Hoy publicamos las múltiples opiniones recibidas en nuestra web, tras los debates que recogió la revista en sus ediciones de julio y agosto último (CRITERIO Nos 2361-62). La pluralidad de puntos de vista es analizada por el padre Gustavo Irrazábal, recién llegado de Trento (Italia), donde participó de una reunión internacional a la que asistieron 700 teólogos morales de más de 73 países, que trataron sobre la ética católica hacia el futuro (ver pág. 382). En un próximo número de CRITERIO debatirán representantes de las distintas Iglesias, sobre las repercusiones que tendrá la nueva ley de matrimonio civil, en la cultura y la vida de la sociedad. Se consultará a ellas si la ley plasma un fenómeno cultural extendido o la imposición de una activa minoría, y cómo harán las religiones de ahora en más para restablecer el vínculo entre fe y cultura en el seno de una sociedad pluralista y secularizada. Quienes deseen sumar sus opiniones, pueden hacerlo aquí, en: www.revistacriterio.com.ar/debates

 

Arturo Prins

Discriminar

Padre Gustavo Irrazábal: quien está tratando de confundir es usted, pues el significado de discriminar (del lat. discrimināre) es, según la Real Academia Española: 1. tr. Seleccionar excluyendo. 2. tr. Dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, etc.

Al hacer usted la acotación de diferenciar injustamente, está actuando con saña, por lo que todo lo que dice pierde validez.

 

Joaquín Alvarez

 

Discriminar (II)

Joaquín Alvarez escribe de mala fe. El primer significado de discriminar, en el diccionario de la Real Academia, coincide totalmente con la primera acepción que explica el padre Irrazábal, pero el señor Alvarez lo acusa de confundir con saña.

El que confunde con saña es Alvarez ya que todos los días de su vida discrimina. Un ejemplo obvio: compra una docena de manzanas y si alguna está mala la separa; otro: elige para almorzar un plato que le gusta y no otro que no le place; esto es discriminar; el docente aprueba al alumno que demostró saber la asignatura y al que no, lo reprueba. La igualdad, ha dicho la Corte Suprema, es tratar de forma igual a los iguales, y en iguales circunstancias. Así, en derecho laboral, no se puede tratar igual al patrón que al obrero.

Gonzalo Fernández

 

Discriminar (III)

Es la primera vez que ingreso a la web de CRITERIO. Evitaré opinar sobre el tema. Sólo quiero hacer una observación: la palabra discriminar tuvo como primera acepción, hasta 2003-04 aproximadamente, la de separar, distinguir, diferenciar una cosa de la otra. La segunda acepción, desde 1960, fue cuando se produjeron movimientos culturales como el de los hippies, la revolución sexual, etc., y significaba: dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, etc. Ambas acepciones se ven en los diccionarios de la Real Academia Española de esos años y en diccionarios de otras lenguas (Merriam-Webster Online, en inglés; diccionarios italianos y franceses, etc.).

Así, los mentores de los movimientos revolucionarios de entonces, modificaron los significados (manipulación del lenguaje) para que las palabras expresaran lo que era afín a sus intenciones. Para la segunda acepción, había palabras como marginar, segregar, postergar, relegar, apartar, minusvalorar, etc. Pero eligieron discriminar, que sólo significaba distinguir. ¿Por  qué? Explicar esto nos aclararía muchas cosas.

Tengo 63 años, soy ingeniero en electrónica y uno de los circuitos típicos para recuperar el sonido en los receptores de radio FM se llamaba “discriminador de frecuencias”. ¿Cuál de las acepciones actuales le cuadraría? Si las palabras no se adecuan a nuestros intereses ¿les cambiamos el significado y listo?

