Hace exactamente 30 años, más precisamente el 10 de julio de 1980, Guido Di Tella publicó en este  medio un artículo titulado “Paradojas de la política económica” (Criterio, 53, 1839). Escrito “desde una perspectiva que podríamos llamar `reformista´, socialcristiana o socialdemócrata”, el trabajo “sólo quiere mostrar que los esquematismos simples no sirven para analizar la realidad, ni en este período ni en ningún otro”.

Se trató de una pieza “políticamente incorrecta”, de las que le encantaban a Guido, porque a mediados de 1980 no cualquiera mostraba aspectos sorprendentemente atractivos en la política económica de José Alfredo Martínez de Hoz. ¿Por qué debemos acordarnos de este trabajo? Por la notable actualidad del planteo. Porque tres décadas después, nuevamente, los esquematismos simples no sirven para analizar la realidad. Y exactamente por el mismo motivo que señaló Di Tella.

En efecto, el planteo de Guido era que la tablita cambiaria inaugurada a comienzos de 1979 generaba sobrevaluación del tipo de cambio real, atraso cambiario, inflación en dólares o como se la quiera  denominar; y esto a su vez generaba aumento del precio de todo aquello que no es objeto de comercio internacional, incluyendo los salarios. Particularmente si el trabajador veraneaba en… Miami.

El actual gobierno argentino dice estar en las antípodas ideológicas del Proceso y de la década de 1990, pero en la dinámica “costos internos-dólar” estamos visualizando exactamente lo mismo que antes. ¿Cómo puede ser que quien afirma que defiende la producción local, termine generando resultados cada día más parecidos a los generados por aquellos que, según las actuales autoridades, “fundieron al país”? Porque para entender una política económica, como bien dice Di Tella, la ideología sirve mucho menos que las circunstancias y la dinámica decisoria. En aquel momento la sobrevaluación cambiaria era generada por el retorno de los capitales y el endeudamiento externo, ahora por la mejora de los términos del intercambio. Pero el resultado es exactamente el mismo: los peluqueros chochos, los fabricantes de camisas queriendo matar a alguien. Sabemos cómo terminó en el pasado la denominada inflación en dólares, intuimos cómo puede terminar hoy. Pero esto no modifica el accionar oficial, porque el desconocimiento de cómo puede reaccionar la población frente a “la recuperación de la competitividad” vía un salto cambiario, más el circunstancial efecto que un tipo de cambio nominal quieto tiene sobre la tasa de inflación, lleva a las autoridades a no devaluar.

El efecto es el mismo, la razón es distinta. Esto puede ser muy importante para pensar la duración del problema. El reingreso de capitales y el endeudamiento externo pudieron tener patas más cortas que la mejora de los términos del intercambio. ¿Y si esto se prolongara más allá de las elecciones, porque el próximo gobierno –más creíble que el actual– indujera una nueva repatriación de capitales? ¿Cuántos de los otros trabajos publicados en Criterio en 1980, siguen vigentes hoy?

 

El autor es profesor en udesa y ucema y titular de Depabloconsult.

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  1. Juan Carlos Lafosse on 15 octubre, 2010

    Efectivamente, desde antiguo se sabe que los análisis simples no sirven para nada.
    Tal como este artículo demuestra acabadamente al ignorar las descomunales diferencias del entorno nacional y global en los periodos que pretende comparar.

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