“No hay clasificación del universo que no sea arbitraria y conjetural. La razón es muy simple: no sabemos qué cosa es el universo”, ha escrito Borges frente a la categorización universal efectuada por su apócrifo personaje enciclopédico, John Wilkins. Otro inglés, pero contemporáneo y con mayores probabilidades de pertenecer al mundo de lo sensible, el director de cine Peter Greenaway, ha tomado esta paradoja como leitmotiv de sus producciones cinematográficas. Nacido en 1942, su primera vocación fue la pintura, lo cual influirá notablemente en la posterior composición de los planos en sus films. Su fuente de inspiración está constituida por un amplio repertorio histórico: la pintura holandesa del siglo XVII, los paisajistas ingleses como Constable, Vermeer para ZOO, Piero della Francesca en El vientre de un arquitecto, los prerrafaelistas en Conspiración de mujeres, los bodegones holandeses y Franz Hals para El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante, y los pintores manieristas en La tempestad.

 

En 1966 Greenaway comienza una prolífica carrera como director de cortometrajes, y continúa trabajando en el montaje de numerosos documentales para la Central Office of Information británica. Su obsesión por el formato documental lo ha llevado a componer cortos imitando esta estructura, pero sobre temáticas excéntricas y ficcionales. Luego creará inventarios apócrifos, explicitando la arbitrariedad que subyace en todo sistema. Utiliza el recurso de sugerir informaciones veraces dadas como fantasías, yuxtapuestas con informaciones imaginarias presentadas como reales, confundiéndolas en un complejo juego de combinaciones formales. Desaparece entonces toda narración y queda expuesto el vacío, el sinsentido opreso bajo el exceso de información.

 

Sus películas fueron construidas bajo este estigma: carencia de un argumento convincente, negación de elementos que busquen la identificación del espectador, exacerbación del artificio y el uso de códigos autorreferenciales. No se trata de un director complaciente con el público masivo, su obra ha abierto controversias y sus películas fueron tildadas de “vacíos juguetes intelectuales”. Amado y odiado, Greenaway continúa produciendo un cine distinto, exigente, hermético, donde el placer estético da lugar a la duda filosófica, a la crisis de la representación.

 

El Museo Nacional de Bellas Artes realiza un ciclo en homenaje a Peter Greenaway con la proyección de los siguientes films los viernes a las 18:30: El vientre de un arquitecto, ZOO (A zed and two noughts), La tempestad.

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