En el número 2371 de nuestra revista, iniciamos este debate sobre el celibato sacerdotal con la publicación de un documento de teólogos alemanes –Joseph Ratzinger entre ellos– que hace 40 años pedía una mirada diferente y una revisión de la norma, a propósito de la encíclica de Pablo VI, Sacerdotalis caelibatus.

Luego vimos el celibato en los medios periodísticos (Criterio Nº 2373). Hoy presentamos reflexiones que muestran distintas posturas sobre el tema, de otras iglesias y confesiones religiosas además de la Iglesia Católica. Para ello convocamos a autorizados representantes de cada una de ellas que revelan la diversidad de miradas: la Iglesia Católica valora mantener el celibato. El Islam lo rechaza categóricamente. El Judaísmo lo practica excepcionalmente pues entiende que requiere de un equilibrio espiritual muy elevado en quien lo asume. La Iglesia Evangélica también lo valora y respeta, aunque considera beneficioso para el ministerio que los pastores formen familias. En la Iglesia Anglicana y en la Apostólica Armenia conviven ambos estados, con responsabilidades diferentes según las necesidades pastorales y misioneras.

Los lectores que deseen expresar sus opiniones pueden hacerlo en el sector de comentarios del presente artículo.

Arturo Prins

Producción periodística: Virginia Bonard

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Iglesia Católica

Monseñor Enrique
Eguía Seguí / Obispo auxiliar de Buenos Aires:

En una de las parroquias en las que fui párroco, una tarde se acercó un hombre que venía de ser atendido en Cáritas. Me pidió ayuda. Sorprendido, pregunté: “¿No te atendieron en Cáritas?”. Respondió: “Sí, pero usted puede ayudarme”. Me contó su problema, lo escuché, lo acompañé.

Tiempo después recordé esta escena, mientras escuchaba a un sacerdote decir que el celibato era una respuesta a la necesidad de los pobres que, solos y olvidados, reclaman ser amados. Y yo agregaría: el deseo del desamparado de ser amado, lo garantiza quien está libre para amar a todos, para amar a cualquiera.

Al abrir el templo los domingos por la tarde, antes de la misa, quienes esperan para entrar suelen ser personas, muchas veces “solas y desamparadas” que vienen a la iglesia y saludan al cura. Saben que un domingo por la tarde, el sacerdote está disponible para atenderlos. Tal vez piensen que, al no tener mujer e hijos, no le caben excusas: está libre para amar. El celibato nos recuerda, así, que el amor de Jesús era para todos, universal.

Por eso el celibato en el sacerdocio es la elección de un modo de amar; su fuente está en la persona de Jesús. Él fue célibe, con un amor que se expresa en la libertad de entrega hacia los hermanos, en especial hacia los desamparados, manifestando el amor de un Dios que es Padre para todos. Así, el celibato no se vive como una “ley de la Iglesia” sino como un mandato del propio corazón.

Este modelo de amor es lo que la cultura actual pareciera no entender. Aunque no haya una relación de amor expresada desde la sexualidad-genitalidad, el sacerdote célibe crea en verdad un vínculo afectivo, cordial, de entrega a Jesús y a los hermanos que sirve. Los casos de sacerdotes vinculados con abusos sexuales, ayudaron a instalar la idea de que la falta de “actividad sexual”, necesariamente lleva a la perversión. Lo que no es así. Estadísticamente se sabe que la mayoría de los casos de abusos se da en el propio seno familiar o de conocidos de la víctima. Gente, ciertamente, no célibe.

Esta valoración de la cultura actual sobre el celibato sumada a la falta de vocaciones sacerdotales, impulsa también a creer que si se dejara de lado la exigencia del celibato, o haciéndolo optativo, el número de sacerdotes aumentaría considerablemente. Nadie puede asegurarlo, ya que el atractivo más hondo de la vocación sacerdotal no está en las acciones que realiza (para la mayoría de ellas no se requiere ser sacerdote) sino, fundamentalmente, en la elección de un modo de amar.

Seguir pensando que sólo el sacerdote lleva adelante la misión de la Iglesia y que por ello hay que facilitar el acceso al ministerio, sería mantener un modelo “clericalista”. Lo único que hace el sacerdote, que no puede hacer otro, es presidir la Eucaristía, perdonar los pecados, ungir a los enfermos y, con las actitudes del Buen Pastor, animar la comunión eclesial. Los diáconos permanentes (lugar que reserva la Iglesia para los hombres casados que desean consagrarse a través de un ministerio ordenado), los religiosos y los laicos, mucho más pueden aportar desde un modelo distinto. Por eso, la tarea de hoy es trabajar en una pastoral vocacional que presente un “modelo de amor alternativo” y abrir espacios para la corresponsabilidad de todos los miembros del pueblo de Dios en la tarea evangelizadora.

