041114_caidadelmurodeberlindebajodesarrolloTestimonio de un embajador argentino a propósito del 25 aniversario de la caída del Muro de Berlín.

WALL CULTURE SHOCK En diciembre de 1986, cuando arribé a Hamburgo para ejercer mi primer puesto en el exterior como Cónsul Adjunto en esa ciudad, nunca imaginé que casi tres años después, en noviembre de 1989, sería testigo de la caída del Muro que dividía en dos la antigua capital de Alemania.

El Muro había sido planificado secretamente y levantado durante la noche del 12 de agosto de 1961. Según las autoridades de la República Democrática Alemana (RDA), era un “muro de protección antifascista”. Sin embargo, dos datos significativos dan cuenta de las paradojas del totalitarismo. El primero en cruzar el Muro sin inconvenientes, en 1961, fue un guardia fronterizo de la RDA, es decir, un oficial del sistema que lo había levantado. El segundo dato es que, aunque la barrera fue ideada para proteger a Alemania Oriental del fascismo,  la más notoria entre sus primeras víctimas de un intento fallido de cruzarlo fue un obrero de la construcción, Peter Fechter, de 18 años. Cuando Fechter intentó escalarlo el 17 de agosto de 1962, cerca del Checkpoint Charlie, los guardias dispararon. Cayó en el corredor de la muerte del lado Este y quedó a la vista de la gente situada en el lado occidental, entre la que se incluían periodistas. A pesar de sus gritos, Fechter no recibió ayuda médica de ningún lado y se desangró hasta morir una hora más tarde.

Antes de levantarse el Muro, desde 1949, uno de cada seis alemanes del Este daba cambio de domicilio a territorio bajo control norteamericano. Según cifras oficiales del sitio de Internet alemán Chronik der Mauer (Crónica del Muro), al menos 137 personas murieron al intentar cruzar el Muro entre 1961 y 1989, siempre en sentido Este-Oeste, además de otras 251 personas que murieron al cruzar por la frontera oficial. Esas cifras se desprenden del primer estudio detallado sobre las víctimas en el Muro realizado durante cuatro años por la Fundación Muro de Berlín y el Centro de Investigación Histórica de Potsdam. Según cálculos estimativos, más de 800 personas murieron intentando cruzar la frontera hacia Berlín Occidental aunque más de 100 mil personas lo intentaron. Muy pocas tuvieron éxito y no se mencionan a quienes intentaban escapar por el mar Báltico.

De los 1.400 kilómetros de frontera entre las dos Alemanias, el Muro tenía una longitud de 155 km, de los cuales 12 eran de concreto reforzado, con casi cuatro metros de altura. No sólo se erigía el Muro, sino que había 180 metros de alambradas detrás de él y una valla electrificada. Se instalaron 14 pasos fronterizos para mercancías y ciertas personas, 11.500 soldados y 259 perros para vigilar la frontera, junto con 302 torretas de control.

Como licenciado en Ciencias Políticas adhiero al realismo político y a la primacía de la comprobación empírica por sobre la construcción ideológica, sin desmerecer, en absoluto, la fuerza movilizadora de las ideas. Por ello he procurado no quedarme nunca con la propaganda de uno u otro lado, sino que he intentado comprobar personalmente, in situ, aquello de lo que se habla o escribe. Días después de mi llegada a Hamburgo decidí hacer una excursión a Berlín. Para conocer la parte oriental me subí a un ómnibus de turismo del lado occidental. La evidente y sobrecogedora diferencia entre ambas partes de la ciudad, comenzando por el aspecto edilicio de la que había sido la imponente capital de toda Alemania de 1871 a 1945, no se borrará nunca de mi memoria.

Años después, en 1993, regresé a Alemania en mi segundo puesto en el exterior y estuve en Bonn, donde se encontraba nuestra embajada hasta 1999. En la primera excursión oficial como invitado de las autoridades alemanas conocí, con otros colegas extranjeros, parte de los Estados Federados de Turingia y Sajonia-Anhalt, que pertenecieron a la RDA hasta 1990. La visita a lugares históricos como Weimar, con su monumento a Goethe y Schiller, o la Desau de Walter Gropius, creador del Bauhaus, se completó con la recorrida del campo de concentración nazi de Buchenwald y de fábricas que estaban siendo “occidentalizadas”. El atraso tecnológico de la RDA era abrumador.

Más allá de los recuerdos personales, este mes nos conduce ineludiblemente a recordar el proceso político que llevó a Alemania desde noviembre de 1989, cuando los alemanes cruzaron el Muro, al 3 de octubre de 1990, cuando se declaró oficialmente la reunificación del país. El precio económico y social que pagó Alemania fue enorme. Desde Hamburgo viví todo el proceso, que incluye interesantes aspectos de política exterior, ya que la reunificación conllevaba necesariamente el acuerdo de la entonces Unión Soviética, que con Mihail Gorbachov dio el puntapié inicial, más el visto bueno de los Estados Unidos de Ronald Reagan, la Francia de François Mitterrand y el Reino Unido de Margaret Thatcher, la más renuente de todos. No obstante, aunque intentara resumir el relato de esos once meses, ello es incompatible con el espacio de un artículo.

