Una teología del cuerpo

Muchas veces nos encontramos repitiendo frases y conceptos que luego no integramos a la vida diaria. Por ejemplo, citar dos frases bíblicas: la primera, cuando Dios crea el mundo y al ser humano y dice: “Vio Dios lo que había hecho, y todo estaba muy bien” (Génesis 1,31). La segunda, en el prólogo del evangelio de Juan: “Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros…” (1,14). Acto seguido a las citas, considerar nuestro cuerpo como algo indigno, malo o pernicioso. Algo que se debe aplastar, anular o simplemente ignorar.

Toda la creación habla de Dios. Y el misterio de la Encarnación nos comunica el valor del ser humano, un ser en el que se une espíritu y cuerpo. No somos ángeles. Somos cuerpo. Entonces surge la pregunta: si fuimos creados por Dios y todo lo que él creó es bueno, si Jesús se encarnó, comió y bebió entre nosotros, ¿por qué despreciar el propio cuerpo? Desde que soy engendrada en el vientre materno, mi cuerpo es un gran don. A través de él soy capaz de conocer el mundo que me rodea, de trabajar y de amar. Mi cuerpo es mi primer hogar y estoy llamada a cuidarlo, a protegerlo y a disciplinarlo.

A lo largo de la historia encontramos varias concepciones que nos alejan de esta postura. A mi modo de ver, una de ellas es la interpretación errónea de las palabras de Pablo cuando enumera las obras de la carne, que son: “fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, odios, discordia, celos, iras, ambición, divisiones, disensiones, rivalidades, borracheras, comilonas y cosas semejantes…” (Gálatas 5, 19-21). Si prestamos atención a cuáles son las obras de la carne, constatamos que provienen primero de nuestra mente y corazón y no precisamente del cuerpo. Y luego dice que el “fruto del Espíritu es amor, alegría, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, modestia, dominio de sí”. (Gal 5,22). Estos frutos se manifiestan también a través del cuerpo. Y finalmente, Pablo nos dice que “sois templos de Dios y que el Espíritu de Dios habita en nosotros (…) el templo de Dios es sagrado, y vosotros sois ese templo” (1 Corintios 3, 16-17).

En la corriente maniquea se encuentra una división en el ser humano que en la realidad no existe. Somos una unidad: mente, cuerpo, espíritu. La corriente iluminista, con la famosa frase de Descartes “Pienso, luego existo”, generó también mucha confusión al respecto. No juzgo a las generaciones pasadas. Cada época tuvo una cosmovisión particular y para entenderla no debe sacarse de su contexto.

Basándonos en la Teología de la Encarnación, podemos decir que estamos llamados a valorar y dar gracias a Dios por el don maravilloso de nuestro cuerpo. El nos permite vivir, construir y amar. Si prestamos atención a cada una de sus partes y a su funcionamiento, puede brotarnos una oración de agradecimiento y alabanza. Cada uno de nuestros órganos tiene una función específica maravillosa que está íntimamente ligada a otras.

El elevado nivel de estrés, las enfermedades recurrentes como el cáncer y los accidentes cardiovasculares demuestran que si no cuidamos nuestros pensamientos y emociones, perdemos la armonía corporal y el estado de nuestra salud se deteriora. La disciplina y el entrenamiento son necesarios para mejorar y potenciar el funcionamiento del cuerpo. Hoy estamos llamados a conocer y a cuidar este don tan maravilloso que Dios nos regaló. En su estado actual, sin importar nuestra edad. El propio cuerpo es el instrumento que nos permite comunicarnos y amar.

Finalmente, cito a la Madre Teresa de Calcuta en el libro Ven, sé mi luz, del padre Brian Kolodiejchuk. Aquí encontramos una postura moderna con respecto a la teología del cuerpo: “Nuestro Señor no quiere que usemos nuestra energía en hacer penitencia, ayuno, etc. por nuestros pecados, sino más bien para llevar a Cristo a los pobres y para eso necesitamos hermanas fuertes en cuerpo y mente. (…) No creo que tengamos el derecho de quebrar nuestra salud y sentirnos miserables a raíz de nuestra debilidad cuando nos encontramos con los pobres. Es mejor comer bien y tener mucha energía para poder sonreír a los pobres y trabajar para ellos”.