Fernando A. Caballini

 

Me alegra la promulgación de la ley

Personalmente me conmueve que de a poco se destierre la hipocresía y se reconozcan los derechos igualitarios de todas las personas. Como bien dice la diputada Vilma Ibarra, se trata de la ley de un estado laico. Hasta ahora, aunque dos personas del mismo sexo convivieran, una de ellas podía adoptar –de hecho lo hacían– y la otra, que en realidad participaba de la crianza, quedaba al margen de la ley. Es un avance importante de nuestra sociedad; un antes y un después. Se abandona poco a poco el miedo,

ese miedo al que estábamos tan acostumbrados: al castigo, a la represión, a la condena social, a la diferencia, a la discriminación y a la burla. Las personas pueden ser diferentes, pero no es el género lo que las condiciona, sino sus cualidades espirituales y morales. ¿Hay acaso algo que garantice el buen comportamiento de una pareja heterosexual con sus propios hijos, naturales o adoptivos? ¿No son demasiados, ya, los casos de abandono, violencia doméstica, abuso y maltrato familiar entre parejas heterosexuales, como para trasladar esos temores a las parejas igualitarias? La familia ideal no pasa, hoy, por parejas constituidas entre hombre y mujer, sino por aquella capaz de quererse, respetarse e inculcar valores morales a sus hijos, dentro y fuera de alguna confesión religiosa. Me alegra la promulgación de la ley.

Delia Pasini

 

Testimonio de alguien que ha tratado con homosexuales: “Sentí que retrocedíamos como sociedad”

 

me conocen dicen que atraigo a los que llegan a confiarme sus problemas, sufrimientos, pérdidas y opciones por ser homosexuales. Siempre sentí compasión por ellos, pues no podían establecer una relación de pareja varón-mujer. Compasión, pero jamás los he sentido inferiores como personas ni he permitido que se los ridiculizara en mi presencia.

Escribí a Oscar Hermes Villordo, en momentos de estar en su lecho de muerte. Escritor, católico y  homosexual confeso, con una dignidad difícil de igualar, sufrió mucho la discriminación de la que fue objeto por los llamados “bien pensantes”. Poco antes de morir, a causa del SIDA, declaró públicamente desde las páginas del matutino fundado por Bartolomé Mitre, que había contraído la enfermedad. Admitió su condición y preferencia sexual y reflexionó sobre el dolor provocado por la discriminación y el prejuicio de una sociedad filistea y estúpida.

Pero el día que fue aprobada esta ley, sentí que retrocedíamos como sociedad. Esperaba que para las parejas del mismo sexo, se estableciera la unión que les reconociera derechos, que les devolviera el respeto del que no gozaban. Tengo amigos en esa situación, algunos muy allegados, y si en algo me he caracterizado es por ser muchas veces confidente, interlocutora.

Ninguno de ellos desea para los niños que apadrinan y quieren, la elección de una persona del mismo sexo para ejercer la sexualidad; esto lo han demostrado y hablado en muchas circunstancias. Y no porque la sociedad no les dio los mismos derechos, si no porque encuentran que no han escogido ni pueden hacerlo (de ahí el no juzgar), la complementariedad que les lleva al conocimiento del hombre total creado varón- mujer, y por ende al conocimiento de la vida humana plena.

Las discusiones de estos días se concentraron todas en debatir, refutar y desdecir a la Iglesia católica. La mayoría de nuestros representantes decía ser bautizado, creyente y hasta educado en colegios católicos.

Lo cierto es que, en una madrugada, se igualaron los matrimonios que dieron vida a los ciudadanos de nuestra nación, con los que hicieron otra opción de pareja. Y aceptando hipócritamente (mientras en los discursos, se hablaba frecuentemente de otras hipocresías) que todos somos iguales. Faltaron muchas voces. Faltó mucho tiempo. Y si bien las discusiones fueron cuidadosas, faltó profundidad antropológica, voces desde otras ciencias, que nuestros representantes no lograron ni supieron aportar. ¡Es lo que tenemos! ¿Alguien nos dijo en las campañas, cuál sería su voz en estos temas? Los inconvenientes del apuro y falta de profundidad en los debates, de las abstenciones cobardes, de la falta de representación de un pueblo sorprendido en muchos casos, los apreciaremos de ahora en más, con esta ley salida ¡entre gallos y madrugadas!…

María Luisa Sordi de Matich

 

Hay que derogar la ley cuanto antes

Coincido con la posición valientemente expuesta por la senadora Liliana Negre de Alonso y las enseñanzas del episcopado argentino, en cuanto a la defensa de la familia y del matrimonio heterosexual. Asimismo comparto las expresiones del arzobispo de San Juan de Cuyo, monseñor Alfonso Delgado.

