Abstraídos en doctrinas morales y ocupados en las acciones de todos los días, la Iglesia ha descuidado el cultivo de la experiencia de la fe personal y  comunitaria.

El ciclo sin fin de la idea y la acción, la invención sin fin, el experimento sin fin,

brinda conocimiento del movimiento, no de la quietud; conocimiento de lenguaje,

pero no del silencio; conocimiento de las palabras e ignorancia del mundo”

T.S. Eliot, Estribillo de la Roca

 

La lectura de la obra 1984 de George Orwell me dejó la inquietante impresión de que en una realidad totalitaria la disidencia puede ser funcional a la opresión. Esta idea fue recreada a escala  cinematográfica por la saga The Matrix, sugiriéndonos finas percepciones sobre la naturaleza humana y el potencial represivo de la cultura actual, que pueden servirnos también para iluminar autoritarismos oligárquicos.

Quisiera proponer a la reflexión que las circunstancias en que se desarrollan las acciones en la lucha por la justicia son tan importantes como la bondad de los principios que se defienden1. Se trata, en definitiva, de observar si algunas formas de testimonio pueden ser funcionales a la construcción y al refuerzo de una cultura autoritaria.

En la modernidad, la voluntad es espontánea e independiente de la inteligencia; por lo tanto, funciona como una fuerza autónoma. La inteligencia permanece pasiva, sólo refleja el mundo; y lo pensado como reflejo es la posibilidad del mundo, y no su realidad.

Por su parte, el voluntarismo disuelve el ser en el querer ser. El yo se reduce y confunde con la  necesidad de autoproducción. En otras palabras, la persona no vale por lo que es sino por lo que hace. Es el paroxismo individualista y subjetivista en el que la voluntad, ubicada en el podio del hombre, quiere realizarse más allá del sujeto humano. Es la idea del superhombre, sujeto y objeto de su propia voluntad, forzado a afirmarse en una voluntad de poder, según la expresión de Friedrich Nietzsche.

 

Una mirada sociológica de la situación

El movimiento cultural de la segunda posguerra mostró la idolatría del yo. Sus cultores se  reconocieron como una “nueva clase” que sólo podría expresarse contra las convenciones de la sociedad. Su conciencia de clase se basaba en la promoción de una actitud racional crítica contra el sistema económico-social que la hace posible: el sistema educativocultural capitalista. Esta “masa cultural”, al decir del sociólogo Daniel Bell, no es un estrato creativo sino distributivo, que reproduce con efecto multiplicador un vasto número de intelectuales que ejerce el poder de la palabra, careciendo de responsabilidad directa sobre cualquier asunto práctico. El escritor mexicano Octavio Paz señaló: “Desde hace algunos años sus rechazos han sido repeticiones virtuales: la rebelión se ha convertido en procedimiento, la crítica en retórica, la trasgresión en ceremonia. La negación ya no es creadora”2. Agotada la rebelión en una perpetua dialéctica, se vacía de contenido, aunque mantiene vigente el mito del artista como nómada intelectual “vanguardista” de la sociedad. Y el movimiento tiende a la asfixia, por cuanto ya nada escandaliza o sorprende, sino que todo lo nuevo es asimilado como si fuera bueno. La dialéctica de una cultura antagónica se reduce a una dialéctica del consumo. La cultura antagónica se alza contra la “tolerancia represiva” del esquema capitalista y liberal, pero genera otra “tolerancia represiva” que se manifiesta en los valores líquidos, el desarraigo existencial, la cauterización del asombro ante lo cotidiano y el relativismo. A su vez, la cultura antagónica como rebelión contra el cambio produce el efecto obnubilador de la masificación e impide ver las injusticias, o las confunde con solidaridad o justicia. En efecto, la cultura antagónica termina siendo instrumento de una oligarquía tecnocrática que reemplaza los conflictos reales por “conflictos espectáculo”, produciendo un medio cultural que en vez de plenificar al hombre, lo limita a la posibilidad de consumir.

 

Una mirada teológica de la situación

Sería poco evangélico endosar toda la responsabilidad de la situación de la sociedad argentina a factores culturales como los apuntados. Así como los Profetas le recordaban a Israel que su penosa situación se debía no sólo al poder de los imperios que lo rodeaban, sino también a sus propios pecados, también la comunidad de los bautizados en la Argentina, la Iglesia, debe tener humildad y sinceridad para reconocer los propios3.

