En esta aldea las vacas
mueren de enfermedad o de vejez
y el día de San Martín matan a los chanchos.
La niña pelirroja que aquí vive
se prueba la blusa que ella misma bordó
y después de la misa cuida,
con su hermano Balbino,
que a las ovejas no se las coma el lobo.
En otro tiempo, en otro continente,
la niña pelirroja fue mi madre.
Cada vez que la encuentro
hay un arroyo entre nosotros y mucho sol,
niños que juegan a las escondidas
detrás de un cerco de ligustro.
Nadie pregunta quién escondió el mantel
para el almuerzo
ni dónde están los platos y los cubiertos,
pero mi madre, sin advertir la falta, aparece
con una fuente de comida caliente.
Y yo le pido que nunca se canse de volver.
Juan García Gayo
(poema del libro La casa 10, recientemente presentado por Tiago Biavez, con dibujos de Víctor Chab)



















1 Readers Commented
Join discussionJuan es poeta desde que lo conozco. Y –creo, en realidad estoy segura– vive como escribe. Nadando en letras, palabras enlazadas entre urbe y mirada hacia atrás con nostalgia contenida. Quizás la ausencia de la perspectiva nos habla de sus profundas ternuras pretéritas. De todos modos su manera de relatar va hacia adelante, empujando al lector hacia nuevos lugares de expresión ante ventanitas prismáticas. Gracias por este poema.