La ley sancionada por el Congreso carece de legitimidad y deben arbitrarse las medidas para derogarla cuanto antes. Debe respetarse la objeción de conciencia de quienes estén en desacuerdo con la ley, especialmente los funcionarios del Registro Civil.

Gustavo Sánchez

 

Debemos aceptar la ley

El proyecto se ha convertido en ley. Comentémosla. El matrimonio entre personas homosexuales,  indiscutiblemente ha significado un logro enorme para quienes optaron por asumir su sexualidad de esa manera. Esto debe ser respetado. No comparto la postura divisionista que sostiene que ha habido vencedores y vencidos.

Lástima que el encuadre jurídico no haya sido el más adecuado. En efecto, la figura de la unión civil era la más apropiada por cuanto, con los mismos efectos, se hubiera resguardado a la institución matrimonial, tan apreciada por la sociedad. Sobre todo por la gran mayoría de los creyentes, más allá de la crisis por la que atraviesa y que la nueva ley no amparará. ¿Qué va a pasar cuando vengan los nuevos conflictos “matrimoniales”? ¿Qué bien jurídico se va a proteger? ¿Una especie de familia en sentido amplio? ¿Y los chicos que se adopten? (qué tema).

A pesar de estos reparos soy de la idea de que, como sociedad, debemos aceptar la ley como lo que es, hasta tanto sea modificada o revocada conforme a la experiencia que deje su ejercicio.

Gustavo Ariel Carvallo

 

Pensamientos

Propongo tener en cuenta los siguientes pensamientos, aplicables a la cuestión en debate: La política es quizá la única profesión para la cual no se requiere ninguna preparación (Stevenson R. L.). El honor prohíbe acciones que la ley tolera (Séneca). Donde no hay justicia es peligroso tener razón (Quevedo).

Daniel Ros Garese

 

Interrogantes

Como indica la diputada Vilma Ibarra, en el Parlamento no se discutió una ley religiosa sino civil. La  necesidad constitucional de reconocer el derecho de las personas a la institución familiar del matrimonio, no puede ser llevada al campo de la cultura o de la religión. Extenderla a la biología reproductiva, como indica el padre Gustavo Irrazábal, también es peligroso y excluyente. ¿No es matrimonio aquel en el que uno de sus miembros es estéril? ¿Será preciso una prueba de fecundidad, previa la formalización civil del matrimonio? ¿O tal vez un compromiso de amor, construcción, proyecto, es el que conlleva a la creación de un núcleo familiar? En este caso, ¿existen límites? ¿hay alguien que establezca cuándo dos personas maduras pueden decidir su unión y cómo realizarla?

Ricardo de Rojas

 

La igualdad; lo natural

Lamento que el tratamiento del matrimonio –o lo que fuera– entre personas del mismo sexo se haya considerado desde el principio de la igualdad. A mi manera ver, este es un error, una falacia que permite decir que el matrimonio de los homosexuales es igual al de los heterosexuales, y que deben tener los mismos derechos. Es una visión unívoca de la verdad, dirían los filósofos tomistas. O sea que, si algunos tienen determinados derechos, los otros también deben tenerlos.

Esto puede aplicarse a realidades esencialmente iguales, como el ser varón o mujer, pues ambos son personas humanas, aunque funcionalmente distintas. No es el caso del matrimonio homosexual y el heterosexual, que no son esencialmente iguales. No es lo mismo que el varón ame a una mujer, a que ame a otro varón; luego no pueden tener un mismo tratamiento. Esto lo indica el sentido común, que suele ser el menos común de los sentidos. Quiero agregar, como dijo un diputado, que el matrimonio es anterior a cualquier creencia, fe, religión, filosofía o ideología. El dato que nos da la revelación bíblica, confirma lo que se da naturalmente. Cuando se dice que el matrimonio entre personas de distinto sexo es natural, lo que se quiere decir es que corresponde a la naturaleza humana. En cambio la relación homosexual va contra la naturaleza o sea que no corresponde a la naturaleza humana; es un acto deliberado contra lo que es natural.

