Con cierta frecuencia, no se tienen presentes los niveles de expresión periodística de una revista y no se diferencia la opinión editorial de la de un autor en particular. El editorial expresa la opinión de Criterio. Habitualmente lo escribe un miembro del Consejo de Redacción y se pone a consideración y revisión del Director y del mencionado Consejo. De esta manera el editorial no expresa una opinón individual sino el pensamiento de la revista. Últimamente, los editoriales también se realizan con el aporte de otras personas calificadas, a las que se invita a una reunión mensual con ese fin. Cabe destacar que, independientemente de su origen, sólo los editoriales tienen una redacción colectiva que compromete la responsabilidad de la revista por su contenido. El artículo firmado, en cambio, es responsabilidad del autor y no expresa necesariamente la opinión de la revista. Criterio no verifica la exactitud de su contenido, en razón de la responsabilidad que le cabe a cada autor con su firma. Esto es así en la mayor parte de los medios de comunicación. El autor de un artículo puede cometer errores, los lectores pueden señalárselo y el autor podrá ratificar o rectificar su contenido.

También los lectores pueden cometer errores. En referencia a la ley de matrimonio entre personas del mismo sexo, llegaron quejas indicando que la revista no había opinado sobre el tema: así lo afirmaron los lectores Luis Ángel Tau y Juan Gabriel Labaké, en cartas publicadas en este número y en el anterior, respectivamente, a pesar de que Criterio dio su opinión editorial en el Nº 2356 (enero / febrero 2010).

Que la revista dé cabida en sus páginas a opiniones disímiles, incluso contrarias a su propia opinión editorial, es un signo de madurez e independencia intelectual, rasgo característico de Criterio afirmado explícitamente en su primer número de 1928. Como revista católica se anticipó así a su tiempo. Su primer director, Atilio Dell´Oro Maini, y sus colaboradores, practicaron ese rasgo que se mantuvo luego bajo la dirección de Gustavo Franceschi, Jorge Mejía, Rafael Braun y el actual director, José María Poirier. La independencia intelectual, entonces, es esencial a la identidad de Criterio.

A veces las críticas provienen de obispos, que invocan el carácter “católico” de la revista. En su primer número de 1928, Criterio dijo que no sería “un periódico puramente religioso” que excluyera la realidad temporal, sino un medio eclesial aunque no clerical. Esto, para la época, fue otro signo de madurez laical y constituye el punto más delicado, pues requiere la aceptación de la mencionada independencia y el diálogo.

Recordamos, con todo respeto, a los obispos que señalan sus discrepancias, que los contenidos de la revista son de género periodístico y tienen valor como expresión de opiniones fundadas, sin constituir documentos doctrinarios, por lo que no les son exigibles los mismos estándares de elaboración y rigor. En consecuencia deberían ser vistos como expresiones en un medio de  comunicación eclesial, a partir del diálogo.

En el editorial de diciembre de 2008 (Nº 2344), la revista abordó la cuestión del diálogo intra eclesial: “Desde hace años –decía Criterio– ese espíritu de diálogo, tan característico del post-Concilio, muestra síntomas de agotamiento. La visión esperanzada que animó la apertura de la Iglesia universal al mundo, hoy ha cedido lugar –en parte como reacción a cierto laicismo agresivo– a otra más negativa y crítica que la lleva a replegarse sobre sí misma, en la preocupación por reafirmar su propia identidad”.

Agregaba el editorial que la consecuencia es una marcada ausencia de diálogo y debate, siendo que ambos son el camino obligado hacia la verdad como fruto de una empresa comunitaria: “La asistencia del Espíritu no exime a las autoridades eclesiásticas de las reglas de la comunicación. Es en el debate libre donde las posiciones encuentran su equilibrio y se enriquecen mutuamente”. Tras esta afirmación editorial, Criterio inauguró la sección Debates para el Diálogo como una forma de recrear la actitud señalada.

Numerosos son los documentos de la Iglesia que apuntan a romper la rigidez que limita la relación de pastores y fieles con los medios de comunicación católicos. Ya Pío XII –el Papa que más utilizó los modernos medios periodísticos y tendió puentes hacia ellos– lo dijo hace 60 años: ”A la Iglesia le faltaría algo en su vida, si careciera de opinión pública. Si esto ocurriera sería por culpa de sus pastores y fieles” (del discurso a los participantes del Congreso Internacional de Periodistas Católicos, Roma, 17/2/50).

