La Revolución ha muerto

Reseña de El deseo de revolución, de Tomás Abraham (Buenos Aires, 2017, Tusquets).

A vos, Sartre

Con esta dedicatoria, cariñosa, de cachafaz orillero inicia su libro Tomás Abraham. Una dedicatoria que, como se verifica más adelante en el texto, no sólo no es insolente sino que se acomoda totalmente al Sartre post ‘68. Y que también es indiciaria del tono general de la obra. Sin afectaciones ni circunloquios, en el estilo que se le conoce, Abraham dará sus opiniones y realizará los análisis que correspondan en forma directa y sin esquivar el bulto.
Más que un libro de filosofía es de historia de un momento y situaciones muy especiales del pensamiento. El arco comprendido abarca del París del ‘43 hasta finales del siglo XX, haciendo una pasada por la Argentina de los ‘80. Tiene claramente dos héroes centrales, Jean Paul Sartre y Michel Foucault, generadores de las corrientes filosóficas más influyentes de los últimos 70 años. No deja de lado a sus contemporáneos ya que, como dice Abraham, “Con cierta frecuencia, el pensamiento de un filósofo se elabora en relación con otro filósofo (…) una sombra que nos acompaña si no es que no nos persigue”.
El desacartonamiento y agilidad de la escritura hacen que el libro se lea como una novela plena de intensidad y cierto dramatismo. Intercala el examen de posiciones con momentos de la vida de los personajes, muchas veces reforzados por experiencias narradas en primera persona: en los años ‘60 Abraham vivió y estudió en París y fue alumno de Foucault. Resultan apasionantes los detalles de las polémicas de Sartre con Camus, Merleau Ponty, Raymond Aron, Bataille… y la lista sigue; y las de Foucault, con un estilo más indirecto, con Sartre (a quien reconocía como filósofo del siglo XIX), los maoístas, los revolucionarios marxistas y todas las filosofías de ansias totalizantes (Althusser incluido). Con conocimiento profundo pero letra clara y rápida, Abraham expone los argumentos de una y otra parte, generalmente con una ironía provocadora y grata para el lector.
La descripción de la situación de los escritores franceses durante la Ocupación y el paralelismo con lo vivido en nuestro país durante la última dictadura es original y explica la injusticia de juicios y categorizaciones (“colaboracionistas”) pocas veces verificados. Desde ese costado humano trata los motivos de las sucesivas “conversiones” –de Sartre y varios más–, del existencialismo al comunismo, del comunismo (Gulag mediante) al maoísmo, del maoísmo (Revolución Cultural) al humanismo en algunos casos, en otros a la religión (Benny Levy al judaísmo). Como lo escribe Abraham: “Una generación se quedó sin utopías, sin esperanza de un mundo mejor, (…) Se quedaron sin Revolución”.
En 1981 Les Temps Modernes dedica un número a la Argentina, donde escribieron varios autores nacionales. Abraham revisa lo hecho por Viñas, Portantiero y Rozitchner en esa edición. Más adelante hace lo mismo con el grupo Contorno formado por Masotta, Correa y Sebreli y la famosa carta de Del Barco, entre otras expresiones de nuestros intelectuales. El juicio crítico es fulminante: “Al revés de lo que decía Heráclito, los argentinos siempre nos bañamos en las mismas aguas, o sea, en un estanque”.
La “novela” concluye con la muerte de Sartre y la pelea por su “testamento” intelectual, donde revisa y corrige su posición histórica, publicado en el Nouvelle Observateur. Simone de Beauvoir y la hija adoptiva de Sartre lo objetan como producto de la influencia de Benny Levy, asistente cotidiano del escritor, sobre una persona, según ellas, ya muy disminuida.
Parafraseando a Nietzsche, ¿no será momento de pensar si ese otro absoluto, la Revolución, no habrá también muerto?
El libro de Tomás Abraham aporta una visión que no debiéramos soslayar.

Twitter: @ramcez53

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