George Steiner es un intelectual clásico. Un crítico literario que, a contramano de la época, ha buscado relacionar literatura con cultura, valores y, nada menos, la cuestión de Dios. Se ubica en la tradición de T. S. Eliot y de E. R. Leavis. El subtítulo de uno de sus libros es un claro homenaje a Eliot: Aproximación a un nuevo concepto de cultura. Pero hay algo incongruente en este paralelo: el judaísmo de Steiner y el supuesto antisemitismo de Eliot. El abordaje de George Steiner a la literatura es cabalmente judío, casi obsesivamente judío. Su trabajo nunca se aparta demasiado de las preguntas básicas; tan pertinentes incluso hoy, un tiempo de significativas tensiones religiosas. ¿Por qué? ¿Por qué el odio a los judíos enloqueció a Europa? ¿Cuán enraizado está este odio? ¿Llega a contaminar la entera historia cultural de Occidente?

 

Su respuesta es teológicamente profunda. La cristiandad, sostiene, siempre ha mantenido una relación de amor-odio con Dios: con el Dios judío que reclama lo imposible. El judaísmo se mofa de un idealismo moral imposible. Junto a Moisés y Jesús, Marx ofrece una visión exasperantemente ambigua, que es también auténticamente judía. El antisemitismo es, en cierto sentido, la reacción natural a esta visión ternaria de la perfección humana que nos atormenta. “Al matar a los judíos –afirma– la cultura occidental erradicaría a quienes han ‘inventado’ a Dios”.

 

George Steiner nació en París en 1929. Presintiendo el peligro, sus padres acababan de dejar su Austria natal. Su padre supo trasmitirle su conocimiento de la alta cultura europea, en especial el romanticismo alemán. Mi primera pregunta al profesor Steiner es si el judaísmo también fue parte destacada de su educación.

 

“No éramos practicantes; pero como todos los judíos intelectuales no practicantes guardábamos las fiestas importantes, observábamos Yom Kippur. Incluso el ayuno y el ir a la sinagoga en París eran un gesto de solidaridad con el pasado y con los abuelos, que habían sido mucho más religiosos. La influencia de mi padre sobre mí fue enorme; él era claramente agnóstico. Mi madre tenía mucho de grande dame vienesa con un tipo particular de cinismo, en el mejor sentido: era sumamente escéptica respecto de cualquier dogma. Cuando tenía dos o tres años de edad, me enseñaron a rezar todas las noches: “soy malo, podría ser mejor, pero en realidad no importa”; esa fue mi primera oración, y ha guiado mi vida.

 

“La conciencia de la identidad judía era enorme, así como la convicción de mi padre de que Hitler estaba llegando y que consumaría las amenazas tan claramente expuestas en Mein Kampf. Esto sigue siendo uno de los misterios del mundo. Él lo había escrito; lo único que tenían que hacer era leerlo, estaba allí. Mataría a todos los judíos”.

 

De niño, ¿cuánta conciencia tenía del peligro? “Fui tomando conciencia a través de la gente que visitaba mi casa: amigos, parientes que intentaban huir y necesitaban obtener permisos. Mi padre estaba muy activo, procuraba advertirles que se fueran. Tenía muchos primos en Praga; sus nombres están en la Pared de la Muerte de esa ciudad, todos murieron en las cámaras de gas o fueron masacrados”.

 

La familia se mudó a Nueva York en 1940. Él estaba a salvo, pero lo atormentaba el destino de quienes habían quedado atrás. “Perdí compañeros de colegio de París. Estoy seguro que en los trenes de la muerte preguntaron a sus padres: ¿por qué?, ¿qué estamos haciendo acá?”. La cuestión de la identidad judía no puede dejarse de lado, insiste; si esta identidad amenaza nuestra vida, deberíamos entender por qué. “Con frecuencia he sentido que hay algo envidiable en el status de seguridad absoluta de los ortodoxos respecto de su identidad; es algo imposible para mí, no querría pagar ese precio”.

 

En estos días todos los ojos están puestos en Israel, que se prepara para el éxodo de unos 8000 judíos de los asentamientos en Gaza y Cisjordania. George Steiner siempre ha sido un sionista cauteloso: convencido de que Israel es necesario, pero también de que no alcanza a capturar la esencia del judaísmo. No puede prescindirse del papel de exiliado, marginado, de los judíos. “¿Por qué sobrevivimos? Porque creo que debemos enseñar a otros seres humanos a ser huéspedes unos de otros. Este es mi credo apasionado: el odio étnico y nacional llevará a la humanidad a masacrarse. Debemos enseñar a la gente que somos huéspedes de la vida en este planeta atestado y contaminado. No soy un árbol, no tengo raíces, tengo piernas; este es un tremendo paso adelante. Por lo tanto, estoy convencido de que la supervivencia judía se entiende en términos de enseñanza –tal vez una palabra demasiado pretenciosa–, como ejemplo para otros seres humanos de lo que es ser un huésped”.