Fredy

 

Responder al orden natural

El problema no es si la unión entre dos personas del mismo sexo debería llamarse matrimonio. El problema es la cultura de este tiempo, que nos impulsa a descreer de todo orden establecido, de un orden natural que se desdibuja y se esfuma día a día. Orden natural, no cultural ni religioso. Lo preocupante, repito, es saber qué pasa con las personas que ya no distinguimos aquello que nos hace más humanos que es, precisamente, responder al orden natural.

Para los creyentes vale esta reflexión: cuando la adúltera le pregunta a Jesús si le perdona su adulterio, Él no le dice que está todo bien, que siga su impulso o responda a su instinto o sentimiento. Le dice “ve y no peques más”, con lo cual nos muestra el camino, que no es fácil, está lleno de espinas y tentaciones pero depende de cada cual si opta por el bien y la verdad o se engaña discutiendo y pensando cómo cambiar el entorno, para que lo que cada cual haga y tenga por verdadero se convierta en norma

caprichosamente establecida.

Creo que nos equivocamos. La discusión no debería ser sobre la defensa o no del matrimonio homosexual; la discusión debería centrarse en si tenemos la valentía suficiente para aceptar algo que no tiene discusión: que el matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer.

Si hoy la cultura nos dice que hay que aceptar y legislar otro tipo de uniones (a mi entender de una  minoría), ello no habilita a los políticos a legislar nivelando realidades. Los homosexuales y los legisladores deberían pensar por qué no aceptaron la “unión civil”, que hubiera dejado conforme a la mayor parte de la sociedad.

María Inés Maceratesi

 

El mundo no es más cristiano

La legalización del matrimonio igualitario y la consiguiente posibilidad de la adopción, fueron aprobadas como corresponde en todo estado de derecho. No he escuchado un solo argumento en contra, que no partiera de una concepción religiosa o de referencia a algún tipo de Absoluto, con la violencia que esto representa para la inmensa mayoría de la humanidad, que no cree. A ver si nos damos por enterados: el mundo no es más cristiano. Por suerte para la Iglesia, viene un tiempo –ya presente– de “quitarse las sandalias” (Ex 3), aunque no nos hemos dado por aludidos. Aún siguen escuchándose voces que pretenden dar un barniz de seriedad a sus argumentos, pretendiendo parecer no religiosos y fracasando en el intento. Me pregunto: ¿por qué no nos ocupamos de temas un poco más importantes y dejamos que la gente que se quiera se una y siga multiplicando su amor? Como dijo Maju Lozano, conductora de televisión, con bastante más sabiduría que muchos de los columnistas que participan de este “debate”:

“Estamos hablando de amor, muchachos, no se asusten tanto…”. Para los que aún no entendieron, lean I Jn 4,8 y Hch 10,34.

Mariano Carou

 

Coincidencia con el diputado Merlo

Qué sabia, concreta y fácil de entender es la exposición del diputado Mario Raúl Merlo (CRITERIO Nº 2361, pág.286). La comparto en toda su extensión e implicancias.

Alcides F. Rega

 

Crítica a CRITERIO

¿Lo único que ha creído necesario decir una revista católica como CRITERIO, sobre un tema tan importante como el “matrimonio” entre homosexuales, es la anodina y aséptica notita de introducción que hacen en esta sección? Para eso, sobran medios de comunicación en el país.

La palabra criterio significa opinión personal, propia, sobre una cuestión determinada. Opinión que se tiene sobre algo, define el diccionario. Para dar ese criterio en las cuestiones fundamentales, desde la óptica católica (o cristiana, si se quiere ser un poco más ecuménico, es decir católico), se fundó CRITERIO y así lo condujo Mons. Franceschi durante años. Cabe, entonces, preguntarles: ¿Cuál es el criterio de CRITERIO sobre el tan singular “matrimonio” entre homosexuales, bisexuales, triángulos amorosos, camas redondas, mujer/perro, hombre/oveja y todas las otras variables “de género” imaginables… y practicadas hoy por la gente “moderna” y “liberada”?

