La otra mirada sobre Malvinas

La revista Papiro* reunió en 1982 a personalidades que, desde el inicio, criticaron la guerra de Malvinas: Luis María de Pablo Pardo, Jaime Potenze, Pierre Parodi, Adolfo de Obieta, Hilario Fernández Long y Horacio Sueldo. Sus testimonios, leídos hoy, adquieren relevancia. Aquella revista señaló el camino para resolver el problema: entender el concepto de nación y aplicarlo a las Islas.

Ante la guerra de Malvinas muy pocos ciudadanos sostuvieron puntos de vista contrarios a ella. No era fácil que los expresaran pues, tan generalizado y emotivo era el apoyo, que se evitaba publicar ideas críticas. Como director de la revista Papiro, que editaba la Fundación Sales, me propuse reunir a esos ciudadanos pues, desde el inicio, la revista también fue crítica.

De Pablo Pardo: faltó rematar la gestión diplomática
La primera consulta fue al ex canciller (1970-72) Luis María de Pablo Pardo, estudioso de temas internacionales. Entendíamos que el entonces canciller Nicanor Costa Méndez, principal promotor de la guerra, por su función debió haber avanzado en la gestión diplomática. Pero Costa Méndez sostenía que gracias a la invasión habíamos mejorado nuestra posición en el pleito. De Pablo Pardo, en cambio, afirmaba que por el camino diplomático debió haberse constituido en mora a Gran Bretaña por incumplimiento de resoluciones de la ONU que, desde 1965, reconocía “los continuos esfuerzos de la Argentina para facilitar el proceso de descolonización”.
Publicamos íntegramente las resoluciones por sus contenidos. De Pablo Pardo recordaba que la primera Asamblea de Naciones Unidas (1946) aprobó por unanimidad la resolución “Pueblos no autónomos”, que incluía a 74 territorios en esa condición, entre los que figuraba Malvinas –también denominada Falkland Islands– como territorio no autónomo del Reino Unido. Gran Bretaña no puso reparos y aceptó la inclusión de las Islas en tal categoría. En 1962 se crea en la ONU un Comité de Descolonización que, a octubre de 1980, había resuelto la mayor parte de los casos: sólo quedaban 18 territorios no autónomos, entre los cuales permanecía Malvinas.
De Pablo Pardo concluía que, si en casi 35 años habían logrado su independencia 56 territorios no autónomos, ése debió haber sido el camino a seguir.

Jaime Potenze: acción bochornosa y aberrante
Un interesante testimonio dio Jaime Potenze –crítico de cine en CRITERIO– por haber vivido en Malvinas y conocer a sus habitantes. Calificó la acción de “bochornosa y aberrante” e hizo esta predicción: “Lo peor de todo es que con esta descabellada empresa hemos perdido por muchos años la posibilidad de recuperar el territorio malvinense (…). Algunos llamados analistas o pseudo historiadores dijeron, a principios de 1982, que la tarea sería sencillísima, porque a lo más dos o tres parlamentarios trasnochados preguntarían a la primera ministra de Inglaterra qué había ocurrido”. Y terminaba: “Tal vez sea ésta la conclusión más pesimista de alguien que, por haber pasado un tiempo en Malvinas, pudo notar que la cuestión podía haberse resuelto con algo de paciencia y por imperio de las circunstancias, ya que poco a poco las Islas se iban despoblando y los argentinos no eran mirados como enemigos. Ahora hay que volver a empezar, tras haber arrojado por la borda muchos años de negociaciones más fértiles de lo que se sospecha”.
Potenze, estudioso del tema, conocía muy bien las acciones diplomáticas antes mencionadas.

Con el sucesor de Lanza del Vasto
Muchos recordarán a José Juan Lanza del Vasto, literariamente Lanza del Vasto, espiritualmente Shantidas, es decir, Servidor de Paz, nombre que le dio Gandhi, su maestro de la no-violencia. Nacido en Sicilia, criado en un hogar de alto linaje y cultura, de tradición católica, a los treinta y tantos años, colmado de bienes naturales y materiales, ocurre en él una conversión, no en el plano de la fe sino en el de la acción. Como San Francisco, teniéndolo todo dejó las riquezas para seguir a Jesús.
Lanza del Vasto, luego de un peregrinaje por tres continentes donde conoce a Gandhi, se inspira en él y crea en Francia la Comunidad de la Orden Patriarcal del Arca. Comunidad de laicos, de familias, donde todas las religiones son aceptadas, menos la intolerancia y la irreligión. Aplica la no-violencia en cada situación de la vida. “Si todos vivieran no-violentamente –decía Lanza del Vasto en un testimonio en Papiro (1977)– no habría guerras”.
Lanza del Vasto vino varias veces a la Argentina, de la mano de Victoria Ocampo y de discípulos que tenía en el país. Su predicación contra la guerra fue recogida, en parte, por el Concilio Vaticano II, cuando su mujer Chanterelle, con otras mujeres, ayunó en Roma para que los obispos y el Papa los escucharan. Fallecido, su sucesor Pierre Parodi, médico, visitó la Argentina precisamente en abril de 1982. Nos acercamos a él, con dos impulsores argentinos de la no-violencia: Adolfo de Obieta, intelectual, hijo de Macedonio Fernández y discípulo de Lanza del Vasto; e Hilario Fernández Long, rector de la UBA en la Noche de los Bastones Largos.
Como Parodi, sin esperarlo, vivió el conflicto, escribió un artículo en Papiro donde recordaba cómo Marruecos, con una inteligente acción diplomática, recuperó el Sahara español tras una marcha pacífica de ocupación con 200 mil personas y esta consigna: “Si encuentras un soldado español, lo saludas y compartes el pan con él; el español es un pueblo civilizado y no tirará sobre hombres desarmados”.
Con Obieta y Fernández Long redactamos en Papiro (1983) una “Carta a los obispos argentinos”, donde citábamos documentos conciliares y de papas contrarios a la guerra y pedíamos se condenaran las acciones bélicas que aún se alentaban. Obieta escribió para que se reviera la doctrina de la “guerra justa”.