 

Su atracción por la frontera entre judaísmo religioso y secular lo han llevado a simpatizar con aspectos del pensamiento marxista. “Algunos grandes textos literarios marxistas ejercieron sobre mí una gran influencia. En ese pensamiento había una escuela de rigor, vi que tomaba muy en serio la literatura y la vida intelectual. Pero nunca me atrajo desde el punto de vista político y económico; nunca”. Parecería simpatizar con los elementos “mesiánicos” del marxismo, acentuados por pensadores de la talla de Benjamin y Bloch. Pero ¿qué significa “lo mesiánico” para este no marxista? “Lo tomo en un sentido muy humanista: un humanismo radical. Pero no es utopismo; no llego a tanto. Llego hasta una esperanza más bien estoica, de escala menor, respecto del hecho de que con pequeñas decencias se puede mejorar… y dos cosas han mejorado en nuestros días: somos más conscientes de los niños, intentamos ser decentes con los niños. Se estima que todavía unos 300 millones de niños trabajan como esclavos, pero ya no lo ignoramos. El enorme negocio de la paidofilia es la otra cara de esa medalla. Y se cuida a los animales, lo que significa muchísimo para mí. Ya no tratamos a los animales como lo hacíamos en Occidente. Se trata de dos pequeños e importantes avances.

 

¿No resulta espuria una esperanza plena después del Holocausto? “Es completamente inválida desde que Caín mató a Abel. La historia de la masacre continúa, la historia de la tortura continúa. Pero cuando 30.000 personas mueren durante la primera mañana de la batalla de Ypres –30.000–, creo que desde entonces, 1914, estamos viviendo tiempo prestado. Es lo que llamo el epílogo después del logos. Que hayamos sobrevivido ya es un milagro. La guerra de los Balcanes demostró que no hemos avanzado mucho; hoy arden los odios étnicos”.

 

“Y, por cierto, el antisemitismo arde. En Gran Bretaña, no se habla de eso; no se publica cada incidente. Pero estamos en un período candente, no sólo en el sinsentido del boicot académico –que no funcionarᖠsino en lo cotidiano, vuelve a ser un tiempo muy, muy peligroso; qué va a pasar, no lo sé”.

 

George Steiner, que ha ocupado varios cargos académicos en el mundo y hoy es profesor de la cátedra Weidenfeld de literatura comparada en la universidad de Oxford, se apasiona al ver cómo el antisemitismo emerge del pensamiento romántico tardío. Algunos de los escritores que más le interesan son, en realidad, antisemitas. ¿Es correcto? “Sí, es un muy buen punto. Soy un estudioso de la literatura y la filosofía. Algunas de las figuras que más me atraen son, sin lugar a dudas, pensadores apocalípticos antijudíos. Sartre fue el genio más brutal que ustedes puedan imaginar en su odio hacia los judíos. Wagner, claro, me atrae muy profundamente, como a la mayoría de los judíos. Pero vayamos al centro de todo mi trabajo: Heidegger. Compartió con la Baviera católica una profunda desconfianza hacia los judíos; sin embargo, trabajó con ellos todo el tiempo y amó a Hannah Arendt, y ellos difundieron su mensaje académico por el mundo occidental. De manera que entre todos los escritores y filósofos me atrae uno de los más grandes inventores, creadores, del lenguaje”.

 

Se muestra algo consternado ante el rumbo del pensamiento literario en estas últimas décadas. Considera que el posmodernismo es en buena medida un asunto de rebelión adolescente, el rechazo a enfrentar las preguntas últimas. “Me parece que la cuestión de la existencia de Dios subyace en diversas formas metafóricas, moduladas, al gran arte, al gran pensamiento. Sin duda en Occidente, desde Píndaro hasta Beckett, ha estado presente. Si debemos nuestra arquitectura, nuestra música, posiblemente el noventa por ciento de nuestra literatura a imágenes, sentimientos e inspiraciones de naturaleza trascendente; si se dictamina que la cuestión es una necedad, o en el sentido de Freddy Ayer, un sinsentido lingüístico, pienso que en Occidente es difícil que podamos recrear ciertas dimensiones del arte y del pensamiento. Hasta ahora, no he visto un gran arte ateo o programáticamente ateo; tal vez lo hubo –siempre ha sido muy peligroso admitirlo…–, pero lo interesante no es eso”.