Juan Gabriel Labaké

 

Respuesta

 

Estimado Prof. Labaké: la revista editorializó en enero de 2010 sobre el hoy llamado matrimonio igualitario: www.revistacriterio.com.ar

Quizás se consideró innecesario decirlo en la introducción de la sección Debates, así que su inquietud es útil para que los lectores que no hayan visto ese editorial, lo busquen y conozcan la posición y el aporte de la revista a este tema.

Norberto Padilla

 

Nota del editor: el editorial de CRITERIO “Matrimonio entre personas del mismo sexo”, fue consignado en la página 287 de la sección Debates que el Dr. Padilla menciona. También la Reflexión final del padre Gustavo Irrazábal, que acompaña cada debate, expresa una toma de posición. La “anodina y aséptica notita de introducción”, a la que alude el Prof. Labaké, sólo introduce los temas de debate y no editorializa.

 

Del presidente de Francia

 

El debate no es local. Decía Nicolás Sarkozy, presidente de Francia, en un discurso en Roma:

“Ya nadie contesta que el régimen francés de la laicidad es hoy una garantía de libertad: libertad de creer o de no creer, libertad de practicar una religión y libertad de cambiar, libertad de no ser herido en su conciencia por prácticas ostensibles, libertad para los padres de dar a los hijos una educación conforme a sus creencias, libertad

de no ser discriminado por la administración en función de su creencia.

“La laicidad se presenta como una necesidad y una oportunidad. La laicidad o debería ser la negación del pasado. No tiene el poder de desgajar a Francia de sus raíces cristianas. Han tratado de hacerlo. No se hubiera debido. “Una nación que ignora la herencia ética, espiritual y religiosa de su historia, comete un crimen contra su cultura, contra el conjunto de su historia, de su patrimonio, arte y tradiciones populares que impregnan tan profunda manera de vivir y pensar.

“Arrancar la raíz es perder el sentido, es debilitar el cimiento de la identidad nacional y secar aún más las relaciones sociales, que tanta necesidad tienen de símbolos de memoria.

“Tenemos que asumir las raíces cristianas de Francia; es más, valorarlas defendiendo la laicidad finalmente llegada  madurez.

“Hago un llamamiento a una laicidad positiva, es decir, a una laicidad que velando por la libertad de pensamiento, de creer o no creer, no considere a las religiones como un peligro sino como un beneficio”.

Pablo López Herrera

 

Ley inconstitucional

El debate y sanción de la ley que permitió el matrimonio entre personas del mismo sexo, no tuvo profundidad y está lleno de lugares comunes y frases hechas que se tomaron como verdades insoslayables. La posibilidad de que personas del mismo sexo puedan contraer matrimonio, es inconstitucional por las siguientes razones:

1) Los tratados incorporados al texto constitucional, cuando se refieren al matrimonio y a la familia, dejan en claro que se trata de la unión de personas de diferente sexo.

2) El artículo 19 de la Constitución Nacional, cuando establece que las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan el orden y la moral pública ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios y exentas de la autoridad de los magistrados.

3) No hay duda de que la homosexualidad o la heterosexualidad de las personas son opciones de vida que bajo ninguna circunstancia pueden ser materia en la que pueda entrometerse el legislador. Son actos privados, como lo establece el mencionado artículo 19 de la Constitución.

4) La ley civil legisla sobre el matrimonio, no para reglamentar la actividad sexual de los cónyuges sino para promover la formación de la familia y proteger a los hijos.

5) Descartada que la unión de personas del mismo sexo pueda tener descendencia, su reglamentación y asentamiento en un registro público (el Registro Civil), sólo tiene como consecuencia consignar la tendencia sexual de los contrayentes, lo que está vedado pues vulnera la intimidad de las personas.