Hemos dedicado nuestros mejores esfuerzos a enseñar moral o a la acción social y no a acompañar a las personas en su experiencia de la fe y su vínculo con el Dios de la vida, que es esperanza y sentido para el hombre.

Con esto no quiero decir que no debamos enseñar moral o realizar acciones sociales, pero nuestro presente eclesial nos señala que en más de un caso estas situaciones no brotan de la experiencia de Dios, que es Amor. Y si no es así, ¿donde está la especificidad? ¿Por qué ser católico? ¿Para qué serlo? ¿Seríamos una ONG más en un mundo de consumo? Enfrascados en doctrinas y embarcados en las tareas cotidianas hemos olvidado lo fundamental: cuidar la experiencia personal de la fe, individual y comunitaria. Los tiempos recios reclaman una fe especialmente viva que implique no

sólo la mente y la voluntad sino también el corazón y, en consecuencia, el comportamiento de clérigos y de laicos como individuos y como comunidad. Si la experiencia no se aviva, la fe languidece y se convierte en una especie de ideología o en un voluntarismo extenuante.

Tal vez por recelo hacia lo emotivo, por miedo infundado a caer en el espiritualismo insensible al dolor y a la injusticia, hemos descuidado el cultivo esmerado de la experiencia religiosa. Tenemos que preguntarnos si nos hemos dedicado a clarificar, fertilizar, cultivar y afianzar este núcleo; o hemos llenado nuestros mensajes y programas con contenidos y actividades en sí mismas valiosas, pero secundarias.

 

Una visión para la acción

Es notable la similitud de las respuestas dadas por católicos franceses y argentinos a algunos  conflictos. Tal vez la agresión sufrida de parte del estado liberal ideológico, la vertiente laicista positivista, etc., hayan construido la idea de una identidad por reacción. Como testimonio de estos vínculos, vale referir que la desconfianza sobre la ortodoxia del genial pensador francés Jacques Maritain4 se originó probablemente en la Argentina5. La adhesión a un ideal político contingente llevó a parte de la comunidad católica a una adhesión política al “dios de las naciones” en virtud

de la cual demoró casi cuarenta años en reconocer el valor político de la democracia; sin perjuicio de que junto a estas sombras existan luces, como el aporte del antirroquismo católico en la configuración de las fuerzas políticas democratizadoras. No es casual el paralelo del peronismo y el gaullismo, en la Argentina y en Francia, confiscando las banderas social cristianas y dificultando la configuración de fuerzas políticas cristianas democráticas. Lo testimonia la frase de Eva Perón a Steverlynck, fundador de las Hilanderías Flandria: “El general y yo nunca le vamos a perdonar una cosa, don Julio: que haya sido peronista antes de Perón”.

No se puede olvidar el vínculo del llamado nacionalismo católico con las realidades descriptas en el informe Nunca más: “Durante la década del 70 la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda”, con víctimas y victimarios católicos en todos los bandos del espectro ideológico de la tragedia.

Hoy se advierte un tono particular de falta de formación crítica en el análisis social y cultural que lleva a la desconfianza monolítica de lo nuevo o a su aceptación acrítica; un conflicto mal resuelto entre “actualidad cultural” y “lealtad eclesial”. Tendemos a pensar que toda renovación es barbarie, y prácticas que fueron eclesiales durante siglos se reciben como amenazas a la integridad de la fe. En otro extremo se piensa que renovar la Iglesia equivale, sin más, a “ponerla al día”, es decir, ubicarla en sintonía con la cultura del entorno, sin mantener la propia identidad. La desorientación sobre cuál es el núcleo de la fe y las consiguientes exigencias es tan grande que impide juzgar las realidades sociales desde la fe.

El misterio de la Encarnación urge a la Iglesia a insertarse en la cultura tras un discernimiento por el que, no sin ayuda del Espíritu, distinga con cuidado, reflexión y paciencia aquello que es conforme al Evangelio y a la dignidad del ser humano de aquello que es deshumanizador e incompatible. Y puesto que todas las culturas llevan dentro de sí rasgos de uno y otro género, a la Iglesia le tocará vivir al mismo tiempo en sintonía y en contradicción con la cultura en la que vive.

