el 23% de la inversión total en I+D, las empresas el 63% y el resto las universidades y OSC. En Brasil, el gobierno aportó el 51% y las empresas, el 46%. En ambos países, en la década medida bajó el aporte estatal y creció el empresario. En Argentina todo lo contrario: el gobierno aporta algo más del 70% y las empresas apenas el 19%. Por ello no hay crecimiento económico. El Banco Mundial criticó “la muy baja inversión de las empresas argentinas en I+D, su escasa cultura innovadora”.La relación universidad-empresa es casi inexistente.

OTROS PAÍSES AVANZADOS

Si mencionamos a Estados Unidos y Brasil, es por tratarse de las primeras economías del mundo y de América Latina, respectivamente. Hay otros países que invierten en I+D porcentajes mayores de sus PBI, que el de Estados Unidos (2,83%): Dinamarca (3,06%), Alemania (3,09%), Austria (3,17%), Japón (3,36%), Suecia (3,34%), Corea del Sur (4,81) e Israel (4,95%), que encabeza el ranking. Pero en fondos invertidos, Estados Unidos lidera por tener el PBI más alto del mundo.

¿POR QUÉ ARGENTINA RETROCEDE?

La razón por la que nuestro país no crece está en cierta dirigencia renuente a que las empresas inviertan en I+D. Elvio Baldinelli, que fue secretario de Comercio Exterior y embajador ante la Comunidad Económica Europea, lo explicaba claramente: ”No crecemos pues exportamos bajo valor agregado. Algo más del 50% de lo que exportamos son ventas agrícolas de bajo valor agregado, porcentaje semejante al de Etiopía, Ruanda y Uganda en África, o Nicaragua, Panamá y Paraguay en América Latina. Los países desarrollados tienen aranceles de importación para las manufacturas, que no superan el 2 ó 3%. En Argentina, el promedio para el Mercosur es del 14%, pero la mayor parte de los bienes manufacturados tiene una protección arancelaria del 15 al 20%. Así no estimulamos la competitividad y la innovación, por lo que nuestra industria vende baja calidad a un mercado cautivo y no necesita ni puede exportar”.

En 2019 el gobierno del presidente Macri firmó el Acuerdo Mercosur-Unión Europea, que proponía eliminar el alto proteccionismo en un proceso de 15 años. Políticos, sindicalistas y empresarios identificados con el peronismo criticaron el acuerdo: “No hay nada para festejar, sino muchos motivos para preocuparnos” (Alberto Fernández). “Es una tragedia” (Axel Kicillof). “Rechazo el acuerdo” (Pablo Moyano, gremialista). “No podemos competir con industrias europeas pues somos desiguales” (Ignacio de Mendiguren, expresidente de la Unión Industrial Argentina, entonces diputado peronista). Hoy, el presidente Alberto Fernández se enfrenta en el Mercosur con su par uruguayo, Luis Lacalle Pou, que desea implementar el acuerdo.

Cuando Argentina estimulaba el libre comercio, nuestra economía crecía. Las exportaciones, que en 1870 eran el 0,65% de las del mundo, subieron al 3,03% (1913) y al 3,12% (1919). Cayeron al 2,26% (1950), al 0,41% (1990) y al 0,40% (2007) (fuentes: Gerchunoff-Fajgelbaum y OMC). Nuestro ingreso per cápita, que en 1870 era de US$ 1.311, en 1913 estaba entre los diez más altos del mundo: US$ 3.797. Si nuestra economía creció por la apertura al mundo, estimulada por los conservadores y radicales de entonces, desde los años ‘40 se implementaron políticas altamente proteccionistas que nos aislaron internacionalmente.

Durante décadas tuvimos una de las mayores tasas de crecimiento industrial. Entre 1870-90 crecimos el 6,6% mientras los países industriales lo hacían al 3,5%; en 1890-1913 el 8,9% y los países industriales el 3,8% (fuente: Williamson). Una economía abierta al mundo fue principal motor de crecimiento. El alto proteccionismo terminó este proceso. Por ello el Premio Nobel de Economía, Simon Kuznets, indicó que había cuatro tipos de países: los desarrollados, los en vías de desarrollo, la Argentina y Japón, por sus llamativos descenso y ascenso.

REGALAMOS CONOCIMIENTO INNOVADOR

Argentina tiene una reconocida ciencia de excelencia. Es el único país de Iberoamérica que obtuvo tres Premios Nobel científicos: Houssay (1947), Leloir (1970) y Milstein (1984). Mientras el Gobierno sostiene nuestra mejor ciencia en instituciones y universidades públicas, sus conocimientos innovadores no van a nuestras empresas. Sí, en cambio, a universidades e industrias del exterior que los toman, al no estar protegidos. Lo comprobaron profesores de la Universidad Nacional de Quilmes, en una investigación publicada en Journal of Technology Management & Innovation (2012). Constataron que 14 científicos calificados en biomedicina publicaron en papers, conocimientos innovadores no protegidos por dicha universidad. Varios de ellos fueron patentados por nueve laboratorios farmacéuticos, doce grandes universidades e instituciones científicas, y por inventores individuales, todos del exterior. Al hecho lo llamaron “transferencia ciega de conocimiento” pues no fue percibido por la universidad, o “inteligencia regalada”, pues el Estado financió esas investigaciones sin protegerlas. Concluyen que si esto ocurrió en una universidad que no es de las mayores, qué ocurriría en las demás.

Ampliaron la investigación –publicada en la misma revista (2018)– con 254 científicos calificados del país. Comprobaron que conocimientos innovadores de 94 de ellos fueron apropiados con 341 patentes solicitadas por Estados Unidos (casi un 50%), Gran Bretaña, China, Alemania, Francia y Canadá (más del 30%) y otros países. La mayoría de las patentes eran en ciencias médicas y biológicas, donde sobresalimos. Los Nobel argentinos Houssay y Leloir provienen de estas ciencias y sus logros también fueron apropiados por otros países.

En síntesis: no protegemos el mayor valor de la economía; las empresas no innovan por el alto proteccionismo arancelario; nuestra poca inversión en I+D decae; regalamos conocimiento a quienes producen tecnologías que nos venden.

Arturo Prins es Director Ejecutivo de la Fundación Sales

No hay comentarios.

¿ QUIERE DEJAR UN COMENTARIO ?