6) En el debate parlamentario, cuando se alega el derecho a la igualdad para fundar la posición favorable al matrimonio de personas del mismo sexo, se pone en evidencia la falta de conocimiento sobre las razones por las cuales el legislador reglamenta el matrimonio.

7) Con la nueva ley de matrimonio, se verifica que ésta es la única norma que permite anotar en un registro público la tendencia sexual de las personas, hecho inconstitucional aun cuando se realice con el consentimiento de los involucrados.

Diógenes Hugo de la Colina

 

Cambios históricos

 

Escribo como laico que pertenece a una Iglesia que tiene 2000 años. Esta Iglesia, a fines del siglo XIX se opuso al matrimonio civil y sólo consideró como válido el sacramento matrimonial. Me casé en 1972 y el trámite en el Registro Civil era un requisito formal indispensable para poder contraer el verdadero matrimonio, en la casa del Padre, ante la comunidad cristiana.

Cuando se discutió la ley de divorcio civil numerosos clérigos se opusieron tenazmente. Pero la sociedad ya no condenaba ni diferenciaba a las parejas heterosexuales de divorciados.

En el siglo XXI la sociedad ha ampliado los derechos de las minorías. Los cambios jurídicos sólo reconocen lo que la sociedad ha instalado de hecho, mucho tiempo atrás…

Por este motivo, si somos parte de una Iglesia que consideró “inexistente” el Registro Civil en el siglo XIX y un mero trámite administrativo el establecido por el Estado laico, durante el siglo XX nada teníamos para opinar sobre cómo organiza dicho Estado sus trámites en este momento. La condena de aquello que es una incontrastable realidad en la sociedad, nos presenta como ajenos a ella. No existe sanción eclesiástica para sacerdotes que han sido condenados por la justicia y se sanciona a quien se atreve a dar una opinión diferente sobre esta ley.

Los cambios históricos de la sociedad deben ser leídos por la autoridad eclesiástica y actuar en consecuencia.

Arnaud Iribarne

 

Temas importantes tratados con ligereza

Por lo expuesto en la Cámara de Diputados, la bibliografía consultada, mis convicciones religiosas, la  experiencia de casos de parejas homosexuales, la falta de casuística en el derecho de adopción y el no muy convincente resultado de la convivencia de chicos con dos padres o dos madres –según los testimonios leídos– considero que pueden contemplarse derechos para dichas parejas, aunque no estoy de acuerdo en que se las designe como matrimonio, en vez de unión civil o alguna otra palabra. Si alguna de las partes tuviese hijos de un matrimonio o unión anterior, debería trasmitírseles toda su verdad, cuidando en forma especialísima la salud mental. Desde el punto de vista psicológico siempre se destacó el “no tiene imagen paterna” o “la imagen materna es débil”. Así, para que un niño tenga la mente equilibrada es necesaria la figura de ambos padres, bien diferenciados.

Creo, finalmente, que ha sido un serio error haber tratado temas tan profundos e importantes con ligereza, cuando en países del primer mundo hace muchos años que los están estudiando, aún sin resolución.

María Inés Dardan

 

Tolerancia

En nuestra historia de la humanidad, siempre tuvimos todo tipo de argumentos muy sólidos para sostener causas y posturas, que algunos sectores presentaban como justas y que a la postre se convertían en fundamentalismos, sobre todo religiosos y políticos. Es así que soportamos y provocamos todo tipo de horrores y matanzas en nombre de dioses, de guerras santas, de espacio vital, de la igualdad social, de la pureza étnica, etc.

Mientras el movimiento homosexual intente sinceramente vivir con buena voluntad, como cualquier otro sector de nuestra comunidad, deberemos hacernos a la idea de ir aprendiendo algo más de la palabra tolerancia y seguir construyendo nuestro derrotero de historia humana.

Walter Fernández

 

Observar el modelo masculino y femenino

Preguntado Jesús sobre la posibilidad del divorcio, se remontó al ideal con el que Dios creó al ser humano: en dos géneros –masculino y femenino– para que se complementen entre sí. Según el evangelista Mateo sus palabras fueron: “¿No han leído ustedes (se refiere al libro del Génesis) que el Creador, desde el principio, los hizo varón y mujer, y que dijo: Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos no serán sino una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne” (Mt 19,4-6).