¿Cómo manifestar actualmente la contradicción con el poder de turno, para lo cual la Iglesia debe esperar más de una oportunidad inmediata? La respuesta prudencial puede proponer algunos criterios: no caer en los términos del debate secular, salir del estereotipo cinematográfico, evitar ser asociada con las fuerzas reaccionarias, que es exactamente lo que necesita como oponente la masa cultural para legitimar su existencia; y ocultar su carácter cortesano del poder, es decir, no contribuir al espectáculo. Saberse minoría, y actuar como tal; no pretenderse vicario de una voluntad social determinada… no contribuir al espectáculo. Vivir en presencia de Dios, tener autoridad de vida… no contribuir al espectáculo. Ni Tomás de Aquino ni Francisco de Asís son la luz; más bien reflejan la luz. La esencia del cristianismo no es una ideología sino una Persona: Jesucristo.

 

Notas:

 

1. Tal vez la perspectiva pueda resultar extraña, pero en tal sentido debemos recordar la prudencia política de los Padres de la Iglesia rechazando la entrega innecesaria al martirio, al ser éste un don que debe ser aceptado y no algo procurado. Esta perspectiva fue tratada con mayor especificidad y aplicada a la actualidad argentina en: “Principios o circunstancias”, publicado en Criterio, número de noviembre de 2009.

2. La idolatría racionalista del yo introduce una competencia en la elite cultural que la lleva a superarse a sí misma, creando así una singular “tradición de lo nuevo”.

3. Aplico aquí el análisis de los obispos de Pamplona y Tudela, Bilbao, San Sebastián y Vitoria, de sus diócesis en el año 2005.

4. Su discurso en la UNESCO sirvió de base para la Declaración Universal de los Derechos del Hombre de la ONU.

5. Carlos Alberto Scarponi, “La filosofía de la cultura en Jacques Maritain. Génesis y principios fundamentales”, Revista Studium, volumen XII, nº 24, Buenos Aires, 2009

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6 Readers Commented

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  1. Isabel on 8 octubre, 2010

    Creo un productivo análisis que lleva a reflexión sobre el desarrollo “No contribuir al espectáculo”. Más quería acotar que parte del enfoque dado fué abordado por Msr. Casaretto en un Retiro Espiritual que participé en Agosto. Un mensaje donde acentuaba no sobre el voluntarismo sino sobre la Contemplación que da la Fe, por medio de la oración, la humildad. ..Asimismo reconfirmado también en las homilías de otro sacerdote que también contribuye en mí por su generosidad de transmisión de Fé en Jesús y el Padre. Pero reconociéndo el misterio de la Fé, como que la Gracia es otorgada también, creo que la identidad humana le es dífícil en un punto discernir si actúa por “omisión” o por deseperanza a la hora de emitir juicio. Por eso creo ´valido la Oración.

  2. Nelida Signorato on 8 octubre, 2010

    Me siento emotivamente satisfecha de encontrar tan bien fundamentado algo que yo sentía profundamente, especialmente en las acciones contra la nuev ley del Matrimonio.

  3. Gustavo on 9 octubre, 2010

    y… todo es obra de la Industria cultural como bien lo afirmó H.Marcuse.

  4. jose allub on 10 octubre, 2010

    Puedo conocer el correo del sr Estevez ?
    su artículo es algo confuso y de un cuestionamiento cuassi amañado
    José

  5. chela on 25 octubre, 2010

    Por favor ,me gustaria saber algo sobre el señor Roberto Estevez – tiene algun otro escrito ?-
    Su nota ,en general, me pareció realista y varios de sus conceptos llevan a reflexionar …cosa ésta que nos hace bien a todos!
    gracias
    chela

  6. Roberto ESTEVEZ on 13 noviembre, 2010

    Agradezco mucho los comentarios, seguramente de lo que hablamos hay muchos, y mucho más calificados para hablar como se menciona Isabel.
    En relación al comentario de Gustavo, efectivamente, así como grandes pensadores del cristianismo han sabido sacar provecho de los autores paganos, es posible encontrar muy interesantes intuiciones en los movimientos “contraculturales” de los 60. Sin embargo, como nosotros creemos que “Dios está en todas las cosas y lo está del modo más íntimo” (Pieper, CREATURIDAD) estamos seguros que es posible discernir en nuestra cultura la obra de Dios y son pocas cosas las que debemos estar frontalmente (totalmente) en contra. El Evangelio tiene la vitalidad para producir a partir de la cultura presente una nueva síntesis, una nueva civilización cristiana (Cfr. Pablo VI, 1975).
    Para José y Chela, mi correo es restevez@iae.edu.ar y tengo un librito sobre este tema: “Notas sobre la cosmovisión actual” que editó la editorial@unsta.edu.ar

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