Vivimos aceleradamente. La urgencia y la rapidez gobiernan nuestro obrar e imponen pesadas exigencias externas a las que se suman nuestras propias sobre-exigencias. Además de alejarnos de un modo de vivir natural y armónico, lesionan nuestra calidad de vida, desde la salud física hasta los vínculos afectivos.

 

¿Nos damos cuenta de que el estilo de vida basado exclusivamente en el eficientismo y el exitismo no hacen más que generar un estado de ansiedad y de falta de sensibilidad?

 

La mayor ansiedad se manifiesta en la necesidad de evasión: huimos de mil maneras de nosotros mismos, de nuestra propia realidad. Es muy significativo el alto consumo de estimulantes como el alcohol, el tabaco, los fármacos, las drogas no legales y otras sustancias tóxicas. A través de estos estímulos artificiales se busca modificar un estado real creyendo acceder a un “mejor” estado pero irreal. ¿Es necesario buscar el placer a través de estimulantes?

 

Vivimos en el ‘mundo del hacer’: el hacer da rédito frente a la sociedad pero nadie es reconocido por su capacidad de contemplación, por apreciar lo infinitamente pequeño, por saborear con nuestros sentidos la abundancia de la vida.

 

La salud radica en recuperar la integridad de nuestro ser. Hoy nuestra forma de equilibrarnos es volver a encontrarnos con nuestro ser íntimo, poder escucharnos y ser conscientes de lo que nuestro cuerpo y nuestro espíritu necesitan.

 

Las nuevas enfermedades

 

Nuestra civilización tiende a considerar ‘tiempo productivo’ sólo al invertido en generar dinero. Este fuerte condicionamiento ha hecho de muchos de nosotros seres incapaces de saber disfrutar de los diferentes aspectos de la vida.

 

La forma de trabajar, la forma de relacionarnos, todo se vive sin tiempo y con urgencia. ¿Qué es la agitación con la que se vive? ¿Qué es lo que intranquiliza? ¿Cuál es la inquietud?

 

“La depresión aqueja a casi el 40% de las personas que viven en las grandes ciudades del mundo, la obesidad agobia al 50%, en cada familia existe un enfermo de cáncer y uno de los medicamentos más vendidos en todo el planeta es el Prozac (droga para la depresión)” 1.

 

Cuando las personas viven y trabajan a niveles y frecuencias superiores a los que deberían funcionar, se produce un gran desgaste energético que luego se manifiesta en diversos trastornos: insomnio, fatiga crónica, ataque de pánico, desórdenes digestivos, problemas circulatorios y cardiovasculares, alergias diversas, alteraciones del sistema nervioso en general, y todo ello con la pesada carga emocional que cada dolencia conlleva.

 

La exigencia que sobrepasa nuestros límites naturales, lejos de promover el crecimiento termina provocando bloqueos tanto físicos como emocionales.

 

Nuestros estados anímicos están relacionados básicamente con nuestra manera de vivir, de pensar, de sentir y con cada una de las actividades que realizamos en nuestra vida cotidiana.

 

El estrés es el padecimiento de la modernidad; el germen de las llamadas enfermedades de la civilización, convertidas ya en epidemias 2. Cuando hay estrés no existe el mientras tanto; lo importante son los resultados inmediatos y no cómo llegar a los objetivos. Esto produce exceso de preocupación, de tensión. La mente no cesa de elucubrar y especular.

 

Hemos desarrollado una mente productiva y mercantilista: se vive pensando, especulando en relación a las tareas a realizar, el dinero que se necesita, en cómo tener éxito, en cómo saber o conseguir más, se vive permanentemente en el más y más.

 

Resistimos la vida con sus procesos naturales y no confiamos en sus tiempos, en sus ciclos. La desesperanza, la sensación permanente de miedo nos llevan a pensar incesantemente. El pensamiento se torna mecánico y reiterativo. Cuánto más temeroso e inseguro se siente alguien, más cavila. Este exceso y el estar tan centrado en lo que a uno le sucede retroalimenta un circuito cerrado que estresa y enferma.

 

Vivimos desequilibrados en nuestras potencialidades racionales y sensitivas. El estrés es producto de una sobrecarga, de un exceso; y cuando hay exceso en un aspecto de nuestra vida, ineludiblemente, hay carencia en otros.

 

Quizás, lo que más se ha perdido en nuestra cultura es la cualidad sensitiva y sensible, la que nos impulsa a vivir y a respetar nuestra propia interioridad y la de los otros.

 

Paradojas modernas

 

Casi todos los problemas de la vida actual son tratados superficialmente; las formas de pensar de las mayorías son las que se imponen: hay una gran uniformidad, una hegemonía que impide respuestas auténticamente personales y creativas.

 

A casi nadie le resulta extraño que no pocos hombres y mujeres salgan desde muy temprano de sus casas para desplegar sus tareas profesionales o laborales, y vuelvan sólo a la noche. Se argumenta que el esfuerzo es para alcanzar una buena “calidad de vida” aunque para ello deban sacrificar en el presente, el tiempo necesario para estar con la pareja, para entablar un contacto directo y profundo con los hijos 3. De este modo, la incomunicación y el distanciamiento emocional en los vínculos se acrecienta; no se sabe qué anhelan, con qué sueñan, cuáles son los temores de esos seres que dicen amar. Finalmente se termina acudiendo a psicólogos y a especialistas de diversa índole para resolver las angustias y los sufrimientos que dicha situación acarrea.