Cuando un periodista del semanario en lengua alemana Argentinisches Tageblatt, editado el 3 de octubre último con motivo del 24 Aniversario de la Reunificación Alemana, le preguntó en una entrevista al embajador alemán en la Argentina, Bernhard Graf von Waldersee,  por el elevado precio que había pagado Alemania, éste respondió que no le gusta mucho ese término y que prefería hablar de los costos de la separación de su país, por los que algún día se iba a presentar la factura. Al haber recorrido “ambas partes” de Alemania durante los nueve años que viví entre Hamburgo y Bonn creo comprender lo que quiso decir el embajador von Waldersee.

Hay dos datos de la paradoja histórico-política relacionados con este tema que quizás no muchos conocen y con los que elijo terminar este modesto aporte. La actual Canciller Federal de Alemania, Angela Merkel, elegida en septiembre de 2013 para cumplir su tercer mandato, vivió la mayor parte de su vida en la RDA. Si bien Frau Merkel había nacido en Hamburgo en 1954, a poco de nacer su familia se mudó a Templin, a 80 km al norte de Berlín  porque su padre, pastor luterano, fue trasladado allí. Es decir que Merkel vivió la mayor parte de su vida en la RDA. Además de la primera mujer en ocupar la Cancillería Federal, es la primera persona de la ex RDA en acceder al máximo cargo político de Alemania.

Un caso similar es el del Presidente Federal desde 2012, el pastor luterano Joachim Gauck, nacido en Rostock en 1940. Gauck, connotado opositor, fue comisionado en los últimos días de la RDA para gestionar los Archivos de la Stasi, como se conocía al Ministerio de la Seguridad del Estado, principal organismo de la represión. Fue confirmado en la Alemania reunificada al frente de estos archivos concernientes a personas y ganó reconocimiento como “cazador de miembros de la Stasi”, al exponer los crímenes cometidos por los antiguos servicios secretos.

6 Readers Commented

Join discussion
  1. lucas varela on 10 noviembre, 2014

    Estimado embajador Pedro Von Eyken, muy interesante testimonio¡ Muchas gracias.
    Permítame complementar su testimonio con el siguiente comentario:
    Bien dice Usted que la “paradoja del totalitarismo” es haber construido el muro de Berlín como “protección antifascista”; el “muro de protección” resultó ser un “muro de contención”.
    Y ésta es la experiencia moral que debe quedar para la posteridad. Todo aquel que construye “muro de protección”, inevitablemente se transforma en “muro de contención”.
    El sentido del “flujo humano” a través de un muro es desde la menor libertad a la mayor libertad. Es ley natural, es ley de vida. Y a la ley hay que respetarla para tener justicia.
    Hoy, a pesar de la dolorosa experiencia inmoral vivida, la ley de vida no se respeta. Más que nunca antes, están vigentes los “muros de protección” (; el muro México-Estados Unidos, el muro Israel- Franja de Gaza, el Mediterráneo Europa-Africa. Todos son “muros de contención”.
    Los “muros de protección” solo existen en mentes totalitarias, que pretenden vivir a costa de diferencias intolerables entre seres humanos que tienen un mismo destino, y una misma condición.

    • Alberto Zimmermann Guerrico on 17 noviembre, 2014

      Muy certero el comentario de Lucas Varela. El desafío del siglo es aprender a vivir con las diferencias, requisito para que cambie nuestra cultura.

      • lucas varela on 18 noviembre, 2014

        Amigo Zimmermann, me alegra saberlo.
        Si, si, vivir concientes; es requisito primero.
        Las diferencias molestan, pero están; No debemos «ningunear» al pobre
        o al necesitado, o al oprimido.
        No debemos hablar de «los que sufren», porque es «ningunearlos».
        «El que sufre» tiene nombre y apellido, y una historia sobre sus hombros.
        Sabiendo de él, se derrumban todos los muros.

  2. Luis Mario Francisco on 10 noviembre, 2014

    Deseo expresar mi profunda satisfacción por la destrucción de unos de los monumentos al oprobio que degrada a la raza humana, pero me preocupan los otros «Muros» ideológico-espirituales que erige el islam en sus pueblos y en sus familias, ¿y LOS MUROS INVISIBLES DE LOS HAREMS? Los jeque que compran mujeres occidentales y las llevan a países especialmente Arabia Saudita y los de su entorno ¿no viven prisioneras? ¿no son esclavas sexuales de sus amos? Llegará para ellos y ellas la «Caida de Muro»? o el petróleo hace olvidar quienes y como viven en esos pueblos?

  3. Luis Mario Francisco on 10 noviembre, 2014

    Es alentador para el verdadero orgullo de la raza humana la caida del Muro pero todavía quedan muchos Muros de Berlín en los países islámicos que habría que derrumbar, muchos seres humanos (Especialmente jóvenes y bonitas mujeres) encverradas en los Harems de los Jeques de Arabia Saudita y paises vecinos, ¿es que los petrodólares impiden mirar hacia adentro?

    • Pedro von Eyken on 3 diciembre, 2014

      Muchas gracias por sus valiosos comentarios pero, sobre todo, por interesarse en este tema. Te agradezco, Lucas, que me llames «embajador» aunque fue un error de la revista, que me encantaría fuera premonitorio. Pero aún no alcancé el rango máximo de la carrera diplomática, como no todos los militares llegan a general, y no sé si lo alcanzaré. Me quedan todavía 10 años de servicio en los que espero poder servir a mi país y a mi gente, en la Argentina y en el exterior, de la mejor manera posible. Eso y divulgar mis experiencias, me basta. Celebro el comentario de Alberto en favor de convivir con diálogo y diferencias.

¿ QUIERE DEJAR UN COMENTARIO ?