Se presentó el Colón-Ring, una versión adaptada de “El anillo del nibelungo”, de Richard Wagner, con la dirección general de la argentina Valentina Carrasco.
Todo fue armonizarnos o sucumbir.
Así, para la antigua tierra nueva
del río que no es un río,
no quedó sino la inquietante fatalidad
de intentar una vida nueva
sobre la faz del planeta.
Horacio Ferrer y Ástor Piazzolla
El pueblo joven. Oratorio de dos mundos
Como anticipo del Jubileo Wagneriano 2013, el pasado 27 de noviembre tuvo lugar en el Teatro Colón el estreno mundial del polémico Colón Ring, versión compacta de El anillo del nibelungo, calificada como revolucionaria por Katherina Wagner, mentora original del proyecto y bisnieta del compositor.
La experiencia fue extraordinaria: las voces, magníficas; la dirección musical, excelente; la música, sublime. Valentina Carrasco presentó, en un escenario gris y opresivo, una provocadora traducción de la desmesura, la ambición y la miseria, a través de revulsivos símbolos de fuerza local, como la exposición de los bebés robados y la vergonzante obscenidad de un déspota que negocia el poder con sus acreedores, uno de ellos minusválido.
Si bien, como era de esperar, el melómano lamentó la falta de importantes pasajes del original; en compensación pudo apreciar con nitidez el sordo bajo continuo del enano Alberico como metáfora universal. En efecto, el nibelungo remite fácilmente a un indisimulado Edipo o, también, a un Salieri como el de Amadeus, que, al igual que su homólogo wagneriano, renuncia al amor a cambio del poder.
En la Tetralogía, Wagner explayó su arte más allá de todo atropello ético o éxtasis estético. Valiéndose del robo, el incesto, los asesinatos, los pactos indignos o los engaños como vehículo, supo plasmar el fundamental drama erótico dentro de momentos sublimes en los que se adivina por contraste –como ocurre al mirar un negativo– el amor en su totalidad.
Si Wagner tuvo la virtud de reelaborar los vetustos mitos nórdicos, acercándolos al inconsciente colectivo de su país y de su siglo, Carrasco consiguió bajar aún más al terreno concreto a aquellos dioses germánicos, transformándolos en seres casi humanos, cuyo comportamiento tiene un fuerte sabor local y contemporáneo. En su versión, el mal no aparece como una abstracción sino que, lejos del Walhalla, parece calcar muchos aspectos de la realidad cotidiana de la Argentina.
Al igual que el Don Giovanni de Mozart, El anillo del nibelungo es un drama con final abierto. El catastrófico ocaso de sus dioses promete, con su destrucción, el amanecer de un mundo renovado. La aurora de un aquí y ahora en prosa, cuyos protagonistas somos nosotros. El gran desafío que Wagner nos plantea hoy es, entonces, gestionar sagazmente la energía del amor, neutralizando a ese enano fascista que saquea a diario las profundidades de nuestro interior y de nuestro Río de la Plata.
El autor escribió Mozart y Gardel. La música de las palabras (Dunken 2007) y fue prosecretario de la Academia Nacional del Tango Argentina.



















2 Readers Commented
Join discussionCon todo mi admiracion por Wagner, compararlo con Moazartes una veradadera herejia musical:-=
Wagner, ademas de grandilocuente, no conocia el corazon del hombre. Mozart fue el mas grande psicologo de la humanidad solo comparable a los Tolstoi y Dostoyevsky, ademas del mas grande genio musical de todos los tiempos.
LA VIDA TRASCURRE PARA TODOS, EN EL CIELO Y EN LA TIERRA, EN EL CIELO COMO LA DIVINA COMEDIA DE DANTE ENTRE EL INFIERNO, PURGATORIO Y EL CIELO Y EN LA TIERRA ENTRE LOS RICOS Y LOS MISERABLES, QUE JUEGAN A LA GUERRA DEL SENTAVO , PREFIREN EL DINERO Y EL PODER. ANTES QUE EL AMOR.
SIENDO EL AMOR EL SUMO BIEN PARA TODAS LAS CRIATURAS. LA ECENSIA FUNDAMENTAL PARA TODOS, YA QUE EN EL TOMA UNO LA ENERGIA DIVINA PARA DARLE SETIDO A TODO. DIOS PADRE CENTRO DE EL. COLON RING TIENE SENTIDO PARA NOSOTROS EN TODOS LOS TIEMPOS