La fidelidad a este compromiso del celibato está unida a pruebas y luchas a lo largo de la vida, pero también a una experiencia de plenitud y admiración. El sacerdote célibe nunca deja de experimentar que cuanto más se entrega libremente por amor a todos, a cualquiera, más recibe y se enriquece.

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Iglesia Evangélica

Pastor Norberto Saracco
Iglesia Buenas Nuevas.

Rector de la Facultad Internacional de Educación Teológica. Casado, 3 hijos:

El debate sobre el celibato no es nuevo. Desde su instauración ha sido motivo de discusión, defensa y oposición. No obstante es un tema que se menciona recurrentemente cada vez que sale a la luz un problema moral dentro de la Iglesia, como si fuera la raíz de todo comportamiento inmoral.

Tal apreciación es desmesurada e injusta, pero actualmente el celibato, lejos de ser considerado un valor, es en realidad un escándalo. Uso intencionalmente la palabra “escándalo” en su sentido de “piedra de tropiezo” o como dice la Real Academia Española: “Acción o palabra que es causa de que alguien… piense mal de otro”. El “otro” aquí es la fe y la Iglesia.

Personalmente valoro el celibato cuando, al igual que cualquier otra autodisciplina, es asumido en libertad como entrega al ministerio. La mayoría de la gente comparte esta valoración. Esa libertad implica poder abandonar el celibato cuando se quiera.

No desconozco las razones históricas de su imposición ni el valor que para muchos ha tenido durante siglos. El celibato no es un mandato bíblico ni un estilo de vida al que el Evangelio nos obligue. ¿Qué sentido tiene mantener una norma que es vista, cuando se impone, como un disvalor en el mundo contemporáneo y que hace que muchos vean a la Iglesia y la fe cristiana como algo fuera del tiempo? ¿Podemos imaginar el “huracán” de aire fresco que sería para la Iglesia católica tener en sus templos sacerdotes con esposa e hijos? Estoy seguro de que esto produciría el “despertar” más grande de la Iglesia de los últimos tiempos. Sería una clara señal de “reencuentro” de la Iglesia con la sociedad.

La posibilidad, como ministros del Evangelio, de poder tener una familia es una ventaja antes que una limitación. Es la familia nuestro primer campo de ministerio y nuestra más clara credencial. No es fácil resolver la tensión entre la demanda ministerial y la familiar; sucede lo mismo que cuando se desempeña apasionadamente otra profesión, la sabiduría está en el equilibrio. Una familia pastoral sana es una invalorable ayuda. En especial la labor de la esposa, tanto en el abordaje de los problemas familiares como en el aporte de “otra mirada”.

Ver a la familia como carga, obstáculo o limitación no es un buen mensaje de los que luchamos por sostener la familia. Dios piensa en categorías de familia. Así lo constatamos desde la primera familia que Él creó al ver que no era bueno que el hombre estuviera solo; pasando luego por Abraham, a quien llamó a formar una familia que fuera bendición para todas las familias; haciendo nacer al Mesías en el seno de una familia y prometiendo para el fin de los tiempos una gran boda, la de Cristo con su Iglesia.

¿Por qué los ministros deben ser meros observadores y vivir desde la espiritualidad lo que fue diseñado para vivirlo desde la humanidad?

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Iglesia Anglicana

Pbro. Gustavo Mansilla
Archidiácono del obispo anglicano de la Argentina.
Casado, 3 hijos:

Dos aspectos contribuyen a que el celibato sea un tema recurrente en los medios de comunicación. Por una parte, la perspectiva más democrática de la sociedad que observa que muchos temas pueden ser debatidos públicamente y no quedar encerrados entre algunos expertos o ser censurados. No puede afirmarse que esta democratización vaya acompañada de idoneidad. El otro aspecto es la multiplicación y pluraridad de opiniones en los medios.

En la Iglesia Anglicana el celibato, sea en el diaconado, sacerdocio o episcopado, se considera una decisión vocacional, ni más ni menos digna que la vida matrimonial. Sin embargo, en las órdenes religiosas tradicionales –franciscanos, benedictinos o agustinos–, tanto de hombres como de mujeres, se lo considera como un valor digno de ser ejercido en el contexto de la vocación religiosa. Cada orden mantiene su disciplina y celebración pública de los votos monásticos tradicionales, entre ellos el de la castidad, expresada como vida célibe en comunidad.

