Ucrania, la guerra justa y la paz justa

La doctrina sobre la “guerra justa”, que legitima moralmente el recurso a la fuerza armada bajo ciertas condiciones, ha sido sostenida de modo constante en la teología y el magisterio hasta tiempos recientes, aunque con una interpretación cada vez más restrictiva, que en la práctica la reduce a muy pocos supuestos, principalmente el de la guerra defensiva. En Fratelli tutti 258, sin embargo, el papa Francisco parece ir más allá al afirmar que “hoy es muy difícil sostener los criterios racionales madurados en otros siglos para hablar de una posible «guerra justa»”.

Se ha prestado hasta ahora poca atención a esta afirmación inédita. Pero, por lo pronto, no pretende ser una condena indiscriminada a la posibilidad de la “guerra defensiva”, fundada en el derecho de una comunidad política a procurar su propia supervivencia, aunque aún este supuesto requiera el cumplimiento de “condiciones rigurosas de legitimidad moral” (Catecismo 2309), ya que aquella puede transformarse en un verdadero suicidio colectivo, cuando no hay posibilidades de éxito y los daños que produce la resistencia son mayores que aquellos que trata de evitar.

Sin embargo, como señala el Papa, la doctrina de la “guerra justa” −incluso en su restrictiva versión actual− corre el riesgo de ser sometida a interpretaciones “demasiado amplias”. Es difícil olvidar que, en la guerra de Malvinas, tanto la Iglesia católica argentina como la británica respaldaron las iniciativas bélicas de sus respectivos países con la invocación de la misma doctrina, lo cual llevó a una periodista inglesa a preguntar con ironía: “Just whose side is God on in this «just war»?” (“¿Del lado de quién está Dios en esta «guerra justa»?”).[i]

Aun así, la renuncia total a la idea de una guerra justa puede no significar en todos los casos una contribución a la paz. ¿Es posible que la doctrina de la guerra justa ayude a pensar desde el punto de vista ético la actual invasión rusa a Ucrania? El profesor John Davenport piensa que sí.[ii] A su juicio, Ucrania tiene derecho a entrar en las alianzas defensivas que considere necesarias (en este caso, la OTAN), y ello no sería una “causa justa” para una invasión. Ucrania tiene derecho a repeler una agresión que ya había comenzado con la anexión de Crimea y, en estas últimas semanas, las de Luhansk y Donetsk. Es, además, un crimen de agresión que Putin haya fomentado la guerra civil en estas regiones, donde no existían situaciones de opresión o peligros de “limpieza étnica”. También deben contarse como agresión militar los ciberataques perpetrados por Rusia contra Ucrania desde 2014, a un costo de billones de dólares. Finalmente, Ucrania devolvió a Rusia las armas nucleares situadas en su territorio en 1994 a cambio de que aquélla se abstuviera de atentar militarmente contra su integridad territorial. Por otro lado, diferir el ingreso de Ucrania a la OTAN no ha apaciguado a Putin, por lo cual la OTAN está legitimada para ayudar militarmente a Ucrania a combatir la agresión.

Un enfoque distinto, que busca superar los límites de la doctrina de la “guerra justa” a través del concepto más amplio de la “paz justa”, es presentado por el especialista Eli McCarthy.[iii] Para este autor, en vez de buscar justificaciones para el uso de la fuerza, es necesario llegar a las raíces del conflicto. Lo que procura Rusia es el reconocimiento de sus necesidades en materia de seguridad, y el respeto de su esfera de influencia geopolítica, frente a la política expansionista de la OTAN (que desde 1997 incorporó 14 países, incluyendo ex-miembros del Pacto de Varsovia y ex-estados soviéticos) y a la intervención de Occidente en la derrota electoral del anterior gobierno pro-ruso. Para la OTAN y los Estados Unidos, en cambio, el valor prioritario es el derecho a la autodeterminación de las naciones y el acceso a los recursos económicos (incluyendo la posibilidad de continuar con la venta de armas). Reconocer en esta confrontación de valores la raíz del conflicto, permitiría, a juicio de McCarthy, afrontarlo de un modo constructivo.