Seguramente los que nos consideramos seguidores de Cristo, no siempre hemos vivido de acuerdo con este ideal, haciendo ver que lo que forma parte de la voluntad de Dios es bueno, agradable y perfecto (Rom 12,2). Así, cada vez son más las personas que se divorcian o las que practican relaciones homosexuales. Esto no invalida que los propósitos de Dios, revelados en su Palabra, sigan teniendo vigencia. De allí que los cristianos no sólo debamos mantenernos firmes en nuestras convicciones, sino también compartirlas con actitud equilibrada, que combine la humildad y la firmeza. Y que sigamos luchando a favor de aquellos que todavía no tienen voz: los niños, cuyo mejor crecimiento se dará –de acuerdo al pasaje bíblico– observando el modelo masculino y femenino.

Raúl Ernesto Rocha Gutiérrez

 

Minorías y mayorías

Las minorías merecen respeto y tolerancia, pero me pregunto ¿respetan a las mayorías? En la cuestión del matrimonio entre personas del mismo sexo, las minorías se apropiaron de una institución para desvirtuarla, cuando lo razonable y justo para todos –mayorías y minorías– hubiera sido la de crear otra institución, siempre y cuando no se vulneraran los valores de la sociedad. Esta hubiera sido la correcta solución liberal, para que las minorías homosexuales pudieran alcanzar su interés o bienestar crítico.

Luis Alejandro Rizzi

 

El precio que hay que pagar

La fruición con la cual los organismos del Estado tratan términos (palabras-concepto) originalmente creados en el seno de las Iglesias, y que deberían serle absolutamente ajenos, es el precio que hay que pagar por la tentación de éstas de utilizar –muchas veces– al Estado como herramienta de aplicación de lo que dictan sus convicciones.

Carlos Vitas

 

No se respetó a los homosexuales

Los homosexuales durante mucho tiempo fueron objeto de burlas e inferiorizados, hasta por los medios radiales y televisivos. El deseo de ser reconocidos, subliminalmente expresa el deseo de ser respetados –tal vez como nunca lo fueron– asimilando la institución matrimonial. Consideran que así lo lograrán. Si la sociedad hubiera respetado a los homosexuales, tal vez ellos no hubieran pedido el matrimonio y sí la unión civil, suficiente para defender situaciones legales, herencias o pensiones.

A mi criterio, la homosexualidad es una desviación de origen genético o adquirida, por quienes buscan en el sexo el placer y se olvidan que un objetivo fundamental es la procreación.

Todos podríamos llegar a ser homosexuales si olvidamos esto, pues lo prohibido en muchos casos es causa de mayor excitación. Se debe servir a la Naturaleza y dar continuidad a la vida con lo que Dios nos dio, a pesar de que eso signifique luchar contra uno mismo.

Rafael Castellano

 

Cada uno decide en soledad

No estoy en desacuerdo con lo que se denomina unión civil, dado que años de convivencia merecen ser tenidos en cuenta a la hora de que uno de los componentes de la pareja fallezca, además de permitir un contexto que otorga cierto margen de seguridad jurídica.

Lo que no entiendo es qué proyecto de familia propone el matrimonio entre personas del mismo sexo, si consideramos la función y consecuencias de la presencia de dos sexos en el matrimonio. Hasta el momento, la fundamentación para lograr el matrimonio civil entre personas del mismo sexo, aunque provenga de intelectuales y profesionales de la conducta, si se analiza en profundidad y metódicamente tiene pies de barro, no tiene pasado probado como algo mejor para niños sin hogar y tiene un futuro posible de dudas de identidad para un niño o niña.