En el proceso de selección y preparación hacia el sacerdocio se pone énfasis en la madurez psicológica, vocacional y espiritual, en relación con la elección por la vida conyugal o célibe.

En el contexto anglicano se da una variedad de alternativas: puede darse el caso de una pareja de presbíteros (hombre y mujer) que desarrollan sus responsabilidades pastorales en una misma o en diferentes parroquias o instituciones; o el caso de un presbítero (hombre o mujer) cuyo cónyuge mantiene su vocación secular, ajena a las responsabilidades pastorales de una parroquia u otra institución; o, en otros casos, el cónyuge participa en la vida parroquial de alguna manera. En la Iglesia Anglicana se ha observado que la vida célibe o conyugal, permite responder a las diferentes necesidades misioneras y pastorales. Los anglicanos reconocen que la vocación sacerdotal (en un contexto no monástico) no impone obligatoriamente la vida célibe o conyugal. Las mismas normas caben para el obispo.

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Judaísmo

Rabino Abraham Skorka
Comunidad Benei Tikva.
Rector del Seminario Rabínico Latinoamericano Marshall T. Meyer. Casado, 2 hijos:

Quien pule su fe, requisito para su vitalidad y madurez, debe observar la de su vecino, para conocer, aprender y entender más la de uno mismo.

En ese sentido, habiendo sido invitado por Criterio, emito mi opinión sobre el celibato sacerdotal.

No he de considerar el uso y abuso de la condición célibe como un escapismo a un problema psicológico, ni ninguna otra consideración espuria de la cuestión. He de referirme al abandono del pleno amor humano de pareja, del que se aprenden múltiples aspectos del pleno amor a Dios (el Cantar de los Cantares es un ejemplo mayúsculo de ello).

Según la cosmovisión bíblica, tomar a una mujer como esposa y procrear es un mandamiento divino que debe ser cumplido por todos. La norma rabínica establece que, salvo ciertas excepciones como la del sabio Ben Azai, que dedicó su vida al estudio de la Tora y su instinto no lo subyugaba (Yevamot, 63, b; Even HaEzer 1: 4), todo judío debe tener su mujer y procrear con ella. El rabino debe ser un ejemplo en tal sentido.

El Talmud, interpretando los versículos bíblicos, entiende que Moisés dejó de cohabitar con su mujer para dedicarse plenamente a Dios y a su pueblo (Shabat 87, a; Yevamot 62, a). Su decisión, si bien controversial, fue aceptada por Dios.

Ben Azai, testimonia el Talmud (Jaguiga 14, b), murió como consecuencia de una experiencia mística. Moisés, interpreta el salmista (106: 33), pecó con sus labios al increpar duramente a los hijos de Israel en Meriva. Su espiritualidad fue tan grande que perdió la dimensión de la sencillez del pueblo.

En la cosmovisión judía, si bien es contemplada la posibilidad del celibato como acto de devoción a Dios, tal actitud es muy restringida, pues requiere de un equilibrio espiritual muy elevado al cual no toda persona puede acceder.

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Islam

Omar Abu Arab
Miembro de la Comunidad Islámica. Casado, 1 hijo:

¿Celibato hoy? Esta interpelación llega a todos los estamentos de la comunidad cristiana y nos genera una actitud de expectación y en algunos casos de perplejidad.

El celibato no forma parte de la Sunna profética (las costumbres del Profeta; código de vida para el musulmán) y es un modo de vida que no está presente en la cotidianeidad religiosa. Podemos decir que es un tópico o una curiosidad que no está en la atención de la Umma islámica (el universo musulmán). Que sirve de análisis para eruditos y expertos en estudios comparados de religión.

Todos los hombres (y mujeres) somos creados por Dios iguales y llegamos a este mundo sin pecado original alguno. Consideramos tanto a la mujer como al hombre y al contacto sexual como alejados del pecado y la prohibición.

Para la tradición islámica el matrimonio es una necesidad esencial y el celibato un estado rico en males, porque es contrario al mensaje profético. El celibato nunca ha aparecido ni en la revelación profética ni en los dichos del Profeta como una conducta permanente y aconsejable. En casos puntuales aparece como una manera parcial y temporaria para servir a Dios; en circunstancias individuales, para satisfacer una necesidad o una demanda de la comunidad como podría ser abocarse a tareas solidarias de reparación ante calamidades de orden natural grave, pero estos son casos excepcionales.