 

No resulta raro que la vida de los niños se parezca cada vez más a la de los adultos: sobrecargados con tareas, exigencias y evaluaciones severas e inútiles, con poco tiempo para perder y jugar por el mero placer de jugar, sin la presión de ganar, de tener que “ser el mejor” o “el número uno”. Por otro lado, los adultos hacen talleres de recreación, de creatividad para recuperar esa imprescindible capacidad de juego tan tempranamente sofocada.

 

La mala alimentación es una de las causas principales de varias enfermedades en el mundo occidental; entre ellas, las de inmunodeficiencia, y no precisamente por subalimentación sino por sobrealimentación.

 

El ocio creativo

 

Si hay paz interior, hay paz en el mundo. Sólo en la serenidad, en la paz con uno mismo advienen la alegría, la salud y la libertad 4.

 

¿Puede haber paz en nuestros corazones cuando se vive enredado en una vida de intranquilidad, obrando a partir del temor, de la exigencia desmedida, la competencia y el individualismo?

 

Pareciera que la vida misma pasa sin que la mayoría de las personas la vivan con plena conciencia, corriendo agitados para alcanzar cosas que en el fondo nunca satisfacen.

 

En nuestra sociedad si no se hace nada que sea redituable –económica o socialmente– parece que se es inútil, que no se es nada. ¿Será así? ¿O será que la nada o esa sensación de vacío emergen cuando se pierden las pequeñas cosas de la vida, las que verdaderamente enriquecen el alma?

 

Faltan el silencio y el genuino disfrute en nuestras vidas, falta el tiempo del verdadero ocio creativo. Ese tiempo para entregarse a la contemplación, escuchar nuestra voz interior que suele susurrarnos las verdades más profundas, ese tiempo para descubrir que no se sabe nada y que en ello hay una enorme libertad para seguir explorando, ese tiempo para estar con lo que uno sencillamente es, para reír y jugar, recuperar el contacto con la naturaleza, para estar afectivamente presentes en nuestros vínculos más íntimos.

 

El hombre civilizado suele tomar vacaciones quince días o un mes al año. Para muchos ese período consiste en un mero cambio de lugar ya que el nivel de actividad, el bullicio y el aturdimiento siguen siendo los mismos aunque parezcan divertidos. Para la gran mayoría hay una división tajante entre el tiempo de descanso y la fatigosa vida de todo el año, la de todos los días.

 

Etimológicamente “vacacionar” tiene el mismo significado que “vaciar”. De hecho, las vacaciones son una excelente oportunidad para vaciar las tensiones de nuestro cuerpo, vaciar la sobrecarga emocional, vaciarnos de preocupaciones y del incesante parloteo mental.

 

Si una persona se tomara al menos un tiempo diario de vacaciones para relajarse, encontrarse consigo mismo, para aprender a hacer nada, al final del año estaría mucho más descansada.

 

¿Nos damos el permiso para regalarnos ese momento íntimo de un encuentro simple y gozoso con nosotros mismos?

 

El don de la sencillez

 

La conciencia personal acerca de la necesidad del reposo y del descanso en sí mismo implican ya un buen grado de salud, puesto que a partir de ese descanso se regeneran las funciones vitales.

 

En el descanso hay quietud y sólo en la quietud adviene el verdadero silencio; en el silencio todo nuestro potencial humano se vivifica y se repone.

 

El contacto con la naturaleza nos permite generar un hondo silencio y contemplar la vida en su totalidad. Y también del hondo silencio brota la oración más profunda y no los meros ruegos verbales.

 

El ocio creativo permite conectarse con las sensaciones, con los sentidos, con la posibilidad de desestructurarse, de flexibilizarse y de romper con los moldes conocidos.

 

¿Podemos estar libres de apremios, de obligaciones artificiales, de esfuerzos inútiles que implica el vivir tan proyectados hacia el exterior?

 

No hay nada ni nadie que pueda hacer por uno, lo que uno puede hacer por sí mismo. El don de la sencillez consiste en comprender que no podemos vivir haciendo más de lo humanamente posible y dentro de lo humano está la necesidad fundamental de darnos el tiempo para la contemplación, el gozo y la celebración.

 

  

 


1. La nueva salud, Martin Rossman. Ed. Kairós.

 2. Depresión, adicciones, obesidad, colon irritable, úlceras, diabetes, hipertensión, deficiencias inmunológicas y endócrinas son algunas de las enfermedades que más se han propagado en nuestro siglo.

 3. “Lo que importa es la calidad, no la cantidad”. Esta expresión tan popularizada es una de las falacias más irónicas que hemos inventado los adultos modernos. ¿Se puede amar con hondura cuando no disponemos de tiempo para estar con el otro?

 4. La salud no es tan sólo “ausencia de enfermedad”, tal como la define la Organización Mundial de la Salud; la salud es un estado de vitalidad, alegría y ganas de vivir, entre otras cosas.

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2 Readers Commented

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  1. MARIA VILLEGAS on 7 marzo, 2012

    por favor necesito todos los articulos relacionados con el tema “descanse aprendiendo a vivir”
    en lo concierniente con, el ejercicio, la comida, la recreaciòn, nutriciòn y toidos los etcs,

    Gracias, me encantò su artìculo

    MARIA V.

  2. MARIA V. on 1 abril, 2012

    Por favor, sigo esperando todos los articulos que puedan proporcionarme sobre el tema de “descanse aprendiendo a vivir”

    saludos

    MARIA V,

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