La dramática situación en Venezuela

Históricamente, desde la independencia, Venezuela ha estado gobernada por militares, de sus 27 presidentes electos, 16 lo fueron. Excepto el período de los 40 años de democracia, lo que hoy se denomina Cuarta República, la casi totalidad de sus gobernantes han pertenecido al estamento militar. El Libertador Simón Bolívar decía que “Caracas era un cuartel, Bogotá una universidad y Quito un convento”. Y esta afirmación ha sido cierta hasta la actualidad. El gobierno de Nicolás Maduro, al desenmascarar claramente su totalitarismo convocando una Asamblea Constituyente claramente corporativa que ha de consolidar su poder absoluto, muestra con diafanidad la índole del chavismo y de los populismos de este siglo, el así llamado “socialismo del siglo XXI”.
Cuando Hugo Chávez es elegido por primera vez en 1998, arropado en el rechazo a los partidos políticos tradicionales, Acción Democrática y COPEI (democracia cristiana) jura sobre “esta moribunda Constitución” e impulsa una reforma constitucional que le permite colonizar la justicia y los poderes de control. Ello le garantiza el absoluto manejo de todos los estamentos del Estado. No hay que olvidar que el primer ideólogo del Teniente Coronel Chávez fue un argentino, Norberto Ceresole, ideólogo también de nuestro Coronel Mohamed Seineldín, quien le vendió la idea, netamente fascista, de “Caudillo, Ejército, Pueblo”.
Desde el comienzo el ejército se convirtió en la columna vertebral del régimen chavista, y jefes militares en actividad y en retiro ocuparon cargos como ministros, gobernadores y alcaldes, y las Fuerzas Armadas quedaron en un bien montado sistema de corrupción. Por otra parte, el gobierno chavista se rodeó de gente sin ninguna experiencia política ni administrativa, salvo muy contadas excepciones, lo que llevó a una gran ineficiencia en el manejo del Estado y a una permanente rotación en los cargos ministeriales, lo que generó que sólo el presidente Chávez tuviera una idea más o menos acabada de lo que sucedía en su gobierno.
El fallido golpe de 2002 y el posterior paro petrolero le permitieron al régimen controlar la empresa PDVSA, que es la gallina de los huevos de oro, ya que representa más del 90 por ciento de las exportaciones venezolanas (no debe olvidarse que Venezuela cuenta con las mayores reservas de petróleo del mundo). El alza de los precios del petróleo en la primera década del siglo XXI le permitió al “Comandante eterno” involucrarse en proyectos faraónicos en el exterior, subsidiando el petróleo para Cuba, otros pequeños países caribeños, al alcalde de izquierda de Londres, a los barrios pobres de Nueva York, y en el caso de nuestro país a grupos como las Madres de Plaza de Mayo (línea Bonafini), Barrios de Pie, Luis D’Elía, etc. Venezuela le quedaba chica a Chávez, que aspiraba a convertirse en un mentor del continente, remedando aquello que decía Bolívar de que “tenía un pie en el Orinoco y otro en el Río de la Plata”.
Sumado a este despilfarro, la corrupción. Se calcula que en los años que van desde enero de 1999, fecha en que Chávez asumió la Presidencia, hasta fines del año pasado se evaporaron por hechos de corrupción unos 300.000 millones de dólares. Cabe recordar que en los años de oro de los precios petroleros el país recibía a través de PDVSA unos 70.000 millones de dólares, manejados a voluntad por el caudillo.
La muerte de Chávez y la asunción de un personaje como Nicolás Maduro, de muy limitadas calificaciones, no hizo más que agravar la situación, llegándose así al día de hoy en que falta lo más esencial: medicamentos, alimentos y todo lo que requiere un pueblo hambreado y saqueado.
Otro tema a mencionar es la violencia común, habiéndose convertido Venezuela en el país más violento del continente, con 30 mil muertos durante 2016.
Con este verdadero autogolpe, el chavismo no ha hecho más que duplicar la apuesta. Ya en su momento, en vida de Chávez, al triunfar la oposición en las elecciones para las Gobernaciones y la Alcaldía Metropolitana de Caracas, el gobierno colocó un gobernador designado a dedo por encima del elegido por el pueblo, entregándole todos los poderes y edificios municipales a éste, y en el caso de las Gobernaciones, quitándoles el manejo de las rutas, aeropuertos y puertos, es decir, dejándoles un esqueleto de poder.
A la Asamblea Nacional, dominada por la oposición, la ha hostigado permanentemente, agrediendo a los diputados, no pagando los sueldos a los funcionarios del Poder Legislativo, cortando los servicios del edificio donde funciona dicha Asamblea y todo otro tipo de atropellos. La convocatoria y juramentación de la nueva Asamblea Constituyente, donde sólo participan partidarios del régimen, es más de lo mismo. Hasta la empresa que contabilizó los votos ha denunciado un fraude masivo, de más de un millón de sufragios. El chavismo ha sido democrático sólo cuando ganó elecciones. De hecho, los comicios de los gobernadores y autoridades estaduales se han venido postergando desde el año pasado y el referéndum revocatorio del mandato de Maduro, que reunió el número de firmas necesarias para su realización, tampoco ha tenido lugar, burlando abiertamente la voluntad popular.
Lo que sucede es que han cambiado las condiciones regionales. Brasil, que fue un firme aliado del chavismo bajo Fernando Henrique Cardoso, Lula y Dilma, y gran beneficiario de la obra pública venezolana, Odebrecht mediante, ahora está en la vereda de enfrente. Lo mismo sucede con nuestro país, donde la turbia alianza del kirchnerismo con Caracas a través de la embajada paralela terminó afortunadamente con la elección del presidente Mauricio Macri; y los otros socios del socialismo del siglo XXI (Ecuador, Bolivia y Nicaragua) se encuentran en dificultades, especialmente Ecuador, donde el presidente Lenín Moreno tiene actitudes conciliadoras, muy distintas a la de su antecesor, Rafael Correa.
Lamentablemente, no vislumbro un futuro pacífico en Venezuela, no veo una posibilidad real de diálogo democrático, básicamente porque el chavismo no es democrático ni cree en la democracia. Todos los intentos de mediación, desde los del papa Francisco, a Rodríguez Zapatero y varios ex presidentes de la región, sólo han dado algo de oxígeno al gobierno, sin lograr ningún avance en el camino de la reconciliación y una negociación real. Tampoco creo en la posibilidad de un golpe militar, ya que los militares están involucrados muy fuertemente en la corrupción. No hay que olvidar que más del 60% de la droga colombiana sale al exterior desde Venezuela, con evidentes complicidades de las autoridades.
Hoy por hoy, sólo veo una consolidación autoritaria que convertirá a Venezuela en una nueva Cuba, aislada de la región, y dependiendo cada vez más de potencias extra regionales como China, Rusia e Irán. A la primera de estas naciones Venezuela le adeuda 65.000 millones de dólares, que paga con su petróleo, y el sector ha sido penetrado activamente por empresas chinas.
Ya Venezuela se ha retirado de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y de la Organización de Estados Americanos y ha sido suspendida del Mercosur. Su reciente elección de la Asamblea Constituyente ha sido condenada por la inmensa mayoría de los países democráticos del mundo. Muchas de las aerolíneas que volaban a Caracas han suspendido o reducido sus frecuencias.
Entiendo que la adopción de medidas de bloqueo económico puede ser contraproducente, dado que quien sufrirá sus consecuencias será el ya hambreado y desabastecido pueblo venezolano. Cuba es un ejemplo del fracaso de ese tipo de políticas, aunque su régimen ha sobrevivido 58 años, más de dos generaciones, al bloqueo norteamericano. Por otro lado, Venezuela no es Cuba. Mientras la isla tiene escasos recursos naturales, Venezuela cuenta no sólo con las mayores reservas de petróleo, como ya he dicho, sino que podría ser un productor de alimentos de envergadura, dadas sus condiciones de suelo.
La dramática fuga de ciudadanos venezolanos al exterior, hablándose ya de cifras que superan los dos millones, habiendo en nuestro país un estimado de 36.000 refugiados, muestra claramente el desastre que se ha desencadenado. La mayoría de estos exiliados son jóvenes, en gran parte graduados universitarios, lo que augura un negro futuro para un país que expulsa a sus sectores más calificados.
Creo que, ante la desesperación por la falta de alimentos, medicinas y todo lo esencial, puede repetirse un Caracazo, donde los sectores más humildes bajen de los cerros que rodean la capital y se produzca una matanza como en épocas de Carlos Andrés Pérez. Ante una situación de caos, con muchos más muertos que las cifras actuales, algún jefe militar podría tomar el poder e iniciar, apoyado por la región, un camino que lleve a elecciones libres y democráticas. Entiendo que esto no es lo ideal, pero parecería que ante la obcecación del gobierno de Maduro, no existe otra alternativa viable.

