«Deseo volver a afirmar con vigor que el camino de la violencia y del odio no resuelve los problemas de la humanidad, y que utilizar el nombre de Dios para justificar este camino ¡es una blasfemia!». Todavía conmocionado y entristecido, Francisco volvió a hablar de los «ataques terroristas ensangrentaron que Francia, causando numerosas víctimas».
Cuando ni siquiera habían transcurrido 48 horas de la masacre en la capital francesa, el Pontífice, en el Ángelus del domingo 15 de noviembre con los numerosos fieles reunidos en la plaza de San Pedro, expresó al presidente y todos los ciudadanos de la República su «fraterno pésame. Acompaño, de manera especial, —dijo con tono afectado— a las familias de los que perdieron la vida y los heridos». Después, prosiguió subrayando cómo «tanta barbarie» deja consternados y obliga a preguntarse «cómo el corazón del hombre pueda idear y realizar actos tan horribles, que han asolado al mundo entero». De ahí la fuerte condena de estos actos, que representan una «incalificable afrenta a la dignidad de la persona humana».
Sobre el tema también se pronunció el cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin, en una entrevista al diario francés La Croix. Respondiendo a las preguntas del corresponsal Sébastien Maillard, el purpurado expresó el deseo de que se produzca una movilización de todos los actores políticos y religiosos, entre ellos musulmanes, para erradicar el terrorismo: una movilización general, agregó, de Francia, de Europa y de todo el mundo, tanto en medidas de seguridad, como en lo espiritual, para dar una respuesta positiva a la maldad. «En un mundo desgarrado por la violencia —destacó el cardenal— este es el momento adecuado para lanzar la ofensiva de la misericordia».

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