La nueva encíclica social de Benedicto XVI ocupará un sitio de honor en la serie de documentos en esta materia, que datan desde 1891, con Rerum novarum. Caritas in veritate será inmediatamente sondeada en busca de lo que tenga que decir sobre las preocupaciones contemporáneas, como son la crisis crediticia, el calentamiento global, la migración masiva y el desempleo. Pero su verdadera importancia, si bien de menor interés periodístico, radica en su desarrollo de la tradición. Cada encíclica social ajusta sutilmente posturas de papas anteriores y explora con mayor profundidad puntos que antes apenas habían sido tocados. Así, la más reciente de la serie, Centesimus annus de Juan Pablo II, de 1991, dio la bendición oficial, si bien con reservas, a lo que denominó “economía de empresa”, aunque sostuvo que la creación de riqueza del libre mercado debía conducirse sujeta a las exigencias del bien común.
Caritas in veritate es mucho más cauta. Los voceros del Vaticano han tenido que negar que fuera anticapitalista, pero no hay dudas de que es crítica de la llamada “corriente principal” de la economía y su fallido modelo antropológico del “hombre económico” impulsado por un interés propio racional. En efecto, aporta profundidad filosófica a la percepción generalizada de que el afán de obtener ganancias ha llevado al sistema económico mundial a un catastrófico callejón sin salida. Aboga por el “don” y la “fraternidad” como dos ideas que debería incorporar una economía más humana, y sugiere que el llamado sector del voluntariado debería ocupar un lugar más preponderante del que ocupa hoy. Los gobiernos –y las conferencias de obispos locales– tendrán mucho para reflexionar a partir de la defensa que el Papa emprende de la economía de “mercado civil” y de otros tantos aspectos de esta encíclica.
El papa Benedicto ha cimentado su enseñanza en la encíclica Populorum progressio de Pablo VI, publicada en 1967. Su tema del “desarrollo humano integral” proporciona a Benedicto una herramienta incisiva con la cual examinar la sociedad moderna y sugerir modos en que precisa avanzar para verdadero beneficio de la humanidad. Esto confiere al enfoque de Caritas in veritate un aire distintivo que es optimista en cuanto a las posibilidades humanas, incluso en el ámbito económico.
Es sabido que hace ya dos años existía un borrador de esta Encíclica, antes de que se manifestaran los peores efectos de la crisis económica, y que éste ha sido revisado mientras la crisis iba adoptando una forma más definida. El papa Benedicto no quiso grabar su nombre en un documento que fuera rebasado por los acontecimientos. Demasiado pronto para afirmar que el capitalismo estaba terminado; en cambio, pregunta si resulta conducente al desarrollo humano integral, y así medido, lo encuentra deficiente.
Algo importante ocurre con respecto a las relaciones entre el Vaticano y el catolicismo de los Estados Unidos. [El Papa] debía reunirse con el presidente Barack Obama ayer, y es notable cuánto más favorable ha sido el tono del Vaticano hacia él si se lo compara con el de los obispos norteamericanos, y en especial, del vociferante grupo de presión neoconservador católico. Antes de que fuera nombrado Papa, el cardenal Ratzinger era algo así como un favorito de ese grupo de presión; esta Encíclica no les va a gustar en absoluto.
Poco servirá para consolar al grupo (que suele ser escéptico cuando se trata de cambios climáticos) que el papa Benedicto no respalde específicamente el consenso científico de que el calentamiento global es una realidad. Es directo al detallar la manera en que la humanidad debe aprender a tratar el medio ambiente con respeto: no como un extra opcional, sino como vital para su supervivencia. Los cambios de estilo de vida son esenciales; así lo exige el desarrollo humano integral. La ecología humana y la natural son una. Tanto en este aspecto como en muchos otros, la encíclica representa una reafirmación formidable de la enseñanza católica.

Del editorial de The Tablet, 11 de julio 2009.
Traducción: Silvina Floria.

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