Siempre estuvimos atentos a los temas de familia buscando aprender la mejor forma de desarrollar la comunicación entre padres e hijos.

 

En 1990 hicimos unos talleres de comunicación y encontramos en ellos la justificación de lo que desde hacía algunos años realizábamos intuitivamente. Identificamos una cantidad de herramientas que, a partir de ese momento, pudimos comenzar a emplear con eficacia para definir adecuadamente las situaciones y encontrar soluciones personales o compartidas a distintos problemas.

 

Nuestro diálogo familiar se transformó. Dejó de ser un mero transmitir experiencias y acontecimientos cotidianos para convertirse en un elemento indispensable en nuestra educación y en la de nuestros siete hijos como personas. Animarnos a abrir el diálogo en la familia fue una barrera que debimos pasar, pues no sólo significó incorporar temas de los cuales antes no hablábamos, sino que requirió poder escucharnos y entendernos, admitiendo que no somos dueños de la verdad y que no sólo lo que nosotros pensamos es lo mejor. Cada uno es diferente del otro y esto exigió un acompañamiento personal en el proceso de analizar las dificultades para que cada uno encontrara, desde sí mismo, sus propias soluciones.

 

Desde esta experiencia dentro de nuestra propia familia, decidimos compartir la oportunidad que habíamos tenido de realizar el cambio; y de hacerlo sobre la base de una premisa que consideramos fue nuestro punto de partida y referente permanente: “la familia vale en sí misma y tiene un efecto fundamental en la sociedad y en la formación de las personas y en su desarrollo integral”.

 

Desde hace seis años animamos, como matrimonio, los mismos talleres que habíamos hecho nosotros 1. Nos entusiasma la posibilidad de cambio que ellos abren. El conocimiento de nuevas herramientas permite dejar de lado actitudes que pueden resultar un obstáculo para una buena comunicación.

 

Los talleres buscan en primera instancia la identificación de los espacios personales y familiares de acción. Definir con claridad las características del espacio donde ocurren las cosas, los éxitos y las dificultades, nos permite ayudar a la persona a trabajar con precisión sobre el problema en sí y no confundirse con soluciones brindadas desprejuiciadamente, aunque con buena voluntad, desde espacios ajenos o realidades distintas.

 

– Promovemos el reconocimiento como una forma de afirmación positiva de los comportamientos y la persona. Si decimos: “Me gusta como dejaste ordenado tu cuarto”, le estamos diciendo a la persona que la hemos visto, que hemos apreciado su trabajo y le permitimos conocer que está bien y nos gusta. Es una forma de educar por lo positivo.

 

– Destacamos la necesidad de identificar los sentimientos, en la forma más precisa posible, y nombrarlos. Reconocer nuestros sentimientos con mayor claridad nos permite trabajar detalladamente sobre ellos. Si nos afectan negativamente, sabremos exactamente sobre qué actuar; si nos resultan positivos, podremos identificar situaciones que nos permitan recrear esos sentimientos.

 

– Marcamos la necesidad de aprender a escuchar en forma activa, sin sentir la necesidad de responder, sino acompañando a la persona en su sentimiento. Mediante la reformulación y el reflejo permitimos que la persona escuche su propio mensaje e identifique su sentimiento.

 

– Animamos a educar en la libertad mediante el reemplazo de los premios y los castigos, que actúan sobre el pasado, por la aplicación de las consecuencias lógicas.

 

– Promovemos anticipar el conocimiento y la toma de conciencia de las consecuencias de los actos y permitir luego la libre opción sobre su puesta en práctica, lo que implica la simultánea aceptación de sus consecuencias.

 

– Aprendemos a expresar nuestros sentimientos como situación real de nuestros estados de ánimo, con el “mensaje en yo”: sólo nosotros somos responsables de nuestros sentimientos; nadie me provoca nada si yo no se lo permito; soy dueño de decidir cómo me afecta el mundo exterior y lo que en él sucede.

 

En la familia, en cuanto a lo que significa el orden de funcionamiento y los conflictos de necesidades, trabajamos según un esquema de autoridad participativa. Este sistema se basa en la vivencia de un conjunto de valores: igualdad, dignidad, diálogo, respeto a las personas, a las leyes, a las decisiones, responsabilidad, etc. Se aplica a partir del servicio y de la firmeza. Los padres crean condiciones para que pueda haber igualdad de participación y juntos buscar una solución satisfactoria para ambos. Partimos de la base de que en casos de conflictos de valores no existe negociación posible y promovemos su clarificación y transmisión.

 

En 1994 decidimos avanzar más en nuestro compromiso de promover la familia y la vida familiar: constituimos la Fundación Aljibe para trabajar en un marco orgánico. A partir de ese momento, además de la continuidad de los talleres de comunicación para padres, desarrollamos talleres similares para jóvenes, docentes y dirigentes y empleados en empresas, y la preparación de los novios para la vida matrimonial.

 

La ampliación de los destinatarios de los talleres se debió a que advertimos la necesidad de apoyar también en su individualidad a las personas que componen una familia. Así encaramos el tema de la escuela y de la empresa. Allí muchos de los miembros de una familia pasan la mayor parte de sus horas y es preciso que el esquema trabajo-familia se rija por la complementariedad y no competencia.

 

El trabajo destinado a la formación de los novios comenzó compartiendo una iniciativa de dictar un curso extensivo de trece semanas en la parroquia del Socorro; y se complementó con una presentación al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires para el dictado de un curso optativo para quienes se anotan para casarse en el Registro Civil, que aún no pudo concretarse. Creemos que prestar una colaboración a los novios en esta circunstancia es una forma de ayudarlos a valorar el camino que emprenden y la familia que comienzan a formar.

 

Trabajar en la sociedad de hoy por la familia es una forma concreta de trabajar en prevención, tanto en lo social (niñez en riesgo, mujer golpeada, delincuencia, desempleo, etc.) como en salud (adicciones: droga, alcoholismo, etc.), ya que situaciones de desequilibrio o inconvenientes en la estructura familiar suelen causar inestabilidad emocional o crisis de valores en las personas. Estos factores pueden ser desencadenantes de actitudes personales antisociales o violentas, para consigo mismos o con terceros. Solidificar las estructuras familiares será entonces una importante alternativa de prevención.

 

En este momento estamos desarrollando otro proyecto: el establecimiento de un Servicio de Consultoría Familiar dentro de la Fundación Aljibe, donde puedan recurrir las familias en situaciones específicas de crisis y encontrar allí un servicio de capacitación para mejorar la organización del funcionamiento familiar.

 

Nos interesa también desarrollar actividades que tiendan a la recuperación familiar del “abuelazgo”, donde nuestros hijos valoren el vínculo con la tercera edad, sus aportes y compartan su historia, como una forma de rescatar valores de tradición que vale la pena conservar y desarrollar. En la tarea de crecer en valores en la familia, el aporte de nuestros antecesores es invalorable y constituye una metodología de incorporación inigualable. 

 

Las actividades que desarrollamos, además de significar un pequeño grano de arena puesto al servicio de la comunidad, han representado para nosotros y nuestra familia un enriquecimiento muy provechoso, a tal punto que si en algún momento nos desilusionáramos en lo comunitario, perseveraríamos en ellas por lo que significan para nosotros mismos. Crecemos con cada tarea, cada taller y cada proyecto que animamos, porque nos ayuda a valorar nuestra propia familia.

 

 

 


1. Talleres de LECI de Raimundo Roy.

1 Readers Commented

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  1. fernanda vergara on 24 septiembre, 2021

    Buenos días,dónde se imparte actualmente este taller?

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