Horacio Sueldo: mediocridad del servicio exterior
Horacio Sueldo, demócrata-cristiano fallecido este año, escribió en Papiro: “¿Que la vía pacífica estaba agotada? Falso. La mediocridad de nuestro servicio exterior (Cancillería y embajadas) no les permitió captar la posibilidad reconstituyente de la negociación. (…) ¿Dónde quedó el “canciller de lujo”? Por ahí andaba (y todavía anda) sosteniendo que gracias a la invasión de Malvinas nuestro país ha mejorado su posición en el viejo pleito. En verdad hemos hecho ‘el papelón del siglo’ y hemos bloqueado el camino de la negociación quizás para siempre (…). Ese inmenso daño del que nadie se hace responsable, se insiste en presentarlo como “supremo acto de servicio a la Patria” (…). Con dolorido corazón nos preguntamos ¿qué ha sido –en aquellas semanas y hasta hoy– del pensamiento cristiano sobre la guerra? (…) Entre los aislados testimonios públicos positivos, merece destacarse el de Papiro, que presentó artículos de Pierre Parodi y otros, junto a una selección de precisos textos del Concilio Vaticano II, Juan XXIII y Paulo VI”.

Lo esencial en Malvinas: el concepto de nación
Por la falta de gestiones diplomáticas y las consecuencias de la guerra, Papiro propuso un camino para tratar con Gran Bretaña, que había reforzado su presencia en las Islas para proteger a sus habitantes, actitud que hoy mantiene.
Convocamos a Esteban Polakovic, que venía colaborando en la revista. Nacido en Eslovaquia (1912) y radicado en la Argentina (1947), era estudioso de los conflictos entre países por territorios reclamados. Consideraba que el origen de estos conflictos estaba en la idea de nación. A juicio de Ernesto Sabato, “nadie como este humanista eslovaco ha esclarecido tan clara y apasionadamente el concepto de nación”.
Polakovic sufría a su Eslovaquia, sometida por un Estado checoslovaco que contenía dos seres nacionales, el checo y el eslovaco. Él decía que la nación no era la organización político-jurídica de una población, ni la suma de los pobladores de un país que forman un Estado; era algo mucho más profundo y menos comprensible. La nación forma parte de la existencia del hombre. El carácter de miembro de una nación es cualidad espiritual de la cual nadie puede ser despojado; la ciudadanía, en cambio, es pasible de pérdida. Solzhenitsyn –ejemplificaba– era ruso a pesar de haber sido desposeído de la ciudadanía soviética. Así, la nación puede subsistir sin un Estado: la nación judía existía antes del Estado de Israel y existe fuera de él. Pero un Estado sin la nación correspondiente es incompleto. Cada nación aspira a un Estado propio que albergue su espíritu nacional. Esto ocurría cuando Armenia o Georgia querían separarse de la Unión Soviética. O cuando Alemania, una única nación, estaba escindida en dos Estados.
Polakovic reflexionó así, antes de nuestra derrota: “Si los malvinenses tomaran la ciudadanía argentina no se esperará que renuncien a su nacionalidad inglesa, porque ésta pertenece a su modo de vivir. Su asimilación nacional será un proceso largo. Entre 1800 personas no puede surgir un folklore, forma inicial de una cultura nacional. Y si no surge una cultura no surge una nación. Un grupo étnico como el malvinense hubiera sido absorbido por el ambiente que lo envolviera. Pero ese ambiente no existía porque estaban protegidos en islas, separadas por cientos de kilómetros de mar. Los galeses, muy pocos también, en tierra firme patagónica fueron absorbidos por el ambiente nacional argentino”.

A 34 años, estos testimonios ofrecen otra mirada sobre Malvinas que acercaría posiciones sin ceder soberanía. Los isleños no serán argentinos de la noche a la mañana. Será tras un proceso de radicación de argentinos en el lugar, que llevará tiempo. Las nuevas generaciones argentinas en Malvinas coincidirán así con un Estado argentino en las Islas. Y la identidad de sus abuelos ingleses –herederos de un tiempo de piratería– habrá sido respetada.

* Papiro se editó entre 1976-86 y llegaba a 45.000 lectores del país.

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