fracchia-africaCon la perspectiva de estar lejos del epicentro de la crisis global, algunas consideraciones que vale la pena incorporar en un presente de aprendizajes.

fracchia-chinos-piden-trabajo2Para analizar la reciente crisis global, hay que partir de una reflexión sobre su naturaleza, que no fue esencialmente ética, como se plantea muchas veces, aunque hay factores claros de desvío de  conducta asociados a la codicia y a los incentivos perversos. El ejemplo más típico son las  gratificaciones exageradas (auto)concedidas a los directivos de Wall Street.

 

 

El capitalismo financiero no está herido de muerte y se reinventará. Para ello, debe avanzarse en la  regulación bancaria, especialmente en los Estados Unidos.

La crisis tuvo mucho que ver con esa asignatura pendiente y con el crecimiento desproporcionado del sector financiero. El sentido común dice que el sector real, es decir, la producción de bienes y servicios, debe ser el centro de la dinámica económica, determinando el marco que define la expansión financiera, y no al revés. Es clave entonces evitar la financiarización descontrolada, la sobrevaluación de activos y el descontrol de los instrumentos derivados. No es casual que Warren Buffet definiera a éstos últimos como “armas de destrucción masiva”. Los fallos de coordinación del mercado han sido evidentes, aunque no invalidan las reglas básicas del sistema. En todo caso, fue el exceso de optimismo en el mercado lo que resultó causa fundamental en el desarrollo de la crisis.

Lecciones y perspectivas

La crisis ha dejado algunos mensajes que deben ser entendidos para que la recuperación sea más firme. En primer lugar, en la actualidad parece más claro que la cooperación y la confianza entre los actores constituyen activos valiosos y necesarios en un mundo que se recupera de modo precario de la mayor crisis de los países centrales desde la Gran Depresión. Además, falta liderazgo político y empresarial para conducir el proceso. No fue neutral esta recesión para el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, quien ha sido duramente castigado en los recientes comicios de noviembre, entre otras cuestiones, por el desempeño económico.

Otra lección de la crisis es que debe mejorar la conducta ética en el plano individual como en las corporaciones. Los stakeholders (los actores interesados), los reguladores y hasta los gobiernos deben revisar su comportamiento de los últimos años. Lo acontecido en la economía global ha demostrado que es clave fortalecer al Estado regulador.

La vuelta a Keynes es también evidente. Obama y el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, han aplicado el libreto del brillante economista inglés con intensidad. Con dudas, Europa también lo hizo, aunque el equilibrio fiscal primó como objetivo. Este es uno de los grandes dilemas que asoman en la transición: expansión versus equilibrio fiscal. Sabemos algo de esta tensión por el caso argentino en la crisis de 2001.

En este marco, la postcrisis y sus desafíos son heterogéneos, y el contexto está signado por la baja coordinación internacional, la emergencia del G20 como la institución líder y la lenta recuperación por parte del FMI a su antiguo prestigio. Aunque los Estados Unidos se recuperan, el efecto sobre el mercado de trabajo todavía es escaso. El empleo es, sin duda, el indicador a seguir para prevenir una nueva recaída. En Europa la situación es algo más compleja. La eurozona tiene su primera prueba ácida de supervivencia. Europa del Este entera mira este proceso. En el viejo continente, la baja tasa de natalidad es toda una cuestión, con implicancias culturales y éticas que algunos economistas asocian a la crisis. El tratamiento digno a los inmigrantes es otra deuda europea, que debe aprender a integrarlos al sistema productivo y a la sociedad.

Los países emergentes, por su parte, tienen menor riesgo, incluso inferior al de las corporaciones en los países centrales. Sin embargo, es complejo que crezcan a una tasa de 10% cuando hay países de Europa que lo hacen a 1%. En el mundo emergente es muy positivo que África se desarrolle como lo está haciendo, pues concentra a la mayoría de los pobres del mundo. De continuar esta tendencia, se espera una reducción masiva de la pobreza en ese continente, que es la nueva frontera global del desarrollo y recuerda a nuestra región en los años 50. Asia emergente migra hacia un mayor consumo y este proceso induce importaciones desde los países centrales, particularmente de los Estados Unidos, y contribuye a equilibrar, en parte, el déficit de su propio mercado interno. Este proceso deseable, como señala el FMI, es lento. La dinámica de precios de commodities en alza se explica enun 50% por el impulso de la demanda de China e India. El modelo de migración campo-ciudad de Asia llegó para quedarse y esto asegura salarios bajos y mayor demanda de alimentos por un buen tiempo. En este contexto, la liquidez global es un activo valioso para apuntalar el crecimiento de los emergentes y, a la vez, un riesgo para su evolución futura, por las burbujas que puede provocar.

Como consecuencia, la economía mundial hoy está apalancada por el crecimiento de los emergentes, algo que nunca había sucedido con tanta intensidad. Es una inflexión notable. Pablo VI planteó, en los ‘60, que el desarrollo es el nuevo nombre de la paz. En este sentido, el proceso que estamos viviendo es esperanzador para un mundo tan desigual. La globalización juega claramente esta vez en favor de los pobres.

Hay desafíos que hoy aparecen difusos pero que marcarán la evolución de la economía mundial en los próximos años. Uno de ellos es el de la restricción ambiental y los costos del calentamiento global, que generan mayor incertidumbre sobre la evolución del crecimiento mundial de largo plazo. Además, continúa la distorsión defensiva a la globalización, que se materializa en los subsidios a los productos agropecuarios.

