“No hubiera debido dejar la Cólquida. Ni ayudar a Jasón a conseguir su Vellocino. Ni convencer a los míos para que me acompañasen. Ni hacer aquella travesía larga y terrible, ni vivir todos estos años en Corinto, como una bárbara semidespreciada y semitemida”.
Medea de Christa Wolf

No es el Sr. Trump lo que debe preocuparnos. Ni sus dichos, ni sus razones ni declaraciones. Él es sólo un significante vacío que toma la forma que más le conviene. En suma, el Sr. Trump no existe, es una creación, una representación. Representa lo peor, en doble sentido, de una fracción importante del mundo que identificamos como occidental. Por un lado encarna los valores éticos más ruines al apoyar ltrumpaudatoriamente un etnocentrismo que creíamos superado, bajo la nueva forma de un pseudo darwinismo étnico/antropológico, impulsando la xenofobia, la exclusión de los otros “distintos”; en definitiva, el rescate de valores cortoplacistas y arbitrarios, opuestos a principios y acuerdos de convivencia. El Sr. Trump expone la versión más degradada del pensamiento liberal, el ultraliberalismo, donde la libertad sólo es brindada a las grandes empresas en detrimento de los derechos individuales de todos, en especial de los diferentes, los migrantes, las minorías raciales, las mujeres, los desplazados, los pequeños pueblos que sufren desastres de todo tipo, incluidas lejanas y desconocidas comunidades.
Pero éste es sólo un aspecto del doble equívoco que comete el Sr. Trump. El otro es el de presentar “soluciones simples”, casi de una “obviedad absoluta”, a problemas de enorme complejidad. Engaña el Sr. Trump con sus afirmaciones, tan fáciles de entender, a aquellas personas que se reducen a una defensa conservadora, desesperada de lo que ilusoriamente creen tener, sin darse cuenta de que esos valores, posiciones, bienes, no son más que figuras transitorias en un ámbito humano más amplio y provisorio. El mayor daño lo provoca al proponer medidas que no sólo son inútiles, sino que profundizan y generalizan los conflictos existentes, ya que son las acciones que él defiende las que han originado muchas de las convulsiones que hoy vivimos.
Varios de los aspectos del drama social actual fueron expresados hace más de tres mil años. Los griegos con su percepción de la naturaleza humana retrataron, en sus mitos y tragedias, las características de nuestra especie que tan poco ha cambiado. Da la sensación de que en treinta siglos no hemos aprendido ninguna de las lecciones básicas. En el mito de Jasón y Medea podemos mirar algo de lo que está sucediendo. Trama de desarrollo lineal que puede resumirse en pocas líneas:
Antes de Troya, mucho más lejos que Troya, envió Pelias a Jasón y los argonautas al reino de la Cólquida, en el extremo oriental del Mar Negro, a la búsqueda del Vellocino de Oro. Allí reinaba Eetes, padre de Medea, quien no tenía intenciones de entregarle el Vellocino a ningún visitante, por mejor cantante que fuera, ya que Jasón era un hábil lirista. Recurre el héroe de la historia a Afrodita y Eros, que lo ayudan a seducir a Medea, cuya participación es vital para tomar el trofeo y luego emprender la fuga en el Argo con destino a Yolco en Grecia. Después de algunas peripecias no menores: matan a Apsirtos, el hermano de Medea que los había alcanzado, por consejo de Circe se casan en una isla que quedaba en su ruta, eliminan a Pelias en Yolco y vuelven a huir; finalmente se radican en Corinto, donde permanecen.
En esta ciudad Jasón decide que estaría mejor casado con Glauce, la hija del rey Creonte, que con Medea, con quien ya tenía dos hijos. Jasón entonces la repudia y Creonte, no conforme con esto, para que nada ensombrezca las nupcias de su hija, la destierra.
Detengámonos en Medea. Princesa bárbara entre griegos, la traición a su patria, la complicidad en la muerte de su hermano, la lejanía, todo le cierra el camino de regreso a la Cólquida. Migrante humillada, despreciada por su marido, ahora desterrada, motivo de burlas entre sus “amigas” griegas, practicante solitaria de una cultura ajena, el mundo se le ha vuelto hostil. Sin lugar adonde ir, se siente en una situación dos veces sin retorno, geográfica y personalmente.
Acorralada en su resentimiento, no encuentra más solución que ejecutar un acto tremendo. Manda a sus dos hijos con el regalo de una corona y un peplo envenenados, que causan la muerte de Glauce y Creonte. Con este acto sella el destino de los dos mensajeros, a quienes ella decide quitarles la vida antes que entregarlos a los corintios.
Sin esfuerzo podemos trazar algunos de los paralelismos que cruzan estos tres milenios. El rey Pelias de Yolco que envía a Jasón y sus expedicionarios a buscar el Vellocino podría ser cualquiera de las potencias occidentales que dirigieron fuerzas militares, coloniales antes y supuestamente pacificadoras ahora, a los países de Medio Oriente; a su vez estas fuerzas replican la incursión de los argonautas. Jasón, por su parte, se apropia del Vellocino, que casualmente es de oro, tal como hoy hacen las compañías petroleras con el oro negro.
Medea es el migrante que se encuentra en medio de civilizaciones donde su cultura es mirada con cierto desdén, segregada en lo social, relegada como mano de obra de segunda categoría, no aceptada plenamente y muchas veces usada como chivo expiatorio; el migrante desplazado y resentido que no ve más camino que la inmolación general, propia y ajena, para manifestar su desesperación. Siente que no tiene nada que perder. No es una casualidad que los países de origen de las Medeas de hoy sean en la mayoría de los casos los mismos que fueron colonizados. Confluyen en la misma lucha, y casi por los mismos motivos, los resentimientos de los migrantes y de las naciones ocupadas.
