Una lectura de la primera vuelta de las elecciones en Uruguay a partir de los aciertos y errores del gobierno del Frente Amplio.

Si bien el triunfo del Frente Amplio fue claro en la primera vuelta, no muchos creyeron que podía darse un revés político a tal punto que la senadora Lucía Topolanski llamó “a despertar al mamado” cuando en junio parecía que los pronósticos venían oscuros. También era ilusorio que un partido perdiera luego de haber tenido el crecimiento económico más grande y sostenido de la historia. ¡Sí!, de la historia. Jamás Uruguay había crecido tanto, jamás sus commodities multiplicaron por cinco sus precios, jamás se había votado un impuesto que graba el 20% de los sueldos como si estuviéramos en crisis en plena bonanza. Nunca antes se habían dado 250 mil sueldos de ayuda de parte del Estado sin nada a cambio. Era absolutamente ilógico que ese partido perdiera. Pero ¿qué llevo a tantas vacilaciones? ¿Qué motivó que los propios frentistas dudaran? ¿Cómo los acérrimos defensores pudieron temer? Fueron las fallas de gestión. Se pueden resumir groseramente en unas pocas líneas: falló la gestión de PLUNA y se perdieron 300 millones de dólares, falló el remate de los aviones y el aval y aún nadie sabe quién lo va a pagar, falló el control en la salud y hay varias causas judiciales abiertas por dolo, falló la gestión de la petrolera ANCAP, que este año dio 160 millones de dólares de déficit; falló la salud en general y hoy el sistema es un calvario si bien se llenó de dinero; falló la educación con el mejor presupuesto de su historia, con una laptop para cada niño de la escuela pública y el fracaso más grande de su historia en la pruebas PISA, con lo cual confirmamos que nuestros hijos no saber leer ni hacer cuentas. Falló la seguridad y estamos en las peores cifras de nuestra historia en rapiñas y robos. Falló el Parlamento; al tener una mayoría inamovible, votó leyes que luego fueron declaradas inconstitucionales y que no cambiaron nada –que es la peor ley–. Y un dato que aún no estalló pero que ya se conoce: se triplicó la deuda externa. Pero entonces, ¿cómo es posible que volvieran a ganar? Es la ley del artillero, como dicen en el fútbol. Los números cantan. Y la verdad es que muchos ciudadanos tienen más dinero. Los que producen bienes, producen más y gastan más. Hemos tenido récord en venta de autos cero kilómetro de alta gama. Los que forman parte del plan social, con sueldos a costo del Estado de más de 500 dólares per cápita, suman ese ingreso a la calesita de pantallas planas y ciclomotores.
Estamos hoy ante otra votación: el ballotage entre el candidato frentista y el del Partido Nacional. Se han adicionado los colorados a la candidatura blanca, pero incluso si se sumaran todos los independientes no llegan a ganarle al candidato frentista, por lo que es casi un hecho un tercer gobierno, con Tabaré Vázquez a la cabeza. Sólo algo tan extraño como imposible podría hacer que los votantes de la coalición de izquierda eligieran a la oposición para no volver a darle total mayoría parlamentaria en las dos cámaras. Se están contraponiendo la experiencia de Vázquez como Presidente y la inexperiencia de Lacalle, la edad madura de Vázquez y la juventud de Lacalle. La tranquilidad que ofrece Vázquez ante lo nuevo de Lacalle genera dudas. Las críticas de corrupción a la administración actual se contrapesan con un crecimiento económico incuestionable. El Gobierno muestra éxitos, la oposición explica que vinieron del exterior. Autoridades con muchas causas judiciales abiertas y varios procesados y una oposición que es presentada por el oficialismo como el castigo de los pobres al decir que todo lo social será desmantelado. Los temas dan vueltas en la cabeza de cada uruguayo .
Por otro lado, Uruguay sabe que la situación de Brasil no es la misma de hace cinco años y tampoco la de la Argentina. Estamos como entre dos polvorines y jugando con fuego.
Algún actor político calificado de la oposición me comentaba, contrariado: “Es lamentable pero el único que puede lidiar con la central sindical es Tabaré”. Se está previendo una baja del crecimiento y por ello una conflictividad en puertas. “Imagínate –concluía– que tuvimos más paros que con los colorados y se les dio todo”. Ya ningún candidato propone revoluciones de ningún tipo. Tanto Vázquez como Lacalle dicen que harán las cosas de la mejor manera. Lógicamente, la oposición querría mejorar tres ejes fundamentales: seguridad, salud y educación.
Otro mensaje de la primera vuelta fue que más de un millón de uruguayos votaron en contra de una reforma de la Constitución, ya que la propuesta sólo obtuvo el respaldo del 47% de los votos. Esa reforma quería generar cambios para la seguridad pública, pero no analizó lo correcto o incorrecto de la propuesta. Pero si en un país el 47% vota algo y el resto no vota nada, hay una señal de que algo pasa. Si bien la reforma fue llevada adelante por la oposición, todos vimos por televisión cómo listas de nacionalistas y de colorados no votaron por la reforma y sí la votaron algunos frentistas. Todos esperamos que el próximo Presidente reciba este mensaje, lo interprete y busque alguna solución posible. Resumiendo, ningún candidato quiere tocar ni un milímetro la macroeconomía del país ni abandonar los consejos de salarios, todos están apuntando a que mejorando la gestión todo se corrija. Lógicamente la oposición dice que con mayoría parlamentaria el Gobierno no es controlable y si de nuevo la gestión falla no habrá ninguna censura posible, y seguiremos sin poder saber en profundidad qué pasó y se deberá nuevamente judicializar la política para poder llegar a la verdad de los hechos. Es un momento muy delicado, realmente en el filo de navaja, mucho más de lo que la población lo percibe. Esperemos que la tan mentada sabiduría política de los orientales vuelva a sorprendernos y el camino de la reconstrucción democrática de los años ‘80 siga avanzando hacia el país modelo que desde principio de siglo estamos propulsando.

Comments

comments

No hay comentarios.

¿ QUIERE DEJAR UN COMENTARIO ?