Aportes franciscanos a la economía del futuro

Reseña del libro La Economía Silenciosa. Economía de Comunión, Empresas y Capitalismo, de Luigino Bruni y Anouk Grevin (Buenos Aires, 2017, Ciudad Nueva).

La Economía de Comunión (EdC) es el tema de este libro de Luigino Bruni y Anouk Grevin, de reciente edición. No es un libro más del vasto trabajo de Bruni, que desde hace muchos años viene difundiendo estas ideas. A más de 25 años del lanzamiento de la EdC por parte de Chiara Lubich, los autores buscan reseñar aspectos centrales y desafíos actuales y futuros de esta visión.
Los autores describen cuatro tipos de economías en nuestro tiempo. Primero, el capitalismo financiero y especulativo, expresado mayormente en las empresas multinacionales y las finanzas globales, con su eje en el afán de lucro y la maximización de ganancias, y con impactos no favorables sobre la inclusión de los trabajadores y la biodiversidad. Aun siendo una forma de expresión dominante en el mundo de las empresas, por su tamaño y facturación, este capitalismo comparte escenario en la producción y el empleo con otras tres expresiones. Ante todo, con un capitalismo de empresas familiares y fábricas más pequeñas, muchas agrícolas y artesanales. Luego, con las empresas del denominado “tercer sector”, donde predominan las cooperativas y ONGs. Finalmente, en el marco de la sharing economy (la economía del compartir), se encuentra la EdC.
El libro se divide en seis capítulos, de atrapante lectura, pero podría sintetizarse en dos partes: la crítica al capitalismo y a sus fundamentos, y la presentación de la EdC como opción. El capitalismo “es un camaleón”, “hace como los imperios”, “destruye la biodiversidad” e “incrementa la desigualdad”. Con estas frases tratan de señalar aspectos no deseados de este sistema, que, poniendo el énfasis en el beneficio, posterga o directamente olvida otros elementos imprescindibles para un relacionamiento humano más digno, en la lectura de los autores.
La EdC tiene algunos antecedentes dignos de destacar: las empresas sociales, con predominancia en algunos lugares de Europa (Francia, Italia, Eslovaquia, y aún Brasil); y la Responsabilidad Social Empresaria (siempre que no sea presa de un enfoque capitalista). En efecto, las empresas de la EdC son el resultado de tradiciones y valores compartidos a lo largo de siglos.
La EdC es ante todo una cultura, un estilo de vida. Busca formas de gobernanza y gestión más conformes a su ideal de compartir. En esta sharing economy se redefine la vocación del empresario a partir de una lógica del don y la gratitud. Crear una empresa es establecer un compromiso con el trabajo de otros hombres, que son vistos como hermanos y copartícipes del proyecto productivo.
La EdC tiene raíces europeas, desde la alta Edad Media, y, particularmente, desde el surgimiento de la fraternidad Franciscana. El rol del franciscanismo habría sido importante en la consolidación gradual de la ética del mercado en Italia desde entonces y hasta los comienzos de la modernidad. El mercado era visto como un espacio de encuentro fraterno entre hombres que, en un marco de libertad, establecían una nueva forma de relacionamiento para la época, en base a determinados valores y virtudes. La reforma protestante, por el contrario, es criticada por los autores, dado que separa al mercado (business) del ámbito del don (gift) y las relaciones civiles. Así, no queda espacio para la reciprocidad y el don, pues el interés y los resultados dominan las acciones humanas.
La consolidación de la “economía civil” italiana encuentra una síntesis notable en Antonio Genovesi, contemporáneo de Adam Smith, quien, desde una aún interesante y activa Nápoles describe el funcionamiento de la producción y el intercambio en una economía civil donde predominan el relacionamiento humano y el intercambio justo en el mercado. No por nada Genovesi y Smith creían en la cooperación humana, pues ambos describían procesos coincidentes en el tiempo, para dos países diferentes, pero bajo un rol activo del mercado.
Es claro que las mayores experiencias empresarias de EdC se han dado en Italia y Brasil. No por nada son dos países donde la evangelización franciscana ha tenido un peso relativo decisivo, estableciendo relaciones de mayor fraternidad entre algunos actores económicos. Los autores también destacan que la EdC ya es objeto de enseñanza en algunas universidades de Europa.
EdC es, entonces, un relacionamiento de mercado entre actores a partir de valores como fraternidad, reciprocidad, gratuidad, don y confianza, donde los empresarios generan trabajo digno y los trabajadores se sienten partícipes del proyecto. No priman los intereses de mercado, sino los valores compartidos. Es una nueva manera de pensar la empresa y el mercado.
En un mundo donde la globalización y la impersonalidad crecen de manera sostenida, donde existe una gran duda acerca del empleo del futuro, donde la revolución tecnológica promete cambiar radicalmente la organización empresaria y eliminar puestos de trabajo, la EdC, que hoy es una experiencia acotada en países, sectores productivos y regiones, puede ser una luz de esperanza y un aporte técnico que agregue soluciones al futuro del capitalismo, la empresa y el empleo.

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2 Readers Commented

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  1. lucas varela on 12 septiembre, 2017

    Estimado señor Ernesto O¨Connor,
    Muy interesante, muchas gracias.
    Economía en comunión suena bien, casi redundante.

  2. horacio bottino on 12 septiembre, 2017

    Muy lejos del ateísmo práctico del dios dinero de hoy donde las finanzas superan 38 veces a la economía real.Laudato si

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