floriaA un año y medio de su muerte, Carlos Floria –editorialista político y ex director de  Criterio– nos sigue sorprendiendo por la actualidad de su pensamiento.

Recuerdo a Carlos Floria muchas mañanas al leer el diario y encontrar allí, como “música constante”, sus tres temas centrales, casi obsesiones: el nacionalismo y sus riesgos, las siempre complejas transiciones a la democracia y el alcance nacional de los conflictos internos del peronismo. Hubo momentos en que estas preocupaciones parecieron obsoletas, referencias a hechos del pasado. No era así, no es así y por eso nos maravilla su visión.

El nacionalismo tiene hoy manifestaciones diversas, algunas muy viejas, otras nuevas, casi todas cotidianas, en aumento y muchas veces preocupantes. Están en crisis muchas fronteras nacionales establecidas, ya sea por conflictos autonómicos o por problemas limítrofes irresueltos y de larga data. De una lista interminable –que el lector puede consultar en el germánicamente documentado catálogo de conflictos del Instituto de Heidelberg: www.hiik.de/en/konfliktbarometer/) – mencionamos la tensión entre Rusia y Ucrania, bastante más amplia que la anexión de Crimea; la quizás todavía inconclusa partición de Yugoslavia en siete estados; las demandas autonómicas de Escocia, Cataluña, Tibet, Sinkiang, los kurdos y, más calladamente hoy, Bolivia o Quebec; la disputa entre China, Japón y Taiwán por las islas volcánicas Senkaku, de sólo 7 km cuadrados; los conflictos irresueltos entre Corea y Japón por las atrocidades niponas durante su expansionismo; la partición de Sudán, los conflictos en Libia y Siria y un largo etcétera. A veces vinculados a lo anterior observamos también el reverdecer de las ansias imperiales, por ejemplo, en Rusia. Se nos aparece en tercer lugar el auge del nacionalismo como desprecio al extranjero, como xenofobia, preocupando especialmente por evocar grandes tragedias, lo que está ocurriendo al respecto en Europa. Encontramos, en fin, el nacionalismo como política de poder interno asociado al populismo con o sin socialismo, como en Corea del Norte, en Irán o en Venezuela.

Hace poco evocamos los 30 años de democracia y también ocurrió la muerte de Adolfo Suárez, el gestor de la transición española, tan estudiada y admirada por Floria. Desde 1983 muchos pensamos o deseamos, con cada nuevo gobierno, que la transición era materia finalmente aprobada y que por fin llegaríamos a un régimen representativo, republicano y federal capaz de albergar el desarrollo sostenido y el verdadero progreso social. Sabemos, una vez más, que no es así. Bendita sea la vigencia ininterrumpida, por cierto muy imperfecta, de la democracia y del sistema representativo. No podría decirse sin más que la república y el federalismo brillan por su ausencia –siempre es bueno comparar con los países en los que verdaderamente está ausente la república– pero son más que evidentes los defectos de su funcionamiento, la misma idea de república no tiene suficiente arraigo en nuestro país y, por otro lado, las provincias carecen de autonomías elementales que le han sido expropiadas por un régimen fiscal y político centralista que reparte los recursos con criterios de amistad política, no de desarrollo ni de equidad regional. Tenías razón, Carlos, la transición a la democracia era mucho más compleja de lo que parecía, y esto no lo vemos sólo en la Argentina sino en varios países de América latina, con la lógica preocupación que nos trae el recuerdo de las muchas décadas no democráticas de nuestra región y su alto costo social y económico.

La tercera gran preocupación de Carlos Floria, la de los conflictos o internas peronistas transformados en cuestión nacional, tampoco ha sido superada. Ni siquiera en la historia, porque el más trágico de todos ellos, el que ocurrió entre Perón y la ortodoxia peronista y, por otro lado, las guerrillas que se autodefinían también como peronistas, es hoy objeto de lecturas y memoriales sesgados, que no dicen la verdad y que para peor son promovidos desde un Estado que quiere imponer a todo el país, incluyendo las aulas, un relato unilateral de aquellos años de plomo y sangre. Por dar sólo dos ejemplos relevantes, el relato ignora que la guerrilla peronista hizo muchos actos de terrorismo contra una gobierno que no sólo era peronista, sino también constitucional y,en un orden diferente, el relato tampoco asume que la raíz principal de la alta inflación que culminaría en la hiperinflación nació a partir de las distorsiones generadas durante el plan de inflación cero de Perón-Gelbard que darían paso al Rodrigazo luego de la fuerte caída de los precios de las exportaciones argentinas. Huelga decir que los gobiernos posteriores hicieron también bastantes méritos para perpetuar ese mal final. La nacionalización de los conflictos peronistas se vio también, literalmente, en la elección del 2003, cuando se evitaron las internas propiamente dichas y tres candidatos justicialistas compitieron en la elección general.

No es agradable, por cierto, que la presencia real, casi cotidiana, del pensamiento de Carlos Floria, refiera a hechos mayormente negativos y preocupantes. Pero ello nos demuestra la agudeza de su visión, cuyos pliegues a veces no escritos tuvimos oportunidad de conocer muchos de quienes hacemos Criterio, tanto en las reuniones de la redacción como en las tan hondamente amistosas tertulias a las que nos invitaba junto a Yuyi, su esposa y compañera de la vida. Quizás lo más notable fue que pudimos entender aquellos pliegues pese a que Carlos Floria fue una persona que no sólo no monopolizaba el uso de la palabra, sino que sabía escuchar con infinita paciencia.

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  1. Isidoro Alconada Sempé on 31 agosto, 2019

    Leyendo y releyendo el capítulo VII, “El arte de la transición política”, del libro “Análisis introductorio de la política y del Estado”, de Carlos Floria, sentí la necesidad de buscar en Google “transición + Carlos Floria”. La búsqueda me llevó a este artículo de Juan José Llach, que nos permite intuir estos “pliegos no escritos” que pudieron conocer quiénes hacen “Criterio, tanto en las reuniones de la redacción”, como en las tertulias compartidas. Este testimonio de Juan José Llach es muy útil – al menos para mí- para una mejor comprensión del rico y equilibrado pensamiento de Carlos Floria. Es muy bueno que aporten estas perspectivas de Carlos Floria, así como de otros miembros del Consejo de redacción de la Revista: ¡nos enriquecemos todos! Quiero agradecer por compartirlo.

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