Aunque hoy el viento a favor hace que este punto esté algo olvidado, es un foco de conflicto latente que podría renacer en un contexto de precios menos favorable. En este marco, es necesario volver a hablar de desarrollo, un tema olvidado, como afirmó alguna vez Paul Krugman.

La región frente a la crisis

Los recientes cambios sufridos por la economía mundial no han pasado inadvertidos para la región. América latina viene sufriendo cambios profundos. En términos generales, se advierte un proceso de “commoditización” de la tecnología, lo que explica también el ascenso sostenido de los términos del intercambio en la región que impulsa el bienestar. En esa línea, el nivel de tipo de cambio de equilibrio en la región ha disminuido por la abundancia de divisas, resultado de la revalorización de nuestras exportaciones de bienes primarios y también por la crisis de las “monedas fuertes”, como el euro y el dólar. La apreciación cambiaria es una cuestión compleja de difícil resolución, por eso hoy el mundo se encuentra inmerso en la denominada “guerra de monedas”.

América latina llegó a esta crisis tras experimentar un proceso virtuoso de fuerte aprendizaje en materia de gestión macroeconómica desde la crisis del Tequila. Tanto los Tesoros como los Bancos Centrales han aprendido a gestionar de manera mucho menos traumática las crisis. La volatilidad, la inflación y el desempleo se han reducido en forma sensible, a pesar de ciertos procesos acotados de populismo. Esto no significa, sin embargo, que América latina marche sobre rieles, hacia un inevitable desarrollo. Por el contrario, hay desafíos complejos cuya resolución requerirá de un arduo trabajo. Un primer punto es la necesidad de avanzar en una mejora de la distribución del ingreso, cuestión clave pese al desarrollo destacado de la clase media en algunos países. Recordemos que en Brasil, por ejemplo, bajo el período de Lula da Silva, 38 millones de personas pasaron de la clase baja a la clase media. Brasil, ya que fue mencionado, será un actor principal en el posible proceso de desarrollo de la región. Su enorme potencial aún no ha sido aprovechado, y ese es uno de los grandes desafíos para América latina. En la región sigue pendiente el debate entre populismo y mercado. Aunque el populismo está en retroceso relativo, el fenómeno no es homogéneo y ofrece resistencia.

También está siempre presente el riesgo de la adversidad por la fácil disponibilidad de recursos naturales que induce conductas rentísticas según la denominada “maldición de recursos”. Los países latinoamericanos deberán tomar la oportunidad ante un mundo ávido de alimentos y productos primarios y encontrar caminos para dar un horizonte de permanencia a sus ventajas naturales. Se abre pues una ventana valiosa para recuperar terreno después de la crisis de los países centrales.

 

El autor es director del Área Economía del IAE.

2 Readers Commented

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  1. Quizás uno de los problemas fundamentales que se ha producido en la economía, sobre todo en la practicada dentro de la globalización, tenga que ver con perder de vista que debería ser concebida como una ciencia social. Como tal, la economía debería lograr, en vez de sólo responder a los números fríos, propios de un enfoque técnico descarnado, al análisis comprensivo de la complejidad de la relación social que cada individuo mantiene con los demás dentro de la sociedad. Entendiendo por «relación social», conforme la concebía Max Weber en Economía y sociedad («una conducta plural – de varios – que, por el sentido que encierra se presenta como recíprocamente referida, orientándose por esa reciprocidad»). Lo anterior implicaría, desde mi punto de vista, por lo menos dos cosas. La primera es considerar el valor de cada ser humano como persona, conforme ha venido sosteniendo la Doctrina Social de la Iglesia. Un principio al que adherimos muchos cristianos, aunque no seamos católicos, debido a que se basa en el mensaje del evangelio. La segunda se refiere a la necesidad de que las relaciones sociales se basen – siguiendo las categorías propuestas por Robert Nisbet – más en la autoridad que en el poder y más en los vínculos comunitarios que en las perspectivas societales.
    Raúl Ernesto Rocha Gutiérrez
    Doctor en Teología
    Master en Ciencias Sociales
    Licenciado en Letras

  2. Fernando Yunes on 24 diciembre, 2010

    Entiendo que el autor incurre en una generalización sobre la realidad de América Latina que puede inducir a una visión equivocada sobre el presente y el futuro del subcontinente. Si bien esboza una distinción entre populismo y mercado, no profundiza en la cuestión, cuando la misma es clave para discernir el dispar resultado entre distintos países y en lo concerniente a la disminución de la pobreza y a política serias y sostenibles de inclusión social. Existe un tercer elemento que es importante tener en cuenta, el Estado de Derecho, la seguridad jurídica, el respeto a las instituciones, la obediencia a la ley, acompañado de un discurso de integración social y amistad cívica, que promueve el sentido de pertenencia y cooperación entre los miembros de una comunidad. Algunos Estados como Brasil, Uruguay, Chile y otros demuestran en los resultados, potencialidades y proyección la buena salud de una política que concibe el poder como instrumento de servicio al bien común, frente a otros Estados que practican intensamente, no tenuemente, el populismo, que es corrupción, demagogia, clientelismo, ausencia de respeto a las normas, que atrasan el desarrollo y profundizan las contradicciones y conflictos sociales, como en Venezuela, Ecuador y Argentina.
    Una última reflexión. El Papa Pablo Sexto cuando hablaba de desarrollo se refería al desarrollo integral, no al mero crecimiento económico, sino a un desarrollo que abarca a «cada hombre, a todo el hombre, a todos los hombres». No solo es la economía, fundamentalmente es la persona lo esencial o, en todo caso, una economía inspirada desde las personas y orientada al bien y el respeto a la dignidad de las personas.

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