Desde la caída del Imperio Otomano, en la década del ´20, hasta la fecha, la injerencia de las potencias occidentales y Rusia en Medio Oriente ha sido ininterrumpida, inventando países y gobernantes, fomentando luchas fratricidas; usándolo como campo violento de la Guerra Fría y expresión del sionismo más extremo (hubo manifestaciones más moderadas del sionismo a las que adhirieron varios árabes, entre ellos Faisal). No sorprende que estos países se sientan abusados y que abriguen un intenso deseo de revancha.
¿Cómo encontrar un conjunto de soluciones eficientes que satisfagan mínimamente a todos? Ya sabemos que no pueden ser “simples”, únicas o “finales”; habrá que orientarse hacia los tonos grises, intentar prueba y error, apoyarse en principios humanos que tiendan a la igualdad y armarse de una gran paciencia. Toda sociedad democrática para mantenerse viva, en evolución, debe ser multicultural, porosa; ver a las distintas culturas que la integran y a las que se van agregando como un camino que enriquece. Así como esta integración no implica aceptar conductas que violen las leyes vigentes de cada país, tampoco se debe legislar etnocéntricamente sobre las costumbres, el tipo de vestimenta, formas de practicar una religión o el uso de un idioma.
A nivel de las naciones poco se puede hacer mientras las democracias occidentales persistan en defender intereses nacionales y/o empresariales antes que los principios liberales y democráticos con los que se llenan la boca, pero que tan mal llevan a la práctica puertas afuera de sus países. Es casi una burla decir que se pretende imponer la libertad, la democracia y la paz mediante ejércitos de ocupación que ponen y sacan mandatarios. Por otra parte, el derecho de veto relega al Consejo de Seguridad de la ONU a actuar, en el mejor de los casos, como un mero refugio de buenas intenciones.
Volviendo al Sr. Trump y sus decires, convendría recordarle que Omar Mateen, el asesino de Orlando, es un ciudadano norteamericano nacido en Nueva York hace más de 29 años. Por lo que pobre remedio sería ahora suspender la inmigración de los países con historia de terrorismo, investigar perfiles raciales, etc. Más aún, Mateen es hijo de un matrimonio migrante de Afganistán que ingresó a los Estados Unidos durante la guerra ruso-afgana, vale decir, cuando los afganos y su terrorismo anti soviético eran bien vistos por los Trump de entonces.
El Sr. Trump viola dos fronteras:
1) la ética; porque supone que hay seres humanos que verifican el paradigma “wasp” y otros, de segunda, generalmente cetrinos o más oscuros aún, que no merecen tener los mismos derechos que los blancos protestantes; y
2) la histórico/estratégica; porque de llevarse a cabo las “soluciones” que él propone lo único que logrará es incrementar el resentimiento doméstico e internacional, con la consiguiente intensificación y extensión de los conflictos ya existentes.
Existe un líder que se ha apartado de la corriente maniquea y que parece entender el problema desde una perspectiva más luminosa. Paradojalmente es un líder religioso, el Papa. Francisco, con sus visitas a la isla de Lampedusa, la adopción de familias de migrantes y con sus muchas manifestaciones, entre las que vale la pena destacar la más reciente donde pidió por una solución política en Siria, muestra el camino y desnuda la incompetencia y cortedad de miras de los dirigentes occidentales. Los gestos de Francisco denuncian que se ha disfrazado de religiosa una guerra que no es guerra, ya que no hay dos países en conflicto, y la llamada guerra contra el terrorismo es un problema doméstico, un conflicto puramente político; las razones religiosas que se aducen de uno y otro lado (no olvidemos que se llegó a hablar hasta de cruzadas) son argumentos demagógicos para captar voluntades, apoyos y nuevos combatientes. Pero los móviles son políticos y económicos tanto del lado occidental como por parte de los islamistas.
Casi al final de la tragedia de Eurípides, Medea lanza una frase que estremece: “Los dioses saben quién comenzó la desgracia”.

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3 Readers Commented

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  1. Que bueno! Vale destacar que Trump es producto del resentimiento de, espero sea una minoría, en búsqueda de la dominación a través de soluciones violentas, al final el es una dinamita estadounidense, tal vez deberíamos de verlo como a un terrorista más!

  2. horacio bottino on 10 agosto, 2016

    El Reino de Dios siempre avanza silenciosamente entre las persecusiones del mundo y los consuelos de Dios.¿Era necesario ir 3000años atrás para explicar a Trump?.Una cosa para los griegos la esclavitud eran natural y normal.

  3. Ralph Pikielny on 24 agosto, 2016

    Ramón expone lúcidamente las raíces del fenómeno Trump y su obsceno discurso que tan bien ha captado un segmento del votante americano ( en su mayoría white thrash) y gente que se siente defraudada y sistemáticamente engañada por los sistemas políticos tradicionales. Excelente el ejemplo de Medea, migrante despreciada!, Bien, Ramoncito!!

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