Comparto los conceptos del español Polaino-Lorente y la reflexión de Gustavo Irrazábal. Soy católico por formación y convencimiento; en mi familia la libertad de credos es una realidad cotidiana; tengo hijos casados por la Iglesia, por unión civil, en pareja, una madre soltera, ninguno es agnóstico, todos hemos hecho del respeto por lo que creen y deciden los demás un segundo culto, hemos presenciado y oído una puesta en escena contra la Iglesia. Aun escuchando argumentos religiosos, filosóficos o políticos, cada uno decide en soledad.

Juan Vassallo Ulloa

 

Reflexión final

Dar la palabra a los protagonistas

Gustavo Irrazábal

Teólogo moral

 

En mis reflexiones anteriores, he expresado la convicción de que la sanción de la ley del matrimonio entre personas del mismo sexo es un grave error, no por motivos religiosos (como insisten algunas cartas aquí publicadas) sino estrictamente racionales, basados en la función del matrimonio con relación al bien común. El hecho de que un aspecto tan central del problema estuviera ausente en la fundamentación de la reforma refuerza la impresión de que no estuvo motivada en consideraciones jurídicas sino en aspiraciones simbólicas. Es decir, se ha convertido al matrimonio en un modo de afirmación pública de la propia orientación sexual (cf. carta de D. de la Colina).

En realidad, no es que el matrimonio haya sido extendido a un nuevo supuesto. Lo que ha sucedido  es que, aun manteniendo el mismo nombre, se ha transformado en otra cosa: un régimen que es enteramente nuevo porque está fundado en una nueva lógica, una lógica confusa que lo hará intrínsecamente inestable. Por ello, tras la promulgación de la ley, debemos buscar todos juntos el modo de continuar la conversación de cara al futuro.

Entiendo que, en esta nueva etapa, el concepto de bien común seguirá siendo clave por su capacidad de favorecer y orientar el diálogo. Paso a explicarme. El bien común exige el respeto y promoción de ciertos valores que pertenecen a la sociedad en su conjunto, entre los cuales se cuenta el matrimonio (heterosexual). Pero ello no equivale a sugerir que el bien o la felicidad de determinadas personas (en este caso, las personas homosexuales) deban ser sacrificados a supuestas exigencias comunitarias.

Ninguna norma que responda al auténtico bien de las personas, que expanda el ámbito de libertad requerido para su realización sin perjudicar los legítimos derechos de terceros, puede ser contraria al bien común. La afirmación de que el “matrimonio” homosexual es contrario al bien común implica, por lo tanto, la convicción de que no aporta a las personas implicadas el beneficio esperado.

La consideración del bien común, por lo tanto, debería llevar a ambas partes del debate a reconocer la importancia que tendrá el funcionamiento de la nueva institución para confirmar o revisar sus propias afirmaciones (cf. carta de G. Carvallo).

Y eso requiere nada menos que dar la palabra a los protagonistas, es decir, a las personas que decidan casarse en el marco de la nueva ley, prestar atención a sus experiencias y evaluaciones, para analizarlas críticamente y sacar conclusiones. Ellos son los destinatarios de la reforma y su voz deberá ser escuchada con atención.

En la reflexión anterior adelanté mi impresión de que, pasada la primera novedad, la mayoría de las parejas homosexuales encontrará que el matrimonio no es la respuesta adecuada a sus necesidades y expectativas, las cuales, en cambio, hubieran sido mejor atendidas por un régimen más flexible. De esta manera, se verán confrontados con una alternativa de “todo o nada” que no los beneficiará, precisamente por obra de quienes decían defender sus intereses.

Semejante previsión, naturalmente, admite prueba en contrario. Si en el futuro el nuevo “matrimonio” es ampliamente utilizado por los potenciales interesados por entender que beneficia efectivamente a quienes recurren a él, por ejemplo, porque sus derechos legítimos son mejor garantizados, o el encuadre jurídico aporta mayor estabilidad a la relación, la posición adversa a la reforma, a la cual adhiero, deberá incorporar estos nuevos datos a su propia reflexión. No, obviamente, para terminar apoyando el “matrimonio” homosexual, que es un concepto en sí mismo contradictorio, sino para explorar nuevas soluciones jurídicas que puedan atender coherentemente los intereses de todos.

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