 

Si la cuestión de Dios ocupa un lugar muy marginal en el estudio de la literatura inglesa, ¿significa esto que la disciplina está en caos, agotada? “Diría que está sumida en un caos bastante embustero, porque la idea de un canon es en sí profundamente emblemática del pensamiento religioso. ¿Quién es hoy el filósofo más influyente? Richard Rorty. ¿Cómo lo resumimos?: todo vale. Pero si todo vale, entonces ¿qué? Si un distinguido colega mío dice que Bob Dylan es tan importante como Keats, puedo refutarlo y simplemente decir: ‘No lo es, no lo es’, pero en voz baja”. (Se refiere a Christopher Ricks, profesor de poesía en Oxford). Entonces, ¿coincide con T.S. Eliot en que el estudio de la literatura solamente tiene sentido dentro de una cultura de la ortodoxia? “Estimo que facilita la enseñanza. Durante cincuenta y dos años, fui maestro, y la manera en que actualmente se enseña me parece un enigma torturante, una cuestión desconcertante. Si ya no se es capaz de dar por sentados ciertos valores canónicos, si ya no tenemos acceso a la idea de lo clásico, entonces realmente el libro de historietas y la cama de Tracey Emin 1 son los criterios legítimos de fascinación e interés.

 

“El concepto de alfabetización se está desplazando a disciplinas muy diversas y a ideas bastantes diferentes de lo que hace alfabeto a un ser humano. Estamos, entonces, en un período de transición terriblemente interesante; en algunos aspectos soy muy optimista. Por ejemplo, más gente asiste a conciertos”.

 

¿Pero acaso a los libros no les va bastante bien? De hecho, la literatura parece el reemplazo de la religión en las clases medias, ¿no es así? “Es una forma de terapia… bueno, estoy a favor de cualquier cosa que mantenga las librerías abiertas y que dé de comer a los escritores… me entusiasma, de verdad; pero no tiene mucho que ver con la potencia de leer textos difíciles en silencio total y en soledad, que es mi criterio. Es lo más difícil de aprender; claro, no se puede leer una página seria y difícil de Píndaro o de Kant o de John Donne con el walkman encendido. Los jóvenes estudiantes que llegan a Cambridge casi no han leído libros fuera del Advanced level.

 

Volvamos a la cuestión que más parece interesar a Steiner. “Entonces, ¿qué es lo que hoy define a un judío? ¿Cómo puedo definirme, aquí, sentado en esta habitación con usted? Una tardecita de hace muchos años, en una conferencia del PEN International 2, en la mesa estaba (el político) Dick Crossman, quien al final, durante el café, dijo: ‘Ahora sé qué es un judío’. Yo pregunté: ‘¿Qué es un judío?’. ‘Es alguien que lee un libro con un lápiz en la mano, convencido de que puede escribir uno mejor’. Es una definición maravillosa. En cierto sentido, soy un judío que vive con un lápiz en la mano sin la convicción de que puede escribir algo mejor, pero sí que espera intentarlo”.

 

 

 


1
. Se refiere a “My bed”, instalación de la artista británica Tracey Emin, que incluye sábanas sucias, ropa sucia, un condón usado y corchos de botellas de champaña. La obra fue comprada por Charles Saatchi por más de 150.000 libras. (N. de la T.)

2. PEN International: asociación no gubernamental fundada en 1921 para promover la amistad y la cooperación intelectual entre los escritores con independencia de su visión política, luchar por la libertad de expresión y la defensa de los escritores víctimas de regímenes opresivos. (N. de la T.)

 

El último libro de George Steiner es Lecciones de los Maestros, Siruela, Madrid, 2004 (Lessons of the Masters, Charles Eliot Norton Lectures, Harvard University Press, 2003).

 

Texto de The Tablet.

 

Traducción: Silvina Floria.

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1 Readers Commented

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  1. Carmen Gómez Aragón on 6 noviembre, 2011

    Apreciados señores/as:

    Me ha parecido el suyo un artículo de sumo interés. Les agradecería muchísimo que me dijeran dónde hallar el texto del discurso de agradecimiento de George Steiner por el premio Börne en Internet.
    Soy consciente de que han pasado varios años desde que se publicó este artículo, pero albergo la esperanza de que alguien lea este comentario y me alumbre en mi búsqueda.

    Muchísimas gracias por su atención.
    Carmen G. Aragón

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