El Islam siempre ha tenido una actitud de diálogo y entendimiento con “los otros”. Y es muy cuidadoso en incursionar en esta problemática. En el Islam existe un derecho a la sexualidad, donde el placer sexual es disfrute en esta vida. Y Ala, el Clemente y Misericordioso, lo ha prometido como recompensa más allá de la vida. El oscurantismo en la sexualidad no es una conducta en el Islam.

En el Islam, el celibato no forma parte de recomendación alguna para la Umma islámica, sean pueblo creyente o autoridad religiosa.

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Iglesia Apostólica Armenia

Padre Mkhitar Kuduzian
Del clero regular célibe. Iglesia Madre San Gregorio El Iluminador:

En la Iglesia Apostólica Armenia el clero se divide en dos categorías: el regular célibe y el seglar casado.

El seglar casado vive con el pueblo y se ocupa de la dirección espiritual. Administra los sacramentos y asume el servicio cotidiano de los oficios; se ocupa de la asistencia de enfermos y necesitados, bendice casamientos, bautismos y entierros.

Los cargos de archipreste, vicario o miembro de los consejos son accesibles al clero casado, que puede administrar un vicariato en caso de vacancia, pero no está admitido a postularse al doctorado ni a la dignidad del episcopado, a menos que entre en el rango de célibe después de quedar viudo. Si bien esa restricción ha adquirido fuerza de ley en nuestros días, no tiene valor canónico. Examinado en su esencia, el episcopado no es más que la plenitud del sacerdocio dedicado al servicio de las almas y está allí la definición de los deberes que incumben al sacerdote casado. Antiguamente los obispos se reclutaban entre los archiprestes y tomaban el título de Kahanaiapet, o sea jefe de los presbíteros de las diócesis, así como Avakerets, jefe de los presbíteros de una iglesia. Entonces nada impide que el uso actual, por más extendido que fuera, no pueda ser reemplazado por las costumbres de la iglesia primitiva y que se abra al clero casado el acceso a las altas dignidades eclesiásticas.

El sacerdote célibe está formado principalmente en el recinto de los monasterios. La institución monástica armenia no tiene nada en común con las órdenes religiosas de occidente. Cada monasterio forma una comunidad independiente. Los miembros obedecen a un reglamento canónico; no tienen votos religiosos. El tiempo de los anacoretas y monjes contemplativos ha pasado; hoy los monasterios preparan al clero célibe para las funciones sacerdotales: predicación, funciones jerárquicas y administración de los sacramentos; la confesión y el casamiento no son de su incumbencia. Los cargos jerárquicos de las diócesis son reservados al clérigo célibe.

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Reflexión Final

Gustavo Irrazábal – Teólogico moral

En mi reflexión anterior (Criterio Nº 2373), me referí a la necesidad de prestar atención a la experiencia de las personas célibes.

Pues bien, puedo citar muchos casos que conozco personalmente. Por ejemplo, el de mujeres que quedaron viudas siendo muy jóvenes, y se dedicaron por entero a la crianza de sus hijos, sin buscar un nuevo matrimonio; el de varones cuyas esposas se enfermaron, y dedicaron sus vidas a cuidarlas y servirlas; el de personas de ambos sexos que, sin haberlo elegido, no pudieron encontrar la pareja adecuada y encaran su soltería con espíritu positivo, como una oportunidad de crecimiento interior.

Hay matrimonios que siguen unidos pese a que diversas circunstancias les impiden continuar su intimidad sexual. En la mayoría de los casos que conozco, se trata de personas cuya fe y vida de oración les permite afrontar con dignidad y generosidad la situación. Esta realidad incontrastable me impide avalar la afirmación de que el celibato es algo absolutamente excepcional, perjudicial o sospechoso.

Frecuentemente se menciona la dificultad del sacerdote célibe para comprender a las personas casadas. Con el mismo argumento se debería reconocer su mayor facilidad para comprender a quienes están solos, que son realmente muchos, y sin embargo, suelen ser olvidados en esta discusión. Por otro lado, ¿sería razonable sostener, por ejemplo, que sólo alguien que estuvo preso podría comprender a un preso, o que sólo una persona homosexual podría comprender a otra persona homosexual? Es más bien el amor y la empatía lo que nos permite, aun siendo distintos, ponernos en el lugar del otro.