4 Readers Commented

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  1. lucas varela on 16 diciembre, 2016

    Estimada Sra María Bestani,
    Vivimos “cuerpo a cuerpo” con el prójimo, tratando de hacer un espíritu cristiano. La lucha entre valores carnales y miserias carnales es cotidiana. Y en ésta lucha estamos todos.
    Yo soy cuerpo, ciertamente. Y con respecto a mi espíritu, …estoy en la lucha.
    Como cristiano, vo sé que mi espíritu es obra propia. Porque la paradoja, mi paradoja y la de todos los cristianos, es que vivimos juntos, pero nos morimos en soledad. Nuestro espíritu deja el cuerpo y se enfrenta a la muerte en absoluta soledad.
    Pero algunos están mal, porque les ha tocado ser sordos y mudos de cuerpo. Y otros están peor, porque siendo cristianos, están sordo y mudos de espíritu.
    Yo vivo en Mendoza, Argentina. El día 28 de Noviembre de 2016, se hace pública la existencia del Instituto Antonio Próvolo de la Iglesia católica, para la educación de niños sordos y mudos. En dicha institución ha habido violaciones y abusos a los menores por parte del personal, y religiosos. ¡Es difícil comprender tanta maldad¡
    Instantáneamente aparecieron, como peste, los cristianos sordos y mudos de espíritu. Hay una red de encubrimientos dentro de la Iglesia católica argentina.
    La Iglesia Católica Argentina también es cuerpo y espíritu, pero no parece. No hay espíritu que se sostenga sin un cuerpo sano.
    ¿Dónde están los clérigos del CEA? ¿Qué pasa en la comisión de justicia paz?
    Es vital para la Iglesia católica hablar, accionar, reaccionar, de frente al pueblo argentino. Caso contrario, será una mentira más de una Iglesia sin espíritu, solo cuerpo.

  2. Graciela Moranchel on 13 enero, 2017

    El desprecio de la materia, y por ende del cuerpo y de todas las dimensiones afectivas y sexuales, es una enseñanza que sin tener ningún fundamento en el Nuevo Testamento, ha sido transmitida por la institución eclesial durante milenios. Es un dato innegable.
    Por eso seguimos escuchando discursos que reniegan del cuerpo y de sus necesidades («¡Salva tu alma!», aparece escrito en un crucifijo de una parroquia del barrio …), como si la naturaleza humana elevada por Dios a la vida sobrenatural tuviera que prescindir del mundo material.
    La autora del artículo, María Bestani, no hace suficiente hincapié en el influjo de la Iglesia, y por ende, en su responsabilidad, en estas deformaciones teológicas y espirituales que enfermó mentes y corazones de los cristianos hasta el día de hoy.
    Sin embargo, y esto debe quedar bien claro, el mensaje del NT rezuma «carnalidad». ¡El Verbo se hizo carne! A partir de aquí, deberían caer solos todos los malentendidos y rechazos que ciertos dualismos metafísicos han impreso malamente en nuestra antropología cristiana.
    Ese desprecio del cuerpo y de la sexualidad que se ha adueñado del cristianismo por siglos, es uno de los factores que ha llevado a algunos sacerdotes de la Iglesia a cometer los «delitos» de abuso sexual contra menores, como los que cita Lucas Varela. Sin dudas, estas enseñanzas despreciativas sobre el cuerpo humano han causado estragos difíciles de extirpar.
    Es hora de profundizar en los Evangelios y en las cartas paulinas desde una mirada más bíblica, olvidando las tradiciones que nos han transmitido durante miles de años pero que han olvidado que la teología de todo el NT es una «teología de la Encarnación».
    Cuando san Pablo habla de «carne» (en griego «sarx») no se refiere a lo material y biológico sino al aspecto de debilidad general, de limitación incluso moral, que llevamos todas las criaturas. Las malas traducciones de los textos bíblicos han producido desviaciones importantes en todos los tratados dogmáticos que deben ser revisados en su totalidad.
    Volver a la Biblia significa asumir una valoración positiva del cuerpo apartando definitivamente sospechas y malos tratos que obligan a algunos, hasta hoy, a despreciarlo, a castigarlo y a considerarlo un enemigo del espíritu (ej: las penitencias de las monjas de Nogoyá).
    Saludos cordiales.

    • horacio bottino on 26 abril, 2017

      es falso que fue por milenios,no leyo a san agustin santo tomas de aquino san francisco de asis y todos los santos y lea el capitulo 7 de romanos para saber porque es necesaria la penitencia de los instintos para orientarlos,Pedro en los hechos habla de penitencia ¿que fue sino el ayuno de jesus de 40 dias?

  3. horacio bottino on 26 abril, 2017

    ¿Quien tuvo la autoridad para decir que libros se incluten en la Biblia?.La Iglesia

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