El autor es Académico, ex embajador en Venezuela, entre otros países, con vasta trayectoria docente.

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3 Readers Commented

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  1. lucas varela on 9 septiembre, 2017

    ¡Señor ex embajador,
    Con todo respeto: su ligereza para decir cosas tan pesadas, hacen a su artículo indigesto.

  2. Luis von Wetzler on 9 septiembre, 2017

    Completamente de acuerdo de principio a fin del comentario, conozco al autor, aunque no publiquen su nombre, fue otra víctima del chavismo local o del kirchnerismo que es lo mismo, con matices diferentes. Espero que Su Santidad nuestro Papa Francisco, lea este estupendo artículo, ya que a veces creo que está pésimamente aconsejado, en cuanto a Venezuela y ciertas amistades non sanctas que tiene en nuestro país y otros lares, felicitaciones por la nota a Criterio y al autor.

  3. MIGUEL ANGEL FASSON on 11 septiembre, 2017

    Carlos Andrés Pérez fue un presidente corrupto, de principio a fin de su mandato. La historia de Venezuela demuestra que tiene el gobierno que se merece. La democracia es también responsable de lo que sucede en Venezuela hoy, ya sea por error, corrupción u omisión.
    Dejemos que los venezolanos resuelvan sus problemas entre ellos. El autor del artículo, finaliza el mismo haciendo caso omiso a las clases sociales que llevaron a ese país a este presente.
    En Argentina, las clases conservadoras de la década del 20, 30 y 40 son las verdaderas responsables del surgimiento del peronismo. A no olvidarlo

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