Para justificar nuestro celibato, los sacerdotes católicos no necesitamos demostrar que es la única disciplina posible: nos basta nuestra experiencia de cómo aquél nos acerca a Dios y a las personas, y de cómo nuestros fieles, en su gran mayoría y a pesar de todo, siguen sintiendo lo mismo.

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10 Readers Commented

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  1. Daniel Penen on 20 noviembre, 2011

    Al compartir el afecto y la amistad de muchos sacerdotes católicos celibes, valoro ese estado. Comprendo también que el servicio de los católicos a la Madre Iglesia puede articularse fuese cual fuese la condición que presentemos. Pero tengo la percepciòn que los votos que formulan los sacerdotes les impiden reconocer, en muchos casos, su desacuerdo.
    Por lo tanto, abogo para que el celibato sea presentado explicitamente como opciòn y conforme a las necesidades misioneras de quienes asuman el sacerdocio en la Iglesia Catolica.
    Bendiciones. Gracias por el espacio de debate.
    Daniel Penen

  2. Graciela Moranchel on 20 noviembre, 2011

    Es notable la disparidad de criterios entre las mismas iglesias cristianas y entre los representantes de otras tradiciones religiosas con respecto al celibato sacerdotal. Por los testimonios y reflexiones de cada comentario queda puesto de relieve que no hay fundamentos escriturísticos que avalen este modo de vida. Tampoco para los cristianos, ya que en el Nuevo Testamento no se encuentran datos que puedan darnos a entender que la vida matrimonial pueda atentar contra la misión propia de quien dirige una comunidad cristiana. Mäs bien todo lo contrario.
    Monseñor Enrique Eguía Seguí nos habla del celibato como la «elección de un modo de amar» que está más allá de las disposiciones canónicas, y que por ello, este estado de vida «no se vive como una ley de la Iglesia», sino como un mandato del propio corazón.
    Ciertamente que esta sería la única razón que justificaría, pero sólo por medio de un un acto de «libertad» y no de imposición disciplinar, el permanecer célibe cuando se desea responder a la vocación sacerdotal.
    Siempre, el estar disponibles para amar más y mejor, es un «signo» muy fuerte, en una sociedad que se hartó de discursos y que necesita testimonios de vida, de que el amor es lo más importante. Pero siempre y cuando esa disposición para el «amor universal» no se transforme en una verdadera «incapacidad de amar» a la persona concreta, aquí y ahora, como se observa en vidas sacerdotales poco entregadas, donde el egoísmo, la comodidad y a veces hasta una una verdadera y penosa «homofobia» asoman mostrando infelicidad e insatisfacción.
    Recuperar la libertad en la Iglesia católica para obrar «ad intra» es una de las materias pendientes más importantes. El tema del celibato sacerdotal es sólo un aspecto de esta dimensión más amplia que requiere urgente cambio de perspectivas.
    Saludos cordiales,
    Graciela Moranchel
    Profesora y Licenciada en Teología Dogmática

  3. María Teresa Rearte on 22 noviembre, 2011

    Pienso que actualmente se ha sobredimensionado la vida en pareja, aún cuando a veces esos vínculos no sean estables. E incluso se cambie de pareja con relativa facilidad.
    Valoro la vida célibe. El principal motivo para sostenerla lo veo en la configuración con Cristo. Y en la vocación de servicio en su nombre. No sólo para los sacerdotes; sino también para la mujer consagrada. Y aún para aquélla que, por votos privados, en razón de las particulares condiciones de su vida, se ofrece a Dios.
    Para comprender la vida célibe y su fecundidad, habría que empezar por revalorar la virtud de la castidad, a la que todos, solteros o casados, estamos llamados. Sin embargo se la ha silenciado. Pienso que algunas vocaciones femeninas a la vida consagrada se pierden porque no se encuentran formas concretas de canalizar la vocación.
    Con relación al celibato de los sacerdotes es verdad que es una disciplina establecida por la Iglesia. Pienso que no es fácil de vivir. Y que se debería instrumentar una mayor educación de la afectividad en la formación no sólo de los sacerdotes. Pero en el caso particular de ellos con mayor razón.
    Me llama la atención la preocupación de los laicos por el celibato sacerdotal. Lo entendería más si la inquietud proviniera de ellos, que tienen que vivirlo.
    Pero aún concediendo que el sacerdote se pudiera casar, no creo que esté todo dicho, en una cultura tan erotizada, pansexualista, en la que las tentaciones abundan. Pero también porque la vida matrimonial tiene su propia problemática. Y nada nos asegura que serían uniones felices. Y que la condición de casados les permitiría tener la disponibilidad necesaria para su ministerio. Y tampoco que contarían con los ingresos necesarios para mantener una familia. Sabemos que a veces los recursos de una parroquia, por ejemplo, son escasos. ¿Qué pasaría si, además de poder sostenerse el sacerdote, tendría que contar con medios para sostener su familia? ¿Somos tan generosos los cristianos en el sostenimiento del culto, como para pensar que lo seríamos para que subsistieran dignamente el sacerdote y su familia?
    Pienso que las personas solas también pueden darle y de hecho le dan un sentido a su vida. Y no tienen por qué ser objeto de sospecha. Además, y sin desvalorizar el rol de la sexualidad en las relaciones humanas, tampoco se puede hacer depender todo de ésta.
    Hasta el mismo Jesucristo ha pasado por el prisma y el imaginario sexista de la cultura actual. Lo que nos muestra la necesidad de una actitud más reflexiva con relación al tema.
    Gracias.
    María Teresa Rearte