Si bien sus propuestas fueron formuladas antes del comienzo de la invasión, siguen mereciendo una consideración atenta. Ante todo, es fundamental evitar el lenguaje deshumanizante (por ej., calificar a los rusos de “asesinos”), lo que cierra todo camino al diálogo y la cooperación. También, sería útil que los Estados Unidos y la OTAN ofrezcan reducir su presencia militar en Europa del Este, a cambio del retiro de las tropas rusas de Ucrania. Asimismo, habría que cumplir el acuerdo II de Minsk (2015), que establecía la desmilitarización de Donbas. Además, se podría ofrecer poner fin al envío de armas a Ucrania a cambio del fin de las hostilidades. Más audaz es la propuesta de que los Estados Unidos reconozcan el apoyo financiero y público brindado a la oposición en Ucrania en las elecciones del 2014, a cambio de que Rusia reconozca su apoyo militar a los partisanos de Ucrania del Este, y su interferencia en otras elecciones (por ej., la del candidato anti-americano en México). Se podría anunciar una moratoria en la incorporación de Ucrania a la OTAN y explorar otras posibilidades, como la neutralidad, a cambio del cese de la invasión. Finalmente, McCarthy presenta la propuesta más polémica: la posibilidad de sustituir la defensa armada por una resistencia civil no violenta. El diálogo entre las Iglesias de ambos países, e incluso la participación de la Santa Sede, junto con instituciones de la sociedad civil de ambos países, podrían abrir el camino del diálogo.

En este último aspecto, señala otro artículo reciente[iv] que el Papa Francisco ha recibido un pedido de intervenir en el conflicto (respecto del cual ha demostrado una especial preocupación) por parte de Pax Christi International.[v] Según los autores, si bien la mayoría de los ucranianos son de fe ortodoxa, también hay presencia de católicos de rito oriental, y entre unos y otros parece haber un consenso muy positivo sobre la figura de Francisco, como “la autoridad moral más importante en el mundo hoy”. Por otro lado, también el Papa ha estrechado los vínculos con la Iglesia ortodoxa rusa, muy cercana al Kremlin. Su encuentro en Cuba, en 2016, con el patriarca Kirill es el primero de este tipo desde el Cisma del 1054. Otros, sin embargo, entienden que el acercamiento del Papa a las autoridades políticas y religiosas rusas ha sido excesivo, despertando fuertes recelos entre los creyentes ucranianos, lo que comprometería la posibilidad de asumir un rol mediador.[vi]

Como sea, aunque podamos sentirnos más cercanos por pensamiento y sensibilidad a una u otra perspectiva, la confrontación de las doctrinas de la “guerra justa” y de la “paz justa” no puede ser considerada como una alternativa, sino más bien como una tensión fecunda, que permite evitar tanto el peligro de los sueños utópicos como también el de las justificaciones fáciles, haciendo posible una visión ética en torno a los conflictos armados que sea realista, prudente y constructiva. 


[i] M. Maison Oxford, Catholic Herald, 4 de mayo de 1982. (http://archive.catholicherald.co.uk/article/14th-may-1982/4/just-whose-side-is-god-on-in-this-just-war [consulta: 27-10-12])

[ii] “Just war theory and Ukraine: Why military action against Russia is justifiable”, América, 25 de enero de 2022.

[iii] “10 ways to avoid a devastating war in Ukraine”, América, 22 de febrero de 2022.

[iv] Jackie Turvey Tait, Tobias Winright, “Pope Francis may be our last hope for stopping war in Ukraine”, America, 15 de febrero de 2022.

[v] Appeal to Pope Francis for Peace in Ukraine, en: https://paxchristi.net/wp-content/uploads/2022/01/Letter-from-Pax-Christi-International-about-Ukraine.pdf

[vi] Zanatta, L., “La tradición secular como antídoto contra la lógica tribal de Putin”, La Nación, 3 de marzo de 2022. En la misma línea, S. Magister, “Tra Mosca e Kyiv il papa ha smarrito la strada”, en: http://magister.blogautore.espresso.repubblica.it/2022/03/03/tra-mosca-e-kyiv-il-papa-ha-smarrito-la-strada/

2 Readers Commented

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  1. maría heguiz on 5 marzo, 2022

    Excelente!! Gracias!

  2. fernando yunes on 9 junio, 2022

    El diálogo y la reconciliación entre las confesiones religiosas es un camino a explorar para construir una paz integral y sustentable. Es necesario reconciliar la historia y las culturas para superar el miedo, la desconfianza y la justificación del expansionismo y la revancha.

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