Pilar insustituible del “Nuevo cine alemán” de los años 70, Volker Schlöndorff es uno de los directores más rigurosos y profesionales de la actualidad. Creador de películas de gran impronta como El Tambor o La repentina riqueza de la pobre gente de Kombach, su cine testimonia y denuncia la dolorosa realidad social presente en la historia humana.

 

Si con La leyenda de Rita (su anterior realización no estrenada en la Argentina), Schlöndorff realiza una visión retrospectiva hacia la tradición del cine proletario, humanizando a sus personajes, es con El noveno día (ya comentado por Daniel Sendrós en ocasión del Festival de Mar del Plata, Criterio, abril 2005) cuando interroga al espectador, de manera fina y sensible, sobre las contradicciones que surgen entre una conducta individual y una social tomando como modelo un hecho real que involucró a uno de los tres mil ministros católicos en cautiverio en el campo de concentración de Dachau en plena expansión del poderío y la barbarie nazi.

 

La historia se basa libremente en la vida del religioso Jean Bernard, aquí llamado padre Kremer, que estuvo preso en ese campo de concentración de Dachau y que fue secretario general de la Oficina Católica Internacional del Cine (OCIC, hoy Signis). En El noveno día, el padre Kremer es liberado y devuelto a Luxemburgo por el plazo de nueve días. Es todo el tiempo que posee para convencer al obispo de Luxemburgo de emitir un comunicado apoyando a Hitler y conseguir así, para él y otros sacerdotes, la libertad total; de no lograrlo, su destino y el de los demás curas puede ser la muerte.

 

Queda así planteado un profundo dilema moral porque, si bien Kremer se opone al pedido que le realizan en Luxemburgo desde un primer momento, debe elegir en una honda confrontación que involucra nada menos que la vida o la muerte de sus pares de la Iglesia. Surge aquí el interrogante: ¿condenar a sus compañeros y salvar la dignidad o apoyar la barbarie para conseguir la libertad? Como hábil contrapunto, el film presenta sus conversaciones con un joven oficial nazi (ex seminarista) que lo enfrenta con las diferencias entre un supuesto pensamiento teórico y la ambigüedad de los sentimientos dentro de una realidad compleja.

 

El actor alemán Ulrich Matthes, paradójicamente el Goebbels de La caída, interpreta magistralmente al sacerdote víctima de los nazis.

 

Volker Schlöndorff entrega un apasionante relato sobre la lucha entre las razones políticas y la fortaleza de la fe con profunda honestidad intelectual que remite, sin lugar a dudas, a su juvenil paso por el colegio jesuita y que hace honor a las palabras de un gran realizador y teórico como Andrei Tarkovski que en su libro Esculpir en el tiempo afirmó: “La obra siempre será el resultado de un esfuerzo intelectual en busca del perfeccionamiento del hombre, la expresión de una visión del mundo que nos atrapa por la armonía del pensar y del sentir, por su dignidad y sencillez”. El noveno día retoma un necesario y fecundo diálogo entre el cine y la espiritualidad en clave ética. Algo que hizo famoso a directores tan disímiles como Bresson, Buñuel, Zanussi o Pasolini y que es tan necesario para la dignidad del hombre como significativo para la historia del cine.

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