  4. María Teresa Rearte on 23 noviembre, 2011

    Leyendo las reflexiones sobre el celibato sacerdotal uno se encuentra con un espectro bastante amplio de posiciones. Como que es la elección de un modo de amar, como el de Jesús, que fue célibe. Pienso que eso está en la posición de la Iglesia católica. No voy a comentar todas las posiciones. Tampoco todos los aspectos de las que mencione. Pero sí algunas de ellas.
    Puede ser que el celibato actualmente no tenga mucho valor, por lo menos para algunos. Pero no ocurre así con todos los cristianos.
    Decir que, actualmente, el celibato lejos de ser un valor, ha pasado a ser en realidad un escándalo, me parece totalmente infundado. El vocable escándalo tiene un significado etimológico, vulgar y otro teológico. Refiriéndome a este último, se puede decir que es «un dicho o un hecho menos recto que proporciona al próji9mo ocasión de pecado.» (Antonio Royo Marin) Personalmene no diría menos recto, sino malo. No advierto en absoluto que el celibato sacerdotal induzca a alguien a pecar. Disiento por lo tanto con la posición del pastor Norberto Saracco. También dice que la mayoría de la gente comparte el criterio de que sería aceptable como autodisciplina, con la libertad de abandonarlo cuando se quiera. No me consta que la mayoría de la gente piense así. A muchos incluso les resulta indiferente que los sacerdotes sean célibes. Pienso que esa es la postura del pastor Saracco, respetable por supuesto. Pero no de la mayoría.
    Si se lo puede abandonar cuando el sacerdote lo desee no tendría me parece mucha entidad. Se dice en otro lugar que «el celibato para ser virtud se debe radicar en la libertad:» Pienso que la libertad la tuvo el candidato cuando asumió el compromiso de la vida célibe. Pasa también en la vida matrimonial, en la cual los casados se comprometen libremente a un amor fiel y exclusivo. Contraen matrimonio en libertad. Luego se deriva que han de cumplir con el compromiso contraído. No me parece tampoco que la vocación sacerdotal este «encerrada» en el celibato (Pbro.José Amado Aguirre).
    Otra opinión, la de Guillermo Batrro, sostiene que lo que importa es el amor, no el tiempo dedicado al ejercicio ministerial. Por lo que un padre de ocho hijos puede tener más amor a Dios y al prójimo que un soltero. Puede ser. Pero también podría suceder a la inversa. Si bien, pienso que sólo Dios que ve el interior de cada uno puede juzgar acerca del grado de amor que tenga cada persona. Pero yendo a la concreta disponibilidad de tiempo, no parece que sea sencillo dedicarse a una familia. Y a la vez al ministerio sacerdotal.
    Nunca me se ocurrió pensar que el celibato desvalorizara a la familia. Lo importante para cada uno es seguir su vocación. Además, si recurrimos al tema de la soledad originaria del hombre, y entendiendo por hombre tanto al varón como a la mujer, la soledad lleva a la comunión. Pero no sólo ni necesariamente en el matrimonio. El texto bíblico que sirve de fundamento a ese argumento tiene a mi criterio un alcance más amplio. Está referido al matrimonio y la familia. Pero también a la unidad en la vida política, cultural, laboral, etc. Y en cada caso del modo que correspondiere.
    Se dice también que los sacerdotes no tienen que ser meros espectadores de la vida matrimonial. ¿Por qué tienen que ser también ellos los protagonistas? No pienso en absoluto que la experiencia sea la única vía de conocimiento. Incluso hay tantos casos de solteros y casados que tienen cordiales vínculos de amistad, que demuestran que desde las dos situaciones cada uno puede desenvolver su vida y los vinculos sociales.
    En el curso de la vida uno aprende que elegir es de algún modo renunciar. Que no se puede alcanzar todo al mismo tiempo. No obstante, la diversidad de posturas y enfoques, da cuenta de que se trata de una cuestión opinable. Pero que, llegado el caso, requeriría su tratamiento en el ámbito que le compete, que es la Iglesia Católica. La cual lo instituyó y podría removerlo, modificar su cumplimiento, etc. Personalmente no espero que lo haga.
    Mientras tanto, por mi parte, considero que es un bien difícil de alcanzar. Pero no por arduo deja de ser un bien. Y es además meritorio. No se puede o no se debe juzgar todo con los criterios de la cultura actual, porque es obvio que no vamos a coincidir.
    Gracias.
    Prof. María Teresa Rearte