El Concilio Vaticano II –primero de carácter pastoral en la Iglesia– creyó conveniente profundizar la reflexión sobre el fenómeno contemporáneo de las comunicaciones sociales. Lo hizo en un breve decreto: Inter Mirifica (1963). Conscientes de que el tema debía abordarse más ampliamente, los obispos sugirieron hacer un documento postconciliar cuya elaboración llevó más de 7 años con la participación de especialistas y de las conferencias episcopales del mundo. Pablo VI firmó así la Communio et Progressio (18/5/71), instrucción pastoral rectora sobre las comunicaciones sociales.  Aquí se aborda claramente la necesidad de promover la pluralidad: “Sacerdotes y laicos favorecerán la libre manifestación  de las opiniones y estimarán el pluralismo de publicaciones y opiniones, no sólo porque responde a la diversidad y utilidad de los lectores y a sus distintos intereses, sino porque, además, crean y favorecen la opinión pública en la Iglesia y en el mundo” (n. 141).

Hay otro punto del documento que permite echar luz sobre el citado artículo de Roberto Di Stefano,  que provocó esta reflexión, referido a los vínculos entre la Iglesia católica, el Estado y la sociedad, a propósito del reciente debate sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo. Dice Communio et Progressio: “Los católicos, aun debiendo estar todos atentos a seguir el Magisterio, pueden y deben investigar libremente, para llegar a interpretar más profundamente las verdades reveladas, a fin de que éstas se expongan mejor a una sociedad múltiple y cambiante. Esta libertad de expresión en la Iglesia, lejos de dañar su coherencia y unidad, puede favorecer su concordia y coincidencia, por el libre intercambio de la opinión pública” (n. 117).

En el Consejo de Redacción de la revista hubo opiniones discordantes respecto al contenido del referido artículo, pero supimos entender la legitimidad de cada uno para expresarse libremente, con independencia intelectual, en el marco del diálogo señalado. La revista predica la pluralidad hacia afuera y la practica hacia adentro.

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  1. Graciela Moranchel on 11 noviembre, 2010

    Muy buena aclaración de Arturo Prins a los lectores. Justamente el respeto por la “independencia intelectual”, por la libertad de pensamiento y de expresión, el propiciar el diálogo desde la pluralidad, es uno de los aspectos más valiosos que tiene la Revista Criterio.
    A los eclesiásticos que “se quejan” por este impulso hacia el intercambio propiciado por la Revista, les diría que la libertad “ad extra” que predica la Iglesia (la Declaración Dignitatis Humanae, nº 7, del Vaticano II afirma “se debe observar la regla de la entera libertad ´en la sociedad´”), no se cumple en la Iglesia “ad intra”, pues aquí raramente se respeta la diferencia de opinión, y muchas veces se la tacha directamente de “desobediencia al Magisterio”, cuando no directamente de rebeldía contra Dios.
    Hago votos para que estos valiosos medios de comunicación se abran cada vez más al diálogo y al debate. Pues sólo así, entre todos y desde diferentes ángulos, se van descubriendo las “verdades” que pueden ayudar al hombre a un vivir más pleno y más humano para todos.
    La Verdad Absoluta no existe como objeto de conocimiento, porque es escatológica. Es el mismo Dios, y sólo le pertenece a Él. Por lo cual nadie puede arrogarse la posesión absoluta de la misma, mucho menos en desmedro y desprecio de las perspectivas y verdades ajenas.
    Cuando comprendamos estas cosas, viviremos seguramente más abiertos a la fraternidad universal, uno de los pilares básicos del mensaje del Evangelio.
    Saludos cordiales,
    Graciela Moranchel
    Profesora y Licenciada en Teología Dogmática

  2. lucas varela on 26 junio, 2014

    Oiga, Sr. Prins, mi comentario es el segundo después de tres años y medio. Y el debate ¿Dónde esta?.—- No está.
    Sres Obispos, Uds. señalan discrepancias e invocan el carácter católico de nuestra revista Criterio. Y el debate ¿Dónde está?. Es la oportunidad para que la voz de la Iglesia Católica se exprese a través de Uds. ¡Experimentemos todos la libertad intelectual que el Sr. Prins defiende¡.
    Y Ud., Sr. Prins, no me venga con que la “independencia intelectual” es esencial a la identidad de nuestra Revista Criterio. Es un error grave. Ud. esta muy equivocado!
    Ud. confunde “independencia intelectual” con “libertad intelectual”. Nuestra revista Criterio, es católica. Y como tal, Ud. y todos sus colegas, tienen derechos a respetar y deberes que cumplir.
    Nuestra revista Criterio no es independiente. Pero Ud. no lo tiene claro. Escuche a los Obispos, ellos son los pastores de nuestra iglesia.
    Es intolerable que Criterio publique panfletos del “Club Político Argentino”. Si Sr. Prins, “panfletos” agresivos y difamatorios. Generan división y desprecio al prójimo por su condición política. Nada mas alejado de lo que debe ser la esencia católica de NUESTRA revista.

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