montserrat-bar-criterionLondres, Jerusalén y Manhattan, memorias de tres escenarios excepcionales.montserrat-manhattan-woody-allen El invierno de 1970 fue extremadamente gélido. Envuelto en el esponjoso microclima de  una gripe, recuerdo que leí una novela de Pío Baroja –Las ciudades–, libro  tiernamente vitriólico del gran vasco. Quizás esa memoria me haya hecho reunir tres obras que cuentan, con amor e inteligencia, de otras tantas ciudades: Londres, una biografía, de Peter Ackroyd (Barcelona, Edhasa, 2002), Jerusalén, la biografía, de Simon Sebag Montefiore (Barcelona, Crítica, 2011) y Manhattan, una historia secreta de Nueva York, de Russell Shorto (Barcelona, Duomo, 2011).

Toda la compleja intrahistoria de Londres ha sido escrutada por Ackroyd con notable erudición y fervorosa simpatía. Desde la prehistoria hasta la reconstrucción posbélica, el autor, biógrafo de Tomás Moro y Charles Dickens, ha formulado las grandes y pequeñas preguntas de una historia social y cultural, con una prosa dúctil e incisiva. No es extraño hallar referencias precisas de las mutaciones de la sociabilidad, como aquella que remite a la apertura en 1884 del bar y restaurante Criterion, donde se encontrarían alguna vez Sherlock Holmes y el Dr. Watson.

Simon Sebag Montefiore, autor de obras históricas notables como la biografía del joven Stalin –Llamadme Stalin–, presenta un amplio panorama diacrónico, con incrustaciones familiares, de la Ciudad Santa, asumida en el prefacio desde su misma esencia sagrada. Desde el mundo de David hasta los conflictos actuales, el autor se maneja con rigor e ironía.

Russell Shorto, conocido por un libro tan sugestivo como Los huesos de Descartes, relata ahora la primitiva colonización de Manhattan, hasta hace poco relegada por la historiografía estadounidense. La rutilante carrera del legendario Peter Stuyvesant y su rendición de la colonia contribuyó a la gestación del mito fundacional anglosajón. Sobreviven, sin embargo, apellidos ilustres como Van Buren, Roosevelt o Vanderbilt y los colores holandeses de las camisetas deportivas de los New York Mets y los New York Knichs y, agrego, el relato impregnante del Woody  Allen de Manhattan (1979), ícono insuperado de la ciudad que tanto amamos, desde la Frick Collection hasta los Cloisters.

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