  5. JOSÉ CARLOS GARATE on 13 diciembre, 2011

    Bien, empezaré diciendo que durante los primeros años de mi infancia, fui educado al modo más absolutamente católico, apostólico y romano, por lo que de algún modo, siempre he conducido mi vida en base a tales principios. Sin embargo, mis últimas experiencias religiosas me han llevado a tratar en lo posible de divulgar los valores que me han sido infundidos a través de mis actos cotidianos, no obstante hacerlo lejos de la iglesia en su acepción institucional. Por ejemplo, en un curso al que tuve el gusto de asistir y que supuestamente estaba dirigido a profesionales, no pudo más que escandalizarme el hecho de que una conferencia estuviera titulada algo así como «La verdadera historia sobre la conquista de América». ¿Cómo podemos hablar de «verdad» a la hora de discurrir sobre algo tan relativo, sujeto al conjunto de normas y valores que constituyen la formación del individuo, definición somera que podríamos dar a la hora de preguntarnos por el significado de la palabra «cultura?».
    ¿No es acaso hablar de «Verdad» a la hora de analizar un tema de raigambre netamente social incurrir en un silogismo?.
    Más me indignó aún el hecho de que en un momento dado, el conferencista dijera que «a los indios no los habían matado los españoles, sino que perecieron víctimas de pestes». Más aún me asombró escuchar a mis compañeros de grupo hablando de «las mentiras que nos dicen en las universidades». ¿Acaso las mitas y las encomiendas no existieron?. En tal contexto, sólo una pregunta vino a mi mente, la cual no formulé por una cuestión de respeto:
    ¿En el auto de fé de 1639, (por citar un ejemplo), de qué peste murieron los judíos enjuiciados por la inquisición?.
    Dejando de lado mi absoluta discordancia a la hora de debatir acerca de cuestiones de derecho, (disciplina en la que me he graduado con estudios de postgrado y ejerzo desde hace 7 años), me colmó de indignación que a la hora de discurrir sobre la ley de matrimonio igualitario, (institución respecto a la que adopto una tesis ecléctica), una compañera de curso que dijo ser abogada pese a no ejercer desde hace unos cuantos años, sin perjuicio de haberme dicho que me falta mucha lectura, haya denominado la institución como «putimonio», con mis más sinceras disculpas por transcribir literalmente el término utilizado. Sin embargo, más me indignó la actitud del conferencista que festejo el término utilizado. Ahora, me pregunto: sin perjuicio de cual sea la posición que adoptemos respecto a talestemas de debate, los cuales devienen como una consecuencia lógica a la hora de legislar diferentes cuestiones que se sucintan en la sociedad de la que formamos parte, , si desde el catecismo se nos infundió amor al prójimo, ¿al adoptar este tipo de medidas, no estaríamos contribuyendo a odiar a aquellos a quienes fuimos llamados a amar y velar por su crecimiento espiritual?.
    Bien, para finalizar esta síntesis, dar a profesionales una supuesta nómina de «autores prohibidos», es algo sobre lo que ni siquiera merece la pena extenderme. ¿podría un profesional del derecho desconocer la posición Kantiana, Kelseniana, entre otras?. ¿No es esto otra cosa que coartar la libertad de pensaiento de aquellos que fuimos llamados a desempeñarnos en ciencias sociales?. Como abogado, lo único que puedo decir es que no pueden analizarse los conflictos que se sucintan en la realidad a la luz del código de las 7 partidas, por la simple razón que estamos tratando asuntos que conciernen a las ciencias sociales, se han sucedido una serie ininterrumpida de acontecimientos históricos, y no podemos olvidar que, si bien no existe una única definición acerca del derecho, una de las principales, o al menos con la que más concuerdo, alude a la discilina como a un conjunto de reglas destinadas a regular las conductas, (que varían en tiempo y espacio), de los hombres en sociedad. Es por ello que, siendo las ciencias sociales disciplinas respecto a las que cada individuoposee la facultad divina de establecer sus propios juicios de valor al respecto, no comprendo la pretendida visión totalitaria proofetizada por el catolicismo, (vuelvo a destacar que trato de conducir mi vida al modo católico, aunque, como ya he expresado, es una decisión personal). En fin, con variados argumentos, estimo que lejos de vigilar la ascensión de las almas de sus seguidores, actualmente el catolicismo contribuye día a día al alejamiento de sus fieles. Bien, para finalizar, y refiriéndome estrictamente al celibato, considero que una vez más, el Rabino Abraham Skorka, con la claridad, concisión y erudición que caracteriza a los hombres de su distinguido rango, ha expuesto su opinión de un modo que no puedo considerar más que inobjetable, y que desde mi humilde condición de lector, sólo puedo expresarle mis más profundas y sinceras felicitaciones por la seriedad, concisión y profundidad con que se ha pronunciado al discurrir respecto a este tema tam trascendental. Una vez más, constituye en mi opinión el respeto de que los hombres de su distinguido templo son merecedores.
    Enviando mis más cordiales saludos,
    Dr. J Carlos Garate.

  6. MARC on 17 enero, 2012

    ¿Cuál fue el mandato de Dios? Ah, si, recuerdo, abandonará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán una sola carne…, no dice, abandonará el hombre padre y madre y quedarán solteros de por vida, por más vueltas que le den a la escritura, la verdad que Dios hizo macho y hembra y mandó que se reproduzcan…, este debate es tan innecesario como aquel que promueve que la vida contemplativa encerrados en monasterios es necesario para el alma. En este último caso puntual, Cristo ordenó ir por todo el mundo a predicar el evangelio y no a quedarse encerrados, clausurados, dentro de paredes muy gruesas. Saludos

  7. Cristina on 30 marzo, 2012

    Primero:Jesus fue célibe ? Segundo: los apóstoles no.Tercero: el Cristianismo pasa a ser religión de Estado y el obispo de Roma Pontifex Maximus.El Imperio se sustentaba con esclavos;quitale a un ser humano su sexualidad y su prole y ya tienes el esclavo cristiano. Dice la ICR que es una gracia que no se concede a todos;vaya gracia.Miren Vicente Ferrer ex-jesuita casado y con tres hijos y el cariño de las gentes de Anantapur a las que dedico su vida.El celibato es un pecado como lo eran los castrati.

  8. javier santos rodríguez on 25 agosto, 2012

    Desde mi humilde perspectiva creo en los dones del Espíritu, y creo en la libertad que él nos the en Jesús de Nazareth. Y pienso que los dones no se reparten solamente en la Iglesia Romana sino en todas las iglesias. Y pensar la fe desde todas las iglesias multiplica los ministerios. Para mí el celibato es una vocación dentro de tantas y no por eso poco relevante, creo que tiene que ver con un llamado singular, tan singular como el de un pastor protestante. Aunque no estoy de acuerdo con que sea imposición desde afuera o condición para ser sacerdote, tiene que ser una vocación desde adentro de la persona. Las iglesias serían más ricas en dones y ministerios si existiera la posibilidad de celibato y del matrimonio dentro del sacerdocio. No todo es blanco o negro, creo que existe una potencial riqueza vocacional si se piensa en una futura iglesia ecuménica donde uno según el llamado encuentre su lugar.

  9. Máximo Méndez on 25 marzo, 2013

    El celibato es una vieja tradición de la Iglesia y se funda en el supremo sacerdocio de su Fundador, Nuestro Señor Jesucristo: Sacerdote, Profeta y Rey.
    Si Él que es la cabeza del Cuerpo Místico fue célibe, los miembros no pueden sino ser célibes. «No es el discípulo mayor que el maestro».
    La Santa Madre Iglesia es guardiana de la Tradición, no puede disponer de ella como le plazca: su deber santo es custodiarla y transmitirla de generación en generación. No se puede innovar en esto.
    Roguemos pues a la Santísima Virgen para que interceda ante su Hijo por el Papa Francisco y lo mantenga firme en la Fe de nuestros padres.
    Máximo Méndez, Tucumán

  10. alberto on 28 abril, 2013

    creo en el celibato

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